[R-P] UN TRABAJO DE SPILIMBERGO (de 1955) SOBRE EL" MORALISMO" DE LA CLASE MEDIA, , QUE CREO CONSERVA TODA SU VALIDEZ.

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Sab Sep 1 15:42:51 MDT 2007


El artículo sobre el moralismo le cabe, como anillo al dedo, a la 
Carrió y muchos otros. De donde la mudita de Margarita Belén ya tiene 
muchos más años de los que aparenta...

Date sent:      	Fri, 31 Aug 2007 19:21:39 -0300 (ART)
From:           	Roberto Vera <robertoverasigloxxi en yahoo.com.ar>
Subject:        	[R-P] UN TRABAJO DE SPILIMBERGO (de 1955) SOBRE EL" 
MORALISMO" DE	LA
	CLASE MEDIA, , QUE CREO CONSERVA TODA SU VALIDEZ.
To:             	nestorgoro en fibertel.com.ar
Copies to:      	Lucha de masas para recuperar la Argentina
	<reconquista-popular en lists.econ.utah.edu>

> [Ayúdenos a financiar la lista, escriba a recpopmod en gmail.com.]
> 
> CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
> 
> 
> 
>  ACLARACION DE SPILIMBERGO, PARA LA PRIMERA EDICIÓN DE
> SU LIBRO "NACIONALISMO OLIGARQUICO Y NACIONALISMO
> REVOLUCIONARIO" (1958), EN DONDE SE PUBLICA ESTE
> CAPITULO COMO APENDICE. 
>                           ROBERTO VERA  
> 
> "VAN COMO APÉNDICE dos artículos « Autocrítica de la
> revolución popular» y «El moralismo: utilización
> oligárquica de la clase media», que fueron escritos
> respectivamente, en diciembre de 1955 y abril de 1956.
> Las tareas de redactar e imprimir «Lucha Obrera»,
> órgano del disuelto Partido Socialista de la
> Revolución Nacional, y la mordaza policíaca impuesta
> por el tristemente célebre jurista Busso impidieron
> entonces su publicación. Entendemos que conservan su
> interés y que completan el panorama esbozado en el
> presente. J.E.S    1956"                              
>                                                       
>                                                
> 
> EL MORALISMO: UTILIZACIÓN OLIGÁRQUICA DE LA CLASE
> MEDIA
>                  Septiembre de 1955
> 
> Publicado como apéndice de Nacionalismo Oligárquico y
> Nacionalismo Revolucionario en 1956
> 
> El contubernio oligárquico ha encontrado su tema: la
> moral. No hay político «democrático» ni usufructuario
> en general del 16 de septiembre. Que no presente al
> gobierno caído como a una banda de facinerosos que
> logró mantenerse diez años en el poder, gracias a la
> ignorancia de los más y al silencio impuesto sobre las
> minorías «ilustradas».
> Si antes del pronunciamiento militar la campaña servía
> para Socavar las bases del gobierno peronista,
> derrocado éste, las comisiones investigadoras y la
> prensa se apresuran a publicar los escándalos para
> justificar la dictadura y obtener el apoyo de la
> opinión pública.
> Pero, quiénes han ejecutado el golpe de septiembre? El
> pueblo? No: la oligarquía y cómo la oligarquía, la
> venal y corrupta oligarquía, se erige en custodio de
> la austeridad republicana y en censora atrabiliaria de
> sus enemigos, los gobiernos populares? Porque necesita
> aliados, un mínimo de pueblo, en suma, para poder
> triunfar. Va a buscarlos a la clase media, cuya
> debilidad y confusión explota, ocultando sus propios
> fines tras el canto de sirena de dos otras consignas
> eficaces.
> La «moral» es una de ellas; vale decir, la lucha
> contra la «corrupción» del peronismo: gobierno y
> sindicatos. Que se trata de un pretexto destinado a
> legitimar el alzamiento en armas contra un gobierno de
> mayoría popular, lo dice quien lo esgrime: el grupo
> social más comprometido por sus fraudes, peculados y
> entregas.
