[R-P] MENSAJE AL CONGRESO CONSTITUYENTE DE BOLIVIA - Simón Bolívar

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Vie Oct 26 19:33:47 MDT 2007


Simón Bolívar

MENSAJE AL CONGRESO CONSTITUYENTE DE BOLIVIA

¡Legisladores!

Al ofreceros el Proyecto de Constitución para Bolivia,
me siento sobrecogido de confusión y timidez, porque
estoy persuadido de mi incapacidad para hacer leyes.
Cuando yo considero que la sabiduría de todos los
siglos no es suficiente para componer una ley
fundamental que sea perfecta, y que el más esclarecido
Legislador es la causa immediata de la infelicidad
humana, y la burla, por decir lo así, de su ministerio
divino ¿qué deberé deciros del soldado que, nacido
entre esclavos y sepultado en los desiertos de su
patria, no ha visto más que cautivos con cadenas, y
compañeros con armas para romperlas? ¡Yo Legislador
...! Vuestro engaño y mi compromiso se disputan la
preferencia: no sé quién padezca más en este horrible
conflicto; si vosotros por los males que debéis temer
de las leyes que me habéis pedido, o yo del oprobio a
que me condenáis por vuestra confianza.

He recogido todas mis fuerzas para exponeros mis
opiniones sobre el modo de manejar hombres libres, por
los principios adoptados entre los pueblos cultos;
aunque las lecciones de la experiencia sólo muestran
largos periodos de desastres, interrumpidos por
relámpagos de ventura. ¿Qué guías podremos seguir a la
sombra de tan tenebroso ejemplos?

¡Legislaores! Vuestro deber os llama a resistir el
choque de dos monstruosos enemigos que recíprocamente
se combaten, y ambos os atacarán a la vez: la tiranía
y la anarquía forman un inmenso océano de opresión,
que rodea a una pequeña isla de libertad, embatida
perpetuamente por la violencia de las olas y de los
huracanes, que la arrastran sin cesar a sumergirla.
Mirad el mar que vais a surcar con una frágil barca,
cuyo piloto es tan inexperto.

El Proyecto de Constitución para Bolivia está dividido
en cuatro Poderes Políticos, habiendo añadido uno más,
sin complicar por esto la división clásica de cada uno
de los otros. El Electoral ha recibido facultades que
no le estanban señaladas en otros Gobiernos que se
estiman entre los más liberales. Estas atribuciones se
acercan en gran manera a las del sistema federal. Me
ha parecido no sólo conveniente y útil, sino también
fácil, conceder a los Representantes inmediatos del
pueblo los privilegios que más pueden desear los
ciudadanos de cada Departamento, Provincia y Cantón.
Ningún objeto es más importante a un Ciudadano que la
elección de sus Legisladores, Magistrados, Jueces y
Pastores. Los Colegios Electorales de cada Provincia
representan las necesidades y los intereses de ellas y
sirven para quejarse de las infraciones de las leyes,
y de los abusos de los Magistrados. Me atrevería a
decir con alguna exactitud que esta representación
participa de los derechos de que gozan los gobiernos
particulares de los Estados federados. De este modo se
ha puesto nuevo peso a la balanza contra el Ejecutivo;
y el Gobierno ha adquirido más guarantías, más
popularidad, y nuevos títulos, para que sobresalga
entre los más democráticos.

Cada diez Ciudadanos nombran un Elector; y así se
encuentra la nación representada por el décimo de sus
Ciudadanos. No se exigen sino capacidades, ni se
necesita de poseer bienes, para representar la augusta
función del Soberano; mas debe saber escribir sus
votaciones, firmar su nombre, y leer las leyes. Ha de
profesar una ciencia, o un arte que le asegure un
alimento honesto. No se le ponen otras exclusiones que
las del crimen, de la ociosidad, y de la ignorancia
absoluta. Saber y honradez, no dinero, es lo requiere
el ejercicio del Poder Público.

