[R-P] Mientras Kristina alienta el biodiesel...

Edgar Schmid condornacional en yahoo.com.ar
Mie Sep 5 07:26:42 MDT 2007


Jorge Rulli:
 
EDITORIAL DEL DOMINGO 2 DE SETIEMBRE 2007 

En la Argentina hay un tren bala que no es
precisamente un ferrocarril, pero que funciona como si
lo fuera y que se nos viene encima a una velocidad
espeluznante; un tren bala que habitualmente no
queremos ver,  o que nos cuesta ver, pero cuyos
impactos están en cada uno de los aspectos de nuestra
vida cotidiana, aún los más pequeños, aún aquellos que
nos parecen más intrascendentes. Me refiero al modelo
biotecnológico. 

Basta caminar un poquito la geografía para comprobar
sus efectos devastadores. Los monocultivos ocupan todo
el espacio hasta el horizonte. Ya no vive nadie en las
zonas rurales, los alambrados se han levantado, los
montes desaparecen uno detrás de otro. Tampoco son un
refugio para la biodiversidad las banquinas, porque
están ocupadas por los mismos monocultivos o quemadas
por herbicidas. No hay más pájaros ni fauna. 

Lo que sobrevive del reino animal esta refugiado como
puede en las ciudades. Los que permanecen en el campo
atados a los enormes negocios de la Soja, también
agonizan y en los pueblos, la leucemia es hoy más
frecuente que la gripe. Mientras vamos viajando se ven
por todas partes las máquinas autopropulsadas que se
denominan vulgarmente mosquitos, haciendo la pasada de
herbicidas de post emergencia sobre el trigo que
verdea los campos en el sur de Córdoba, o sobre los
barbechos químicos que preceden los próximos cultivos
de soja. 

Los camiones que transitan las rutas hacia o desde los
puertos, demoran los viajes y es preciso acomodarse al
ritmo que se impone y que cuando aún no comenzó el
ciclo de la soja ya colapsa las rutas…. Este año
llegaremos a unas veinte millones de Hectáreas de
cultivos transgénicos. Sin embargo, el tema no
pertenece a los discursos de la política y menos aún
al de la política electoral, como si hubiésemos dado
por cierto que son las Corporaciones las que imponen
los planes y fijan el destino argentino, mientras los
administradores del modelo y los que pelean por
reemplazarlos, se remiten simplemente a eso, a
administrarlo… 

La Secretaría de Agricultura acaba de aprobar el
primer evento múltiple en semillas genéticamente
modificadas, un evento que reúne el RR o sea la
capacidad de resistir el herbicida Roundup, con el BT
o sea con la capacidad de convertir al vegetal en
pesticida mediante la incorporación a su sistema
biológico de una toxina que es propia de una bacteria
del suelo, me refiero al bacilus tunigensis. 

Una doble suma de modificaciones y añadidos genéticos
recombinantes en la misma semilla. En un país donde no
ya el común de los argentinos, sino también el común
de los dirigentes políticos y de los funcionarios, 
ignoran qué cosa es un transgénico, el Secretario de
Agricultura que hasta hace algunos años, cuando llegó
de Santa Cruz es probable que no supiera mucho más que
de ovinos y que durante la gestión en que acompañó al
ex secretario Campos se especializó en dirimir las
luchas palaciegas mediante los recursos del pugilato,
ha dado un paso más y decisivo en la consolidación del
modelo biotecnológico que determinará no solo nuestra
suerte sino también la de nuestros hijos y la de
nuestros nietos.. 

