[R-P] San Martín (1/2)

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mie Sep 19 22:10:08 MDT 2007


San Martín, por Lucía Gálvez

-“Señorita, ¿San Martín era masón?” Era la pregunta
reservada para circunstancias extremas en las que la
mayor parte de la clase no había podido estudiar la
lección del día. La indignación provocada en nuestra
profesora era un índice seguro de que la clase se
pasaría en las habituales explicaciones sobre la Logia
Lautaro, sociedad secreta y no masónica, cuya
finalidad era lograr la independencia de Chile. Y en
esto, nuestra profesora tenía razón. Pero ¿que
relación concreta había existido entre nuestros
máximos héroes y la masonería?
San Martín, Belgrano y Güemes tenían una visión
continental y comprendían que, para conseguir la
independencia y conservarla era necesario que las
“Provincias Unidas del Río de la Plata” estuvieran
realmente unidas y que sus representantes dejaran a un
lado sus localismos para sentirse parte de un todo,
inquietudes que hacían suyas las logias masónicas de
Europa y América. Los dos primeros, que habían hecho
sus estudios en España, pertenecieron a logias con
fines independientistas. No asi el general Güemes, que
había tenido como “amadísimo maestro” (según sus
propias palabras) al brillante jurisconsulto. Manuel
Antonio Castro (1) y que debe haber mirado con
desconfianza esas novedades venidas de Buenos Aires. 
Aun dentro del secreto y la discreción con que
realizaron estas actividades, es evidente que a los
padres de la Patria les interesaban las ideas y
proyectos de la masonería pero no sus rituales,
títulos rimbombantes, disfraces y otras banalidades
que podían divertir a gente menos comprometida,
ansiosa de nuevas experiencias que no implicaran
grandes riesgos o con un particular sentido lúdico. Es
difícil imaginar a estos grandes hombres, urgidos por
problemas de vital importancia como la falta de
víveres, pólvora o cabalgaduras, ocupándose de ritos
de iniciación vestidos con capas y mandiles. A algunos
les resultarían pueriles, anacrónicas y hasta
ridículas estas sesiones donde el burgués jugaba a ser
noble y el noble jugaba con el misterio. Algunas vidas
opacas y sin emociones podían encontrar atractivo o
sentirse importantes en aquellas formales ceremonias:
no era el caso de nuestros héroes de la independencia
ni de los que luego darían al país su Constitución y
trabajarían por su grandeza. (2)

Hacia 1808 la ciudad portuaria de Cádiz hervía de
ideas. Se discutía lo arcaico del absolutismo frente
al novedoso liberalismo revolucionario, la incapacidad
de los Borbones o la prepotencia expansionista de
Napoleón. Se hablaba también de la posible
independencia de los pueblos de América. Pululaban las
Sociedades Secretas donde se trataban y discutían
estos temas. “En esa ciudad libre, abierta,
cosmopolita, comercial y pragmática, de cara a
ultramar, en ebullición había cobrado impulso un nuevo
tipo de sociabilidad... En las tertulias, en las
logias, en los círculos de pensamiento, todo se
cuestionaba y las mentes se abrían.” (3) ¿Fue por
entonces que San Martín se afilió a la Logia
Integridad? Algunos autores así lo afirman pero no
está comprobado.
Cuando estalló la Revolución de Mayo, San Martín
estaba en Portugal. Al volver a Cádiz, a mediados de
1811, la ciudad, sitiada y aislada, era el ultimo
reducto que quedaba de España. Allí tomó contacto con
algunos compatriotas independentistas en la Logia n°3
de Caballeros Racionales. Se reunían en casa del joven
criollo Carlos María de Alvear, que la presidía. Como
otras logias sudamericanas tenía una organización
semejante a las masónicas.(4) Años mas tarde, uno de
sus integrantes, el presbítero mexicano Servando
Teresa Mier, recordaba las palabras que Carlos María
de Alvear le había dirigido al tomarle el juramento de
iniciación:
“Señor: esta sociedad se llama de Caballeros
Racionales porque nada hay mas racional que mirar por
su patria y sus paisanos. Esta espada se la debería
dar a usted por insignia para defender la patria, pero
como usted es sacerdote, la defenderá en la manera que
le es permitido. La segunda obligación es socorrer a
sus paisanos, especialmente a los socios, con sus
bienes, como éstos con los suyos lo harían con usted.
La tercera obligación, por las circunstancias en que
nos hallamos, y en que se nos podría levantar que esta
era una conspiración, es guardar el secreto sobre lo
que pasa en la Sociedad” (5). 
Los planes posibles de acciones futuras con que
contaban, en aquellas circunstancias, los jóvenes
militares criollos como San Martín y Alvear, no
resultaban muy atractivos a su espíritu liberal: 
-Apoyar a las Juntas encargadas de escribir la
Constitución de una España que en ese momento no
existía.
-Unirse a los conservadores que reclamaban el trono
para el inepto Fernando VII.
Nada de esto respondía a sus ideales. Una idea se fue
abriendo paso en sus mentes: volver a la patria nativa
para luchar por la causa justa de su libertad.
Con sobrias palabras lo explicaría años más tarde José
de San Martín al mariscal Ramón Castilla: “En una
reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los
primeros acontecimientos acaecidos en Caracas, Buenos
Aire, etc., resolvimos regresar cada uno al país de
nuestro nacimiento a fin de prestarle nuestros
servicios en la lucha que calculábamos, se había de
empeñar.” 

