[R-P] Enrique Lacolla La violencia urbana
José María Cavalleri
ingcavalleri en hotmail.com
Dom Sep 2 05:27:39 MDT 2007
La violencia urbana
Enrique Lacolla
Periodista
Tiempo atrás, hacia finales de la presidencia de Fernando de la Rúa, en
ciertos círculos se comenzó a especular con una nueva hipótesis de guerra
para las Fuerzas Armadas argentinas. Ella estimaba que en el futuro, el
principal problema militar consistiría en batallar dentro de las metrópolis
contra las ingentes acumulaciones de miseria humana que se adensan en los
conurbanos.
No hace falta ser Mandrake para discernir una clara conexión entre esa
hipótesis y la ecuación de poder global, que cifra el futuro en una “guerra
infinita entre las civilizaciones”.
Ahora bien, las civilizaciones enfrentadas no estarían referidas sólo al
enemigo externo sino a la reproducción de esa colisión contra el Otro, el
Extraño, en el seno de una misma sociedad.
Esta ecuación permite acoplar los conceptos proclamados por George W. Bush y
Samuel Huntington en una sola formulación para beneficio del
establishment, persuadido de que para mantener su situación privilegiada es
necesario sostener una lucha inacabable contra quienes resultan superfluos
para el sistema.
Hay, en efecto, una directa conexión entre esta hipótesis y el mundo que nos
rodea, cada vez más dividido entre privilegiados y relegados, donde la
concentración de la riqueza crece día a día y se multiplica una criminalidad
surgida de la desposesión, la miseria y la cultura de la droga.
Las informaciones que llegan acerca de la situación en, por ejemplo, las dos
grandes megalópolis brasileñas, Río de Janeiro y San Pablo, van claramente
en este sentido: en San Pablo, el Primer Comando de la Capital –sorprendente
denominación para distinguir la dirección de la delincuencia organizada–
libró en 2006 una verdadera guerra contra la Policía y paralizó a la ciudad
más rica del país; en Río de Janeiro, los reiterados intentos de
militarización de las favelas y la lucha entre las bandas de narcos arrojan
miles de muertos y desaparecidos todos los años.
Éste es el mundo que nos ha preparado el neoliberalismo y cuyos rasgos no
pueden sino profundizarse si se dejan las cosas tal como están. Para el
sistema global, los habitantes de la miseria son una masa anónima,
desechable.
Ni siquiera merece ser tomada en cuenta como ejército de reserva del capital
y, como no se lo puede eliminar a causa de la resistencia que tal cosa
suscitaría, amerita sin embargo una contención agresiva, sin contemplaciones
y que deje a esas muchedumbres libradas a su propia desdicha.
Del fondo de ella, las bandas de narcotraficantes emergerán a la superficie
no para organizarlas sino para degradarlas aun más, quitándoles toda
posibilidad de proyectarse hacia una ideología superadora.
Es el esquema del círculo vicioso que, desde la perspectiva del sistema
dominante, sólo podría romperse a través del exterminio. Situación que, a
pesar de los problemas administrativos y del escándalo que acarrearía, bien
podría tomarse en cuenta en circunstancias extremas, tal y como el nazismo
lo hizo cuando decidió aplicar su “solución final para el problema judío”
durante la excepcionalidad de la Segunda Guerra Mundial.
“Mout”. En este escenario infernal, la doctrina de la contención ya tiene
nombre: “Mout”, sigla inglesa para Operaciones Militares en Terreno Urbano.
Se trata de la lucha entre los slums, favelas, bidonvilles o villas miseria
y la ciudad aterrorizada.
Es la proyección especular, en el seno de las ciudades, de la pugna entre el
Norte henchido de recursos y un Sur radicalmente empobrecido.
No es casual que Brasil suministre en América latina el ejemplo más
escalofriante de este panorama. Pese a la inflexión popular del gobierno de
Luiz Inácio “Lula” da Silva, las coordenadas ultraliberales que pautan su
economía siguen sin mayores cambios.
Brasil es el país con el crecimiento más espectacular del subcontinente y de
lejos su primera potencia. Pero su “deuda interna” es monumental. Los
campesinos sin tierra y las masas de gente que se amontonan en las favelas
(estas últimas, sobre todo) son un caldo explosivo que puede dar lugar el
primer ejemplo de una guerra mundial de baja intensidad y de duración
ilimitada contra los segmentos criminales de la pobreza urbana.
Como dice Leonardo Boff, “éste será el auténtico choque de las
civilizaciones”. Lo que viene a demostrar que la guerra de culturas que nos
pronostica el Imperio se desdobla, en realidad, en una lucha de clases
implacable.
La guerra de las civilizaciones brinda el marco para realizar esta dinámica
de la guerra social. Países parias, estratos humanos descartables, castigo.
El regreso a la edad de las cavernas que un funcionario norteamericano
prometía a Saddam Hussein no es una broma. Está en la agenda del sistema.
Cuidado.
© La Voz del Interior
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