En la localidad de Río Cuarto, provincia de Córdoba se
ha puesto en funcionamiento la planta de Avex S.A. de
los Grobo, que producirá ciento veinte mil pollos
faenados por día y que se precia de inaugurar un
método industrial integrado de cría y de engorde de
pollos, que incluye los reproductores, la incubación,
la fabricación del balanceado, el engorde y la faena.
Y que además, tal como alguna vez hacia Cargill,  se
propone integrar al proceso a personas sin capital que
hagan el engorde bajo las reglas y las tecnologías de
la empresa, pero a su propio riesgo. Avex, como
emblemático sistema de industrialización de carne de
pollos, los innumerables talleres de maquinaria
agrícola para siembra directa, que se ven a los largo
de las rutas en el sur de Córdoba y el sur de Santa
Fe, y tal vez el polo biotecnológico generado desde el
CONICET  en Rosario con la inteligencia y la guía de
Bioceres, conforman la base de un universo que el
modelo colonial se propone como nueva etapa para la
Argentina, con fines de exportación a países más
pobres y para dar trabajo a parte de los muchos
argentinos desempleados de la agricultura o por la
invasión del bazar chino. 

En el esquema de país que las corporaciones nos
proponen e implementan, el grueso del territorio
quedará ocupado por la agricultura industrial, las
zonas de cría serán las de la cuenca del Salado en la
provincia de Buenos Aires y las zonas de ganadería
pese a la crisis energética de la que tanto hablan,
deberán emigrar a la lejana frontera agropecuaria en
el noroeste, pero nos aclaran, tan solo se realizará
esa ganadería mediante técnicas de corral de engorde o
sea de feed lot. 

Que todos se informen de lo que viene, porque no solo
será más de lo mismo, sino que puede llegar a ser el
paroximo de lo que hasta aquí venimos sufriendo. No
nos hemos referido aún a los Biocombustibles que, en
realidad, son los que están traccionando, todas estas
innovaciones y modificaciones del mercado, y que son
el horizonte detrás del cual se mueven las políticas
oficiales. 

Las plantas para fabricar combustibles desde la
agricultura se levantan por doquier, mientras que la
planificación de las nuevas semillas híbridas de las
corporaciones, se adaptan a las necesidades
industriales que exigirá la producción de etanoles y
biodieseles, y muchos políticos  se aferran a la
esperanza de un horizonte de producción de
combustibles desde la agricultura con una pasión que
los pone al descubierto en su absoluta desinformación
al respecto. 

Mientras el tren bala se nos viene encima, al común
nos preocupa el precio de la verdura y algunos, no
demasiados, comienzan a notar que la carne vacuna ya
no sabe a carne como antes, que falta leche, que la
leche ya no es leche, que los tomates no saben a nada,
etc... 

En los debates que suscitamos como grupo, noto que a
la mayor parte de aquellos que tienen formación
política anterior les cuesta aceptar que desde el
modelo rural podría habérsenos impuesto un modelo
neocolonial, que se extienda el resto del país. 

Les es asimismo, relativamente accesible repetir el
concepto complejo de que la tierra para los pueblos
aborígenes entraña una concepción de territorialidad,
sin embargo, son incapaces de comprender lo
profundamente injusto de que por falta absoluta de
planificación, alguien que pretenda hacer agricultura
orgánica no pueda hacerlo por tener transgénicos o
fumigaciones en su vecindad, o lo que es aún mucho
peor, son incapaces de solidarizarse con quienes se
marcharon al campo buscando calidad de vida y ahora se
encuentran rodeados por la soja y son fumigados
impiadosamente con los venenos del paquete
tecnológico. 

Supongo que en este caso más de alguno de la izquierda
progre podría hacer un comentario digno de aquella
María Antonieta que ante el pueblo hambriento comentó:
¿y si no tienen pan, por qué no comen croissant?…  En
este caso, nos lo podemos imaginar: ¿quién los manda a
vivir en el campo? 

Cuesta reconocerlo, pero es evidente que este modelo
biotecnológico se impuso con el respaldo del grueso de
la izquierda progresista. Los diarios sin embargo nos
traen la queja del secretario general de la Central de
los trabajadores, el actual crecimiento, dice el
dirigente, llega a los más bajos apenas como un goteo…


Parece que la central de los trabajadores no reconoce
todavía diferencias entre crecimiento y desarrollo,
tampoco parece capaz de comprender que más acá de las
injusticias sociales, existen modelos que se nos
imponen y que la mejor manera de ser cómplice de ellos
resulta simplemente protestar por sus consecuencias
sin jamás mencionarlos. 

