[R-P] Hortencio Quijano, Vice de Perón: ¿Sólo un caudillejo de provincia? - Nac&Pop

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mar Oct 16 20:43:09 MDT 2007


HORTENCIO QUIJANO, VICE DE PERÓN: 

¿SÓLO UN CAUDILLEJO DE PROVINCIA?

Por Cecilia González Espul (*)

Los nombres de Pelagio Luna, Elpidio González,
Hortencio Quijano nos recuerdan la época de la patria
vieja, ya no sé usan más, y no suenan en las listas
actuales de funcionarios públicos, ni representantes
del pueblo. 

Los tres de este ejemplo, aunque hay muchos más,
fueron radicales yrigoyenistas y vicepresidentes de la
Nación. 

Del que vamos a ocuparnos es del último, quizá el más
olvidado de los tres.[1]

Se llamaba en realidad Juan Hortencio. Había nacido en
la estancia “La Ley” a 20 km. de Curuzú Cuatiá,
provincia de Corrientes, un primero de junio de 1884. 

Su padre Crescencio y su madre Teresa Balaguer.
Antepasados tuvo que participaron en la Guerra de la
Triple Alianza. 

Era de los argentinos que no habían bajado recién del
barco.

Realizó sus estudios primarios en Goya,  los
secundarios en el Colegio La Fraternidad de Concepción
del Uruguay y los universitarios en la Universidad de
Buenos Aires, graduándose de abogado en 1908  y en
1909 de doctor en jurisprudencia con una tesis sobre
la Reivindicación. 

Regresó a su provincia y se instaló en Goya, donde
ejerció su profesión, siendo abogado del Banco Nación.
Se dedicó a los negocios agropecuarios, convirtiéndose
en un importante hacendado, siendo uno de los
fundadores de la Sociedad Rural de Corrientes, y del
Banco Popular de Goya, cuyo Directorio integró. 

En el ámbito de la política ingresó a la Unión Cívica
Radical , y en 1919 integró la fórmula de ese partido
a la gobernación de Corrientes que encabezaba el
doctor Miguel Sussini. 

La provincia había sido intervenida por Yrigoyen en
1917, pero ante el llamado a elecciones, la alianza
entre liberales y autonomistas cuya fórmula estaba
integrada por Adolfo Conte y Edmundo Resoagli, impidió
el triunfo del radicalismo.

Ante este fracaso y por motivos personales, su
repentina viudez,  se alejó de la política y se dedicó
a la actividad privada. En la selva chaqueña emprendió
la construcción de una vía férrea de trocha angosta,
que atravesaba sus campos. 

Tarea que le llevó más de diez años, en una ardua
lucha contra los obstáculos de la naturaleza y los
intereses de la compañía inglesa La Forestal. 

Sólo por este hecho merecería la admiración y
reconocimiento de sus compatriotas.

La vía bordeaba el río Bermejo, uniendo la localidad
de Lapachito con la de Colonia  Zapallar  y la realizó
entre los años 1923 y 1935. 

Este ramal pasó más tarde a manos del Estado, como
Ferrocarril Central-Norte. 

Gracias a ello,  mediante combinaciones se vinculaba
con Resistencia, Presidencia Roque Saénz Peña, Buenos
Aires y Salta, Barranqueras, Metán,  lo que
actualmente es imposible. 

El objetivo era el transporte de la producción
agrícola y forestal, algodón y rollizos de quebracho
hacia la fábrica de taninos de La Verde. 

También cumplió a partir de 1934 con el servicio de
correspondencia y poco después con el de transporte de
pasajeros.

También en el Chaco presidió la Sociedad Rural de
Resistencia.

Felix Luna en su ilustrativa crónica sobre “El 45”,
nos deja una sugestiva semblanza de nuestro personaje.
Dice así:

“Quijano era el típico “rubichá” correntino, el patrón
a la antigua, despótico y paternal, arbitrario e
imprevisto. 

Un siglo atrás hubiera podido ser un caudillo
jordanista, violento, ecuestre, chinetero. Sus
bigotazos y su desprolija melena le daban un aspecto
anacrónico, acentuado por el cuello “Palomita” que
solía usar por entonces.

Vestía siempre de negro: sus amigos aseguraban que
cargaba luto permanente por su primera mujer, una de
las más bellas niñas de la ciudad de Goya. 

En Corrientes no había nunca conseguido ascendiente
político: fue candidato a gobernador en una disidencia
antipersonalista, en la década del 20. 

Después sus comprovincianos lo hicieron delegado
invariable al Comité Nacional y allí intimó con
Alvear, que apreciaba sus originalidades.

La oposición intentó ridiculizar a Quijano y aun
subsiste de su persona una imagen excéntrica.

 En realidad era una figura muy interesante: había
construido un pequeño ferrocarril para su estancia en
el Chaco, luchando a brazo partido con los poderosos
intereses de la Forestal, y el mantenimiento de esa
aventura empresaria lo tuvo año tras año al borde de
la quiebra. 

Todo el litoral sabía que para ser protegido de
Quijano bastaba caer a su estancia y pedir trabajo
alegando deber varias muertes. 