El Cuerpo Legislativo tiene una composición que lo
hace necesariamente armonioso entre sus partes: no se
hallará siempre dividido por falta de un juez árbitro,
como sucede donde no hay más que dos Cámaras. Habiendo
aquí tres, la discordia entre dos queda resuelta por
la tercera; y la cuestión examinada por dos partes
contendientes, y un imparcial que la juzga: de este
modo ninguna ley útil queda sin efecto, o por lo
menos, habrá sido vista una, dos y tres veces, antes
de sufrir la negativa. En todos los negocios entre dos
contrarios se nombra un tercero para decidir, y ¿no
sería absurdo que en los intereses más arduos de la
sociedad se desdeñara esta providencia dictada pr una
necesidad imperiosa? Así las Cámaras guardarán entre
sí aquellas consideraciones que son indespesables para
conservar la unión del todo, que debe deliberar en el
silencio de las pasiones y con la cama de la
sabiduría. Los Congresos modernos, me dirán, se han
compuesto de solas dos secciones. Es porque en
Inglaterra, que han servido de modelo, la nobleza y el
pueblo debían representarse en dos Cámaras; y si en
Norte América se hizo lo mismo sin haber nobleza,
puedo suponerse que la costumbre de estar bajo el
Gobierno inglés, le inspiró esta imitación. El hecho
es, que dos cuerpos deliberantes deben combatir
perpetuamente; y por esto Sieyes no quería más que
uno. Clásico absurdo.

La primera Cámara es de Tribunos, y goza de la
atribución de iniciar las leyes relativas a Hacienda,
Paz y Guerra. Ella tiene la inspección inmediata de
los ramos que el Ejecutivo administra con menos
intervención del Legislativo.

Los Senadores forman las Códigos y Reglamentos
ecelsiásticos, y velan sobre los Tribunales y el
Culto. Toca al Senado escoger los Prefectos, los
Jueces del distrito, Gobernadores, Corregidores, y
todos los Subalternos del Departamento de Justicia.
Propone a la Cámara de Censores los miembros del
Tribunal Supremo, los Arzobispos, Obispos, Dignidades
y Canónigos. Es del resorte del Senado, cuanto
pertenece a la Religión y a las leyes.

Los Censores ejercen una potestad política y moral que
tiene alguna semejanza con la del Areópago de Atenas,
y de los Censores de Roma. Serán ellos los fiscales
contra el Gobierno para celar si la Constitución y los
Tratados públicos se observan con religión. He puesto
bajo su égida el Juicio Nacional, que debe decidir de
la buena o mala administración del Ejecutivo.

Son los Censores los que protegen la moral, las
ciencias, las artes, la instrucción y la imprenta. La
más terrible como la más augusta función pertenece a
los Censores. Condenan a oprobio eterno a los
usurpadores de la autoridad soberana, y a los insignes
criminales. Conceden honores públicos a los servicios
y a las virtudes de los ciudadanos ilustres. El fiel
de la gloria se ha confiado a sus manos: por lo mismo,
los Censores deben gozar de una inocencia intacta, y
de una vida sin mancha. Si delinquen, serán acusados
hasta por faltas leves. A estos Sacerdotes de las
leyes he confiado la conservación de nuestras sagradas
tablas, porque son ellos los que deben clamar contra
sus profanadores.

El Presidente de la República viene a ser en nuestra
Constitución, come el Sol que, firme en su centro, da
vida al Universo. Esta suprena Autoridad debe ser
perpetua; porque en los sistemas sin jerarquías se
necesita más que en otros, un punto fijo alrededor del
cual giren los Magistrados y ciudadanos: los hombres y
las cosas. Dadme un punto fijo, decía un antiguo, y
moveré el mundo. Para Bolivia, este punto es el
Presidente vitalicio. En él estriba todo nuestro
orden, sin tener por esto acción. Se le ha cortado la
cabeza para que nadie tema sus intenciones, y se le
han ligado las manos para que a nadie dañe.