El 5 de septiembre de 1811 el gobierno español
concedió al teniente coronel San Martín el permiso
para pasar a Lima. Un comerciante escocés amigo, James
Duff, lo ayudó a embarcarse para Lisboa en un barco de
guerra inglés y de allí se dirigió a Londres, donde se
encontró con algunos de sus compañeros de Logia y
otros compatriotas. Con ellos fundó la Sociedad de
Caballeros Racionales n°7 “Unión, firmeza y valor” .
Como las de Cádiz esta era una “logia operativa”,
distinta a las “logias simbólicas o contemplativas”,
estrictamente masónicas. La diferencia consistía en
que, por principio, las logias masónicas no podían
apoyar ningún movimiento político ni definirse por
alguna religión en particular. Este tipo de actuación
revolucionaria se realizaba, desde el siglo XIX, a
través de logias o talleres operativos que actuaban
hasta que se cumplieran los objetivos propuestos, como
era, en este caso, la independencia de América del
Sud. Cuando lo lograban, desaparecían como grupo. (6)
“Los liberales ilustrados, a cuya estirpe pertenecía
el Libertador –recalca Pasquali- si ingresaban en la
masonería era para luchar contra el absolutismo y por
la libertad; no eran anticatólicos –porque el
principio de tolerancia les imponía el respeto a todos
los credos- sino anticlericales, que es algo bien
distinto.” (7) Lo que molestaba a los espíritus libres
–fueran laicos o eclesiásticos- era la intromisión de
la Iglesia en la esfera estatal, como sucedió cuando
Pío VI condenó las revoluciones sudamericanas.