El mismo Quijano solía contar que una vez llegó un
correntino de aspecto insignificante; él le preguntó
si había cometido algún delito. 

-Delitos no, che patrón –contestó el hombre-. Maté un
gringo en Alvear y un brasilero en Curuzú, pero
respeto a mi semejante y no soy robador...

Y Quijano estallaba en grandes risas que descomponían
su rostro de cacique toba y terminaba atorándose de
tos y escupiendo un semejante gargajo sobre la más
próxima alfombra...”  [2] 

Este retrato pintoresco de Quijano nos muestra a un
hombre de la patria vieja, un criollo de pura cepa. 

Era radical yrigoyenista, por lo tanto no fue
antipersonalista. 
De esta semblanza quedan pendientes hechos también muy
significativos de su participación política, por los
que merece un lugar destacado en nuestra historia, y
por los que paradójicamente ha sido completamente
borrado de la memoria de los argentinos.

A raíz de la revolución del 6 de septiembre de 1930
que depuso a Yrigoyen retornó a la actividad
partidaria en momentos en que el Comité Nacional del
radicalismo lo presidía Marcelo Torcuato de Alvear.

Para comprender la actuación de Quijano debemos
explicar cuál fue la situación del partido radical en
este período, llamado por José Luis Torres, la década
infame, debido a los sonados casos de corrupción y
peculado, descarado fraude electoral, y  sometimiento
a intereses extranjeros.

La revolución del 6 de septiembre de 1930, encabezada
por el general José Félix Uriburu, depuso a Hipólito
Yrigoyen. 

De un nacionalismo antiliberal y conservador, impuso
la ley marcial y el estado de sitio. Encarceló a los
dirigentes radicales confinándolos a Ushuaia, y a 
Hipólito Yrigoyen a la isla Martín García. 

El único que se animó a defenderlo fue un  senador
radical, el doctor Armando G.Antille, del que ya
hablaremos. La política represiva contra las
organizaciones obreras muestra su inclemencia con el
fusilamiento de dos obreros anarquistas. Se inauguró
la utilización de la tortura, con la picana eléctrica.

En este clima de incertidumbre y violencia, donde se
pensaba que el Partido Radical desorganizado y con su
líder preso carecía de apoyo del pueblo, Uriburu
decidió  llevar adelante una experiencia piloto de
elecciones en la provincia de Buenos Aires, confiando
en un fácil triunfo sobre el radicalismo. 

El 5 de abril de 1931, se realizaron las elecciones
pero sus predicciones fueron equivocadas porque 
triunfó el binomio radical Honorio Pueyrredón- Mario
Guido. 

Este fracaso del plan político llevó al gobierno a la
suspensión del Colegio electoral y la posterior
anulación de las  elecciones.

Al regresar  Alvear  de París el 25 de abril de 1931
presidió el partido, mientras seguía su jefe confinado
en la isla Martín García, y logró reorganizarlo
uniendo a dirigentes personalistas como Adolfo Güemes,
H.Pueyrredón, Ricardo Caballero, Francisco Ratto, y
antipersonalistas como Gallo, Ortiz, Mosca, Saguier y
Tamborini, a través del llamado manifiesto de la
“Junta del City”, hotel donde se hospedaba.

La cuestión era por cuál de los grupos se inclinaría
Alvear. En un comienzo fue por el ala yrigoyenista. 

El fracaso de la conspiración militar de Gregorio
Pomar en Paraná, de la que no participaron las
autoridades partidarias, dio ocasión al gobierno de
perseguir a los radicales, cientos de sus dirigentes
fueron encarcelados, (Alvear deportado). y de paso
vetar la fórmula Alvear- Güemes para las elecciones
nacionales de noviembre de 1931.

El que salió beneficiado fue el astuto General Agustín
P. Justo, de signo político opuesto a Uriburu, quien
sin proponérselo otorgó la posibilidad de triunfo a
quienes en realidad quería combatir, los liberales. 

Estos llegaron al poder  con una alianza de partidos
integrada por conservadores, radicales
antipersonalistas, y el socialismo independiente,
llamada la Concordancia. 

Su fórmula será Agustín P.Justo, Julio A.Roca (hijo).
Los socialistas y demócratas progresistas proclamaron
a Lisandro de la Torre-Nicolás Repetto. 

Los radicales volvieron a su política de abstención
electoral revolucionaria.  

El 30 de enero de 1932 el colegio electoral elige
presidente a Justo y vice a Roca. 

Se inicia así la Década Infame, que duraría hasta la
revolución del 4 de junio de 1943, y abarcaría las
presidencias de Agustín P. Justo-Julio A.Roca, y de
Roberto M. Ortiz- Ramón Castillo.

Como última medida Uriburu otorgó el indulto a
Yrigoyen  que aunque lo rechazó queda en libertad. 

Más de un año y medio estuvo preso, ya anciano, tenía
78 años cuando se produjo el golpe, y enfermo, soportó
con dignidad su destino. 

Cuando regresó a su hogar aconsejó a los radicales que
apoyen a Alvear, a pesar de que éste desde París había
hecho declaraciones en su contra. 

Podemos dividir en dos etapas la actuación del
radicalismo, bajo la conducción de Alvear. 