El Presidente de Bolivia participa de las facultades
del Ejecutivo Americano, pero con restricciones
favorables al pueblo. Su duración es la de los
Presidentes del Haití. Yo he tomado para Bolivia el
Ejecutivo de la República más democrática del mundo.

La isla de Haití, (permítaseme esta digresión), se
hallaba en insurrección permanente: después de haver
experimentado el imperio, el reino, la república,
todos los gobiernos conocidos y algunos más, se vio
forzdo a ocurrir al ilustre Petión para que la
salvase. Confiaron en él, y los destinos de Haití no
vacilaron más. Nombrado Petión Presidente vitalicio
con facultades para elegir el sucesor, ni la muerte de
este grande hombre, ni la sucesión del nuevo
Presidente, han causado el menor peligro en el Estado:
toda ha marchado bajo el digno Boyer, en la calma de
un reino legítimo. Prueba triumfante de que un
Presidente vitalicio, con derecho para elegir el
sucesor, es la inspiración más sublime en el orden
republicano.

El Presidente de Bolivia será menos peligroso que el
de Haití, siendo el modo de sucesión más seguro para
el bien del Estado. Además el Presidente de Bolivia
está privado de todas las influencias: no nombra los
Magistrados, los Jueces, ni las Dignidades
eclesiásticas, por pequeñas que sean. Esta diminución
de poder no la ha sufrido todavía ningún gobierno bien
constituido: ella añade trabas sobre trabas a la
autoridad de un Jefe que hallará siempre a todo el
pueblo dominado por los que ejercen las funciones más
importantes de la sociedad. Los Sacerdotes mandan en
las conciencias, los Jueces en la propiedad, el honor
y la vida, y los Magistrados en todos los actos
públicos. No debiendo éstos sina al Pueblo sus
dignidades, su gloria y su fortuna, no puede el
Presidente esperar complicarlos en sus miras
ambiciosas. Si a esta consideración se agregan las que
naturalmente nacen de las oposiciones generales que
encuentran un Gobierno domocrático en todos los
momentos de su administración, parece que hay derecho
para estar cierto de que la usurpación del Poder
público dista más de este Gobierno que de otro
ninguno.

¡Legisladores! La libertad de hoy más, será
indestructible en América. Véase la naturaleza salvaje
de este continente, que expele por sí sola el orden
monárquico: los desiertos convidan a la independencia.
Aquí no hay grandes nobles, grandes eclesiásticos.
Nuestras riquezas eran casi nulas, y en el día lo son
todavía más. Aunque la Iglesia goza de influencia,
está lejos de aspirar al dominio, satisfecha con su
conservación. Sin estos apoyos, los tiranos no son
permanentes; y si algunos ambiciosos se empeñan en
levantar imperios, Dessalines, Cristóbal, Iturbide,
les dicen le que deben esperar. No hay poder más
dificil de mantener que el de un príncipe nuevo.
Bonarparte, vencedor de todos los ejércitos, no logró
triunfar de esta regla, más fuerte que los imperios. Y
si el gran Napoleón no consiguió mantenerse contra la
liga de los republicanos y de los aristrócratas ¿quién
alacanzará, en América, fundar monarquías, en su suelo
incendiado con las brillantes llamas de la libertad, y
que devora las tablas que se le ponen para elevar esos
cadalsos regios? No, Legisladores: no temáis a los
pretendientes a coronas: ellas serán para cabezas la
esapada pendiente sobre Dionisio. Los Príncipes
flamantes que se obsequien hasta contruir tronos
encima de los escombros de la libertad, erigirán
túmulos a sus cenizas, que digan a los siglos futuros
cómo prefirieron su fatua ambición a la libertad y a
la gloria.

Los límites constitucionales del Presidente de
Bolivia, son los más estrechos que se conocen: apenas
nombra los empleados de hacienda, paz y guerra: manda
el ejército. He aquí sus funciones.

La administración pertenece toda al Ministerio,
reponsable a los Censores, y sujeta a la vigilancia
celosa de todos los Legisladores, Magistrados, Jueces
y Ciudadanos. Los aduanistas, y los soldadoes únicos
agentes de este ministerio, no son la verdad, los más
adecuados para captarle la aura popular; así su
influencia será nula.