¿Es posible que en los tres meses de su etapa
londinense haya tenido San Martín la oportunidad de
conocer el “Plan Maitland”, del año 1800, que encontró
Rodolfo Terragno en el Archivo General de Escocia? Sí,
es posible; y esto no menoscaba en absoluto la gloria
del autor y ejecutor del Plan Continental: una cosa es
planear y otra realizar; sobre todo cuando esto supone
una lucha de titanes contra la escasez de lo
imprescindible, la indiferencia de muchos y la misma
naturaleza.
En enero de 1812, un grupo de oficiales se embarcaba
en la fragata Canning con destino al Rio de la Plata.
En marzo, la Gaceta de Buenos Aires publicaba los
nombres y grados de los militares que “venían a
ofrecer sus servicios al gobierno” . Ellos eran: José
de San Martín, Carlos María de Alvear, José Zapiola,
Francisco de Vera, Francisco Chilavert, Antonio
Arellano y el Barón de Holmberg. Alvear, cuya madre
era una Balbastro, de antiguo linaje hispano criollo,
fue el encargado de “introducir en sociedad” a quienes
no tenían parientes en Buenos Aires, como San Martín.
Había pocos entretenimientos en la todavía “pequeña
aldea”, pero las tertulias que se daban en casas de
familias principales, reunían a jóvenes y mayores en
la conversación, la música y el baile. Otra
oportunidad de verse eran los paseos por la Alameda
que bordeaba el río interminable. En una de estas
oportunidades se conocieron la niña de los Escalada y
el apuesto coronel. Remedios no ocultó la impresión
que le causaba la intensidad de sus ojos negros, que
todos sus contemporáneos coincidieron en juzgar de una
profundidad magnética. Los de ella debieron haber
respondido en forma semejante para que él reconociera
a su amigo Necochea: “¡Esa mujer me ha mirado para
toda la vida!” (8). Seis meses después estaban
casados.
1812 fue un año cargado de amenazas. El inicio de la
decadencia de Napoleón significaba la vuelta al trono
de Fernando VII y la posibilidad de que mandara una
fuerte expedición de castigo contra las colonias
rebeldes. En las Provincias Unidas cundía el
descontento por la acción del Triunvirato que parecía
gobernar sólo para Buenos Aires y demostraba un gran
desconocimiento de lo que pasaba en el interior. Ante
esta situación San Martín, Alvear y Zapiola decidieron
instaurar en Buenos Aires la “Logia de Caballeros
Racionales”n°7, cuya finalidad sería “mirar por el
bien de América y de los Americanos”. Era una entidad
eminentemente política, de formas masónicas a la que
se incorporaron los dirigentes de la Sociedad
Patriótica y otros vecinos –civiles, militares y
eclesiásticos-, vinculados a la famosa Logia masónica
Independencia, presidida por Julián Álvarez. “No hay
constancia de que se llamara Lautaro hasta 1816, en
que se la bautiza así porque su meta sería la invasión
y liberación de Chile,” afirma la historiadora
Patricia Pasquali en coincidencia con Vicente Fidel
López (9). La Logia comenzó a actuar sin alharacas y
con discreción, severa disciplina y plena conciencia
de lo que se proponía hacer. 
“Estas logias, -afirma Enrique de Gandia- lo mismo
podían depender de una logia existente en el país o en
el extranjero, que ser independientes. Estas últimas
actuaban por su cuenta, tenían sus propósitos y los
llevaban a cabo sin permiso ni autorizaciones de otras
logias. A veces estaban de acuerdo entre sí y otras
veces eran enemigas y se combatían. Los autores que
imaginan que todas las logias debían recibir órdenes
de Inglaterra o responder a una sola idea, no saben lo
que piensan ni lo que dicen.” (10)
Aunque no se conoce el reglamento de la Logia porteña,
el historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna, en El
Ostracismo de O'Híggíns, cita un manuscrito que
reproduce la Constitución Matriz de la Lautarina
establecida en Chile en 1817, idéntica a la instaurada
en Buenos Aires en 1812. (11)
Los ideales de la Logia chocarían desde un principio
con la política del Triunvirato dominado por su
secretario Rivadavia. Las agresiones de realistas y
portugueses en la Banda Oriental provocaron el temor
de dejar a Buenos Aires desguarnecido y el gobierno
ordenó a Belgrano, que había llegado a Jujuy, que se
retirara con el ejército hasta Córdoba, dejando el
noroeste expuesto ante el avance realista. Durante
esos meses Belgrano, fiel a sus ideas de unidad y paz,
había hecho todo lo posible para llegar a un acuerdo
con los generales realistas Jose Manuel Goyeneche y
Pío Tristán, ambos nacidos en América, para terminar
“en forma feliz” lo que él veía como una guerra civil.
En marzo de 1812, había escrito al primero desde
Yatasto:
“(...) Lloro la guerra civil y destruidora en que
infelizmente está envuelta la América; dirijo mis mas
fervientes votos al Altísimo para que se concluya y
restituya la paz y tranquilidad: Créame que haré
cuanto esté de mi parte y sea compatible con el honor
y decoro de las armas que mando para que cesen tantas
desgracias e infelicidad.” (12) En forma similar había
escrito también al general Tristán, a quien lo unía
una gran amistad. (13)
Al llegar a Tucumán, Belgrano, apoyado por el pueblo,
decidió desobedecer al Triunvirato y enfrentar a los
realistas. El triunfo del 24 de septiembre lo decidió
a seguir avanzando. Mientras tanto, en Buenos Aires la
Logia veía con malos ojos la postura temerosa del
Triunvirato, que quería pactar con Cádiz y reconocer
los derechos sucesorios de Carlota Joaquina, hermana
de Fernando VII. Cuando el 5 de octubre llegó la
noticia del triunfo de Belgrano, la Logia de
BuenosAires decidió lanzar la revolución. Sólo podría
haberse evitado el derrocamiento del gobierno si sus
ocupantes hubieran aceptado formar parte de los
Caballeros Racionales. Pero Rivadavia –según escribía
San Martín a su amigo Godoy Cruz- no comprendió la
importancia que tenía la Logia, como recurso para
centralizar las fuerzas hacia un solo fin y para
mantener sumiso a todo el país en esa dirección.
“Desde entonces la Logia fue el árbitro exclusivo de
la situación y por lo tanto quedó en condiciones de
dar cumplimiento a su programa, sustentado en tres
pilares: declaración de la Independencia,
democratización sociopolítica y organización
constitucional del nuevo Estado.” (14)
Poco después de la revolución del 8 de octubre, San
Martín escribió a Pueyrredón para arreglar un
equívoco. Esta carta es una de las pruebas de que
ambos pertenecían a la masonería, pues en su firma
aparecen los famosos tres puntos con que se
identifican los masones. Lo mismo ocurre en la
contestación que le envía Pueyrredón desde Arrecifes.
La pertenencia a la masonería no pone en duda, sin
embargo, la fe cristiana de ambos héroes ni la del
piadosísimo general Belgrano, ni de tantos otros que
veían en esta institución muchos valores cristianos y
una poderosa ayuda para lograr la unidad y la
independencia de los pueblos de hispanoamérica. (15)
Si bien desde 1738 existía la bula condenatoria de
Clemente XII, recién durante la segunda mitad del
siglo XIX se hizo de general conocimiento la antinomia
Masonería-Iglesia Católica. Al decir del padre
Furlong, “nada tenía por entonces (esta institución)
de antirreligiosa, ni en sus fines ni en sus medios.
(...) no fue condenada por la Iglesia en forma
universal y categórica hasta mediados del siglo
pasado. (...) La Logia de Montevideo en 1825 y las
logias irlandesas, lo mismo que la Lautaro, eran
simples clubs políticos y sociales, pero nada,
absolutamente nada había en ellas por lo que un
católico se viera inhibido a pertenecer a las mismas.”
(16) 

