[R-P] Evo Morales prologa libro de humanista chileno.

Nelson B. nelsonbergamasco en gmail.com
Dom Sep 16 16:29:22 MDT 2007


El Fin de la Prehistoria

un camino hacia la libertad

Tomás Hirsch



Prólogo



Conocí a Tomás Hirsch en Mar del Plata mientras caminábamos encabezando una
gran marcha. Era noviembre de 2005 y ambos habíamos dejado por un breve
periodo nuestros países y las respectivas campañas presidenciales en las que
participábamos. El motivo lo ameritaba. En Mar del Plata se realizaba la
Cumbre de los Pueblos en la que los movimientos sociales de toda América
Latina le dijeron "no", de manera rotunda y definitiva, al proyecto de ALCA
(Área de Libre Comercio de las Américas) que quería imponer los Estados
Unidos.



Al entrar al estadio, mientras esperábamos el inicio del acto, conversamos
por primera vez tomando un café. Tomás se declaró, enfáticamente, a favor de
una salida soberana al mar para Bolivia. Creo que era la primera vez que un
candidato presidencial chileno incluía en su programa de gobierno la
centenaria y legítima demanda boliviana.



Nueve meses después, el 6 de agosto de 2006 volvimos a encontrarnos en
Sucre. Con la instalación de la Asamblea Constituyente, Bolivia vivía un
momento histórico. Después de 16 años de movilizaciones sociales encabezadas
por los pueblos indígenas demandando la refundación del país; los excluidos,
los marginados del campo y de la ciudad tomaban la palabra para empezar a
construir una nueva República.



En Sucre, Tomás pudo ser testigo del surgimiento de una Bolivia que muchos
trataron de ocultar durante siglos, me refiero a la Bolivia de los 36
pueblos indígenas y originarios que desfilaron juntos celebrando un nuevo
tiempo de cambio y de unidad para la patria. Hoy, continuamos en el camino
hacia una nueva Constitución que acabe con el racismo y la discriminación
proponiendo un futuro de igualdad y justicia social para todos.



Después de nuestro encuentro en Sucre, nos vimos un par de veces más. La
primera, en diciembre de 2006, durante la realización de la II Cumbre de la
Comunidad Sudamericana de Naciones en la ciudad de Cochabamba. La última, en
abril de 2007, en Barquisimeto (Venezuela), donde participábamos en la
Cumbre de la Alternativa Bolivariana para los pueblos de nuestra América
(ALBA). En aquella ocasión, junto a Hugo Chávez, habíamos decidido inaugurar
la reunión dando la palabra a líderes sociales de la región. En su
intervención, Tomás denunció el drama que significa el saqueo de los
recursos naturales en nuestro continente y mencionó que si llegara a ser
Presidente incorporaría su país al ALBA. Así fuimos conociéndonos, de
encuentro en encuentro, de país en país.

Hoy tengo su libro en mis manos. Su lectura me ha servido para constatar que
a pesar de las diferencias en nuestros orígenes y en nuestros contextos
culturales, nos une una profunda valoración por el ser humano y por su
destino. También nos une la aspiración común de ver a los pueblos de nuestro
continente erguirse libres y dignos. Ésa es, sin lugar a dudas, la mayor
motivación de nuestras luchas cotidianas.



Por eso, me complace que se eleven voces críticas pero esperanzadoras como
la suya; voces que nos ayudan a dibujar el futuro de nuestro continente. Me
alegra comprobar cómo, día a día, Latinoamérica está despertando,
sacudiéndose del conformismo y del letargo por la acción conjunta de líderes
y movimientos sociales que están abriendo los ojos y las conciencias de
nuestros pueblos. Sólo la claridad de pensamiento, la convicción y la
honestidad que heredamos de nuestras culturas indígenas, nos permitirán
profundizar la lucha para acabar con la dominación. Juntos, acabaremos con
el yugo de las democracias sometidas para construir democracias liberadoras,
participativas y solidarias.