> No obstante, el recurso obtiene resultados inmediatos
> e inflama el corazón de ciertos sectores de la
> pequeño-burguesía: tienen éstos su lista de agravios
> contra el movimiento de las masas, justos algunos,
> hijos de la miopía o el resentimiento los más. La
> propaganda oligárquica moviliza este sector social a
> modo de fuerza de choque, tras banderas especiosas
> como «moralizar», «restaurar las libertades», etc.
> El resultado está a la vista: conquistado el poder,
> luchan en el conglomerado heterogéneo clases y
> sectores para copar la situación. Y, por lógica
> inflexible, ella cae en manos de quienes laboraron
> para sí, mientras se desplazan al llano las fuerzas
> que practicaron la enajenación como conducta
> sistemática. Así, el nacionalismo católico desemboca
> en el plan Prébisch; la democracia de Frondizi, en las
> ejecuciones de junio; la pulcritud moral de unos y
> otros, en el gobierno controlado por los agiotistas de
> la «década infame».
> Resultado de estos errores, fue la presencia de grupos
> minoritarios, aunque populares, en el pelotón
> septembrino. Explicar la ilusión acelera su
> disipamiento, de todas maneras inevitable pues la
> experiencia que hoy se vive vale más que cien sermones
> «democráticos» y administrativamente «morales».
> Por eso, nos hemos propuesto examinar, en primer
> término, a la clase social que ha hecho profesión de
> pureza inmaculada cuando se trata de juzgar al
> adversario. Veremos seguidamente la inconsistencia del
> moralismo como cartabón político. Y, por último, las
> razones de su éxito momentáneo en las filas de la
> clase media argentina.
> 
> 1.	-LA MORAL OLIGARQUICA VISTA POR DENTRO
> 
> El saqueo de las tierras públicas
> 
> Decía León Trotzky que cuando un pequeño-burgués habla
> de moral hay que echar mano al bolsillo, porque la
> cartera está en peligro (1). Pero el pequeño-burgués
> opera aquí -aunque no lo sepa- por cuenta ajena. La
> oligarquía aparenta un código estricto para juzgar a
> sus adversarios» llámense éstos Yrigoyen o Perón, Paz
> Estensoro o Vargas. Pero, qué hay de ella?.
> La nobleza antigua simbolizaba en escudos el origen de
> sus linajes. De aplicarse el método a nuestra
> aristocracia terrateniente, junto a la vaca consabida,
> habría que poner una ganzúa. La historia de las
> tierras públicas, base de la fortuna y el poder
> oligárquicos, no es sólo una historia de robos» sino
> de escándalos administrativos y complicidades
> gubernamentales. Bajo Rivadavia y Rosas, bajo Mitre y
> los gobiernos que lo sucedieron, los allegados al
> poder se abalanzaron sobre las tierras fiscales -las
> mejores y más extensas-, sin pagar un centavo o
> abonando precios irrisorios (2).
> 
> (1) León Trotzky, «Su moral y la nuestra».
> (2) Véase José Luis Torres, «La oligarquía maléfica».
> 
> Esas tierras se valorizaron varios miles de veces en
> un siglo por el cómodo expediente de hacer trabajar a
> los demás. Nació así, de golpe, una desmesurada
> fortuna en pocas manos, que por imperio económico
> gozaron también del poder político.
> 
> La «década infame»
> 
> Qué uso hicieron esas «200 familias del gobierno así
> conquistado? Olvidemos el «Régimen», que estigmatizó
> Yrigoyen. La «década infame» fue el reinado del
> soborno y de la entrega.
> La amenaza inglesa de suplantar carne argentina por la
> de sus dominios, produjo el pánico en la oligarquía,
> que sacrificó sin vacilar intereses nacionales a sus
> propios intereses de clase.
> Vino así el tratado «Roca-Ruciman», por el que
> Inglaterra compró lo mismo, pero pagó mucho menos, es
> decir, descargó sus crisis sobre nuestro pueblo.