En este orden de ideas, Martín Lazcano en su clásica
obra sobre las Sociedades Secretas en Buenos Aires, se
pregunta: “¿Era entonces el dictado de masón sinónimo
de irreligioso para el concepto personal de quien
poseía esta filiación?” y como respuesta cita una
estrofa atribuida a un Hermano de la logia porteña de
1812:
“Aquí tiene cada hermano
que amar y querer a Dios.
Es libre siempre su voz
porque no hay intransigencias,
se ama el trabajo y las ciencias
de la ilustración cimiento,
y es tan libre el pensamiento
como libres las conciencias”.(17)
San Martín, sobrio en todos lo aspectos, no hacía
ostentación de piedad pero cuando la ocasión lo
exigía, sabía dar testimonio de su fe y se sentía
responsable de la religiosidad de sus soldados, como
lo probó al instalar en el Regimiento de Granaderos a
Caballo la costumbre de las oraciones de la mañana, el
rosario diario y la misa dominical.
A comienzos del sigo XIX los casamientos requerían dos
ceremonias. En la primera, llamada de esponsales, se
requería el consentimiento de ambos y se
intercambiaban los anillos. La segunda, realizada a la
semana siguiente, era la “misa de velación” y recién
después de ella podía la esposa dejar la casa paterna.
Consistía esta ceremonia en envolver la cabeza de la
novia y los hombros del novio en una misma mantilla
como signo de su inquebrantable unión. San Martín y
Remedios la cumplieron el 19 de septiembre y en esa
ocasión, el novio comulgó. Como su carácter no era
hipócrita ni aparentaba lo que no era, deducimos que
lo hizo con convicción. 
A lo largo de toda su vida, San Martín tuvo muchos
amigos sacerdotes. Durante la jornada de San Lorenzo,
trabó relación con el padre Julián Navarro, párroco de
Rosario, que se ofreció como capellán de la tropa. En
el parte de batalla, después de felicitar el valor e
intrepidez de la oficialidad, San Martín destaca “al
esforzado y benemérito párroco Dr. Julian Navarro, que
se presentó con valor, animando con su voz y
suministrando los auxilios espirituales en el campo de
batalla.” Acompañó al Libertador hasta Chile, donde
fue nombrado por O’Higgins rector del seminario de
Santiago. También demostraría San Martín su gratitud a
los religiosos de San Lorenzo: “Es notoria la decidida
adhesión de aquella Comunidad a la sagrada causa de
América, de la que he sido testigo en las
inmediaciones de aquel Convento...” El 16 de mayo de
1813 escribe al superior: “Diga usted un millón de
cosas a esos virtuosos religiosos; asegúreles usted
que los amo con todo mi corazón y que mi
reconocimiento será eterno como mi existencia.”
Muy próximo a San Martín estuvo el franciscano Fray
Luis Beltrán, especialista en artillería y responsable
de dirigir la preparación de todo el equipo que
necesitaban las tropas, desde uniformes hasta cañones,
que acompañaría al general en toda su campaña
libertadora hasta el Perú con el grado de Teniente
Coronel Ingeniero. 
El Año de la Asamblea que tantas esperanzas había
convocado se ensombreció con la noticia de que
Fernando VII, además de suprimir la Constitución
liberal de Cádiz, iba mandar a Buenos Aires una
expedición de castigo al mando de Morillo. Por
entonces, Alvear había cambiado la actitud hacia su
“protegido” cuando, al decir de la historiadra
Pasquali, “trocó su pródigo padrinazgo en sorda
emulación,” para rodearse de intereses partidistas
locales que, con el tiempo, llevarían al
desmembramiento y disolución de la Logia porteña.
Tras las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, San Martín
recibió la orden de sustituir a Belgrano como Jefe del
Ejercito de Norte. Martín Güemes, que estaba en Buenos
Aires, lo acompañó en su viaje a Tucumán y en poco
tiempo se ganó su confianza. Seguramente Güemes se
desahogó entonces con San Martín contándole como los
porteños Castelli y Balcarce habían desaprovechado el
triunfo de Suipacha, el primero y más importante
contra el virreinato del Perú, que había llevado a las
tropas patriotas hasta el límite del río Desaguadero
para después abandonarlas a una inacción fatal
aprovechada por el enemigo para reparar su destrozado
ejército y derrotar a los criollos en el desastre de
Huaqui.
1814 encontraría reunidos a tres hombres que pensaban
“en grande”, según lo demuestran sus palabras
corroboradas por los hechos. Los tres sentían como
suya la causa de la independencia de todos los pueblos
de América sin caer en pequeñeces localistas. Los tres
comprendían la importancia de reforzar ese frente por
donde los realistas del Alto Perú podían invadir si no
encontraban una encarnizada resistencia. San Martín se
hizo asesorar por ellos, por el coronel Dorrego y por
su amigo Tomás Guido sobre las dificultades que
presentaba la vía alto peruana y mandó construir una
fortaleza o Ciudadela en las afueras de la ciudad de
Tucumán, para concentrar las fuerzas, levantar el
ánimo de los soldados y mejorar su disciplina. Lo