La primera, de 1932 a 1935, en pleno gobierno de
Justo,  donde se mantuvo la abstención electoral, y
donde se produjeron revoluciones todas fracasadas, y
todas sin la aprobación de las autoridades del
partido. 

La segunda, de 1935 a 1943, que se caracterizó por el
levantamiento de la abstención electoral. 

Esta decisión tuvo funestas consecuencias pues condujo
al partido a la complicidad con el fraude y con los
negociados escandalosos que le dieron el nombre de
infame al período.

Primera etapa (1932-1935)

La Convención Nacional de abril de 1932 decide
expulsar a todos los afiliados que acepten cargos en
el gobierno, defendiendo una postura  intransigente, y
de abstención electoral,  que  conduce a la
revolución. 
Pero gran parte de los dirigentes no tienen una
conciencia revolucionaria, principalmente Alvear. No
así  Güemes, Dellepiane, y  un joven que tendrá gran
predicamento más tarde como Arturo Jauretche. 
La revolución, sin embargo, se produjo, sin la
anuencia, aparentemente de las autoridades
partidarias, pero fue descubierta y fracasó. 
Sus jefes fueron el coronel Atilio Cattaneo, y los
coroneles Francisco y Roberto Bosch. 
Consecuencia de lo cual se declaró el estado de sitio
y cientos de detenciones se realizaron. 
Entre los detenidos figuran el mismo Hipólito
Yrigoyen, Alvear, Güemes, confinados en Martín García,
otros en San Julián, en la provincia de Santa Cruz. A
Yrigoyen al poco tiempo le permitieron regresar a
Buenos Aires debido a lo delicado de su salud,
temerosos de un desenlace fatal y de la sublevación
del pueblo. 
El resto de los radicales estuvieron cuatro meses
presos hasta que Justo decidió el levantamiento del
estado de sitio y la liberación de los detenidos.
Nuevamente se reorganiza el radicalismo, y reunido el
Comité Nacional el 3 de junio reeligió como presidente
a Alvear, y como vicepresidentes a Güemes y Mosca.
Al mes siguiente se produjo la muerte de Hipólito
Yrigoyen. 
Murió recibiendo los sacramentos de la religión
católica, confesión, eucaristía y extremaunción, y
bendición papal impartida por Monseñor de Andrea.
Rodeado su lecho por sus familiares y algunos de sus
correligionarios. 
Sus funerales duraron tres días, rindiéndolo su pueblo
su merecido homenaje. Su familia rechaza los honores
oficiales. Fue un tres de julio de 1933 a las siete y
veinte de la tarde.
La política del radicalismo frente al régimen siguió
siendo la de la abstención electoral, pero la
abstención por sí sola sin la revolución era estéril. 
En realidad le dejó el campo libre a partidos como el
socialismo y el demócrata progresista, que obtuvieron
bancas, gracias a la no participación de los
radicales. 
Por esta razón muchos radicales se inclinaron por el
levantamiento de la abstención, entre ellos Oyhanarte,
quien propuso “el sufragio revolucionario” o “la
revolución por el comicio”. Pero participar en
comicios fraudulentos era convalidarlos.
A fines de diciembre de 1933 se reúne la Convención
Nacional en Santa Fe en donde gobernaban los
demócratas progresistas. La cuestión que se plantea es
la abstención o el levantamiento de la misma. 
El despacho de la mayoría fue categórico : mantener la
abstención intransigente en toda la República.
Mientras se desarrollaban estas deliberaciones, y con
absoluta prescindencia de las autoridades partidarias,
ignorantes de todo, la última insurgencia del
radicalismo intransigente se produce. Sus jefes eran
el Tte. Coronel Francisco Bosch, el mayor Domingo
Aguirre y el doctor Benjamín Ábalos. Gregorio Pomar
debía participar también pero quedó retenido en
Brasil.
Se ocupó Paso de los Libres y Santo Tomé, comisarías
en Rosario y Cañada de Gómez. Pero fueron vencidos por
los efectivos nacionales, y hubo muertos y miles de
detenidos en Capital Federal, Rosario, Santa Fe y el
interior. 
Los convencionales también fueron detenidos en el
buque “Gral. Artigas”, aunque se sabía que eran ajenos
a la revolución. 
El 1 de enero de 1934 quedaron confinados en la isla
Martín García.
Se les dio la opción de abandonar el país. Veintidós
de ellos optaron por el exilio en Europa, entre ellos
su jefe Alvear, ¿cómo no preferir la vida
aristocrática en París, a la sórdida prisión en el
sur? Lisandro Salas, Ernesto Bavio, Carlos Cisneros,
Elías Melópulos, Néstor Aparicio, Manuel Goldstraj,
Florencio Lezica Alvear, son otros que eligen Europa. 

Los que prefirieron la confinación en Tierra del
Fuego, veinticuatro en total, fueron entre otros,
Honorio Pueyrredón, Mario Guido, Ricardo Rojas,
Cantilo, O’Farrell, Mosca. 
Es otra actitud, también muchos de ellos contaban con
suficientes bienes económicos para sostenerse en
Europa.
Controlada la situación por la mano dura de Justo, no
era necesario recurrir al fraude electoral en las
próximas elecciones de marzo de 1934 para renovación
de la Cámara de Diputados y legislaturas provinciales.

