[R-P] PSI (para guardar)17 DE OCTUBRE DE 1945 “DÍA DE LA LEALTAD”

José María Cavalleri ingcavalleri en hotmail.com
Mie Oct 17 07:34:45 MDT 2007


17 DE OCTUBRE DE 1945 “DÍA DE LA LEALTAD”



Al 17 de Octubre



Era el pueblo de Mayo quien sufría

no ya el rigor de un odio forastero,

sino la vergonzosa tiranía

del olvido, la incuria y el dinero.



El mismo pueblo que ganara un día

su libertad al filo del acero

tanteaba el porvenir; en su agonía

le hablaba sólo el Río y el Pampero.



De pronto alzó la frente y se hizo rayo

(¡era en octubre y parecía Mayo!)

y conquistó sus nuevas primaveras.



El mismo pueblo fue y otra victoria

y, como ayer, enamoró a la Gloria.

¡Y Juan y Eva Perón fueron bandera!


                                                                             
                            Leopoldo Marechal



                          CRONOLOGÍA DEL 17 DE OCTUBRE DE 1945

          9 de octubre - Al amanecer, el general Avalos recibe la intimación 
de la Escuela Superior de Guerra: debe exigir al general Farrell la 
separación de Perón de sus cargos de Vicepresidente, Ministro de Guerra y 
Secretario de Trabajo y Previsión. El secretario Franklin Lucero, al tener 
noticias de que Campo de Mayo está movilizado, envía al General Von der 
Becke a hablar con los rebeldes. A pesar de todas las gestiones, el Coronel 
debe presentar su renuncia a la que agrega la solicitud de retiro "para que 
vean que no me ha temblado la mano".

         10 de octubre - Se nombra Ministro de Guerra al Gral. Eduardo 
Avalos. Perón se despide desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, previa 
autorización de Farrell que accede a que el acto sea transmitido por radio.

         11 de octubre - Se convoca a elecciones para el 7 de abril de 1946. 
A las 23,00 horas Perón decide aceptar la invitación del doctor Román Subiza 
de instalarse por unos días en su estancia en San Nicolás partiendo en auto 
con Evita. A último momento, cambia el destino y decide ir a una isla que 
posee el padre de Rudi Freude, en el Delta, cerca de las Tres Bocas. Perón 
encarga al coronel Mercante que informe de su destino al Ministro de Guerra, 
para no rehuir responsabilidades.

         12 de octubre - Se comunica que ha renunciado todo el Gabinete. En 
la Plaza San Martín una concentración del sector oligárquico pide la entrega 
del Gobierno a la Corte Suprema de Justicia.

         13 de octubre - En la madrugada del sábado 13, el jefe de policía, 
coronel Mittelbach, se apersona en el Tigre y el Coronel Perón es detenido 
en el recreo Tres Bocas de las islas del Delta. El subjefe de policía, Mayor 
D'Andrea lo lleva a la cañonera Independencia. Posteriormente es trasladado 
a la isla Martín García. Mercante debe presentarse detenido en Campo de 
Mayo.

          El ex director de delegaciones regionales de la Secretaría de 
Trabajo, al enterarse de la detención del Coronel Perón, se comunica 
telefónicamente con cada Delegación, informando lo ocurrido.

          14 de octubre - Juan Álvarez, el Procurador General de la Nación 
realiza gestiones para tratar de formar un gabinete de conciliación 
nacional.

          15 de octubre - Se deroga el Estatuto Orgánico de los Partidos 
Políticos. Un recurso de habeas corpus interpuesto en favor del Coronel 
Perón es rechazado.

          16 de octubre - En la mañana, la comisión general de la CGT se 
reúne en la sede de los tranviarios (UTA) y tras un largo debate, se aprueba 
una huelga por 24,00 horas a partir de las cero horas del día 18.