primero que hizo fue pagarles los sueldos adeudados, a
pesar de las protestas del Director Gervasio Posadas
que destinaba ese dinero a pagar a las tropas de la
capital. Tendría también muy en cuenta los sabios
consejos de Belgrano, a quien había querido a su lado
para trabajar juntos, sin que el gobierno de Buenos
Aires lo autorizara. El pedido era justo pues el
general Belgrano había logrado la adhesión del pueblo
y de las tropas, pero el gobierno, dominado en ese
momento por Alvear y sus amigos, tenía otros planes y
otras primacías. Ante la insistencia de Posadas,
Belgrano tuvo que partir hacia Santiago del Estero.
Desde allí escribió a San Martín, el 6 de abril de
1814 una carta que resumía su conocimiento de la
tierra y de su gente:
“La guerra, allí, no sólo la ha de hacer usted con las
armas sino con la opinión, afianzándose siempre ésta
en las virtudes morales, cristianas y religiosas, pues
los enemigos nos la han hecho llamándonos herejes, y
sólo por este medio han atraído gentes bárbaras a las
armas, manifestándole que atacábamos la Religión. No
se deje llevar por opiniones exóticas, ni de hombres
que no conocen el país que pisan; por este medio
conseguirá usted tener al Ejército bien subordinado,
pues él, al fin, se compone de hombres educados en la
Religión Católica que profesamos, y sus máximas no
pueden ser más a propósito para el orden. (...) No
deje de implorar a Nuestra Señora de las Mercedes,
nombrándola siempre nuestra Generala, y no olvide los
escapularios de la tropa; deje usted que se rían, los
efectos le resarcirán a usted de la risa de los
mentecatos que ven las cosas por encima. Acuérdese
usted que es usted General Cristiano, Apostólico
Romano; cele de que nada, ni aun en las conversaciones
más triviales, se falte el respeto a nuestra Santa
Religión.”(18) San Martín tuvo en cuenta las palabras
de Belgrano. Su corta estada al frente del Ejército
del Norte le sirvió también para corroborar su primera
impresión sobre el joven coronel Güemes. Ambos
reconocían la enorme importancia de la insurrección
altoperuana sostenida por Alvarez de Arenales contra
la retaguardia del ejército realista y por Ignacio
Warnes desde Santa Cruz de la Sierra. Cuando San
Martín vió actuar a Güemes al frente de sus partidas,
resolvió confiarle el comando general de toda la línea
de vanguardia del Ejército del Norte.
Con entusiasmada admiración explicaba el general a
Posadas las maniobras llevadas a cabo por los gauchos
salteños para hostilizar a los realistas e impedirles
la posesión de mulas y caballos. Desde entonces supo
que podría contar con Güemes para los mas arriesgados
proyectos. Le reservaría un importantísimo rol en su
plan continental.
En Buenos Aires se alegraban por estas noticias pero
la atención estaba casi totalmente concentrada en la
escuadra del Almirante Brown y en el sitio de
Montevideo, dirigido por Rondeau. Al enterarse de que
una junta médica había encontrado a San Martín muy
enfermo, Posadas decidió que Rondeau entregara el
mando a su joven y ambicioso sobrino, el general
Alvear, y fuera a reemplazar al jefe del Ejército del
Norte. La victoria del Almirante Brown contra la
armada española en El Buceo facilitó a Alvear la toma
de Montevideo el 23 de junio de 1814. Con sólo 26
años, el flamante brigadier general se disponía a
seguir su carrera de triunfos. Mientras tanto el
futuro Libertador se reponía lentamente en la hacienda
cordobesa de Saldán, acompañado por su fiel amigo
Tomás Guido. Les preocupaba el derrotero de la
revolución: no se reunía el Congreso, la Logia porteña
se había desvirtuado al convertirse en un instrumento
político, las invasiones de los realistas en el
noroeste eran constantes y continuaban los conflictos
en la Banda Oriental. Durante esos tranquilos
atardeceres serranos debieron haber madurado el famoso
“Plan continental” comparando las ideas del brillante
coronel Enrique Paillardelle con las del doctor Vera
Pintado o con las sugerencias del escocés Maitland o
también quizás recordando los recorridos de los
jesuitas, primeros en describir los pasos
cordilleranos de Cuyo a Chile que utilizaron los
arrieros de la colonia y muchos años atrás, los
huarpes y mapuches. Pero con ser lo más difícil, el
paso de la cordillera era sólo la primera etapa del
plan que tenía su centro en la toma del Perú desde el
Pacífico, con el apoyo, por tierra, del Ejército del
Norte.
Dos meses después se instalaba en Mendoza como
gobernador de Cuyo. Recién entonces pudo llamar a su
lado a Remeditos que, a pesar de sus 17 años supo
desempeñarse en forma excelente como mujer del
gobernador.
En abril de 1815 la sublevación de Fontezuelas dio por
tierra con los ambiciosos planes de Alvear y su grupo
llamado “Directorial”. Era la oportunidad de recrear
la Logia que esta vez, sí, tomaría el nombre de
Lautaro, pues su objetivo era la libertad de Chile.
San Martín era consciente de la necesidad de