El radicalismo se mantuvo en la abstención, el
socialismo triunfó en la Capital federal, en Santa Fe
los demócratas progresistas, en Tucumán triunfaron los
radicales concurrencistas. 
En el resto del país, conservadores y
antipersonalistas.  
Ya tampoco era necesario mantener el estado de sitio,
los presos son puestos en libertad y los exiliados
regresan. Es un hecho repetido. 
En octubre de ese año regresó Alvear. Y nuevamente se
reúne la Convención Nacional. Aquí se produjo el punto
de inflexión. 
El radicalismo abandonó la táctica yrigoyenista y
decidió levantar la abstención electoral, el 3 de
enero de 1935. 
Aunque establecía ciertas restricciones,  a larga no
se tuvieron en cuenta y en poco tiempo se concurrió a
todas las elecciones. 

Segunda etapa (1935-1943)

La conducción de Alvear convirtió al partido radical
en un mero organismo para ganar elecciones. 
Sólo veía la realidad del país a través del
cumplimiento o no del sufragio universal, era una
cuestión que tenía sólo en cuenta el funcionamiento
político formal, pero dejando de lado las cuestiones
económicas y sociales, y no tomando conciencia de la
incidencia de factores externos como el del
imperialismo. 
Para Alvear, como para los hombres del régimen, no
había que oponerse a los grandes poderes
internacionales, negando a los argentinos la
posibilidad de una independencia económica. 
Por ello la participación en los gobiernos del
régimen, no sólo significó la convalidación del
fraude, como el de Fresco en Buenos Aires, sino
también la complicidad con todas las leyes de entrega
y negociados que se realizaron. Pacto Roca-Runciman.
Creación del Banco Central, la Chade, negociados de
los frigoríficos ingleses denunciados por Lisandro de
la Torre. de las tierras de El Palomar, de la
Corporación del transporte,  política petrolera que 
abandonó la defensa de nacionalización y monopolio del
Estado del petróleo por formas de explotación mixta.
Ingreso a la Liga de las naciones. 
Alvear creía que no se podía gobernar el país sin la
aquiescencia de los grandes poderes internacionales,
sin ver la acción corruptora que ejercían en defensa
de sus intereses y en detrimento de los nacionales. 
En ello coincidía con el ministro de la Concordancia
Pinedo que decía: “Somos pequeños satélites en la
órbita de las grandes naciones mundiales.” [3]
Al respecto sostiene John W. Cooke en “Apuntes para la
militancia”: “El radicalismo claudicó ante la invasión
imperialista por dos razones: en parte, porque los
defensores del interés británico escalaron posiciones
y fueron copando los altos organismos partidarios;
pero esto fue posible, en gran medida, porque el
partido no tenía conciencia del problema imperialista
(no tenía conciencia siquiera de que era un problema).
Constantemente los ingleses extendían su control en
los puntos clave de la economía: el radicalismo no
alertó a la opinión, no se escandalizó, no vio que la
Nación estaba siendo desgarrada. Los grupos
entreguistas se encumbraron e impusieron una línea
cada vez de mayor acuerdo con el gobierno conservador:
había reacción interna contra el “contubernio” y
contra algunos casos flagrantes de participación en
escándalos notorios, pero enjuiciados como
transgresiones éticas y principistas, no como
atentados contra la soberanía del país.” [4]
Esta coparticipación con el régimen recibió muchas
críticas de los viejos yrigoyenistas que fueron siendo
desplazados del partido. Ricardo Rojas y Adolfo Güemes
declinaron sus candidaturas a diputados por estas
razones
En el caso de Hortencio Quijano, vemos que como
delegado por Corrientes ante el Comité Nacional del
partido, tuvo decidida participación en el
mantenimiento de una postura intransigente, cuando ya
habían claudicado la mayoría de las otras provincias. 
Así en los comicios de marzo de 1938 para elegir
diputados en 13 provincias, Corrientes fue la única, 
ante lo inevitable del fraude, en negarse a concurrir
a las elecciones, la única en continuar con la
abstención electoral.
Hubo sin embargo muchos radicales que formaron grupos
opositores a la conducción alvearista, pero el que más
se destacó fue el de Forja, Fuerza de Orientación
Radical de la Joven Argentina, que se constituyó en
junio de 1935, bajo la dirección del doctor Luis
Dellepiane, y que integraron entre otros Arturo
Jauretche, Gabriel del Mazo, Homero Manzi, Atilio
García Mellid, Oscar Cuzzani, Conrado Míguez, René
Orsi.
Su primer manifiesto del 2 de septiembre de 1935
denunciaba que se había impuesto en la República “ una
tiranía económica en beneficio de capitalistas
extranjeros, a quienes se les había acordado derechos
y bienes de la nación Argentina, y acusó a las
autoridades del radicalismo por mantener en silencio
estos graves problemas, por el abandono de la
intransigencia histórica con que sostuvo la soberanía
popular contra la dominación de las compañías
explotadoras extranjeras y contra la dominación
política  de las oligarquías internas que sirven a
aquellas organizaciones”. 
“Hoy el Radicalismo está sumido en la arrebatiña en
que algunos de sus representantes subalternizan sus
esfuerzos , a la vez que procuran corromper a la
juventud radical, sustituyendo en su mente todo ideal
de redención nacional por la esperanza de
enriquecimiento personal a cualquier precio.”  [5]
Para pertenecer a Forja había que ser afiliado
radical. En 1940 se derogó esta condición, y la
entidad entró en crisis. 
