[R-P] Seducción femenina y poder (por Mario Diamet)
juan maría escobar
escobar45 en infovia.com.ar
Sab Oct 27 07:44:47 MDT 2007
Crónicas norteamericanas
Seducción femenina y poder
Por Mario Diament
Sábado 27 de octubre de 2007 |
MIAMI.- El 20 de julio pasado, la editora de modas de The Washington Post
publicó una columna donde criticaba a Hillary Clinton por lucir un escote
demasiado revelador durante un discurso en el Senado; alegó que resultaba un
atuendo "inapropiado" para tan honorable recinto.
"Exponer el escote en un marco que no tiene que ver con cocktails y hors d
oeuvres es una provocación", escribió Robin Givhan.
La nota suscitó un aluvión de respuestas y editoriales y una airada reacción
de la campaña de Clinton. "Francamente, ocuparse del cuerpo de las mujeres
en vez de prestar atención a sus ideas es insultante", escribió Ann Lewis,
una de las principales asesoras de la candidata demócrata.
Pero si bien es cierto que la cuestión es esencialmente trivial, también es
cierto que, desde Nefertiti en adelante, la apariencia ha formado parte del
discurso político toda vez que una mujer se ha propuesto competir por el
poder.
"Al final del día [y también al comienzo, si vamos al caso] en el negocio de
alta definición de la política -como en todo lo demás- el aspecto exterior
cuenta", escribió la crítica y ensayista Daphne Merkin, en The New York
Times.
Entre otros ejemplos que incluyen la minifalda de Nancy Pelosi, los zapatos
stiletto de Ségolène Royal, la cartera Krolle de Cherie Blair y las botas
unisex de Condoleezza Rice, Merkin presenta el caso de Cristina Fernández de
Kirchner como alguien "descaradamente franca" respecto de la inversión que
ha hecho en su apariencia.
"Su estilo chillón de vestir, que incluye camperas de cuero carmesí y
ruidosas joyas [fue criticada por su estridente Rolex], así como sus
salvajes bucles marrón púrpura, su grueso maquillaje y sus ojos recargados
de rimel son claramente excesivos, pero ella no parece preocuparse y
prefiere comentar muy rampante: «Desde que tenía 14 años me pintaba como una
puerta»", escribe Merkin.
Golda Meir y Margaret Thatcher no podían aspirar a valerse de su apariencia
como arma de seducción política y otro tanto puede decirse de Angela Merkel,
de modo que sólo podían ser juzgadas por sus actos.
Pero como sucede en el mundo de la ópera, donde una nueva generación de
esbeltas sopranos como Anna Netrebko y Angela Gheorghiu ha reemplazado a las
gruesas matronas de antaño, una nueva camada de mujeres llega a la política
decidida a imponer sus atributos físicos a la par de sus intelectuales.
"Es fácil acusar a aquellos que hablan del vestuario, del pelo o de los
cosméticos de las mujeres de la política, de trivializarlas o de desechar su
intelecto o su rectitud", escribe Merkin.
"Pero éste también es un argumento pretencioso, una postura que pretende
negar el hecho de que vivimos en una cultura profundamente exterior, una
cultura de apariencia que ha impregnado nuestra manera de percibir a
aquellos que estarán a cargo de nuestras vidas", destaca la autora.
¿Envase o contenido?
¿En qué medida esta deliberada preocupación por la apariencia es responsable
de que algunas mujeres políticas sean juzgadas más por el envase que por el
contenido?
Cristina Fernández de Kirchner es frecuentemente comparada con Hillary, no
por sus posiciones políticas sino por el hecho de que ambas son abogadas y
senadoras, ambas fueron primeras damas y ambas se han convertido en
candidatas a la presidencia del brazo de sus maridos.
"De no haber sido por su marido, Hillary podría aspirar a la presidencia de
la Universidad Vassar, pero nunca a la de los Estados Unidos", escribió
Maureen Dowd, la fogosa columnista The New York Times .
A diferencia de la respetuosa cobertura que recibió, por ejemplo, Michelle
Bachelet durante su campaña electoral, Cristina Fernández de Kirchner es
abordada con un tono de liviandad por la prensa norteamericana, que prefiere
destacar su preocupación por la apariencia y sus hábitos de consumo, más que
su programa de gobierno, el cual, por otra parte, se desconoce.
A nadie escapa que desde los tiempos más remotos la seducción femenina ha
sido un componente inseparable del poder, pero este recurso estaba dirigido
a cautivar a quienes ostentaban el poder y no al ejercicio mismo del poder.
Las empresas que se ocupan de modelar la belleza femenina hablan de
empowering choices (decisiones que confieren poder) cuando exaltan las
ventajas de ciertos productos o de tratamientos estéticos como el Botox o de
la liposucción.
Pero éste es el poder que entra por los ojos y estimula los sentidos, no el
que proviene de las acciones inteligentes.
Por Mario Diament
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