Mirando hacia atrás, tengo que señalar que cuando ganamos las elecciones con
una mayoría histórica (54 por ciento), los humanistas fueron de los primeros
que se acercaron a nosotros para brindarnos una colaboración desinteresada y
solidaria. Ese vínculo ha continuado fortaleciéndose día a día y paso a
paso. Así, hoy podemos decir con satisfacción que Tomás se ha convertido en
un activo vocero del proceso de transformaciones que hemos puesto en marcha,
difundiendo nuestras conquistas -desde la nacionalización de los
hidrocarburos hasta la revolución agraria- en el curso de sus viajes.



Como dice Tomás en su libro, Bolivia vive una revolución social, política y
económica al mismo tiempo. Social, porque hemos convertido las necesidades
básicas de nuestro pueblo en el eje de las transformaciones, por encima de
las exigencias del capital extranjero. Política, porque en nuestro Gobierno
son los movimientos sociales, las comunidades indígenas y campesinas, los
sindicatos y la sociedad organizada quienes definen la vida política. La
clase política tradicional, apátrida, desarraigada y profundamente racista
está quedando definitivamente arrinconada.



Además, se trata de una revolución económica porque hemos actuado con la
firme decisión de recuperar la soberanía y el control sobre nuestros
recursos naturales y energéticos, dándole al capital internacional el lugar
que le corresponde y que se sintetiza en el principio de que Bolivia
necesita "socios y no patrones". Estoy convencido de que ése es el único
camino para que, desde la acción del Estado, se pueda acabar con la
exclusión, garantizando las libertades y construyendo igualdad. Por último,
vale la pena mencionar que el proceso de cambio boliviano no tendría sentido
si no planteáramos una auténtica revolución cultural que nos permita
extirpar la matriz colonial y racista que está enquistada en todas nuestras
estructuras sociales y que impide reconocer nuestra principal virtud: la
diversidad.

Tomás propone en su libro valorar al ser humano por encima del dinero; poner
la humanidad en primer lugar. Bueno, ésa es también la lucha en la que
estamos empeñados cuyo fundamento es la dignificación de nuestro pueblo. Por
ello, son las comunidades indígenas y campesinas, los trabajadores, los
mineros, los artesanos, los estudiantes, los pequeños productores y todos
los hombres y mujeres que trabajan honestamente día a día quienes deben
verse favorecidos por los cambios políticos, antes que las comunidades
financieras internacionales. Debemos ser capaces de poner en su lugar a los
grandes capitales, de manera que beneficien a los pueblos y que no los
destruyan como pretendió el neoliberalismo durante las últimas décadas.



En este sentido, las propuestas del humanismo -que hemos podido comprender
mejor a través del libro de Tomás- van en esta misma dirección por lo que
esperamos seguir trabajando juntos para contribuir a difundirlas en nuestros
países y a  que se conozca el impacto de las transformaciones que hemos
emprendido y que, a menudo, son premeditadamente minimizadas por las redes
internacionales multimediáticas convertidas en una auténtica industria de la
información.



En cuanto a la integración regional, nosotros estamos convencidos de que la
paz mundial, la lucha contra el llamado calentamiento global, la armonía con
la naturaleza, el acceso a los recursos elementales como el agua y la
redefinición de los conceptos globales acerca del desarrollo y el progreso,
son elementos centrales que deben ser considerados de manera integral. En
esta línea, una de nuestras propuestas ante la comunidad internacional, es
renunciar constitucionalmente a la guerra como forma de solución de
conflictos entre países. Aquí, también coincidimos con el humanismo y su
rechazo a la violencia sea cual fuere su manifestación. Nosotros provenimos
de la cultura de la vida y del diálogo, y no de la cultura de la guerra y de
la muerte. Por eso, creemos que en este nuevo milenio tenemos la obligación
ética y moral de defender la vida y salvar a la humanidad. Y si queremos
salvar a la humanidad tenemos que salvar al planeta tierra.



Finalmente, para concluir este comentario, tan sólo me queda felicitar a
Tomás por su iniciativa, por su voluntad y compromiso con el pensamiento
humanista y por su aporte al proceso de liberación de los pueblos de América
Latina.

Evo Morales












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