[R-P] La Hipotenusa

Boletín Bambú bambuprensa en yahoo.com.mx
Vie Sep 14 15:05:49 MDT 2007


En el mensaje de ayer sobre La Hipotenusa olvidé mencionar
que en sus páginas también publicaba el periodista Pedro
Leopoldo Barraza, quien pocos años años antes, en una
investigación al estilo Rodolfo Walsh en Operación Masacre,
había denunciado el secuestro del obrero Felipe Vallese, de
22 años y militante de la Juventud Peronista. 

Vallese fue el primer desaparecido del peronismo,
secuestrado el 23 de agosto de 1962 y visto por última vez
brutalmente torturado en una comisaria de Villa Lynch. El
responsable de su muerte fue el oficial de policía Juan
Fiorillo.

Pedro Barraza publicó  en su investigación en ocho partes,
primero en el periódico 18 de Marzo y después en su su
continuador, el semanario Compañero, dirigido por el médico
Mario Valotta, del Peronismo Revolucionario que encabezaba
Gustavo Rearte. El periodista, que posteriormente trabajó
en los diarios Clarín y La Opinión, fue
director-interventor de Radio del Pueblo, de Buenos Aires,
en el último gobierno de Juan Perón.

Barraza fue secuestrado y asesinado el 13 de octubre de
1974 por una banda de la Triple A dirigida por el comisario
Fiorillo, que doce años después y bajo el gobierno de
Isabel Perón, “le pasó la factura”. Tras el golpe
cívico-militar de marzo de 1976, Fiorillo fue lugarteniente
del general Ramón Camps, jefe de la Policía de Buenos
Aires, y se le vio en los campos de concentración de El
Vesubio, El Banco y Omega.

Algunos colegas que conocieron a Barraza más que yo, me
comentaron hace años que en su intimidad era gay y que lo
mataron junto con otro periodista que era su compañero de
vida. Esto es sólo un dato, como decir que era gordo,
pelirrojo o evangelista. La cuestión ni me va ni me viene,
porque era militante peronista y no activista de
grupúsculos despolitizados y desmovilizadores. En todo
caso, era un guerrero-gay. 

Transcribo a continuación un artículo de Barraza sobre los
"centristas". Entre militancia y denuncia, le quedaba
tiempo para el humor.

Esuela política para padres
EL CENTRISTA
15 de junio 1967

El centrista es un ambidextro por excelencia. El usar las
dos manos indistintamente, más que un privilegio como
supone, le crea un complejo de indefinición más turbador e
incómodo que las presuntas ventajas. Esa turbación e
incomodidad se traduce en todas las actuaciones políticas y
sociales en que le toca actuar, puesto que en definitiva el
centrista no existe como tal, sino que juega el rol de
izquierdista o derechista según la realidad inmediata.

En una reunión de derechistas el centrista salta
cualitativamente a la situación de izquierdista y entre los
izquierdistas se transforma, aún contra su voluntad, en un
sujeto más peligroso que el padre Meinvielle o Marcelo
Sánchez Sorondo.

La experiencia demuestra que no hay nadie más
potencialmente extremista que un centrista. Por horror a un
extremo el centrista termina siempre sirviendo al otro.
Como todo tercero en discordia, el centrista sufre
horriblemente la lucha de los polos opuestos y recibe los
golpes de cualquier mediador, sólo que lo aguanta con el
estoicismo de quien tiene conciencia de su papel
patriótico. Para terminar con el peligro que encierran los
extremismos el centrista piensa de buena fe que habría que
fusilar a los izquierdistas y derechistas por igual, con lo
que su conciencia profundamente democrática y su formación
liberal lo atormentan hasta el flagelo.

Todos los centristas militantes viven en el centro de
Buenos Aires (Leandro Alem-Pueyrredón-Córdoba-Avenida de
Mayo) y hasta puede afirmarse que todos los que habitan
este radio son centristas, con las excepciones del Barrio
Once y la Federación de Partidos de Centro. El primero es
un Estado dentro de otro Estado; la segunda es la sede
social de los derechistas desplazados.

El centrista es un obsesivo por naturaleza, que lleva
metido el centímetro con el que mide constantemente el
grado de desviacionismo de los demás. Generalmente, fuera
de los que viven en el radio céntrico antes mencionado, los
demás centristas diseminados por ahí se ubican en el
centro-izquierda o en el centro-derecha, según sea el
barrio, la zona, localidad o provincia a que pertenezcan.

Distintas encuestas de opinión pública han arriba a la
increíble pero nada verificable conclusión de que
"centrista-centrista" hay uno solo en la Argentina:
Bernardo Neustadt, si es que fuera posible
etiquetar-etiquetar a Neustadt en algún casillero-casillero
ideológico-ideológico.

El centrista es oficialista siempre, ya que todos los
gobiernos habidos hasta el presente en la Argentina,
democráticos o de facto, se han visto en la obligación de
expresarse contra todo extremismo, ya sea de izquierda o de
derecha.

Curiosamente, nadie se manifestó contra el extremismo de
centro, lo que ha llevado a más de un centrista a pasarse a
algún extremo para no sentirse ignorado. Todo centrista que
se precie será centrado en todas sus manifestaciones
cotidianas. No es centrista quien quiere, sino quien puede;
nada más difícil que la indefinición como definición y lo
finito hasta el infinito.

Un centrista es buena persona; cinco centristas son un acto
radical, más de diez centristas son un sábado por la noche.






Roberto Bardini
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