pertenecer a un grupo de agentes políticos
juramentados que apoyaran su plan. De inmediato pidió
más soldados y refuerzos de todo tipo a Buenos Aires
para preparar su ejército. Pero esta vez todos los
fondos estaban distribuidos entre la tercera campaña
al Alto Perú y al litoral convulsionado por las
montoneras artiguistas. El pueblo mendocino, en
cambio, respondió con entusiasmo al llamado y el
campamento militar se convirtió en una colmena donde
se fabricaba desde jabón hasta cañones, pólvora y
uniformes. El llamado del general era el llamado de la
Patria. “Necesito las mulas prometidas; /necesito mil
yardas de bayeta; /necesito caballos, mas caballos;
/necesito los ponchos y las suelas (...)/necesito las
joyas de las damas, /necesito más carros y
carretas;/necesito campanas para el bronce /de los
clarines, necesito vendas; /necesito el sudor y la
fatiga; /necesito hasta el hierro de las rejas(..)
necesito las lágrimas y el hambre /para más gloria de
la Madre América...”(19)
Las inquietudes materiales no lo hacían olvidar, sin
embargo, la importancia de la oración y las ceremonias
del culto. Cuenta el general Jerónimo Espejo que “los
domingos y días de fiesta, se decía misa en el
campamento y se guardaba descanso. En el centro de la
plaza se armaba una gran tienda de campaña (forrada de
damasco carmesí que desde Inglaterra le habían mandado
al general); allí colocaban el altar portátil y decía
la misa el capellán castrense José Lorenzo Güiraldes o
alguno de los capellanes del cuerpo. El ejército se
presentaba en el mejor estado de aseo (...)
presidiendo e acto el general, acompañado del resto
del estado mayor. Concluída la misa, el capellán
dirigía a la tropa una plática de treinta minutos,
reducida por lo general a excitar las virtudes
morales, la heroicidad en la defensa de la Patria y la
más estrecha obediencia a las autoridades y
superiores”.(20) Cada atardecer; al “caer la oración”,
como decía el viejo pueblo criollo, las tropas se
juntaban por compañías para rezar el rosario. Al mismo
tiempo, en Buenos Aires las cosas iban cambiando: San
Martín veía que la Logia se iba rehaciendo bajo la
dirección de Mariano Balcarce (su futuro consuegro) y
que sus miembros veían sus planes con interés. El
secreto que se exigía era total para impedir posibles
traiciones, por esta razón, en sus cartas San Martín
se refiere a la Logia como el establecimiento de salud
pública o de Matemáticas, y habla de los logistas como
personas cultas, “de razón y luces”. La Logia era para
él un símbolo de libertad y progreso, antítesis de la
anarquía que ya se empezaba a insinuar en el
comportamiento de algunos caudillos.
“Dígame con franqueza cómo va el Establecimiento de
Educación en ésa, -escribía a Guido el 6 de abril
1816, pues yo temo que si no se dirige bien, no
prospere este utilísimo establecimiento.”Y un mes
después comentaba con alivio: “Mucho me alegra que el
Establecimiento de Matemáticas progrese; si éste está
bien establecido las ventajas serán ciertas.”(21)
Mientras tanto, desde enero de 1816, iban llegando a
Tucumán los primeros diputados de las provincias
reunidos para declarar la independencia.(22)
Cuando Pueyrredón fue nombrado Director Supremo, San
Martín se alegró pues, además de ser su amigo, le
constaba su pertenencia a la masonería y sabía que iba
a apoyar su empresa. Le escribió a Jujuy pidiéndole
una entrevista en la que le explicaría en detalle su
plan continental. El Director lo citó en Córdoba donde
se detendría, camino a Buenos Aires, poco después de
declarada la independencia. El panorama político había
cambiado trayendo esperanzas al Libertador quien,
antes de la entrevista, escribía a Guido: “Yo creo que
aunque no sea más que por conveniencia propia, no
dejará Pueyrredón de favorecer el Establecimiento de
Pública Educación. El conocerá que sin las luces nada
haremos y sólo acabaremos de arruinarnos: nuestra
ignorancia nos tiene en ese estado.” Los dos
generales, piadosos cristianos y auténticos masones,
lucharían juntos por sus principios. 
“El establecimiento de Matemáticas será protegido
hasta donde alcance mi poder, -aseguraba el Director-.
El nuevo secretario interino, Terrada, es también
matemático y por consiguiente me ayudará al fomento de
un objeto tan útil”.(23) “No hay otra manera, amigo
mío; o conseguimos poner a la cabeza de cada provincia
y de cada ejército un amigo de la razón, o perecemos
entre guerras civiles.”(24)
El orden y la disciplina eran más necesarios que
nunca: ¿cómo hacer para unir a los indómitos y
anárquicos criollos, valerosos pero contestatarios? La
masonería podía ser un nexo importante para lograr que
se pusieran de acuerdo, pensaban San Martín y
Pueyrredón. En septiembre de 1816, el segundo
confesaba al primero su intención de convencer a
Güemes de que no impidiera que el Congreso se mudara a
Córdoba...y sugerirle que se hiciera masón.

