[R-P] Enrique Lacolla Turbulencias en el mapa
José María Cavalleri
ingcavalleri en hotmail.com
Dom Oct 21 07:24:37 MDT 2007
Turbulencias en el mapa
Enrique Lacolla
Periodista
La semana que acaba de transcurrir ha estado sembrada de episodios
significativos en el escenario internacional. La visita de Vladimir Putin a
Irán, el agravamiento de las tensiones en la frontera entre Turquía e Irak
y, en un plano más alejado, el Congreso del Partido “Comunista” chino, dan
lugar a no pocos interrogantes y a alguna certidumbre.
Esta última proviene del curso aparentemente inmutable del estado de cosas
en China, donde el secretario general del PC y presidente de la república,
Hu Jin Tao, ha emitido una serie de generalidades sobre la democracia, sin
que se perciba signo alguno de que el poder monolítico del partido vaya a
decrecer en un porvenir avizorable.
Tampoco se advierte que el capitalismo de Estado que discurre sobre un
ambivalente andarivel entre el “desarrollo científico” (sostenible, se diría
en Occidente) y la “sociedad armoniosa” (vaga reminiscencia de los tiempos
del Movimiento de las Cien Flores) vaya a ser modificado.
Lo único seguro es que China seguirá incrementando su potencia militar y
reteniendo una cada vez más grande capacidad de desestabilización de la
potencia económica norteamericana, por vía de los miles de millones de
dólares que tiene acumulados y con los que podría inundar el mercado,
haciendo saltar el sistema global, si se decidiese a abrir la espita y a
dejar que las divisas represadas manasen con libertad.
Al parecer, los chinos no tienen intención de hacer tal cosa por ahora,
porque la jugada es riesgosa y Estados Unidos no es un “tigre de papel”;
pero equivale a disponer de una bomba de neutrones lista para ser utilizada
si los chinos se sintieran de veras amenazados o si se pronunciara la
tendencia independentista de Taiwán.
Putin en Teherán. En los bordes del mar Caspio se diseña otro tipo de
partida. Forma parte del Gran Juego del petróleo.
Putin y el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, se reunieron con los
mandatarios de los otros tres estados ribereños del Caspio –Azerbaiján,
Kazajstán y Turkmenistán– para discutir el destino de las enormes reservas
energéticas que atesoran entre todos: la mitad de las de gas y un quinto de
las del petróleo. Y también para perfilar ciertas posiciones respecto de las
amenazas de guerra que rondan la zona.
Todos estos países no están estrictamente de acuerdo acerca de cómo
repartirse esa enorme riqueza. Irán quiere que las riquezas acumuladas en el
mar común se dividan en cinco partes iguales, mientras que los otros países,
que disponen de un acceso costero mucho más amplio a esas aguas, pretenden
que Irán no usufructúe más de 15 por ciento de esas reservas.
Pero en el fondo se diseña la amenaza norteamericana contra Teherán, que de
efectivizarse derrumbaría todo el tinglado, en especial porque rompería el
papel ruso de único proveedor de una cuarta parte del gas que consume Europa
y que corre a través de los oleoductos y gasoductos que controla.
De ahí la férrea oposición del presidente ruso a cualquier operación militar
en la zona, que ha redundado en una declaración conjunta que prohíbe a
cualquiera de los países que firmaron la Declaración de Teherán participar
de una actividad agresiva contra otro. El punto está dirigido a atar las
manos de Azerbaiján, cortejado en estos momentos por Estados Unidos para que
sirva de plataforma en caso de un ataque estadounidense contra Irán.
Estas proximidades, como se ve, no excluyen las contradicciones. No es
probable que ellas estallen mientras persista la amenaza
norteamericano-israelí contra Irán, pero pueden estar en el fondo de la
reticencia de Putin cuando un periodista le pidió su palabra de que
entregaría combustible nuclear para empezar a operar la planta atómica iraní
de Bushehr, antes de concluir su mandato.
“Sólo le hice promesas a mi madre, cuando era pequeño”, fue su irónica y
elusiva respuesta.
El otro escenario de la semana se carga de materiales quizá más volátiles
que el mismo petróleo. Las actividades del irredentismo kurdo en Turquía han
llevado a este país –ya irritado al máximo por la incómoda posición en que
el Congreso norteamericano lo ha colocado al solicitar que reconozca el
carácter genocida de la persecución contra los armenios durante la Primera
Guerra Mundial– a autorizar incursiones militares en el interior de Irak,
donde se guarecen las milicias del PKK que atacan aldeas en territorio
turco.
Más aún que las eventuales incursiones militares, lo que se diseñaría en tal
caso como un verdadero peligro para Estados Unidos sería la oclusión de las
vías de acceso de pertrechos a sus tropas en Irak.
Más que la hegemonía, son la multipolaridad y la inestabilidad las que
predominan en el mundo. Quizá sea mejor así.
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