[R-P] ¡QUE OPINE UN ENTENDIDO, PLEASE!
Julio Fernández Baraibar
fernandezbaraibar en gmail.com
Sab Oct 20 15:08:58 MDT 2007
Estimado Mingo:
no se necesita ser un entendido. Lo que este lenguaraz del más vulgar
neoliberalismo hace es un gigantesco chantaje, que, afortunadamente, hoy por
hoy es ineficaz, pero advierte sobre cuál es el futuro que pretenden quienes
enfrentan a Cristina.
Un elogio a la "mano invisible", una crítica a la intervención estatal y una
amenaza de caos en la medida en que no se respeten las leyes "objetivas" de
la economía ha sido el programa permanente de los liberales de este país, y,
por lo que se ve, de varios del continente.
Pero el libelo ya había sido enviado hace unos días a la lista.
Julio Fernández Baraibar
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Martes, 16 de octubre de 2007
Publicada 15/10/2007
Al inicio de la semana
Por Roberto Cachanosky
De Gelbard al Rodrigazo, de Kirchner al .
La maraña de controles y medidas represivas que se establecieron durante los
primeros años de la década de 1970 desembocaron en una violenta
recomposición de precios relativos que produjo un estallido económico y
social. ¿Vamos por el mismo camino?
A mediados de 1973, José Ber Gelbard, ministro de Hacienda y Finanzas de
Héctor Cámpora (continuaría en el cargo con Juan Domingo Perón), logró que
se firmara un "pacto social" entre la CGT, la CGE (equivalente a la actual
UIA) y el gobierno. El objetivo era tratar de contener la inflación a través
de mecanismos represivos, es decir, utilizando el monopolio de la fuerza del
Estado para imponer el criterio de los burócratas de aquellos años.
¿Qué establecía ese pacto social? Infinidad de controles y regulaciones,
junto con una suba salarial de monto fijo que era equivalente a un aumento
del 13% de los sueldos promedio. Además, se incrementaban las asignaciones
familiares, las jubilaciones y las tarifas de los servicios públicos.
Como los incrementos salariales no podían ser trasladados a los precios, el
gobierno estableció una línea de créditos para que las empresas pudieran
afrontar los mayores costos. Este simple dato refleja el grado de delirio
económico que imperaba en ese momento. En efecto, se veía como una solución
endeudar a las compañías para hacer frente al aumento de los costos de
producción. Dicho en otras palabras, pretendían solucionar un problema de
flujos negativos con más endeudamiento. O, si se prefiere, en vez de
financiar los mayores gastos corrientes con más ingresos corrientes, la
genialidad de los gobernantes pasó por financiarlos con un incremento del
stock de deuda de las empresas privadas.
Por otro lado, se intentó dejar congelados los precios por dos años, se
revisaron los aumentos ocurridos durante 1973, antes del pacto, y, en
algunos casos, se obligó a las empresas a rebajarlos. También se estableció
que no se podían lanzar nuevos productos al mercado sin la autorización del
Estado. Los delirios regulatorios llegaron al extremo de obligar a los
comerciantes minoristas a tener stock de los bienes con precios congelados
y, en caso de no contar con stock, estaban obligados a venderle al
consumidor el producto de mayor calidad al precio regulado.
La maraña de controles y las medidas represivas eran realmente amplias. Como
dato final vale la pena recordar que las tasas de interés estaban reguladas
y el tipo de cambio era fijo y múltiple.
En definitiva, la "inflación cero" de Gelbard no estuvo basada en reformas
estructurales, sino que se limitó a redistribuir ingresos a favor del sector
asalariado y en reprimir todo incremento de precios surgidos de la emisión
monetaria, mediante la fuerza pública y la delación.
¿Quién podía dudar de que semejante desvarío intervencionista fuera terminar
mal? Sólo era una cuestión de tiempo que llegara la crisis. Y así ocurrió.
Alfredo Gómez Morales, el sucesor de Gelbard, intentó flexibilizar algo las
variables y recomponer la estructura de precios relativos, pero duró poco en
el cargo de ministro. Lo sucedió Celestino Rodrigo, quien a mediados de 1975
hizo una recomposición de precios relativos que produjo un estallido
económico y social.
Toda esta historia viene a cuento porque hoy vemos que el gobierno del
presidente Néstor Kirchner ha generado una fenomenal distorsión de precios
relativos, utiliza mecanismos cada vez más represivos para esconder la
inflación y convoca a las empresas y a los sectores productivos a firmar
acuerdos para mantener los precios. Al mismo tiempo, como sabe que el futuro
de todo esto es complicado, ya está hablando de firmar un "pacto social" si
Cristina Kirchner gana las elecciones.