Notas:

1- Clérigo y jurista salteño. En 1815 fundó en Buenos
Aires la Academia de Jurisprudencia, precursora de la
Universidad. En 1826 presidió el Congreso General
Representante de las Provincias Unidas de Sud América

2- El general Luis Peru de la Croix cuenta un dialogo
con Bolivar tenido en 1828: “Habló de la masonería
diciendo que también él había tenido la curiosidad de
hacerse iniciar para ver de cerca lo que eran aquellos
misterios y que en París se había recibido de maestro,
pero que aquel grado le había bastado para juzgar lo
ridículo de aquella asociación. Que en las Logias
había encontrado algunos hombres de mérito, bastante
fanáticos, muchos embusteros y muchos más tontos
burlados. Que todos los masones se asemejan a unos
niños grandes, jugando con señas, morisquetas,
palabras hebraicas, cintas y cordones; que sin embargo
la política y los intrigantes pueden sacar partido de
aquella sociedad secreta, pero que en el estado de
civilización de Colombia, de fanatismo y de
preocupaciones religiosas, no era político valerse de
la masonería porque para hacerse de algunos
partidarios en las logias se hubiera atraído el odio y
la censura de toda la nación, movida entonces por el
clero y los frailes que hubieran aprovechado aquel
pretexto. Que por lo mismo, poco podria hacerle ganar
la masonería y mucho perder en la opinión.” En José
Luis Busaniche: Bolivar visto por sus contemporáneos.
Citado por Horacio Salduna en: Vida del general
Bolivar, 2005.

3- Patricia Pasquali, San Martín, la fuerza de la
misión y la soledad de la gloria, Ed. Planeta,
Bs.As.1999.

4- Martín V. Lazcano, Las Sociedades secretas,
políticas y masónicas en Buenos Aires, Ed. El Ateneo,
Bs.As. 1927 . Según las Memorias de José Moldes, la
primera sociedad secreta americana fue fundada en 1807
en Madrid y se llamó Conjuración de patriotas. A ella
pertenecían, entre otros americanos, los hermanos
salteños Gurruchaga y los Moldes, Juan Martín de
Pueyrredón, Bernardo O’Higgins, Zapiola, Balcarce, los
Lezica, Pinto y Alvear. Muchos se carteaban con otros
americanos que andaban guerreando, como en el caso de
San Martín. A su vez, Iriarte en sus memorias afirma
que en 1809 se reunían en Sevilla, Matías de Irigoyen,
Hilarión de la Quintana, Sarratea y Altolaguirrre,
quienes pasaron luego a Cádiz donde se les unió San
Martín. Tomás de Iriarte, Memorias, Ed. Argentinas,
1944, tomo I.

5- Alfredo Villegas: San Martín en España, Bs.As.,
Acad. Nac. de la Historia, 1976.

6- Según Emilio Gouchon, citado por, Corbiere y por
Pasquali, este tipo de logia operativa fue la que
actuó en el Ressorgimento italiano, tratando de lograr
la unidad; otras apoyaron la Revolución Mexicana de
1910-11.

7- P. Pasquali, op.cit.

8- Florencia Grosso, Remedios de Escalada de San
Martín, su vida y su tiempo, ed. Dunken, Bs.As.,1999.

9- Vicente Fidel López afirma que “la Lautaro no fue
una vaguedad revolucionaria ni un título de ocasión
sacado de la Araucana de Ercillia sino una palabra
intencionadamente masónica y simbólica cuyo
significado específico no era “guerra a España” sino
“expedición a Chile”, secreto que sólo se revelaba a
los iniciados al tiempo de jurar el compromiso.”
Lautaro era el nombre de un cacique araucano que luchó
por su tierra contra los españoles en el siglo XVI.

