[R-P] "Es la resistencia, estúpido"

Julio Fernández Baraibar fernandezbaraibar en gmail.com
Vie Oct 19 13:11:49 MDT 2007


Gran informe y muy buena introducción.


Julio Fernández Baraibar
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[Para poder vencer al enemigo imperialista, en Iraq se empieza a
reconstituir, desde las bases mismas de la resistencia al invasor, la
lucha por un régimen multiconfesional, lo cual, más tarde o más
temprano llevará a reimplantar el laicismo temporalmente perdido.

Se repite una vez más aquello de que no hay modo de entrar al futuro
cuando la mirada se ha clavado en el pasado. La historia del Iraq, por
motivos específicos que abajo comento, es la mejor demostración de que
solo la Nación entendida como apuesta al futuro, y no como
determinación del pasado, puede amalgamar al pueblo entero en la lucha
por la liberación: parándose sobre el pensamiento más avanzado, y no
sobre las desinencias más arcaicas de su lenguaje colectivo.

En el caso de Iraq, la marcha misma de los acontecimientos demuestra
que la existencia del país depende de que su gobierno no sea sunní ni
tampoco shií, sino iraquí sin compromiso religioso alguno. El énfasis
en la religión como fundamento de la nacionalidad suele servir a los
sectores conservadores de una sociedad, pero lo más grave es que en un
país semicolonial, tarde o temprano demuestra servir básicamente al
invasor. Esta verdad general se hace nítida e indiscutible en países
como Iraq, donde hay una paridad demográfica entre dos o más cultos,
entre dos o más pertenencias étnicas, etc.

De allí, y no de una trasnochada "modernidad cipaya e imitativa",
brotó el laicismo del Ba'ath que además, claro, optaba por la
modernidad debido a que le parecía razonable extender a los árabes de
la Media Luna Fértil algunos beneficios tales como la vacuna
antivariólica, la atención cardiológica, la instrucción pública, el
desarrollo científico, etc., base, condición y producto a su vez del
desarrollo de la industria...

Este laicismo fue desde el fin del siglo XIX la peor pesadilla de
todos los dominadores de la cuna de la civilización occidental... y de
todas sus religiones monoteístas. Y tras un período en el cual ciertos
extravíos propios y la ingerencia externa parecían haberlo liquidado,
vuelve por sus fueros en Iraq, al demostrarse única herramienta válida
para el combate del conjunto del pueblo contra el divisionismo
religioso exógeno.

Aquello que la burocracia de Estado del Ba'ath no pudo imponer por la
fuerza y desde arriba lo imponen desde abajo los militantes de la
resistencia nacional iraquí. Aquellos mismos religiosos que
protestaban contra el carácter laico -"dictadura" laica desde el punto
de vista de los imanes shiíes- ahora establecen un laicismo
imprescindible bajo la forma de la renuncia a la pretensión
hegemonista de su propia interpretación de los dichos de Mahoma. Iraq,
bajo la soldadesca pirática, ha librado en cinco años la misma batalla
que libraron los pueblos germánicos entre la proclama de Lutero y la
Paz de Westfalia. La guerra de religión no pudo prevalecer por sobre
la guerra nacional, y allí está el secreto del éxito militar y
político que espera a estos dirigentes iraquíes.

Es que la baza triunfal de toda causa nacional antiimperialista
radica, justamente, en la supremacía incontestable de la nación por
encima de toda diferencia, por la cooptación y no por el rechazo, por
el ascenso a un nivel superior y no por el retroceso al status previo
a la ocupación "moderna".

El motivo es muy simple: los "civilizados" cierran el paso a los que
quieren civilizarse. Doble motivo para no seguir reivindicando el
pasado bárbaro -y las sectarizaciones religiosas forman parte de ese
pasado bárbaro- como marca identitaria. En Iraq este tipo de división
sirvió antes a los otomanos, luego a los ingleses y finalmente, por un
brevísimo instante histórico tras la caída de Saddam Hussein, a los
anglo-yanquis.

Mas los pueblos son tozudos y pertinaces, y el combate mismo contra el
enemigo colonial los lleva, una y otra vez, a replantearse las tareas
más avanzadas de su propia revolución para poder adueñarse, tarea
elemental y mínima que es precondición de cualquier otra, de su propio
Estado.

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