[R-P] Mas de lo mismo

silvio ansaldi silvioansaldi en yahoo.com.ar
Dom Oct 21 12:00:43 MDT 2007


Como siempre , los agoreros del apocalipsis .
Primero con la energia y ahora con la inflacion .
Como siempre ,contra la regulacion del Estado ,y a
favor del libre mercado ,el libre mercado soluciona
todas las asimetrias y desajustes ( ya somos grande
para creer semejante verso ).
Como siempre , con la llegada del descalabro
(seguramente inducido por sectores de ultraderecha )
quien se va a beneficiar ????  ese mismo sector que lo
origino .
Nada nuevo bajo el sol .
Frente a un problema real , se cola , una solucion
irreal, que , como siempre , favorese a la antipatria
.

Saludos
Silvio Ansaldi

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Martes, 16 de octubre de 2007
Publicada 15/10/2007

Al inicio de la semana
Por Roberto Cachanosky

De Gelbard al Rodrigazo, de Kirchner al .

La maraña de controles y medidas represivas que se
establecieron
 durante los 
primeros años de la década de 1970 desembocaron en una
violenta 
recomposición de precios relativos que produjo un
estallido económico y
 
social. ¿Vamos por el mismo camino?


A mediados de 1973, José Ber Gelbard, ministro de
Hacienda y Finanzas
 de 
Héctor Cámpora (continuaría en el cargo con Juan
Domingo Perón), logró
 que 
se firmara un "pacto social" entre la CGT, la CGE
(equivalente a la
 actual 
UIA) y el gobierno. El objetivo era tratar de contener
la inflación a
 través 
de mecanismos represivos, es decir, utilizando el
monopolio de la
 fuerza del 
Estado para imponer el criterio de los burócratas de
aquellos años.

¿Qué establecía ese pacto social? Infinidad de
controles y
 regulaciones, 
junto con una suba salarial de monto fijo que era
equivalente a un
 aumento 
del 13% de los sueldos promedio. Además, se
incrementaban las
 asignaciones 
familiares, las jubilaciones y las tarifas de los
servicios públicos.

Como los incrementos salariales no podían ser
trasladados a los
 precios, el 
gobierno estableció una línea de créditos para que las
empresas
 pudieran 
afrontar los mayores costos. Este simple dato refleja
el grado de
 delirio 
económico que imperaba en ese momento. En efecto, se
veía como una
 solución 
endeudar a las compañías para hacer frente al aumento
de los costos de 
producción. Dicho en otras palabras, pretendían
solucionar un problema
 de 
flujos negativos con más endeudamiento. O, si se
prefiere, en vez de 
financiar los mayores gastos corrientes con más
ingresos corrientes, la
 
genialidad de los gobernantes pasó por financiarlos
con un incremento
 del 
stock de deuda de las empresas privadas.

Por otro lado, se intentó dejar congelados los precios
por dos años, se
 
revisaron los aumentos ocurridos durante 1973, antes
del pacto, y, en 
algunos casos, se obligó a las empresas a rebajarlos.
También se
 estableció 
que no se podían lanzar nuevos productos al mercado
sin la autorización
 del 
Estado. Los delirios regulatorios llegaron al extremo
de obligar a los 
comerciantes minoristas a tener stock de los bienes
con precios
 congelados 
y, en caso de no contar con stock, estaban obligados a
venderle al 
consumidor el producto de mayor calidad al precio
regulado.

La maraña de controles y las medidas represivas eran
realmente amplias.
 Como 
dato final vale la pena recordar que las tasas de
interés estaban
 reguladas 
y el tipo de cambio era fijo y múltiple.

En definitiva, la "inflación cero" de Gelbard no
estuvo basada en
 reformas 
estructurales, sino que se limitó a redistribuir
ingresos a favor del
 sector 
asalariado y en reprimir todo incremento de precios
surgidos de la
 emisión 
monetaria, mediante la fuerza pública y la delación.

¿Quién podía dudar de que semejante desvarío
intervencionista fuera
 terminar 
mal? Sólo era una cuestión de tiempo que llegara la
crisis. Y así
 ocurrió. 
Alfredo Gómez Morales, el sucesor de Gelbard, intentó
flexibilizar algo
 las 
variables y recomponer la estructura de precios
relativos, pero duró
 poco en 
el cargo de ministro. Lo sucedió Celestino Rodrigo,
quien a mediados de
 1975 
hizo una recomposición de precios relativos que
produjo un estallido 
económico y social.

Toda esta historia viene a cuento porque hoy vemos que
el gobierno del 
presidente Néstor Kirchner ha generado una fenomenal
distorsión de
 precios 
relativos, utiliza mecanismos cada vez más represivos
para esconder la 
inflación y convoca a las empresas y a los sectores
productivos a
 firmar 
acuerdos para mantener los precios. Al mismo tiempo,
como sabe que el
 futuro 
de todo esto es complicado, ya está hablando de firmar
un "pacto
 social" si 
Cristina Kirchner gana las elecciones.