Algunos radicales como Dellepiane aun confiaban en que
se podía cambiar el partido luchando desde adentro.
Sin embargo su influjo en la formación de una
conciencia nacional antiimperialista fue enorme.  
Con la llegada del peronismo se disolvió, y la mayoría
de sus miembros apoyaron este movimiento.
El levantamiento de la abstención ocurrió cuando aun
no había concluido el gobierno de Justo. La
consecuencia fue el logro de bancas en la legislatura
y en el Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos
Aires, donde obtuvieron una representación
mayoritaria. 
En 1936 dichos concejales votaron favorablemente junto
a los conservadores el proyecto por el que se
legitimaban los abusos y transgresiones cometidas por
la CHADE, compañía inglesa de electricidad, y se
prorrogaba por 25 años más la concesión. Alvear ordenó
votar favorablemente. 
La Compañía sobornó a los concejales para que votaran
a su favor. La campaña electoral del radicalismo y la
construcción de la Casa Radical se financió con
dineros provenientes de la coima. 
Alvear protegió a los concejales chadistas y no se
opuso a que fueran promovidos a jerarquías políticas
superiores.
Mientras tanto las mafias, el juego, la prostitución y
la inmoralidad se enseñoreaban en las grandes ciudades
del país.
En las elecciones de 1938 triunfó la fórmula de la
Concordancia, Roberto M. Ortiz- Ramón Castillo, el
primero radical antipersonalista, abogado de las
empresas británicas, el segundo conservador, en
comicios fraudulentos, como los ocurridos en las
elecciones a diputados en las provincias, donde
participaron los radicales, avalando el fraude. 
La única provincia que se mantuvo en la abstención
electoral fue Corrientes. Su delegado ante la
Convención radical era Hortencio Quijano.
Pero no sólo cometieron fraude los conservadores, la
corrupción había llegado también al seno del partido,
produciéndose el fraude en las elecciones internas del
partido radical de la capital federal. 
Era la “trenza radical” que se beneficiaba con la
obtención de canonjías y puestos públicos en la
Municipalidad.
Dos fueron las cuestiones que ocuparon a los líderes
radicales durante el gobierno de Ortiz. La primera
consistía en la posibilidad que había abierto Ortiz 
de restablecer la normalidad electoral. 
Que lo llevó a intervenir la provincia de Buenos
Aires, gobernada por Fresco, ejemplo del fraude más
desembozado. 
Por lo tanto era preferible esperar a las elecciones
generales de mayo de 1940 y postergar todo debate
ideológico y todo tipo de lucha, para concentrarse
solamente en  la obtención de todos aquellos cargos
que les dejara el fraude, ante la creencia de un
cambio que se produciría desde las esferas del poder. 
El otro tema se refiere al estallido de la segunda
guerra mundial en 1939, que dividió al país en
aliadófilos y germanófilos, siendo los partidarios de
la neutralidad, posición ya sostenida por Yrigoyen en
la primera guerra, considerados como partidarios de
Alemania, y acusados de nazis. Alvear, como no podía
ser de otra manera, era apasionadamente aliadófilo.
Esta posibilidad que el abogado de las empresas
británicas Ortiz ofrecía a los radicales está también
ligada a las conveniencias de Inglaterra. 
Sostiene Félix Luna: “Inglaterra busca fortalecer los
lazos con Argentina proveedora de trigo y carnes.
Conviene un gobierno legal y no sostenido por el
fraude, y un gobierno radical no resultaba peligroso a
los intereses británicos.” [6]
Pero para desdicha de las ilusiones de Alvear, Ortiz
enfermó gravemente, era diabético, y tuvo que pedir
licencia, y posteriormente renunciar al cargo de
presidente, falleciendo al poco tiempo, siendo
reemplazado por el conservador Castillo. 

Las cosas cambiaron. 

Con Castillo se volvió al fraude, cometido a favor de
los conservadores en Santa Fe a fines de 1940,  en
Mendoza, a  principios de 1941, y en Buenos Aires en
diciembre de 1941. A pesar de estos hechos  y a pesar
de las voces de protesta dentro del partido continuó
la colaboración radical con el oficialismo en la tarea
parlamentaria. 
Pero los concejales implicados en el caso de la Chade
fueron absueltos. 
En el negociado de la venta de las tierras de El
Palomar tres legisladores radicales fueron cómplices,
uno se suicida. Cada vez es mayor el desprestigio del
radicalismo bajo la conducción de Alvear. Y en mayo de
1942 pierde las elecciones en la capital federal a
manos del socialismo. 
Al poco tiempo muere Alvear, quien abandonando la
política yrigoyenista, convirtió al radicalismo en un
partido liberal, pro británico, envuelto en hechos de
corrupción y convalidando el fraude. 
La jefatura del partido pasó a Gabriel Oddone de
Córdoba, que marcaba la gravitación del radicalismo
cordobés bajo el liderazgo de Amadeo Sabattini, de un
tinte más nacional e intransigente, que había sido
gobernador de Córdoba de 1935 a 1940. 
Aun así para las próximas elecciones presidenciales
surgieron dos posturas: una que propugnaba la unión
con otros partidos para enfrentar al oficialismo, y
que no trepidó en propiciar la mismísima candidatura
de Justo, pero en enero de 1943 murió, o la de
Ramírez, ministro de Castillo. 
El Movimiento de Intransigencia y Renovación surgido
en Córdoba y del que participaba Arturo Frondizi, se
opuso a la formación de una Unión Democrática (alianza
con el partido Demócrata Progresista y el partido
Socialista)propiciando la proclamación de una fórmula
sólo con radicales. Pero triunfó la postura unionista.