El Vicepresidente es el Magistrado más encadenado que
ha servido el mando: obedece juntamente al Legislativo
y al Ejecutivo de un gobierno republicano. Del primero
recibe las leyes; del segundo las órdenes: y entre
estas dos barreras ha de marchar por un camino
angustiado y flanqueado de precipicios. A pesar de
tantos inconvenientes, es preferible gobernar de este
modo, más bien que con imperio absoluto. Las barreras
constitutionales ensanchan una conciencia política, y
le dan firme esperanza de encontrar al fanal que la
guíe entre los escollos que la rodean: ellas sirven de
apoyo contro los empujes de nuestras pasiones,
concentradas con los intereses ajenos.

En el gobierno de los Estados Unidos se ha observado
últimamente la práctica de nombrar al primer Ministro
para suceder al Presidente. Nada es tan conveniente,
en una república, como este método: reúne la ventaja
de poner a la cabeza de la administración un sujeto
experimentado en el manejo del Estado. Cuando entra e
ejercer sus funciones, va formado, y lleva consigo la
aureola de la popularidad, y una práctica consumada.
Me he apoderado de esta idea, y la he establecido com
ley.

El Presidente de la República nobra el Vicepresidente,
para que administre el Estado, y le suceda en el
mando. Por esta providencia se evitan las elecciones,
que producen en grande azote de las repúblicas, y la
anarquía, que es le lujo de la tiranía, y el peligro
más inmediato y más terrible de los gobiernos
populares. Ved de qué modo sucede como en los reinos
legítimos, la tremenda cirisis de las repúblicas.

El Vicepresidente deber ser el hombre más puro: la
razón es, que si el primer Magistrado no elige un
ciudadano muy recto, debe temerle como a enemigo
encarnizado; y sospechar hasta de sus secretas
ambiciones. Este Vicepresidente ha de esforsarze a
merecer por sus buenos servicios el crédito que
necesita para desempeñar las más altas funciones, y
esperar la gran recompensa nacional — el mando
supremo. El Cuerpo Legislativo y el pueblo exigirán
capacidades y talentos de parte de este magistrado; y
le pedirán una ciega obediencia a las leyes de la
libertad.

Siendo la herencia la que perpetúa el régimen
monárquico, y lo hace case general en el mundo:
¿cuánto más útil no es el método que acabo de proponer
para la sucesión del Vicepresidente? ¿Qué fueran los
príncipes hereditarios elegidos por el mérito, y no
por la suerte; y que en lugar de quedarse en la
inacción y en la ignorancia, se pusieron a la cabeza
de la administración? Serían sin duda, Monarcas más
esclarecidos, y harían la dicha de los pueblos. Sí,
Legisladores, la monarquía que gobierna la tierra, ha
obtenido sus títulos de aprobación de la herencia que
la hace estable, y de la unidad que la hace fuerte.
Por esto, aunque un príncipe soberano es un niño
mimado, enclaustrado en su palacio, educado por la
adulación y conducido por todas las pasiones, este
príncipe que me atrevería a llamar la ironía del
hombre, manda al género humano, porque conserva el
orden de las cosas y la subordinación entre los
ciudadanos, con un poder firme, y una acción
constante. Considerad, Legisladores, que estas grandes
ventajas se reúnen en el Presidente vitalicio y
Vicepresidente hereditario.