> Consecuencia del pacto fueron la ley de Banco Central,
> redactada en Londres traducida y empeorada por Pinedo
> y Prébisch (3), que enajenó al capital inglés nuestra
> soberanía financiera y crediticia; El Instituto
> Movilizador -700 millones de antes, repartidos entre
> la oligarquía y los bancos ingleses-; las Juntas
> Reguladoras, que «regularon» según la ley del pez
> grande; la conversión de la deuda externa, pacto
> secreto con la casa Bemberg que produjo pérdidas netas
> por miles de millones (sólo a la provincia de Buenos
> Aires 500 millones.); la concesión de la CADE -8.000
> millones regalados a SOFINA, que gastó 14 para
> «adquirir» el Concejo Deliberante (4); la escandalosa
> evasión de impuestos sucesorios de la familia Bemberg,
> que encontró cómplices en los tres poderes y la
> administración; la Corporación de Transporte, ese
> despojo a colectiveros y empresarios argentinos
> perpetrado en aras del monopolio inglés; los cien
> millones de la cláusula oro del puerto de Rosario (
> con que remató su medio siglo una empresa extranjera
> que no puso un centavo de capital y fue la más
> próspera del mundo; los convenios del petróleo, que
> redujeron a YPF a la impotencia, confirmando a Manuel
> Ugarte cuando decía que en la Argentina el
> proteccionismo regía para el capital extranjero.
> (3) Otto Niemeyer, su real autor, era alto funcionario
> de la Vickers, trust inglés de armamentos, al cual,
> como «premio» encargó Justo le construcción del
> crucero «La Argentina». El ante-proyecto se conoció en
> Londres antes de que tuviera de él noticia el gobierno
> argentino.
> (4) Comenta Torres: «Hicieron volar con sobornos el
> Congreso de la Nación, y también convirtieron en ruina
> moral los tribunales de justicia, encontrándose los
> miembros de la Corte Suprema entre los primeros en
> capitular ante la seria ofensiva».
> A qué seguir? Por cada una de esas operaciones, el
> pueblo argentino perdía más dinero y bienestar que
> cuanto pudieron sustraerle en diez años aquellos
> jerarcas enriquecidos del peronismo.
> Que quienes así obraban eran grandes señores incapaces
> de robar un céntimo? (5) Que nos despojaban sin cobrar
> comisión a los ingleses ? Allá ellos con su pobreza o
> riqueza. Lo que al pueblo le interesa es el resultado
> general de una política, el influjo que ejerce sobre
> sus condiciones de existencia. La «moral « oligárquica
> no reputa indigno que un hombre público sea abogado de
> las empresas extranjeras, como lo fueron Ortiz, cuya
> candidatura proclamó la Cámara de Comercio Británica;
> o Fresco, asalariado del ferrocarril inglés; o aquel
> Guillermo Leguizamón, jefe virtual de la delegación
> argentina a Londres (pacto Roca-Ruciman), presidente
> de media docena de ferrocarriles y otras empresas
> británicas, lo que no le impidió «representar» el
> interés argentino, decir que nuestra patria era la
> «joya más preciada» de la Real Corona, y recibir el
> título de Lord por sus beneméritos servicios.
> Frente a esta formidable conjuración de bandoleros
> (muy de cuello duro, pero bandoleros), qué
> insignificante aprendiz ese señor Jorge Antonio, sobre
> el cual se cebó la algazara cipaya de los últimos
> meses.
> 
> (5) Era curiosa la probidad de estos caballeros. Al
> investigarse el escándalo de la CADE, «pudo
> comprobarse con la declaración de Mauro Herlitzka, que
> él, como dirigente principal del monopolio de la
> «ANSEC había entregado dinero a tres presidentes
> argentinos: Justo, Alvear y Ortiz». (J. L.. Torres,
> 00. cit., pág. 192).
> Asesor de los ferrocarriles ingleses, Pinedo obtuvo
> por un simple peritaje 10 mil libras esterlinas oro;
> Culaciatti, otro «regiminoso», cobraba cientos de
> miles por cada firma que estampaba en su carácter de
> abogado de la empresa Puerto de Rosario.
