[R-P] Algunas reflexiones sobre el rumbo de la China actual

Néstor Gorojovsky nmgoro en gmail.com
Mie Oct 24 08:09:11 MDT 2007


A propósito del informe de David Klotz

El artículo del Monthly Review "The State of Official Marxism in China
Today" que mandé en traducción en otro correo apunta a una cuestión de
la mayor importancia para todos los revolucionarios del planeta: el
rumbo de la gran revolución nacional china y la posibilidad de que el
país de Mao Tsé Tung abandone por completo el rumbo socialista, lo que
inexorablemente lo colocaría en la posición de una potencia
imperialista dispuesta a competir con sus similares por el dominio del
planeta. ¿Puede transformarse China en una nueva Alemania, en el "gran
desestabilizador" mundial? ¿Puede dejar de ser un referente de los
pueblos oprimidos en su lucha contra la expoliación imperialista?
Ciertos desarrollos internos obligan a plantearse la posibilidad.

Tras su inicio a principios del siglo XX bajo la conducción de Sun
Yat-Sen, la revolución nacional china, bajo la conducción primero de
un partido burgués (el Kuomintang, que terminó aliado con EEUU) y
luego de los comunistas chinos, atravesó una compleja y desgarradora
historia: guerra civil, invasión imperialista japonesa, espionaje y
desestabilización occidental desde Hong Kong y Macao, secesión de
Formosa bajo protección de Washington, amistad desconfiada y posterior
ruptura (al borde de la guerra) con la Unión Soviética, acuerdo con el
hegemón imperialista estadounidense, intervención más o menos abierta
en diversos conflictos coloniales y semicoloniales (y no siempre en
función de los intereses de los pueblos del Tercer Mundo; recuérdese
el apoyo chino a Pinochet)...

En ese marco, el pueblo chino libró épicas batallas para domeñar una
naturaleza propensa a las catástrofes, logró alimentar una inmensa
población, dio enormes pasos para superar el atraso agrario, inició el
largo camino hacia la revalorización de la mujer, se hizo cargo de su
difícil demografía, y procuró acceder al mundo moderno con un
desarrollo industrial que, a partir de las reformas del último cuarto
de siglo (aceleradas tras la caída de la URSS), se viene planteando
bajo formas cada vez más marcadamente capitalistas.

Esta última situación, y el complejo vínculo que comienza a forjarse
entre los EEUU y la República Popular, han llevado a un debate sobre
el carácter de clase del actual Estado chino. El debate nada tiene de
académico, y a los latinoamericanos nos interesa en particular.

Por un lado, por supuesto, porque está vinculado a la pregunta sobre
la viabilidad del socialismo en términos generales. Pero además no
puede ignorarse que una China que se transforme en una gran potencia
capitalista no tiene el mismo sentido para la lucha nacional de los
latinoamericanos que una China que se mantenga dentro del cauce
socialista. En ningún caso serviría de "modelo", ni podríamos caer en
la funesta ilusión de que nuestra revolución puede surgir de otra
parte que de nuestros propios pueblos. Es cierto además que sería en
ambos casos un contrapeso objetivo a la explotación de América Latina
por las potencias imperialistas "tradicionales". Pero en el segundo,
este papel se enfriaría considerablemente si, para sostener nuestra
propia revolución, los latinoamericanos avanzáramos sobre los derechos
de propiedad de las oligarquías locales, las fraudulentas acreencias
del sistema financiero internacional y las empresas imperialistas, en
particular de las que enajenadas durante los 90 han entregado al gran
capital imperialista las palancas fundamentales de nuestra
planificación económica y social.

Finalmente, está la amenazante predicción de Mao Tse Tung: una China
autocentrada y capitalista se transformaría en "el mayor enemigo de la
humanidad" porque las irreductibles leyes internas del modo de
producción capitalista la convertirían ineluctablemente en una
potencia imperialista más. En ese caso, no hay motivo para descartar
una feroz lucha por el reparto del mundo entre esa potencia burguesa
joven e impetuosa y las más antiguas. Se repetiría de este modo el
escenario que engendró el surgimiento de la Alemania imperialista a
fines del siglo XIX; solo que en esta oportunidad, el recurso al
armamento nuclear, combinado con la irracionalidad salvaje que anida
en el fondo de los instintos de clase de toda burguesía, pondría a la
humanidad ante una perspectiva de aniquilación.

Pues bien, en algunas de las intervenciones de la conferencia sobre la
que se informa abajo se nota un completo olvido, intencional o
inconciente, de los elementos básicos de la teoría marxista sobre el
imperialismo y su relación genética con el capital monopolista. De
este modo, se comienza a perder la comprensión, que en otros momentos
fue tan aguda en la dirigencia china, del carácter sistémico de la
división del mundo en países imperialistas y países coloniales y
semicoloniales. Estas tensiones han tenido expresión en el reciente
debate interno del partido de gobierno en Pekín (que sigue
definiéndose como "comunista") y en la nueva ley de propiedad.
Esperemos que no terminen siendo el coro que anuncia la hecatombe del
género humano.

Más allá de esta perspectiva, que lucharemos por evitar en la medida
de nuestras fuerzas, el artículo que sigue tiene otra virtud, que es
la de mostrar cómo las fuerzas internas de una sociedad son siempre
más potentes que el marco ideológico heredado, y lo llenan de
contenido e incluso modifican su forma y desvirtúan su coherencia
interna original si esto sirve a la imposición de fuerzas que no
pueden llamarse por su nombre debido a que si lo hicieran concitarían
el máximo repudio de las masas..

Finalmente, no se puede dejar de verificar, no sin consternación, el
grosero esquematismo del "marxismo chino", y cómo las determinaciones
ideológicas y materiales del "pasado tradicional" se hicieron carne en
él... solo para reducirlo a una espástica metáfora del fluido y
flexible pensamiento que brotó de los socialistas revolucionarios de
Occidente como conciencia crítica y final del modo de producción
capitalista. Si la presión imperialista y la demora de la revolución
socialista mundial (una sola y la misma cosa) producen tan
desagradables frutos en el árbol del marxismo, que intentó brindar una
visión grandiosa del futuro de la humanidad, ¿cómo asombrarse de que
bajo idénticas presiones el pensamiento de movimientos mucho menos
pretenciosos engendrase en México, Argentina o Brasil las pesadillas
del PRI terminal, el peronismo de Menem y el post-varguismo de los
evangelistas cariocas? Cómo asombrarse, en definitiva, de que algunos
de los más representativos dirigentes del socialismo revolucionario en
nuestras orillas terminasen derivando hacia el más desencaminado y -en
último análisis- destructivo oportunismo?


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