Cantidad de brillantes intelectuales  se dedican a
estudiar los movimientos sociales, en una Argentina
caótica que lucha y se resiste, y ello posibilita que
la facultad de Sociología pueda ocupar a buena parte
de tantos miles de jóvenes que egresan de sus aulas. 

Todo nuevo movimiento, sea vecinal o ecologista,
piquetero o de empresas recuperadas, resulta estudiado
en sus más mínimos detalles, los libros y los ensayos
sobre estos nuevos movimientos llenan los estantes y
las mesas de las librerías, se sopesan los aciertos y
los errores de las luchas, se hacen balances de la
conciencia que las acompaña, se prevén las reacciones
del movimiento popular en todas sus probabilidades
frente a lo porvenir, en algunos casos con una pasión
entomológica conmovedora. 

No hay sin embargo, en esas mismas mesas de librería
un solo trabajo que nos explique quien es Cargill, qué
cosa es Monsanto, qué cosa Syngenta, quién es Urquía y
la General Dehesa o quienes son los Grobo. El imperio
con tanto estudioso y en especial con FLACSO, no
necesita ni siquiera de pagar a sus propios agentes. 

En cada una de las conferencias que damos sobre estos
temas surge la misma duda de alguien de entre el
público: no se comprende por qué razón insistimos en
que la Globalización es algo conceptualmente diferente
del imperialismo, acaso no todo el mundo sabe que las
cosas que ahora ocurren ocurrieron siempre, aun desde
épocas remotas… no será esa obstinación mía de tratar
de probar que con las doctrinas del siglo diecinueve
no podemos enfrentar los desafíos actuales del siglo
veintiuno. 

Como me dijeron alguna vez algunos estudiantes
argentinos en la escuela de los sin tierra del Brasil:
el marxismo comprendió el saber ecológico a través del
materialismo dialéctico y por lo tanto no podía yo
afirmar que los nuevos conocimientos pueden escapar al
conocimiento que ellos incorporaban gracias a los
manuales de Marta Harnecker... y tal cómo imagino
algunos arguyeron para sí, frente a mi discurso, en mi
reciente experiencia en la provincia de Córdoba: de
dónde saca éste que al modelo no pueda vencérselo
cortando alambres en la provincia de Santiago, si lo
que la experiencia del Socialismo indica es que Mao se
hizo fuerte en las periferias de China y luego avanzó
mediante la Larga Marcha hasta encontrar el corazón
del conflicto nacional en la confrontación con los
japoneses. 

Si, muchachos, está bien, puede que tengan razón,
sigan leyendo sus manuales, mastiquen bien sus
milanesas de soja, y aprovechen el tiempo que nos
queda antes que el tren bala nos aplaste. Al tren bala
no se lo para lamentablemente poniéndose delante, sino
descomponiéndolo y desarmándolo, y para ello lo
primero y más elemental es comprenderlo y tomar de él
una conciencia que, lamentablemente aún no tenemos. 

Para detenerlo, seguramente la crisis financiera que
azota las bolsas y los mercados internacionales nos
ayudará, pero en ese caso tendríamos que saber qué
vamos a proponernos hacer luego, no sea cosa que este
modelo corporativo se caiga y luego queramos
reproducirlo nosotros mismos desde un discurso
supuestamente popular... 

No, por favor, algunas de esas cosas ya las vivimos,
discutamos ahora cuando las escalas se están escapando
a todo control, discutamos ahora cuál es nuestra
concepción de las ciencias y de las tecnologías,
conversemos ahora esta idea perversa que tenemos de
que solo se vive en las ciudades y de que no importa
mayormente lo que ocurra en el campo, y veamos por
fin, de qué se trata cuando desde el GRR insistimos en
el  repoblamiento del territorio, en la reconstrucción
del Estado y en la necesidad de generar un Proyecto
Nacional. 

Jorge Eduardo Rulli 
www.grr.org.ar


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