> 
> Pero ya volveremos sobre el tema, que desasosiega a
> las vestales de septiembre.
> 
> 2.- LA INCONSISTENCIA DEL MORALISMO
> 
> Nacionalización del robo
> 
> No hace mucho, un enemigo del peronismo ha tenido la
> franqueza de afirmar que Perón «nacionalizó el robo».
> Esta fórmula, que no aspira a ser cortés, encierra un
> panegírico.
> El sistema que caducó el 3 de junio tenía sumido a
> nuestro pueblo al peor vasallaje de su historia. Como
> resultado de improductivas servidumbres extranjeras,
> el país pagaba anualmente a Gran Bretaña una suma que
> excedía en muchos millones el valor de nuestra
> producción de carne. El cuarenta por ciento de
> nuestras exportaciones se destinaba a pagar la deuda
> externa, rescatada luego por Perón.
> El peronismo -cuya política limitada y vacilante
> frente al capital extranjero es harina de otro costal-
> redujo ese drenaje agotador. Hubo enriquecimientos
> ilícitos; pero la «nacionalización del robo» no
> excluyó los altos salarios, las conquistas sociales
> efectivas y el pleno empleo resultante de la
> industrialización.
> Aún admitiendo que los millones rescatados los hubiese
> acaparado en su totalidad (!) una burocracia ladrona,
> esa burocracia puso fábricas argentinas, dio trabajo a
> obreros argentinos, consumió productos argentinos,
> reactivó el proceso económico. El dinero que se va en
> libras o en dólares, llena de humo los cielos de
> Inglaterra y Estados Unidos; y todos sabemos lo que
> eso significa para el país semicolonial condenado al
> atraso agrícola-ganadero.
> Por eso, mal puede la oligarquía acusar de corrupción
> al peronismo, cuando ella ha practicado y practica la
> peor de las corrupciones: la que une al peculado
> propio la entrega incondicional a la rapiña
> extranjera.
> No piensan así los miembros de nuestra «aristocracia»
> de un modo u otro, en estos doce últimos años, ellos
> han vivido «la tragedia del importador de autos».
> 
> La tragedia del importador de autos
> 
> El importador de automóviles -uno de los engranajes
> comerciales del sistema oligárquico- desea,
> naturalmente, que cuanto dólar obtenga el país se
> destine a la adquisición de su mercancía para cobrar
> sobre ella el riguroso treinta por ciento de su
> ganancia «honorable». No cabe duda que este deseo es
> perfectamente «moral», aunque signifique anteponer un
> interés egoísta, de clase, a los intereses generales
> del pueblo. El honrado importador monta en furia
> cuando aparece un gobierno que restringe la compra de
> autos en el exterior para ahorrar divisas destinadas a
> la industria. Su indignación llega al paroxismo si se
> entera que «su» ganancia, su robo legal logrado en una
> intermediación estéril Pasa ahora a un adicto al
> gobierno que se enriquece con el negocio de las
> órdenes. Y ya no puede más al saber que «sus» coches,
> sus queridísimos coches, norteamericanos, serán
> producidos en la Argentina, dando trabajo a obreros
> argentinos y ahorrando divisas en un renglón
> importante de la producción.
> Pero el importador no se desanima: busca el lado flaco
> y lo encuentra. El país utilizó mejor sus dólares. Se
> ha creado una industria de fundamental importancia. No
> obstante, he aquí que tales y cuales burócratas se han
> beneficiado personalmente con esa política. Como
> Harpagón, nuestro tendero de automóviles exclama: `Au
> voleur, au voleur!», cuando en realidad piensa: «Mi
> dinero, mi dinero (y después, justicia)». Y así,
> consumido de indignación, sale a la calle en busca de
> salvadores, financia diarios... y otras cosas, para
> destruir ese engendro moral que se llama burócrata de
> los automóviles.
> Ni tanto ni tan rápido! No es la moral lo que preocupa
> a ese hijo de la década infame. Tras el pretexto bulle
> la enconada oposición a una política nacional que lo
> deja fuera de juego. Como en política es inatacable
> (aunque susceptible de sustanciales mejoras), procura
> descalificarla sin polémica apuntando a su deformación
> burocrática.