La crisis económica mundial a raíz de la quiebra de la
Bolsa de Nueva York en 1929, tuvo importantes
consecuencias para la Argentina, en el plano económico
produjo la crisis del modelo agrario exportador
llevado a la práctica por la generación del 80.
Nuestro máximo comprador de cereales y carnes, Gran
Bretaña, decidió reducir sus importaciones. 
El pacto Roca-Runciman fue una de las medidas tomadas
por el gobierno para proteger los intereses de la
clase terrateniente. Junto a la creación del Banco
Central y la Corporación de Transportes se anudaron
los lazos de dependencia económica con Inglaterra. 
Pero al disminuir las exportaciones argentinas  hubo
menor ingreso de divisas para importar mercaderías
europeas, por lo tanto hubo que pensar en
reemplazarlas desarrollando industrias en nuestro
país. 
A esta industrialización, se la denominó proceso de
sustitución de importaciones 
Debido a la guerra este proceso se intensificó.  Estos
cambios económicos fueron transformando la sociedad
argentina. 
Uno de los fenómenos más importantes fue el de las
migraciones internas. 
Muchos trabajadores de las zonas relegadas del
interior se desplazaron hacia Buenos Aires y parte del
Litoral, donde se habían localizado las industrias,
proporcionando la mano de obra barata que necesitaban.

