[R-P] Chávez parece ignorar que Marx odiaba a Bolívar
Julio Fernández Baraibar
fernandezbaraibar en gmail.com
Vie Oct 26 22:08:32 MDT 2007
Usando a Marx para combatir la revolución.
El artículo ha rebotado como pelota Pulpo en toda la prensa escuálida de
Venezuela.
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Opinión
Chávez parece ignorar que Marx odiaba a Bolívar
Por José Enrique Miguens
Para LA NACION
Cunde en algunos países de América latina, incluida la Argentina, la
impresión de que las grandes decisiones políticas se están manejando con un
bajísimo nivel cultural, de conocimiento de los asuntos y de responsabilidad
por las consecuencias.
Se está viendo en los gobernantes una incomprensión de las dificultades que
atraviesan las sociedades actuales, una infantil simplificación de las
alternativas que se presentan y una enorme irresponsabilidad con respecto a
las posibles consecuencias de lo que deciden.
El autoritarismo que conlleva el pensamiento único hace que las decisiones
políticas se adopten en conciliábulos de no más de tres o cuatro personas,
con lo que se pierde el valioso aporte de las muchas personas capaces e
informadas que hay en todo país.
Un caso paradigmático de este tipo de manejo político, sorprendente por
varias razones, es el del llamado "socialismo bolivariano" del presidente de
Venezuela, general Hugo Chávez, con su decadente retorno al marxismo y su
inconsulta decisión de imponer la enseñanza del marxismo en todas las
escuelas del país.
Sorprendente por su decadente anacronismo, pero más sorprendente todavía
porque parece ignorar el manifiesto y explícito desprecio de Marx y Engels
por nuestros países latinoamericanos y la admiración de ambos por los
Estados Unidos, cuyo imperialismo sobre nuestros países aprobaban. Nuestro
asombro llega a su máxima expresión cuando vemos que se enseña
obligatoriamente a los niños y a los reclutas militares venezolanos a estos
dos autores que vituperaron a su héroe nacional, Simón Bolívar, con sus más
soeces y despectivas injurias.
El anacronismo de este decadente retorno al marxismo se puso en evidencia
con la extrañeza que surgió de los actuales gobernantes rusos (que algo
saben de marxismo) cuando el presidente Chávez, en visita oficial, les dijo
que extrañaba al marxismo en Rusia y que no deberían haberlo dejado atrás.
Se vio también en el asombro que manifestó el importante consejero político
español Miguel Angel Cortés, del que se hizo eco La Nacion. Este
especialista, comentando la decisión chavista de imponer la enseñanza del
marxismo en las escuelas venezolanas, dijo: "Es un retorno a la Edad de
Piedra, o una vuelta al pleistoceno superior".
Pero este anacronismo, esta imposición de "utopías regresivas", como las
denominó el ex presidente de Brasil el sociólogo Fernando Henrique Cardoso,
no nos puede asombrar demasiado. Estamos acostumbrados en estos lares a que
cualquier presidente, apoyado en una ocasional mayoría, se sienta con
impulsos dictatoriales para arrear a sus pueblos hacia donde le indica su
capricho político.
Es más grave la ignorancia que trasunta el desconocimiento de las posiciones
políticas concretas de Marx y Engels, que eran de un orgulloso europeísmo y
de una convicción de que el porvenir estaba en los dos países que ellos
consideraban depositarios de la civilización y el progreso, cuya obligación
era llevarlo a los demás: los Estados Unidos a los países latinoamericanos y
Alemania a los países eslavos del Este. Veamos nuestra parte.
Siguiendo a su maestro Hegel, y en la típica actitud del modernismo, Marx y
Engels exhiben un europeísmo altanero con respecto a nuestros pueblos, que
Hegel denominaba despectivamente "pueblos sin historia".
Hegel llega hasta afirmar en su Filosofía de la historia universal que en
América latina se degenera todo lo europeo, no solamente las personas, sino
hasta los animales y las plantas importadas.En esa línea, escribe Marx a
Engels en un carta del 2 de diciembre de 1854: "Los españoles están
completamente degenerados. Pero, con todo, un español degenerado, para un
mexicano, constituye un ideal".
