[R-P] El "socialismo" según Terán.
Gustavo Battistoni
gustavo.battistoni en gmail.com
Dom Sep 9 12:02:52 MDT 2007
( El triunfo "socialista" en Santa Fe ha descongelado a viejos
intelectuales que se habían recluido en su torre de marfil a la arena
política; han vuelto con más años, pero con las viejas mañas de
siempre.
El "socialismo" sería una bocanada de aire ante el "populismo"
imperante;por supuesto, también ante aquellos que como Patria y Pueblo
defienden la articulación socialismo-movimiento nacional.
Nada nuevo bajo el sol del gorilismo de "izquierda"; estas viejas
hojas marchitas que nunca florecieron están nuevamente con nosotros).
APARECIDO EN EL SUPLEMENTO "ENFOQUES" DEL DIARIO "LA NACIÓN".
EN LA LÍNEA DEL ILUMINISMO PROGRESISTA
POR OSCAR TERÁN.
El notable triunfo encabezado por el socialismo en las elecciones
santafecinas disparó en la memoria y las lecturas un vertiginoso
recorrido por la tradición del partido fundado por Juan B. Justo.
Dos representaciones surgieron en torno a ese hecho. Una, proyectada
hacia el pasado, donde una línea política continúa una tradición que
se extiende hacia los más de cien años de existencia del Partido
Socialista. Otra, las contenidas y cívicas ceremonias celebratorias de
triunfo tan sustantivo, encarnados en la mesura democrática de los
triunfantes candidatos santafecinos.
Toda tradición puede ser una heredad o una lápida, y es difícil no
encontrar en la larga historia socialista un entrelazamiento de ambos
factores. Nacido en 1896, el "viejo y glorioso" contó con una élite
política de una calidad difícilmente superable. Inscripta en la línea
del iluminismo progresista que colocaba en la plataforma
partido-sindicato-cooperativa-parlamento la cuadriga de su accionar,
ese partido identificó al socialismo con "el advenimiento de la
ciencia a la política". Se planteó así como el primer partido moderno
en esta parte del mundo, y se propuso como un emprendimiento
programático y alejado de los liderazgos "irracionales".
Los otros, los liderazgos caudillistas o carismáticos (primero
radicales, luego peronistas y siempre populistas), fueron asimismo
colocados del lado de la denostada "política criolla", esto es, de un
ejercicio del poder fundado en relaciones personalistas, facciosas y
clientelares. Entonces, como en los programas educativos para los
trabajadores que llevó adelante su Sociedad Luz, el socialismo pudo
adscribir a la fórmula pedagógica que aún puede leerse en el
frontispicio de alguna biblioteca popular del barrio de Saavedra: "El
saber te hará libre".
Articulados estos emprendimientos con un eje en la justicia social y
colocando en su centro los intereses del mundo del trabajo, para la
militancia socialista resultaba imposible desconfiar de que los
trabajadores no darían finalmente su apoyo al partido de Justo, en la
medida en que sus propuestas coincidían con lo que creían la esencia
misma del movimiento obrero. Se trató de un error material de gravosas
consecuencias. Derrotados desde 1916 a partir de la instancia
electoral de sufragio universal, pudieron siempre apelar a la
explicación del engaño de las masas, ensordecidas por la propaganda de
los sectores dominantes. Esta escisión fue de largas consecuencias y
arrastró la presencia encontrada de dos criterios de legitimidad
contrapuestos. Variadas fueron las voces de aquel sector que
incluyeron aquella escisión dentro de una fractura más dramática y
estructural: en la Argentina, se dijo, en realidad convivían dos
culturas heterogéneas, que configuraban hasta tipos socioculturales
ajenos entre sí. Desde el campo nacionalpopulista se denunció a su vez
el privilegio acordado por el socialismo a la dimensión
formal-institucional, y se contrapuso las abstracciones inoperantes
con el realismo de las "efectividades conducentes". En las terminales
de este proceso, el populismo acentuó el pragmatismo y la búsqueda de
un poder de baja densidad doctrinaria.
La causa de los trabajadores
Hubo otra impugnación nacida tanto de una visión cuasi señorial cuanto
de un extremismo que arremetió contra todo lo que identificaba como
reformismo socialdemócrata, pequeño-burgués y timorato. Lo expresó
rápidamente Lisandro de la Torre cuando ridiculizó a Justo como "un
Lenin de la tarifa de avalúos". Basta, por lo demás, con releer las
Memorias de un militante socialista, de Enrique Dickman, para percibir
el grado de virulencia con que el anarquismo combatió a los
socialistas por considerarlos traidores reformistas a la causa de los
trabajadores.
"Hormiguitas prácticas" para De la Torre o "bostas de paloma" por su
carácter inodoro para el general Perón, los jóvenes radicalizados de
los años 60 solimos replicar esas apreciaciones en aras de una
voluntad de intensidades y extremismos que un mal día, como recordó
Portantiero evocando a Gramsci, formó parte de la caldera en que se
fundieron sin residuo todos los metales del diablo de la sociedad
argentina. Pero no es mi intención resolver sumariamente un proceso
secular tanto más complejo ni, menos aún, conceder o negar amnistías
historicistas. Y esto debido a que nuestras propias historias suelen
ser por doquier impuras e imperfectas, y no existen trayectorias
partidarias impolutas. Historias de trágicos desencuentros y
sufrimientos dibujaron esa dialéctica demasiado argentina entre la
proclama de "a los enemigos ni justicia", del general Perón, y del "se
acabó la leche de la clemencia", de Américo Ghioldi.
Pero he aquí que en medio de un panorama inficionado por la crisis
política y de representatividad, donde la política misma amenaza
convertirse en un ejercicio de puro poder con escasos principios y
baja institucionalidad, en una sociedad corporativizada y con fuertes
componentes de privatización de la vida y de reclusión de los
individuos en la esfera privada de su egoísmo, el pasado domingo en
Santa Fe el hilo de esos días se cortó. Cuando estábamos habituados al
léxico soez que frasea los términos de la política con neologismos que
hablan el lenguaje brutal del primereo, el apriete, el patoterismo, el
acueste y el ejercicio cuasi cínico del poder, las pantallas de
televisión mostraron a Hermes Binner enarbolando un retrato casero de
Estévez Boero dentro de un escenario de mesura y democracia
republicana que sabía exhibir logros significativos en ese corazón de
la pampa gringa. Pudo entonces abrirse paso un rayo de esperanza
progresista, restaurando al mismo tiempo la memoria de lo que supo ser
una tradición civilizatoria. Pero aun en el menor de los casos, el
notable triunfo encabezado por el socialismo santafecino ha sido por
fin "un domingo en la vida" dentro de tantas dudosas jornadas
argentinas.
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