La composición de la clase obrera, a comienzos de
siglo mayoritariamente extranjera,  cambió a favor de
los elementos nativos, que apoyarán más adelante al
peronismo. 
En los años anteriores a 1943 llegaron del interior
800.000 personas. Y en ese mismo año el valor de la
producción industrial había superado a la producción
agrícola.
Dentro de este contexto Castillo tomó medidas que
tuvieron un tinte nacionalista, durante su mandato se
adquirieron dieciséis naves italianas, cuatro danesas
y tres alemanas para la marina mercante nacional, fue
nacionalizado el puerto de Rosario y el gas. 
En la Conferencia de Río de Janeiro  de 1942, la
delegación argentina mantuvo la política de
neutralidad frente a la guerra mundial, a pesar de la
presión de los Estados Unidos que habiendo entrado en
la guerra después del ataque japonés a Pearl Harbor,
buscaba que todos los países de América rompieran
relaciones con las potencias del Eje. Castillo es un
caso que merece un estudio más detenido. 
Dice de él Félix Luna: “Procedente de viejas cepas
conservadoras, desdeñoso de la democracia, terco y
autoritario, Castillo era un nacionalista intuitivo
cuya política se cifraba en dos claves: mantener la
neutralidad y no entregar el poder a los radicales.”
[7]
Sin embargo Castillo prohijó la candidatura del
conservador salteño Patrón Costas decidido defensor de
la causa aliada. 
En estas circunstancias se produjo el golpe militar
que depuso a Castillo, el 4 de junio de 1943.-
La logia militar GOU (Grupo de Oficiales Unidos) de
tinte nacionalista, de la que formaba parte, el
coronel Perón, tuvo una influencia decisiva en la
revolución del 43. Dos fueron sus jefes iniciales, uno
por dos días, el general Rawson, y el otro por casi
nueve meses, el general Pedro Pablo Ramírez. 
Este se vio obligado a abandonar la postura
neutralista frente a la guerra, y decretar la ruptura
de relaciones con las potencias del Eje. Falto de
apoyo fue reemplazado por el ministro de Guerra, el
general Farrell. 
La figura más relevante de su gobierno fue la de Perón
como Secretario de Trabajo y Previsión, que reemplazó
al Departamento Nacional del Trabajo, cargo desde el
que llevó adelante una legislación a favor del obrero,
y logró unificar la CGT e institucionalizar el
movimiento obrero. Fue además  ministro de guerra y
vicepresidente. 
Su política obrera y la acumulación de poder pusieron
en su contra a los partidos tradicionales, radicales,
socialistas, conservadores, comunistas, y a las clases
altas, la Bolsa de Comercio, la Unión industrial, los
ganaderos, la prensa,  quienes contaron con el apoyo
del embajador de Estados Unidos, Braden y a ciertos
grupos de ejército. 
Finalmente lo deponen y lo envían preso a Martín
García.
Sin embargo dentro del radicalismo yrigoyenistas Perón
encontró adeptos, y el gobierno de Farrell cuando
fueron desplazados los nacionalistas más
recalcitrantes, formó un gabinete con hombres de esa
corriente. Armando G.Antille, ministro de Hacienda,
Juan I. Cooke, de Relaciones Exteriores y Hortencio
Quijano de Interior, quien reemplazó al general
Perlinger opositor de Perón. 
Fue por el brevísimo tiempo de tres meses, de agosto a
octubre de 1945. Esto les valió ser expulsados del
partido. 
En ese año fundaron la Unión Cívica Radical “Junta
Renovadora” para apoyar la candidatura de Perón a la
presidencia de la Nación en 1946. 
Consideraban que la política de Perón seguía la línea
de Yrigoyen, línea que había sido abandonada por las
autoridades del partido radical.
Quijano se propuso buscar adeptos radicales hacia el
gobierno de facto, pero sin mucho éxito, pues era un
poco un salto al vacío, y conllevaba el ser
considerado traidor por sus correligionarios. 
Félix Luna transcribe un discurso de Perón , ya
presidente electo, en mayo de 1946, donde nos relata
como inició los contactos con Quijano. “Hace un año y
ocho meses se trataba de dar orientación política a la
revolución. Buscamos darle la orientación del viejo
Partido Radical que se había mantenido puro en los
últimos quince años. Así procuramos formar una fuerza
en ese sentido dentro del gabinete, pero debíamos
librar una verdadera batalla dentro del mismo e
hicimos luego un acercamiento con hombres del
radicalismo. Comencé a hablar con políticos de nuestro
país y, después de eso, tras muchas conversaciones con
los más capacitados, me tocó elegir al que debía
ocupar el Ministerio del Interior. Fue el doctor
Quijano, con quien conversé por tercera vez en el
despacho del Ministerio de Guerra. Confieso que no
había encontrado político más identificado con el
pensamiento revolucionario.” [8]
Perón intentó también atraer a uno de los más
relevantes radicales, el dirigente cordobés y
gobernador de esa provincia Amadeo Sabattini, pero sin
éxito. 
Perón, en una entrevista en el despacho del
administrador de Ferrocarriles del Estado, mayor Juan
Cuaranta, le ofrece que el radicalismo ocupe todos los
cuerpos electivos del próximo gobierno, de
vicepresidente para abajo, con la condición que el
candidato a presidente fuera propuesto por el
ejército. 
Sabattini quedó en contestar, cosa que no hizo. Su
postura era que el candidato a presidente tenía que
salir del radicalismo. 
El comentario de Perón ante sus colaboradores, según
cuenta Félix Luna, fue: “¡Este Sabattini no entiende
nada y su cerebro cabe en una caja de fósforos!” [9] Y
en un relato de la entrevista sostiene: ...no me pude
entender con él: era totalmente impermeable. Era un
hombre frío que no tenía ninguna posibilidad de entrar
en una cosa como la nuestra...Él estaba en los viejos
cánones....era un hombre que estaba con las fórmulas
viejas; y en primer lugar él estaba ....¡con
Sabattini! [10] 
Por su parte este admirado dirigente radical por el
autor del libro citado consideraba al gobierno de
facto como: “una dictadura fascista regenteada por los
jesuitas eso no lo duda nadie ni lo he dudado desde la
primera hora”. [11] 
Era imposible que ante ese juicio pudiera acercarse a
Perón. 
Sabattini, consideraba un contubernio una alianza con
los conservadores y más aun con los comunistas. 
El aconsejaba la alianza con las otras fuerzas
democráticas solamente para voltear al gobierno
militar, paro luego presentarse con banderas y
candidatos propios a las elecciones. Sin embargo a
pesar del respeto y admiración de muchos de su partido
no pudo imponer sus ideas. 
La mesa directiva de la UCR, siguiendo la tradición
alvearista, apoyó la unión con las restantes fuerzas
opositoras: los conservadores, los socialistas, los
demócratas progresistas y los comunistas, dando origen
más adelante a la Unión Democrática, que contaba con
el público apoyo del embajador de Estados Unidos,
Spruille Braden. 

Era el contubernio oligárquico-comunista. 