           El capitán médico Miguel Ángel Mazza informa al Ministro de 
Guerra que el Coronel Perón padece una antigua afección pulmonar que se 
agrava por la humedad de la isla y que requiere atención hospitalaria. Al 
anochecer del día 16, manifestantes de Avellaneda intentan cruzar el puente 
hacia la Capital. Cerca de trescientos avanzan por Montes de Oca y son 
disueltos por la policía. Siguen llegando: de Villa Urquiza y de San 
Fernando.

           17 de octubre - Ya entrada la mañana, se suman otros que cantan 
"sin galera y sin bastón, los muchachos de Perón", llegan desde Ensenada, 
Berisso, Gerli, Quilmes... El movimiento espontáneo se adelanta a la huelga. 
Son gente extraña para los porteños del centro, son los descamisados.

           En Tucumán, los trabajadores de los ingenios que estaban en 
huelga desde el día anterior, marchan de Lules a Mercedes. Se les unen los 
ferroviarios.

           En Córdoba, los grupos de trabajadores llegan desde Alta Córdoba, 
de las canteras, hacia el centro.

          Perón es traído de Martín García al Hospital Militar Central de 
Buenos Aires en horas de la madrugada. Juan Álvarez presenta la lista de 
candidatos para integrar el nuevo gabinete: Tomás Amadeo, Alberto Hueyo, I. 
Ruiz Moreno, Jorge Figueroa Alcorta y Antonio Vaquer, todos ellos exponentes 
de la oligarquía vacuna.

           17,00 horas: el Gobierno aprecia que no puede dispersar a la 
multitud que ocupa la Plaza de Mayo, pues ya hay más de cien mil personas y 
siguen llegando en camiones de Berisso, Cañuelas, Campana, Santos Lugares. 
El pueblo pide la presencia de Perón. Ávalos hace traer a Mercante para 
tranquilizarlos. Finalmente, los dos van a hablar con Perón al Hospital 
Militar.

            El presidente Farrell se comunica con Perón y éste acepta su 
invitación de concurrir a la Casa de Gobierno.

           A las 23,00 horas Perón llega a la Casa de Gobierno y, por fin, 
sale al balcón. Se escucha la voz de Farrell por los altoparlantes: 
"¡Atención Señores! ... El hombre que por su dedicación y su empeño ha 
sabido ganarse el corazón de todos: el Coronel Perón..." La multitud ya no 
escuchaba las palabras del Presidente, sólo vivaban a Perón.

                     TESTIMONIO DE UN OBRERO QUE LUEGO FUE DIRIGENTE 
SINDICAL.

          A principios de octubre, durante el gobierno de Edelmiro J. 
Farrell, Perón fue obligado a renunciar a todos los cargos públicos que 
ocupaba con el objetivo de desarticular su programa político. Fue detenido y 
trasladado a la isla Martín García. Pero los sindicatos convocaron a una 
concentración en Plaza de Mayo para el 18 de octubre a fin de solicitar la 
libertad y el regreso de Perón. La fecha se adelantó un día y el 17 de  
octubre de 1945, miles de trabajadores provenientes principalmente del 
cordón industrial del Gran Buenos Aires se acercaron a Plaza de Mayo 
reclamando la presencia de Perón. El gobierno debió finalmente ceder a la 
presión popular y el general fue trasladado a la Capital. Por la noche, 
Perón pudo estrenar su saludo con los brazos en alto.

           La gente venía del sur

           Relato testimonial de Sebastián Borro, un obrero que participó de 
la jornada aquel 17 de octubre, aparecido en La Opinión Cultural el 15 de 
octubre de 1972.

           “El 17 de octubre de 1945 me encuentra cumpliendo tareas en un 
establecimiento metalúrgico ubicado en Constitución, sobre las calles Luis 
Sáenz Peña y Pedro Echagüe. Yo tenía entonces 24 años de edad. Mi oficio era 
oficial tornero mecánico… En la mañana del 17 de octubre, aproximadamente a 
las 9, grupos de personas venían desde Avellaneda y Lanús avanzando hacia el 
centro de la ciudad. Pasaron por la calle Sáenz Peña, observaron que había 
un taller mecánico (donde trabajaban 130 personas) se acercaron a nosotros y 
nos dijeron: “Muchachos hay que parar el taller, hay que salir a la calle a 
rescatar a Perón”.