El Poder Judicial que propongo goza de una
independencia absoluta: en ninguna parte tiene tanta.
El pueblo presenta los candidatos, y el Legislativo
escoge los individuos que han de componer los
Tribunales. Si el Poder Judicial no emana de ester
origen, es imposible que conserve en toda su pureza,
la salvaguradia de los derechos individuales. Estos
derechos, Legisladores, son los que constituyen la
libertad, la igualidad, la seguridad, todas las
garantías del orden social. La verdadera constitución
liberal está en los códigos civiles y criminales; y la
más terrible tiranía la ejercen los Tribunales por el
tremendo instrumento de las leyes. De ordinario el
Ejecutivo no es más que el depositorio de la cosa
pública; pero los Tribunales son los árbitros de las
cosas propias — de las cosas de los individuos. El
Poder Judicial contiene la medida del bien o del mal
de los ciudadanos; y si ha libertad, si hay justicia
en la República, son distribuidas por este poder. Poco
importa a veces la organización política, con tal que
la civil sea perfecta; que las leyes se cumplan
religiosamente, y se tengan por inexorables como el
Destino.

Era de esperarse, conforme a las ideas del día, que
prohibiésemos el uso del tormento, de las confesiones;
y que cortásemos la prolongación de los pleitos en el
intrincado laberinto de las apelaciones.

El territorio de la República se gobierna por
Prefectos, Gobernadores, Corregidores, Jueces de Paz y
Alcaldes. No he podido entrar en el régimen interior y
facultades de estas jurisidicciones; es mi deber, sin
embargo, recomendar al Congreso lo reglamentos
concernientes al servicio de los departamentos y
provincias. Tened presente, Legisladores, que las
naciones se componen de ciudades y de aldeas; y que
del bienestar de éstas se forma la felicidad del
Estado. Nunca prestaréis demasiado vuestro atención al
buen régimen de los departamentos. Este punto es de
predilección en la ciencia legislativa y no obstante
es harto desdeñado.

He dividido la fuerza armada en cuatro partes:
ejército de línea, escuadra, milicia nacional, y
resuardo militar. El destino del ejército es guarnecer
la frontera. ¡Dios nos preserve de que vuelva sus
armas contra los ciudadanos! Basta la milicia nacional
para conservar el orden interno. Bolivia no posee
grandes costas, y por lo mismo es inútil la marina:
debemos, a pesar de esto, obtener algún día uno y
otro. El reguardo militar es preferible por todos
respectos al de guardas: un servicio semejante es más
inmoral que superfluo: por lo tanto interesa a la
República, guarnecer sus fronteras con tropas de
línea, y tropas de resguardo contra la guerra del
fraude.

He pensado que la constitución de Bolivia debiera
reformarse por períodos, según lo exige el movimiento
del mundo moral. Los trámites de la reforma se han
señalado en los términos que he juzgado más propios
del caso.

La responsabilidad de los Empleados se señala en la
Constitución Boliviana del modo más efectivo. Sin
responsabilidad, sin represión, el estado es en caos.
Me atrevo a instar con encarecimiento a los
Legisladores, para que dicten leyes fuertes y
terminantes sobre esta importante materia. Todos
hablan de responsabilidad, pero ella se queda en los
labios. No hay responsabilidad, Legisladores: los
Magistrados, Jueces y Empleados abusan de sus
facultades, porque no se contiene con rigor a los
agentes de la administración; siendo entre tanto los
ciudadanos víctimas de este abuso. Recomendara yo una
ley que prescribiera un método de responsabilidad
anual para cada Empleado.

Se han establecido las garantías más perfectas: la
libertad civil es la verdadera libertad; las demás son
nominales, o de poca influencia con respecto a los
ciudadanos. Se ha garantido la seguridad personal, que
es el fin de la sociedad, y de cual emanan las demás.
En cuanto a al propiedad, ella depende del código
civil que vuestra sabiduría debiera componer luego,
para la dicha de vuestros conciudadanos. He conservado
intacta la ley de las leyes — la igualdad: sin ella
perecen todas las garantías, todos los derechos. A
ella debemos hacer los sacrificios. A sus pies he
puesto, cubierta de humillación, a la infame
esclavitud.