> 
> La corrupción es inherente al sistema capitalista
> 
> Hemos visto que la oligarquía utiliza el peculado que
> acompaña a una política intrínsecamente justa, para
> filtrar sus propios objetivos, que ni son los del
> pueblo, ni están libres de pesada responsabilidad
> histórica.
> De este modo, conceptos claros se tergiversan, y no
> Sorprenda que, confundidos los términos, como remedio
> de males nos propongan aceptar otros peores.
> A qué obedece la moderna corrupción burocrática ? Al
> fraude de los hombres o a la naturaleza de las
> instituciones? Sin responder con verdad a esta
> pregunta, mal puede aspirarse a una limpieza a fondo
> de tantos aprovechados y vividores como hoy pululan en
> la administración y en los gobiernos.
> Quien se tome el trabajo de estudiar los vínculos
> entre los trusts y el poder político en los países
> imperialistas, encontrará que en ellos el Estado es
> sucursal de un puñado de monopolios. Jefes de estas
> gigantescas empresas ocupan puestos claves en la
> administración y el gobierno. Inversamente, los
> hombres públicos que «han cumplido» obtienen, al
> retirarse, alguna gerencia que les asegura la vejez.
> Para decirlo en pocas palabras, las burguesías
> yanqui-europeas, maduras y rapaces, gravitan
> decisivamente sobre sus Estados, y convierten la
> política en cárcel de obreros y flagelo de colonias.
> La burguesía, en aquellos países, crea el Estado,
> organizándolo a su imagen y semejanza (6).
> A su vez, las naciones oprimidas, para romper o
> aligerar el yugo que las asfixia, necesitan concentrar
> al máximo sus energías políticas, económicas y
> culturales. Carecen de clases nacionales diferenciadas
> y maduras, y la presión imperialista obra como
> poderoso disociador. Esto es particularmente cierto en
> lo que se refiere a las burguesías nativas. En
> nuestros países existe una política nacional -reacción
> ante el insoportable vasallaje- antes de que aparezca
> una burguesía nacional madura. Pero mientras esa
> política no cuestione la estructura capitalista que,
> aunque atrasada, predomina en las semicolonias, tendrá
> un inevitable contenido burgués. De ahí que el Estado
> nacional, falto de una burguesía sobre la cual
> sustentarse, se vea en la necesidad de crearla por el
> doble método del proteccionismo y el aburguesamiento
> de la burocracia.
> Este proceso, en cuanto tiene de corrupción, no es
> específico. La corrupción es el rasgo típico de todo
> Estado burgués, por cuanto la sociedad capitalista,
> basada en la competencia, impele al enriquecimiento
> privado, no a la solidaridad social. Lo que varía es
> la forma. En Estados Unidos la corrupción se
> manifiesta como influjo decisivo de los trusts sobre
> el gobierno, mediante sobornos, infiltración de
> adictos y «acomodo» de funcionarios en la industria
> privada. En las semicolonias el proceso es inverso: el
> Estado, buscando un apoyo burgués que no existe o es
> insuficiente, coloca a sus elementos en la jerarquía
> de la nueva clase de patrones industriales.
> 
> (6) Puede consultarse a Selden («Los amos de la
> prensa» y «Mil Norteamericanos»), y a Daniel Guerin:
> «¿Adónde va el pueblo norteamericano?». Para el
> aspecto teórico: Lenin, «El Imperialismo, etapa
> superior del capitalismo» y «El Estado y la
> revolución».
> 
> « Por censurable que resulte el «sistema» de Jorge
> Antonio, el capitalismo burocrático es inherente a
> toda revolución burguesa en un país atrasado. Lejos de
> atenerse a una pasividad descriptiva, corresponde
> luchar por formas superiores, proletarias, de
> organización social. En último análisis, la verdadera
> lucha contra la corrupción pública, se liga ala
> conquista de un exhaustivo control popular sobre el
> Estado, la economía y la cultura.