Si bien la historia no se repite en forma exacta, cuando uno comete ciertos
tipos de errores, no puede esperar que el resultado sea diferente. ¿Qué
quiero decir con esto? Que el sistema de precios basado en el "acá mando yo"
siempre termina mal y, desafortunadamente, el espíritu prepotente y soberbio
de la actual administración también se basa en un "acá mando yo" al que se
le suma la mala educación. Actitudes que, por cierto, algunos sectores
empresariales parecen aceptar sin chistar. O, lo que es peor, apoyan
sumisamente en público la distorsión de precios, asustados ante las amenazas
y guaranguerías de algún funcionario que se considera un ser superior al
resto de la sociedad. ¿Acaso Adolf Hitler no se creyó superior al resto de
los mortales y llevó a Alemania y al mundo a un desastre? Los supuestos
genios no son más que personajes mediocres que esconden su ignorancia detrás
de la prepotencia y la ordinariez.
No existen demasiadas diferencias entre lo que hizo Gelbard cuando pavimentó
el camino hacia el Rodrigazo y lo que actualmente se hace: tarifas de
servicios públicos congeladas desde hace años; limitaciones a las
exportaciones de carnes y lácteos; descomunal subsidio al transporte público
de pasajeros y de carga; compensaciones a los productores de papa; peleas
con el tomate; acuerdos de precios con sectores de la construcción, los
alimentos, las bebidas y los supermercados, entre otros; piquetes a
petroleras; amenazas de enjuiciar a directores de empresas.
Si aceptamos que el mismo error provoca siempre igual resultado, vale la
pena recordar que ya cuando Gómez Morales asumió como ministro de Economía
distintos sectores industriales reclamaban un aumento del tipo de cambio
nominal para corregir el atraso del tipo de cambio real. En la actualidad se
escuchan pedidos del mismo tipo, porque muchos sectores productivos que
aplauden y apoyan públicamente al Gobierno saben que el incremento de
precios internos no tiene nada que ver con lo que informa el INDEC y que, si
se toman los precios mayoristas, el tipo de cambio real se ha licuado
totalmente.
Cuando Celestino Rodrigo trató de corregir los precios relativos, el precio
del combustible aumentó más de un 100%. Hoy, tenemos el mismo precio del
combustible que en 2002, aunque el valor del barril del petróleo más que
duplica los 30 dólares que costaba 5 años atrás. ¿Pura coincidencia?
Todos sabemos que en el mediano plazo habrá problemas serios. El mismo
gobierno kirchnerista lo sabe cuando preanuncia un "pacto social" como el
que puso en práctica Gelbard. Puede ser que, si Cristina Fernández de
Kirchner gana las elecciones, ese "pacto social" se lleve a cabo y dure un
tiempo. Gelbard tuvo que modificarlo antes del año de vigencia porque las
variables se le habían desbordado. El problema es que, ahora, se pretende
hacer un "pacto social" al estilo Gelbard, pero partiendo de las
distorsiones que recibió Rodrigo. Todo un desafío que equivale a tratar de
derogar la ley de gravedad.
("Los argentinos hemos sido ociosos por derecho y holgazanes legalmente. Se
nos alentó a consumir sin producir.
Nuestras ciudades capitales son escuelas de vagancia, de quienes se
desparraman por el resto del territorio después de haberse educado entre las
fiestas, la jarana y la disipación.
Nuestro pueblo no carece de alimentos sino de educación y por eso tenemos
pauperismo mental.
En realidad nuestro pueblo argentino se muere de hambre de instrucción, de
sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos y de ignorancia en el
arte de hacer bien las cosas .
Sobre todo se muere de pereza, es decir de abundancia. Quieren pan sin
trabajo, viven del maná del Estado y eso los mantiene desnudos, ignorantes y
esclavos de su propia condición.
El origen de la riqueza son el trabajo y el capital, ¿qué duda cabe de que
la ociosidad es el manantial de la miseria? La ociosidad es el gran enemigo
del pueblo en las provincias argentinas. Es preciso marcarla de infamia:
ella engendra la miseria y el atraso mental de las cuales surgen los tiranos
y la guerra civil que serían imposibles en medio del progreso y la mejora
del pueblo". Juan Bautista Alberdi).
C.P.N. Miguel A. Morra
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