Legisladores, la infracción de todas la leyes es la
esclavitud. La ley que la conservara, sería la más
sacrílega. ¿Qué derecho se alegaría para su
conservación? Mírese este delito por todos los
aspectos, y no me persuado que haya uno solo Boliviano
tan depravado, que pretenda legitimar la más insigne
violación de la dignidad humana. ¡Un hombre poseído
por otro! ¡Un hombre propiedad! ¡una imagen de Dios
puesta al yugo come el bruto! Dígasenos ¿dónde están
los títulos de los usurpadores del hombre? La Guinea
no las ha mandado, pues el Africa devastada por el
fraticidio, no ofrece más que crímenes. Trasplantadas
aquí estas relinquias de aquellas tribus africanas,
¿qué ley o potestad será capaz de sancionar el dominio
sobre estas víctimas? Trasmitir, prorrogar, eternizar
este crimen mezclado de suplicios, es le ultraje más
chocante. Fundar un principio de posesión sobre la más
feroz delincuencia no podría concebirse sin el
trastorno del deber. Nadie puede romper el santo dogma
de la igualdad. Y ¿habrá esclavitud donde reina la
igualdad? Tales contradicciones formarían más bien el
vituperio de nuestra razón que el de nuestra justicia:
seríamos reputados por más dementes que usurpadores.

Si no hubiera un Dios Protector de la incencia y de la
libertad, prefiriera la suerte de un león generoso,
dominando en los desiertos y en los bosques, a la de
un cautivo al servicio de un infame tirano que,
cómplice de sus crímenes, provocara la cólera del
Cielo. Pero no: Dios ha destinado el hombre la
libertad: él lo protege para que ejerza la celeste
función del albedrío.

¡Legisladores! Haré mención de un artículo que, según
mi conciencia, he debido omitir. En una constitución
política no bebe prescribirse una profesión religiosa;
porque según las mejores doctrinas sobre las leyes
fundamentales, éstas son las garantías de los derechos
políticos y civiles; y como la religión no toca a
ninguno de estos derechos, ell es de naturaleza
indefinible en el orden social, y pertenece a la moral
intelectual. La Religión gobierna al hombre en la
casa, en le gabinete, dentro de sí mismo: sólo ella
tiene derecho de examinar su conciencia íntima. Las
leyes, por el contrario, miran la superficie de las
cosas: no gobiernan sino fuera de la casa del
ciudadano. Aplicando estas consideraciones ¿pondrá un
Estado regir la conciencia de los súbditos, velar
sobre el cumplimiento de las leyes religiosas, y dar
el premio o el castigo, cuando los tribunales están en
el Cielo, y cuando Dios es el juez? La inquisición
solamente sería capaz de reemplazarlos en este mundo.
¿Volverá la inquisición ocn sus teas incendiarias?

La Religión es la ley de la conciencia. Toda ley sobre
ella la anula porque imponiendo la necesidad al deber,
quita el mérito a la fe, que es la base de la
Religión. Los preceptos y los dogmas sagrados son
útiles, luminosos y de evidencia metafísica; todos
debemos profesarlos, mas este deber es moral, no
politico.

Por otra parte, ¿cuáles son en este mundo los derechos
del hombre hacia la Religión? Ellos están en el Cielo;
allá el tribunal recompensa el mérito, y hace justicia
según el código que ha dictado el Legislador. Siendo
todo esto de juridicción divina, me parece a primera
vista sacrilegio y profano mezclar nuestras ordenanzas
con los mandamientos del Señor. Prescribir, pues, la
Religión, no toca al Legislador; porque éste debe
señalar penas a las infracciones de las leyes, para
que no sean meros consejos. No habiendo castigos
temporales, ni jueces que los aplique, la ley deja de
ser ley.

El desarrollo moral del hombre es la primera intención
del Legislador: luego que este desarrollo llega a
lograrse, el hombre apoya su moral en las verdades
reveladas, y profesa de hecho la Religión, que es
tanto más eficaz, cuanto que la ha adquirido por
investigaciones porpias. Además, los padres de familia
no pueden descuidar el deber religioso hacia sus
hijos. Los Pastores espirituales están obligados a
enseñar la ciencia del Cielo: el ejemplo de los
verdaderos discípulos de Jesus, es el maestro más
elocuente de su divina moral; pero la moral no se
manda, ni el que manda es maestro, ni la fuerza debe
emplearse en dar consejos. Dios y sus Ministros so las
autoridades de la Religión que obra por medios y
órganos exclusivamente espirituales; pero de ningún
modo el Cuerpo Nacional, que dirige el poder público a
objetos puramente temporales.