> Pero cuando los agentes del gran capital vienen a
> moralizar contra la administración peronista como
> pretexto para desprestigiar la bandera nacional y
> empujarnos nuevamente a la dictadura del dólar o la
> libra, hay que responderles: «Señores, el pueblo mismo
> se encargará de barrer con las deformaciones
> burocráticas; de cruzar los límites, burgueses de la
> revolución nacional. Pero mientras se elabora una
> conciencia colectiva a ese respecto (y por que así
> ocurra somos nosotros los que luchamos, no ustedes),
> preferimos que nos piquen las pulgas antes de que nos
> devoren los tigres disimulados de corderos».
> 
> El moralismo transforma al hombre en chivo emisario de
> la burguesía, a la que absuelve
> 
> Nuestra aristocracia descubrió que Yrigoyen y Perón
> eran jefes de funcionarios corrompidos. A su vez, la
> izquierda oligárquica, canoniza a Yrigoyen y lo
> presenta como un justo. Unos y otros reservan a Perón
> el papel de villano. Admirable sorpresa! cómo es que
> un ladrón y un justo, antípodas morales, llegan a un
> mismo resultado? Tan irrelevante es la moral
> individual de los jefes, sobre la que el moralismo
> erige su tabla de valores políticos? No será que la
> crítica debe hacerse a los sistemas, objetivamente
> considerados? Y cuál es el sistema que empuja a la
> corrupción? EI gobierno popular? Ya hemos visto que
> las minorías «ilustradas» sobrepasaron los peores
> escándalos del peronismo o el yrigoyenismo; las
> constantes se anulan, y queda en pie la diferencia
> entre una política nacional y otra antinacional, entre
> el saqueo organizado y la defensa económica frente al
> capital extranjero.
> No es la «tiranía», ni la «demagogia»; tampoco el
> «intervencionismo» ni el `aluvión zoológico», sino que
> nuestros gobiernos populares, a pesar de serlo, no
> rompieron el sistema del poder burgués, que aquí como
> en todo el mundo asocia el ejercicio del gobierno con
> el fraude administrativo.
> La estrechez «moralista» conduce a descargar sobre
> determinados hombres las responsabilidades de un
> sistema, con lo cual una saludable dosis de
> inconformismo, que debió aplicarse a superar por
> adentro el proceso revolucionario popular empujándolo
> más allá de su etapa burguesa, pasa a gravitar en el
> bando opuesto, maniobrada por una oligarquía que no
> busca liquidar la propiedad burguesa sino afianzarla
> en sus formas más reaccionarias y parásitas: el
> capital imperialista y el latifundio.
> Este es el más grave cargo que merecen los apóstoles
> del moralismo, los Frondizi y compañía que nos
> prometen un gobierno burgués limpio de polvo y paja.
> ¡Ridícula utopía de ingenuos o de pillos(7).
> (7) No se trata de asentar un mecanismo sociológico,
> una causación absoluta. Pero es evidente que la
> conducta, individual está condicionada por sistemas y
> estructuras sociales que responden a leyes propias. o
> a interpretación voluntarista (y el moralismo es una
> de sus expresiones más estrechas, pues circunscribe la
> ética a la moral) equivale, en cierto modo, a las
> explicaciones animistas de los fenómenos sociales.
> Pero en uno y otro caso, sólo reconociendo el
> principio de necesidad es posible desarrollar una
> auténtica libertad creadora. Aun en su etapa inicial,
> la burocratización peronista se hubiera restringido de
> existir un sistema de partidos revolucionarios
> apoyando independientemente al gobierno, lo que
> hubiera facilitado el juego dialéctico de las clases
> «antiimperialistas». En última instancia, la
> responsabilidad de las «izquierdas», incluido el
> radicalismo yrigoyenista de hoy, por no haber prestado
> al peronismo y a la C.G.T. el apoyo que ofrecieron a
> la Unión Democrática, es decisiva en este punto. Buena
> parte de los rasgos reaccionarios del peronismo, como
> partido y como gobierno, son consecuencia de su
> deserción. Por último, el signo de abundancia bajo el
> cual transcurre la década revolucionaria, retardó la
> maduración ideológica del proletariado, y permitió a
> la burocracia afianzarse en sus posiciones.