           Las noticias que teníamos en ese momento eran que Perón estaba 
detenido y que todo lo que se hacía era para rescatarlo. Efectivamente, el 
taller paró y la gente salió a la calle. Algunos fueron a sus casas. Pero la 
gran mayoría siguió con los compañeros que venían del sur. Fuimos caminando 
hacia Plaza de Mayo y habremos llegado aproximadamente a las once y media, 
porque en el camino íbamos parando los diversos establecimientos de la 
industria metalúrgica y maderera que había por Constitución.

           A esa hora no había tanta gente como la que hubo por la tarde, 
que cubrió toda la Plaza. En la marcha hacia allí se pintaban sobre los 
coches, con cal, leyendas como “Queremos a Perón”. También sobre los 
tranvías. La gente se paraba y reaccionaba a favor de la manifestación que 
iba a Plaza de Mayo para tratar de cumplir con la idea que tenían los que 
habían organizado eso. Perón había aplicado leyes nuevas y otras las había 
ampliado: pago doble por indemnización, preaviso, pago de las ausencias por 
enfermedad. Eran cosas que antes no se cumplían; hasta es momento, donde yo 
trabajaba, no se cumplía ninguna de esas leyes. Le voy a decir más: creo que 
pocos días antes de su detención, Perón había conseguido un decreto por el 
que se debían pagar al trabajador los días festivos: 1º de mayo, 12 de 
octubre, 9 de julio, etcétera. Recuerdo que uno de los patrones nos dijo 
entonces: vayan a cobrarle a Perón el 12 de octubre (ya estaba detenido). 
Después del 17 de octubre cobramos ése y muchos días más.

          Eran tan reaccionarios los patrones (me aparto un poco del 17 de 
octubre) que en enero de 1946, estando el capitán Russo en la Secretaría de 
Trabajo, la empresa en la que yo trabajaba fue citada tres veces. No se 
había presentado. Tuvo que ser intimado por la fuerza pública a concurrir a 
la Secretaría de Trabajo, donde algunos de nosotros éramos representantes 
del personal; no elegidos, porque no había organización gremial, sino porque 
éramos los más decididos. Uno de los patrones dijo que no tenía tiempo para 
pagar aguinaldo, vacaciones, a última hora. Le contestaron que la ley 11.729 
fue aprobada en 1932. Y que todas las cuentas que no se habían hecho desde 
entonces habría que hacerlas ahora. Efectivamente, el 1º de febrero de es 
año cobramos aguinaldo, pagos por enfermedad y tuvieron vacaciones los que 
quisieron tomárselas.

           Siguiendo con el 17, llegamos a la Plaza; cada vez se hacía más 
entusiasta; había alegría, fervor. Frente a la Casa Rosada empezaron a armar 
los altavoces. Hablaron distintas personas, el coronel Mercante, el doctor 
Eduardo Colom, que fue uno de los últimos oradores. Trataban de ir calmando 
a la gente: por cada intervención de los oradores, la reacción era más 
fervorosa a favor de Perón. Se decía que venían trabajadores del interior 
del país. No lo puedo probar. Recuerdo, sí, que era una tarde muy calurosa y 
la gente se descalzaba y ponía los pies en las fuentes, muchos por haber 
caminado tanto. Concretamente lo que yo presencié era la gente que venía del 
sur. Berisso, Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora. A medida que crecía la 
cantidad, en la Plaza de Mayo aparecían los carteles. Por primera vez yo 
observaba algo igual: nunca había visto una asamblea tan extraordinaria. 
Cuando el coronel Perón apareció en los balcones sentí temblar a la Plaza. 
Fue un griterío extraordinario que nos emocionó de tal manera. Todo parecía 
venirse abajo.