Si bien la historia no se repite en forma exacta,
cuando uno comete
 ciertos 
tipos de errores, no puede esperar que el resultado
sea diferente. ¿Qué
 
quiero decir con esto? Que el sistema de precios
basado en el "acá
 mando yo" 
siempre termina mal y, desafortunadamente, el espíritu
prepotente y
 soberbio 
de la actual administración también se basa en un "acá
mando yo" al que
 se 
le suma la mala educación. Actitudes que, por cierto,
algunos sectores 
empresariales parecen aceptar sin chistar. O, lo que
es peor, apoyan 
sumisamente en público la distorsión de precios,
asustados ante las
 amenazas 
y guaranguerías de algún funcionario que se considera
un ser superior
 al 
resto de la sociedad. ¿Acaso Adolf Hitler no se creyó
superior al resto
 de 
los mortales y llevó a Alemania y al mundo a un
desastre? Los supuestos
 
genios no son más que personajes mediocres que
esconden su ignorancia
 detrás 
de la prepotencia y la ordinariez.

No existen demasiadas diferencias entre lo que hizo
Gelbard cuando
 pavimentó 
el camino hacia el Rodrigazo y lo que actualmente se
hace: tarifas de 
servicios públicos congeladas desde hace años;
limitaciones a las 
exportaciones de carnes y lácteos; descomunal subsidio
al transporte
 público 
de pasajeros y de carga; compensaciones a los
productores de papa;
 peleas 
con el tomate; acuerdos de precios con sectores de la
construcción, los
 
alimentos, las bebidas y los supermercados, entre
otros; piquetes a 
petroleras; amenazas de enjuiciar a directores de
empresas.

Si aceptamos que el mismo error provoca siempre igual
resultado, vale
 la 
pena recordar que ya cuando Gómez Morales asumió como
ministro de
 Economía 
distintos sectores industriales reclamaban un aumento
del tipo de
 cambio 
nominal para corregir el atraso del tipo de cambio
real. En la
 actualidad se 
escuchan pedidos del mismo tipo, porque muchos
sectores productivos que
 
aplauden y apoyan públicamente al Gobierno saben que
el incremento de 
precios internos no tiene nada que ver con lo que
informa el INDEC y
 que, si 
se toman los precios mayoristas, el tipo de cambio
real se ha licuado 
totalmente.

Cuando Celestino Rodrigo trató de corregir los precios
relativos, el
 precio 
del combustible aumentó más de un 100%. Hoy, tenemos
el mismo precio
 del 
combustible que en 2002, aunque el valor del barril
del petróleo más
 que 
duplica los 30 dólares que costaba 5 años atrás. ¿Pura
coincidencia?

Todos sabemos que en el mediano plazo habrá problemas
serios. El mismo 
gobierno kirchnerista lo sabe cuando preanuncia un
"pacto social" como
 el 
que puso en práctica Gelbard. Puede ser que, si
Cristina Fernández de 
Kirchner gana las elecciones, ese "pacto social" se
lleve a cabo y dure
 un 
tiempo. Gelbard tuvo que modificarlo antes del año de
vigencia porque
 las 
variables se le habían desbordado. El problema es que,
ahora, se
 pretende 
hacer un "pacto social" al estilo Gelbard, pero
partiendo de las 
distorsiones que recibió Rodrigo. Todo un desafío que
equivale a tratar
 de 
derogar la ley de gravedad.


("Los argentinos hemos sido ociosos por derecho y
holgazanes
 legalmente. Se 
nos alentó a consumir sin producir.
Nuestras ciudades capitales son escuelas de vagancia,
de quienes se 
desparraman por el resto del territorio después de
haberse educado
 entre las 
fiestas, la jarana y la disipación.
Nuestro pueblo no carece de alimentos sino de
educación y por eso
 tenemos 
pauperismo mental.
En realidad nuestro pueblo argentino se muere de
hambre de instrucción,
 de 
sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos y
de ignorancia en
 el 
arte de hacer bien las cosas .
Sobre todo se muere de pereza, es decir de abundancia.
Quieren pan sin 
trabajo, viven del maná del Estado y eso los mantiene
desnudos,
 ignorantes y 
esclavos de su propia condición.
El origen de la riqueza son el trabajo y el capital,
¿qué duda cabe de
 que 
la ociosidad es el manantial de la miseria? La
ociosidad es el gran
 enemigo 
del pueblo en las provincias argentinas. Es preciso
marcarla de
 infamia: 
ella engendra la miseria y el atraso mental de las
cuales surgen los
 tiranos 
y la guerra civil que serían imposibles en medio del
progreso y la
 mejora 
del pueblo". Juan Bautista Alberdi).


C.P.N. Miguel A. Morra
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