> 
> 3.- BASES SOCIOLOGICAS DEL MORALISMO PEQUEÑO-BURGUES
> 
> Subjetivismo idealista
> 
> La predisposición de la pequeña burguesía a absorber
> la propaganda moralista surge de sus propias
> condiciones de existencia.
> Tratase, por lo general, de una clase desligada del
> esqueleto de toda sociedad: la producción. Al revés de
> lo que ocurre con los burgueses industriales y el
> proletariado, su actividad se despliega en el terreno
> de la superestructura. Sin experiencia concreta de las
> causas y condicionantes reales, tiende a suplantar la
> consideración objetiva de los fenómenos por «sistemas»
> ideales. A la sociología antepone la especulación
> ética. Hemos visto, por ejemplo, que la corrupción
> burocrática es inherente al Estado burgués. El teórico
> de la clase media ignora este hecho, y la interpreta
> como una enfermedad moral, como una libre elección
> entre alternativas posibles, en el sentido de la más
> perniciosa.
> Esta tendencia al subjetivismo idealista es reforzada
> por la atomización de las clases medias, las cuales,
> en contraste con el proletariado, carecen de la
> estructura y organización colectivas que dan la gran
> industria y los sindicatos.
> La clase obrera busca en la lucha gremial, en la
> elevación de la clase en su conjunto, satisfacción a
> los problemas individuales de sus componentes. Su
> realismo es esencialmente colectivista.
> El pequeño burgués finca su elevación en la
> competencia, es decir, en su actividad individual. Al
> voluntarismo práctico de la clase corresponde el
> voluntarismo ético de sus teóricos.
> Ambas tendencias, la subjetiva y la voluntarista, se
> conjugan para provocar una visión ética de los
> fenómenos sociales, envolviendo con la nube del
> moralismo las fuerzas que condicionan el hacer
> individual de los hombres, los partidos y los
> gobiernos.
> Pero en el marco de esta predisposición general actúan
> factores más concretos cuyo análisis es
> imprescindible.
> 
> Inflación 
> Ninguna semicolonia puede industrializarse sin un
> proceso inflacionario que entregue a la naciente
> burguesía medios adicionales para expandir su
> industria. El crédito suplanta aquí las formas
> clásicas de industrialización burguesa. Al mismo
> resultado se llegaría despojando a los sectores no
> industriales para respaldar los subsidios. Pero ese
> camino choca con la garantía constitucional de la
> propiedad privada. La inflación constituye un despojo
> indirecto, una expropiación legal.
> El gobierno peronista quitó a terratenientes,
> chacareros, algunos sectores de clase media, etc.,
> parte de las riquezas ( mediante la inflación, el
> IAPI, la congelación de arrendamientos y alquileres,
> etc.) para crear un fondo de industrialización (
> malversado en parte por la burocracia) y llevar a cabo
> una política de altos salarios, base de la estabilidad
> del régimen. 
> Por sobre estas medidas, la recuperación y defensa
> económicas frente al imperialismo dieron un sello de
> abundancia  al proceso en su conjunto. Las sangrías no
> mataron a ningún paciente.
> La inflación peronista afecto a ciertos sectores de
> clase media, especialmente a aquellos de renta fija,
> los cuales, al par que sufrían un empobrecimiento
> relativo y hasta absoluto, presenciaban el surgimiento
> de una nueva «oligarquía» de industriales, y, como
> subproducto del proceso, el aburguesamiento individual
> de la burocracia.
> Las nuevas fortunas aparecen ante el pequeño burgués
> como hijas de una formidable dilapidación de dineros
> públicos y privados; como un atentado directo a su
> bolsillo; como una subversión general de los valores.
> En realidad, los «nuevos ricos» son la burguesía
> industrial, clase más progresista que la
> terrateniente, que nace al favor de la protección del
> Estado y del favoritismo de la burocracia
> nacionalista.
> Resentimiento
> 
> Por otra parte, un sector importante de la clase media
> vivió durante décadas como parásito del sistema
> oligárquico. Cuando el país era una estancia y Buenos
> Aires su desagüe hacia Europa, algo de la renta
> nacional derivaba hacia esa clase media de empleados
> públicos y de empresas imperialistas, pequeños
> comerciantes y horteras, rentistas, tenedores de
> cédulas, jubilados del gobierno y de servicios
> públicos, que constituían el sistema conjuntivo del
> aparato oligárquico, y que, junto a los profesionales
> de todo tipo y pelambre, eran la aristocracia barrial
> de la ciudad-puerto (8).
> 
> (8) Un personaje de Roberto Arlt, muy de camiseta y
> panzón, discute en una esquina con una lavandera.
> Menudean los insultos. De pronto, el personaje corta
> en seco la disputa con estas palabras: «No olvide
> usted que está hablando con un jubilado!».
> Se non é vero é ben trovato.
> 
> Lectora de «La Prensa» y «La Nación», admiradora de
> oídas de cuanto figurón oligárquico circule, inmersa
> en el «somos un país agrícola-ganadero» y «los
> ingleses administran mejor», electora a ratos de
> diputados socialistas, esta clase media entra en el
> nuevo período sin comprender nada, y observa que sus
> «privilegios de pobras», su estabilidad relativa en un
> país que a diez cuadras del centro, en el corazón de
> Puerto Nuevo, erigía las latas de Villa Desocupación,
> se eclipsa ante una clase obrera industrial poderosa
> en política y sindicalmente organizada, que goza de
> buenos salarios hasta el punto de eliminar los
> antiguos desniveles.
> Celosa de su «categoría», no admite un cuello duro ni
> un juego de comedor por debajo de sus pies; y lo que
> más la indigna es ver a un «cabecita» ganando lo que
> ella, vistiendo dignamente, comiendo todos los días.
> Si en la nueva burguesía ve una cáfila de aventureros
> enriquecidos, en el proletariado encuentra a los
> cómplices políticos del «saqueo».
> Este moralismo expresa en fórmulas «elevadas» la sorda
> indignación por la «falta de sirvientas».
> 
> Conclusión
> 
> El tema del moralismo en la política argentina es
> parte de la táctica oligárquica de dividir el frente
> del pueblo, aislando a sus sectores más
> revolucionarios y consecuentes: el proletariado y las
> masas pobres del interior, de la pequeña burguesía
> urbana y rural.
> Esta táctica utiliza las inconsecuencias de una
> jefatura política transitoria, para descalificar en su
> conjunto al movimiento de las masas, y manchar sus
> banderas de lucha.
> Al mismo tiempo, presenta al conglomerado
> contubernista como ejemplo de pulcritud moral,
> espíritu democrático y eficiencia
> económico-administrativa.
> Ya hemos visto cómo la clase media es arrastrada a
> pactar con la aristocracia y sus personeros, a través
> de fáciles demagogos como el jefe del radicalismo
> «intransigente». No obstante, la contradicción entre
> la pequeña burguesía y el proletariado, por momentos
> tan áspera, no es esencial sino el resultado de
> contingencias históricas.
> El yugo oligárquico exprime al país en su conjunto, y
> no es la clase media, por cierto, la que saldrá mejor
> parada de esta tentativa de imponer a los argentinos
> una nueva década infame.
> Más que las palabras, confiamos en la experiencia
> colectiva. Más que en nuestros discursos sobre la
> moral hipócrita y la mentida «democracia» de estos
> dignos descendientes de la emigración unitaria, son
> sus actos de gobierno los que se encargan de disipar
> equívocos, y mostrar quiénes son los amigos, y dónde
> están los explotadores.
> La restauración oligárquica, que agrava sin
> resolverlos todos los problemas argentinos, producirá
> su antítesis, en la que los trabajadores tienen la
> última palabra.
> Confiamos en que entonces sabrá elegir la clase media
> con más acierto que en 1930, en 1945 y en septiembre
> de 1955.
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Néstor Miguel Gorojovsky
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
Aparicio Saravia
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