En carta a Kautsky, del 21 de enero de 1893, comentando sobre los partidos
brasileños, extiende su desprecio a todos los sudamericanos: "La importancia
de estos partidos sudamericanos está siempre en relación inversa a las
alharacas de sus programas".
No se queda atrás Engels cuando habla de la conquista de la California
mexicana por los texanos de los Estados Unidos, en dos artículos
periodísticos: "En América latina hemos presenciado la conquista de México,
lo que nos ha complacido. Constituye un progreso.Es en interés de su propio
desarrollo que México estará en el futuro bajo la tutela de los Estados
Unidos" (23/1/1848).
En la época de Engels, se disfrazaba de "tutela colonial" -en Gran Bretaña,
de "carga del hombre blanco" y de "misión civilizadora" en Francia- a lo que
a partir de 1902, con J. A. Hobson (seguido y citado por Lenin desde 1917)
se llama directamente imperialismo.
Pero no todos se engañaban como Engels con el canto de la tutela colonial y
la misión civilizadora. Un año antes de esta publicación, el Congreso del
estado de Massachusetts había condenado enérgicamente esta conquista,
declarando que era una injusta maniobra de los terratenientes esclavistas
del Pacífico. Sin embargo, todavía dos años después de esta condena, el 15
de febrero de 1899, Engels sigue en su posición, escribiendo contra Bakunin,
que también se oponía: "¿Y les reprochará Bakunin a los norteamericanos
realizar una guerra de conquista, pero que fue llevada a cabo única y
exclusivamente en beneficio de la civilización? ¿O acaso es una desgracia
que la magnífica California haya sido arrancada a los perezosos mexicanos,
que no sabían qué hacer con ella?".
¿Estará Chávez de acuerdo con todo esto, para enseñarlo a los niños
venezolanos?
Valga, aunque sea difícil de aceptar y menos de comprender, que un país
enseñe obligatoriamente las doctrinas de pensadores que los desprecian, pero
lo que es realmente incomprensible es que se enseñe obligatoriamente a
autores que insultan a su héroe nacional y al título adoptado de República
Bolivariana de Venezuela.
El desprecio de Marx por Simón Bolívar es tan profundo que en la extensa
biografía que escribió para la New American Cyclopaedia de los Estados
Unidos, donde revisa pormenorizadamente todas y cada una de sus campañas, le
niega aptitudes militares y, peor aún, valentía, porque, según Marx, casi
siempre abandonó a sus hombres en las batallas para huir cobardemente.
Comenta que quería unificar toda América del Sur "en una república federal
cuyo dictador quería ser él mismo". En carta a Engels del 14 de febrero de
1858, le dice: "Simón Bolívar es el canalla más cobarde, brutal y miserable",
y lo compara con Faustin Soulouque, el negro haitiano que se proclamó
emperador.
Lamento tener que transcribir todas estas cosas, que, por supuesto, no
comparto, por el respeto que tengo por el pueblo venezolano y su nación y
porque ese desprecio me afecta como latinoamericano orgulloso de serlo.
Además, he combatido el eurocentrismo en varias publicaciones mías. Pero
ésta es la expresión fehaciente de las opiniones de Marx y Engels, que los
gobernantes venezolanos parecen no conocer o no querer escuchar.
Cuando uno entra en utopías regresivas tropieza con todo el contexto
histórico que las rodea y del que no puede desembarazarse.
Nada de esto es para criticar a países ajenos al mío; está expuesto como
ejemplo dirigido a nuestros gobernantes, para que experimenten en cabeza
ajena las consecuencias de las improvisaciones políticas.
Espero que les sirva para que tomen en cuenta aquel precepto que enseñaban
nuestros viejos estadistas cuando la Argentina era un país respetable:
"Gobernar no es payar".
El autor es doctor en Derecho y Ciencias Sociales.
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