10- Enrique de Gandía: La independencia de América y
las sociedades secretas citada por Emilio Corbiere, La
Masonería, Ed. Sudamericana, Bs.As.,1998

11- Artículos de la Logia Lautarina de Chile: "Esta
sociedad debe componerse de caballeros americanos, que
distinguidos por la liberalidad de las ideas y por el
fervor de su patriótico celo, trabajan con sistema y
plan de la independencia de la América y su felicidad,
consagrando a este nobilísimo fin todas sus fuerzas,
su influjo, sus facultades y talentos, sosteniéndose
con fidelidad, obrando con honor y procediendo con
justicia, bajo la observancia de las siguientes
Constituciones: 5º No podrá ser admitido ningún
español ni extranjero ni más eclesiástico que uno
solo, aquel que se considere de más importancia por su
influjo y relaciones. 7º Siempre que algún hermano
fuese nombrado por el Gobierno primero o segundo Jefe
de un ejército, o Gobernador de alguna provincia, se
le facultará para crear una sociedad subalterna,
dependiente de la matriz, cuyo número no excederá de
cinco individuos, y entablando la debida
correspondencia, por medio de los signos establecidos,
todas las noticias y asuntos de importancia que
ocurrieran. 9º Siempre que alguno de los hermanos sea
elegido para el Supremo gobierno, no podrá deliberar
cosa alguna de grave importancia sin haber consultado
el parecer de la Logia, a no ser que la urgencia del
negocio demande pronta providencia; en cuyo caso,
después de su resolución, dará cuenta en primera junta
o por medio de su Secretario, siendo hermano, o por el
de la Logia.”

12- Epistolario belgraniano, dirigido por Gregorio
Weimberg, ed. Taurus, Bs.As., 2001

13- “Mi querido Pío: ¡Cuán distante estaba yo de venir
a escribirte e estos lugares! La enfermedad de
Pueyrredon me ha conducido hasta aquí desde las
orillas del Paraná, en donde me hallaba con mi
Regimiento poniendo una puerta impenetrable a los
enemigos de la Patria. Fui el pacificador de la gran
Provincia del Paraguay. ¿No me será posible lograr
otra tan dulce satisfacción en estas Provincias? Una
esperanza muy lisonjera me asiste de conseguir un fin
tan justo, cuando veo a tu primo y a ti, de
principales jefes. Creeme siempre tu fiel amigo. M.
Belgrano” Ibid.

14- Patricia Pasquai, op.cit.

15- Belgrano había pertenecido a la Logia
Independencia como todos los que formaron luego la
“Sociedad de los Siete”. Según Lappas, presidio una
logia en el Ejército del Norte. Alcibíades Lappas, La
masonería argentina a través de sus hombres, Bs. As.,
2000

16- Guilermo Furlong, s.j., Prólogo a la obra de
.J.L.uis Trenti Rocamora, Las convicciones religiosas
de los próceres argentinos, Ed. Huarpes, Buenos Aires,
1944. Furlong da el ejemplo del Obispo Daniel
O’Connell quien, en 1830 era “Jefe de toda la
masonería en Irlanda”

17- Martín Lazcano, op. cit.

18- Epistolario belgraniano, op.cit

19- Antonio Esteban Agüero, fragmento de “Digo el
llamado” , Obras completas, tomo II, Ed.Univ. de San
Luis, 1996.

20- Citado en Luis Trenti Rocamora, Las convicciones
religiosas de los próceres argentinos, Ed. Huarpes,
Bs.As. 1944

21- Patricia Pasquali, San Martín confidencial.
Correspondencia del Libertador con su amigo Tomás
Guido (1816-1849), Ed. Planeta, Buenos Aires, 2000.

22- Los diputados reunidos en Tucumán tardaban en
proclamar la independencia al no ponerse de acuerdo en
muchos temas, sobre todo en la forma de gobierno que
elegirían. Se enfrentaron Rondeau, el jefe del
Ejercito del Norte, que había sido derrotado en el
Alto Perú, con Martín Güemes, gobernador de Salta que
apuraba la proclamación de la Independencia. Al
enterarse de que habían llegado a un entendimiento,
San Martín escribe desde Mendoza a su amigo Godoy
Cruz: “...Más que mil victorias he celebrado la mil
veces feliz unión de Güemes y Rondeau. Asi que las
demostraciones en ésta sobre tan feliz incidente se
han celebrado con una salva de veinte cañonazos,
iluminación, repiques y o tras mil cosas...”

23- Pueyrredón a San Martín, 10/9/1816, en Ibid

24- Pueyrredon a San Martín, 14/10/1816, citado en
Ibid.



"El lado oscuro, busca una víctima, lo sé, se siente, se sabe y se calla. Víctima, o victimario cómo saber de qué lado estamos. El lado oscuro de la luna no brilla pero atrae. En él podría ofrecerme y ser víctima de cada pensamiento impuro, ser poseída, penetrada, obligada, sometida, arrasada, quemada, hundida, destruida, humillada, irreal, o tal vez ganadora, domadora, desgraciada, malvada, perversa, morbosa, oscura, absurda, real. A cuántos amantes he arrancado desde las entrañas los más impuros pensamientos, vaciado el alma, perdido los sentidos, por cuántos yo he sentido eso? Será que soy un infinito vacío que llora desde el lado oscuro de la Luna, será que necesito una víctima, será que necesito un victimario...es como recordar un sueño incontable..."



      Seguí de cerca a la Selección Argentina de Rugby en el Mundial de Francia 2007.
http://ar.sports.yahoo.com/mundialderugby




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular