[R-P] [CUPV] Hacer añicos el capitalismo
Pat H.A.
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Jue Sep 6 21:32:47 MDT 2007
Hacer añicos el capitalismo
Barbara Ehrenreich
Sin Permiso
“a largo plazo, un sistema que depende de la
extracción hasta el último céntimo de los pobres no
puede esperar un pronóstico saludable”
En alguna parte de Hamptons [se trata de varios
lugares de Long Island, en el estado de Nueva York, en
donde los muy ricos estadounidenses pasan las
vacaciones; NdT], un derrochador está maldiciendo a su
mujer de la limpieza y amenazando con el puño a los
jardineros. Los estadounidenses pobres, que tienen
habitualmente el suficiente tacto para permanecer
invisibles ante la clase multimillonaria, de repente
salen a escena y empiezan a hacer añicos el sistema
financiero mundial. Aunque parezca mentira, este debe
ser el primer caso en la historia que los oprimidos
logran echar abajo un sistema económico injusto sin
las molestias de una revolución.
En primer lugar dejaron de pagar sus hipotecas, un
paso en el que fueron acompañados por mucha gente de
la clase media que ha llegado a sus límites
financieros, aunque los pobres muestran el camino. Muy
bien; hubo hipotecas trampa, muchas de ellas diseñadas
para ser inasequibles a los dos años de firmado el
contrato. Estaban los créditos NINJA (No INcome, no
Jobs or Assets), por ejemplo, concedidos a la gente
“sin ingresos, sin trabajo ni bienes”. El columnista
conservador Niall Fergusen lamenta los bajos niveles
de “alfabetización económica” que permitió a la gente
ser explotada por los créditos subprime. ¿Por qué esta
gente con bajos ingresos no consiguió abogados que la
asesoraran sobre la letra menuda? ¿Es posible que no
tengan consejeros de finanzas personales? Entonces, en
un paso diabólicamente inteligente, los pobres —una
categoría que ahora coincide aproximadamente con la
clase obrera— dejaron de comprar. Tanto Wal-Mart como
Home Depot comunicaron resultados decepcionantes del
segundo trimestre, sumergiendo al mercado en otro
hundimiento tipo ártico. H. Lee Scout, presidente del
imperio-de bajos-salarios Wal-Mart, “admitió” con
admirable sensibilidad que “no es un secreto que
muchos clientes se quedan sin dinero a fin de mes.”
Desearía poder informar que este ataque actual contra
el capitalismo representa una estrategia deliberada de
los pobres, que han estado celebrando reuniones
secretas en los comedores de personal y en
estacionamientos por todo el país, en donde
responsables de célula emitían instrucciones del tipo:
“tú, Vinny, no pagues la hipoteca este mes. Carolina,
olvídate de hacer las compras del nuevo año escolar,
¿de acuerdo?” Pero todo sugiere que la crisis actual
es algo que los derrochadores han traído por sí
propios.
Cuando, por ejemplo, el más grande empleador privado
de Estados Unidos, Wal-Mart, empieza a notar la
escasez de clientes, necesita mirarse bien en el
espejo. Hace cerca de un siglo, Henry Ford cayó en la
cuenta de que su compañía solamente podría prosperar
si sus propios trabajadores ganasen lo suficiente para
adquirir sus coches. Wal-Mart, en cambio, nunca
pareció entender que sus salarios cruelmente bajos
acabarían restringiendo su propio crecimiento, aun a
pesar de los famosos descuentos en los precios de la
compañía.
La triste verdad es que la gente que gana salarios del
nivel Wal-Mart tiende a favorecer las modas que pueden
comprarse en la tienda del Ejército de Salvación [El
Ejército de Salvación es una ONG de beneficencia
privada fundada en 1865 por William Booth, un
religioso metodista; NdT]. Tampoco puede comprar en
otras secciones de Wal-Mart, como electrónica, jardín,
floristería y farmacia.
Y la cosa va a peor. Mientras con una mano los
derrochadores, H. Lee Scout entre ellos, exprimen los
salarios de los trabajadores estadounidenses, con la
otra proporcionan atractivas ofertas de crédito. De
hecho, el crédito fácil se volvió el substituto de los
salarios decentes. En otros tiempos, usted, para ganar
dinero, trabajaba; ahora lo que tiene que hacer es
pagar. En tiempos, usted ganaba suficiente para
comprar una casa; ahora nunca ganará lo bastante,
pero, como decían los prestamistas—ja, ja— ¡tenemos
una hipoteca para usted!
Préstamos que se devuelven el día de paga, el alquiler
del mobiliario y el excesivo interés de las tarjetas
de crédito para los pobres fueron sólo el principio.
En el texto de su portada del 21 de mayo, dedicada al
“negocio de la pobreza”, Business Week documentó la
voraz estampida emprendida en los últimos años por los
deseosos de prestar dinero a la gente que podía al
menos permitirse pagar el interés: ¡Compra la casa de
tus sueños! ¡Refinancia tu casa! ¡Accede a un préstamo
para adquirir un automóvil aunque tus reservas de
crédito estén en las últimas! ¡Financiamos a todos!
[en castellano en el original]. Nadie se molestó en
calcular de dónde sacarían los pobres fondos para
pagar todo el dinero que se les estaba ofreciendo.
En lo que a mí hace, preferiría que mis revoluciones
fueran un poco más proactivas. Debería haber
manifestaciones y concentraciones, pancartas y
sentadas; posiblemente un emblema de color atractivo,
como rojo o naranja. Debería desde luego disponerse de
una visión sobre el nuevo sistema con que reemplazar
al viejo: ¿democracia social de estilo europeo?
¿Socialismo de impronta latinoamericana? ¿O acaso
capitalismo de estilo norteamericano, pero con algunas
regulaciones?
El capitalismo global sobrevivirá a la actual crisis
crediticia; ya el gobierno se ha apresurado a calmar
los mercados febriles. Pero a largo plazo, un sistema
que depende de la extracción hasta el último céntimo
de los pobres no puede esperar un pronóstico
saludable. ¿Quién hubiera dicho que las hipotecas
impagadas en Stockton y Cleveland iban a agitar los
mercados de Londres y Shangai? Los pobres se han
levantado y han hablado; solo que suena menos a grito
de protesta que a sordo, ahogado, gemido de dolor.
Barbara Ehrenreich es una periodista norteamericana
que goza de gran reputación como investigadora de las
clases sociales en EEUU. Esta actividad investigadora
le ha ocupado toda su vida desde que se infiltró
disfrazada de sí misma en la clase obrera que recibe
salarios de miseria en su ya clásico Nickel and Dimed
[Por cuatro chavos], un informe exhaustivo de las
enormes dificultades por las que pasan muchos
estadounidenses que tienen que trabajar muy duro para
salir adelante. Luego, años más tarde, repitió la
operación centrándose en la clase media, pero esta
vez, para su sorpresa, no acabó trabajando de
incógnito entre trabajadores, sino que básicamente
tuvo que tratar con desempleados sumidos en la
desesperación de haberse visto apeados del mundo
empresarial. El resultado de esta reciente incursión
es otro libro, más reciente, Bait and Switch. The
(Futile) Pursuit of the American Dream. [Gato por
liebre. La (fútil) búsqueda del sueño americano].
Actualmente dedica mucho tiempo a viajar por todo el
país con el propósito de contar sus experiencias a
distintos públicos que comparten sus mismas vivencias.
Escribe a menudo en su blog
(http://Ehrenreich.blogs.com/barbaras_blog/), está muy
implicada en poner en marcha una nueva organización
dedicada a articular a los desempleados de clase
media.
"Hasta cuándo seguir gritando que no cedo en hipoteca mis sueños
Hasta cuándo seguir gritando que soy incorregible
Hasta cuándo seguir gritando que no reniego de mis actos
Hasta cuándo seguir gritando que nada de lo que tengo
está en venta ni quiero que ningún imbécil corte la soga
Hasta cuándo seguir gritando que no cumplo mis deberes en la tormenta
Hasta cuándo seguir gritando que no exijo futuro
Hasta cuándo si desde siempre mis cartas están sobre la mesa"
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