Legisladores, al ver ya proclamada la nueva Nación
Boliviana, ¡cuán generosas y sublimes consideraciones
no deberán elevar vuestras almas! La entrada de un
nuevo estado en la sociedad de los demás, es un motivo
de júbilo para el género humano, porque se aumenta la
gran familia de los pueblos. ¡Cuál, pues, debe ser el
de sus fundadores! — ¡¡y el mío!!, viéndome igualado
con el más célebre de los antiguos, — ¡el Padre de la
Ciudad eterna! Esta gloria pertenece de derecho a los
Creadores de las Naciones, que, siendo sus primeros
bienhechores, han debido recibir recompensas
inmortales; mas la mía, además de inmortal tiene el
mérito de ser gratuita por no merecida. ¿Dónde está la
república, dónde la ciudad que yo he fundado? Vuestra
munificiencia, dedicándome una nación, se ha
adelantado a todos mis servicios; y es infinitivamente
superior a cuantos bienes pueden haceros los hombres.

Mi desesperación se aumenta al contemplar la
inmensidad de vuestro premio, porque después de haber
agotado los talentos, las virtudes, el genio mismo del
más grande de los héroes, todavía sería yo indigno de
merecer el nombre que habéis querido daros, ¡¡el mío!!
¡Hablaré yo de gratitud, cuando ella no alcanzará
jamás a expresar ni débilmente lo que experimento por
vuestra bondad que, como la de Dios, pasa todos los
límites! Sí: sólo Dios tenía potestad para llamar a
esta tierra Bolivia ... ¿Qué quiere decir Bolivia? Un
amor desenfrenado de libertad, que la recibirla,
vuestro arrobo, no vio nada que fuera igual a su valor
No hallando vuestra embriaguez una demostración
adecuada a la vehemencia de sus sentimientos, arrancó
vuestro nombre, y dio el mía a todas vuestras
generaciones. Esto, que es inaudito en la historia de
los siglos, lo es aun más en la de los
desprendimientos sublimes. Tal rasgo mostrará a los
tiempos que están en el pensamiento del Eterno, lo que
anhelabais la posesión de vuestros derechos, que es la
posesión de ejercer las virtudes políticas, de
adquirir los talentos luminosos, y el goce de ser
hombres. Este rasgo, repito, probará que vosotros
erais acreedores a obtener la gran bendición del Cielo
— la Soberanía del Pueblo — única autoridad legítima
de las Naciones.

Legisladores, felices vosotros que presidís los
destinos de una República que ha nacido coronada con
los laureles de Ayacucho, y que debe perpetuar su
existencia dichosa bajo las leyes que dicte vuestra
sabiduría, en la calma que ha dejado la tempestad de
la Guerra. 

Lima, a 25 de mayo de 1826. (*)

(*) Fuente: Rufino Blanco-Fombona, El pensamiento vivo
de Bolívar, Buenos Aires, 1995, pp.106-118.

 


"Cuando maduró y se reconoció en motivos, en guías desconocidas de su propia vida, en su escasa propia libertad, gastó su adolescente madurez en conocerse, trató con analistas y psiquiatras, tarotistas y decidores de la ventura, habló con amigos no sin cierta desconfianza, leyó, preguntó a sus padres y a algún profesor de su exquisito aprecio, abrió una ventana, se recostó, cerró los ojos, acordonó su pasado largo, tachó razones, y recordó un pasaje de un cuento que decía que el hombre tenía motivos desde antes de escribir historia y que por eso, tal vez no era preciso el intentar reconocerlos. Esa noche durmió bien y a la otra noche, después de dar a luz, murió. "



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