           Unos días antes se decía que Perón estaba gravemente enfermo. Por 
los parlantes se había anunciado que el coronel Perón se encontraba bien de 
salud y que estaba en el Hospital Militar. En un momento, Colom dijo, más o 
menos: “Quédense que vamos a traer a Perón”. Mucha gente gritaba por Perón 
–quizá por primera vez- sin tener todavía conciencia clara de su actividad. 
Porque, además, la gran prensa trataba de desvirtuar la figura de Perón. La 
gente se enteraba a través de los delegados o los activistas pero no por la 
prensa, que casi en su totalidad estaba en contra. Aunque él había hablado 
en distintas oportunidades desde la Secretaría de Trabajo. Y se había hecho 
carne que era un auténtico defensor de los derechos del trabajador.

           Nos causó mucho dolor saber que lo habían detenido pero –en lo 
que respecta a mí y un grupo de compañeros- sinceramente nos considerábamos 
impotentes, porque recién estábamos despertando, después de muchos años, en 
el país. Para otros –quizá- con anterioridad, pero a partir de ese 17 de 
octubre despierta la conciencia para nosotros. Se hace carne que al pueblo 
tiene que respetársele como tal, cosa que Perón proclamaba diariamente. De 
ahí que, si bien nos sentíamos impotentes, podíamos hacer algo: sacar a 
Perón de las garras de la oligarquía y colocarlo en el lugar que 
correspondía para que sea permanente una auténtica justicia. Es decir, ese 
idealismo que teníamos nunca lo habíamos vivido en el país. No creí que iba 
a haber tanta gente en la Plaza; lo que sí pensaba era que el agradecimiento 
del pueblo a Perón tenía que ser auténtico. Pero yo no conocía la reacción 
de la gente, hasta que la viví”.

DISCURSO DEL CORONEL PERÓN DESPUÉS DE SER LIBERADO DEL CAUTIVERIO, FRENTE A 
MILES DE TRABAJADORES QUE RECLAMBAN SU LIBERACIÓN EN LA HISTÓRICA PLAZA DE 
MAYO.

           “Trabajadores: hace casi dos años dije desde estos mismos 
balcones que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un 
patriota y la de ser el primer trabajador argentino. Hoy a la tarde, el 
Poder Ejecutivo ha firmado mi solicitud de retiro del servicio activo del 
Ejército. Con ello, he renunciado voluntariamente al más insigne honor al 
que puede aspirar un soldado: llevar las palmas y laureles de general de la 
Nación. Ello lo he hecho porque quiero seguir siendo el coronel Perón, y 
ponerme con este nombre al servicio integral del auténtico pueblo argentino. 
Dejo el sagrado y honroso uniforme que me entregó la Patria para vestir la 
casaca de civil y mezclarme en esa masa sufriente y sudorosa que elabora el 
trabajo y la grandeza de la Patria.

            Por eso doy mi abrazo final a esa institución, que es el puntal 
de la Patria: el Ejército. Y doy también el primer abrazo a esa masa 
grandiosa, que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en 
la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es pueblo. 
Esto es el pueblo sufriente que representa el dolor de la tierra madre, que 
hemos de reivindicar. Es el pueblo de la Patria. Es el mismo pueblo que en 
esta histórica plaza pidió frente al Congreso que se respetara su voluntad y 
su derecho. Es el mismo pueblo que ha de ser inmortal, porque no habrá 
perfidia ni maldad humana que pueda estremecer a este pueblo, grandioso en 
sentimiento y en número. Esta verdadera fiesta de la democracia, 
representada por un pueblo que marcha, ahora también, para pedir a sus 
funcionarios que cumplan con su deber para llegar al derecho del verdadero 
pueblo.

             Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores. Siempre 
he sentido una enorme satisfacción: pero desde hoy, sentiré un verdadero 
orgullo de argentino, porque interpreto este movimiento colectivo como el 
renacimiento de una conciencia de trabajadores, que es lo único que puede 
hacer grande e inmortal a la Patria. Hace dos años pedí confianza. Muchas 
veces me dijeron que ese pueblo a quien yo sacrificara mis horas de día y de 
noche, habría de traicionarme. Que sepan hoy los indignos farsantes que este 
pueblo no engaña a quien lo ayuda. Por eso, señores, quiero en esta 
oportunidad, como simple ciudadano, mezclarme en esta masa sudorosa, 
estrecharla profundamente en mi corazón, como lo podría hacer con mi madre. 
(En ese instante, alguien cerca del balcón le gritó: ¡un abrazo para la 
vieja!) Perón le respondió: Que sea esta unidad indestructible e infinita, 
para que nuestro pueblo no solamente posea una unidad, sino para que también 
sepa dignamente defenderla. ¿Preguntan ustedes dónde estuve? ¡Estuve 
realizando un sacrificio que lo haría mil veces por ustedes! No quiero 
terminar sin lanzar mi recuerdo cariñoso y fraternal a nuestros hermanos del 
interior, que se mueven y palpitan al unísono con nuestros corazones desde 
todas las extensiones de la Patria. Y ahora llega la hora, como siempre para 
vuestro secretario de Trabajo y Previsión, que fue y seguirá luchando al 
lado vuestro para ver coronada esa era que es la ambición de mi vida: que 
todos los trabajadores sean un poquito más felices.

          Ante tanta nueva insistencia, les pido que no me pregunten ni me 
recuerden lo que hoy ya he olvidado. Porque los hombres que no son capaces 
de olvidar, ni merecen ser queridos y respetados por sus semejantes. Y yo 
aspiro a ser querido por ustedes y no quiero empañar este acto con ningún 
mal recuerdo. Dije que había llegado la hora del consejo, y recuerden 
trabajadores, únanse y sean más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de 
los que trabajan ha de levantarse nuestra hermosa Patria, en la unidad de 
todos los argentinos. Iremos diariamente incorporando a esta hermosa masa en 
movimiento a cada uno de los tristes o descontentos, para que, mezclados a 
nosotros, tengan el mismo aspecto de masa hermosa y patriótica que son 
ustedes.

           Pido, también, a todos los trabajadores amigos que reciban con 
cariño éste mi inmenso agradecimiento por las preocupaciones que todos han 
tenido por este humilde hombre que hoy les habla. Por eso, hace poco les 
dije que los abrazaba como abrazaría a mi madre, porque ustedes han tenido 
los mismos dolores y los mismos pensamientos que mi pobre vieja querida 
habrá sentido en estos días. Esperamos que los días que vengan sean de paz y 
construcción para la Nación. Sé que se habían anunciado movimientos obreros; 
ya ahora, en este momento, no existe ninguna causa para ello. Por eso les 
pido, como un hermano mayor, que retornen tranquilos a su trabajo y piensen. 
Y hoy les pido que retornen tranquilos a sus casas, y esta única vez, ya que 
no se los puedo decir como secretario de Trabajo y Previsión, les pido que 
realicen el día de paro festejando la gloria de esa reunión de hombres que 
vienen del trabajo que son la esperanza más cara de la Patria.

         He dejado deliberadamente para lo último, el recomendarles que 
antes de abandonar esta magnífica asamblea, lo hagan con mucho cuidado. 
Recuerden que entre todos hay numerosas mujeres obreras, que han de ser 
protegidas aquí y en la vida por los mismos obreros; y finalmente, recuerden 
que estoy un poco enfermo de cuidado y les pido que recuerden que necesito 
un descanso que me tomaré en el Chubut ahora, para reponer fuerzas y volver 
a luchar codo a codo con ustedes, hasta quedar exhausto si es preciso. Pido 
a todos que nos quedemos por lo menos quince minutos más reunidos, porque 
quiero estar desde este sitio contemplando este espectáculo que me saca de 
la tristeza que he vivido en estos días.”.- XXX

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