De ella dirá Belloni: “olla podrida donde se
encontraba de todo, desde las olímpicas damas de
beneficencia hasta embajadores extranjeros.”[12]
Sin embargo es interesante conocer cuáles fueron los
argumentos de aquellos que se acercaron a Perón, al
que consideraban un continuador de Yrigoyen,  ante la
claudicación del partido, que los consideró
colaboracionistas y los expulsó. 
Un miembro de la convención nacional de la Unión
Cívica Radical, el doctor Antonio Lilué, presentó al
comité central del partido un proyecto de declaración 
el 3 de agosto de 1946, por el cual sostenía que el
partido radical, “demócrata de masas, nacionalista y
argentinista, reafirma los postulados de  justicia
social, recuperación económica y soberanía nacional,
ante el peligro inminente que representa la conjunción
de las fuerzas reaccionarias, nacionales e
imperialistas ... apoya al gobierno del general Juan
D. Perón, en  tanto no se desvíe de esos propósitos...
No apoyar la obra de gobierno, por la cual hemos
estado luchando durante tantos años, porque no haya
sido efectuada por un gobierno surgido del seno de
nuestro partido, significará haber realizado la mayor
traición al pueblo y al partido.” [13] 
El proyecto no fue considerado y el autor fue
expulsado del partido. Lo mismo le ocurrió a Quijano,
Antille y demás participantes radicales del gobierno
revolucionario.
Los sucesos de octubre de 1945, que marcaron el
comienzo de una nueva época en la historia argentina,
no son tema de este artículo. Sólo haré referencia a
la actuación que le cupo a Quijano como ministro del
Interior en esas cruciales circunstancias, en las que
permaneció en su cargo, mientras otros renunciaban , y
defendió a Perón todo lo que pudo.
En la reunión en Campo de Mayo que tuvo el general
Farrell con el jefe del regimiento el general Avalos,
y demás oficiales, donde se le exigió el alejamiento
de Perón de todos sus cargos, estaba presente también
el ministro Quijano. 
Este fue el encargado de comunicar a la prensa lo
sucedido, pero presentó los hechos de tal modo, que la
defenestración de Perón quedaba como un espontáneo
renunciamiento con el objeto de facilitar el próximo
llamado a elecciones para el 7 de abril de 1946, con
el que se había comprometido el gobierno.
Mientras tanto Sabattini, “el único dirigente opositor
que en ese momento entendía el país”, según Félix
Luna, llegó a Buenos Aires llamado por el general
Ávalos, en tratativas para formar una eventual fórmula
Sabattini-Ávalos, comprometiéndose a rodear con
radicales yrigoyenistas al gobierno de facto, en caso
de que Perón fuera desplazado. [14]
Perón había expresado a sus íntimos, según cuenta
Eduardo Colom: “Todo esto es cosa de ese tanito de
Villa María... Lo ha enloquecido a Ávalos. Le prometió
la Vicepresidencia y ese irresponsable ha jugado el
destino de la Revolución.” [15] 
Perdió una oportunidad histórica, como le señalaron
oportunamente tanto Frondizi como Jauretche, quienes
le aconsejaron que aceptara el ofrecimiento de Ávalos
para evitar que volvieran los conservadores. 
Ello se debió a una interpretación equivocada de la
realidad. Pensaba que Perón, ya detenido en Martín
García, estaba terminado.
La cuestión fue que Sabattini y los que integraron la
Unión Democrática no imaginaron ni comprendieron la
significación del 17 de octubre, y el protagonismo que
tuvo un elemento con que los radicales creían contar,
y que a los conservadores no les interesaba contar: el
pueblo.
Ese pueblo que cambió la historia ese 17 de octubre de
1945 aclamaba a Perón en la plaza con cánticos
fervorosos, y entre ellos uno también dedicado a
nuestro personaje: “¡Perón encontró un hermano,
Hortencio Jota Quiijano!”
Ahora había llegado el momento de la preparación para
la lucha electoral, una lucha bastante desigual,
teniendo en cuenta la coalición de fuerzas e intereses
que debía enfrentar, a pesar del apoyo evidente del
gobierno de facto. 
La Unión Democrática con su fórmula de la bosta, como
la llamaban los muchachos peronistas, “Tambo, orín y
mosca”, fórmula antipersonalista, tenía como lema de
campaña: Democracia contra nazifascismo, como
contrapartida Braden o Perón, cuatro palabras que
sintetizaban dos formas diferentes de comprender la
realidad nacional.
En octubre de 1945, radicales yrigoyenistas
constituyeron la Junta Reorganizadora de la UCR, con
dos delegados por distrito presidida por Quijano, que
luego pasó a denominarse Junta Renovadora. 
Hubo una reñida puja entre Antille y Quijano por la
postulación a la vicepresidencia de la que salió
triunfante Quijano por aclamación, método según Luna
no reglamentario.[16]
Además de los radicales yrigoyenistas apoyaron a Perón
el Partido Laborista de Cipriano Reyes, del que Perón
fue su primer afiliado, los nacionalistas, los
forjistas, y también algunos conservadores y
socialistas.
Hay en Félix Luna, quien refleja la actitud de los
antiperonistas o gorilas como el mismo reconoce que
fue en su juventud, un juicio no sólo peyorativo sino
también erróneo sobre Hortencio Quiijano. 
El juicio erróneo, que lleva implícito un tiro por
elevación a Perón, es el de considerarlo como un
alvearista. 
Perón sólo podía tener afinidad con los radicales de
tradición yrigoyenista, como lo fue en realidad
Quijano. 
Su militancia en el radicalismo de Corrientes fue
durante la primera presidencia de Yrigoyen, donde
integró la fórmula radical para gobernador de la
provincia que fue vencida. 
Luna sostiene erróneamente que era una disidencia
antipersonalista, cuando ésta surgió después, durante
la presidencia de Alvear. 
En ese tiempo Quijano se dedicó a la actividad
privada. 
Participó nuevamente de la política partidaria, luego
de la caída de Yrigoyen, durante la jefatura de
Alvear, pero eso no significa que fuera
antipersonalista o alvearista. 
Vimos como Corrientes se mantuvo en la abstención
electoral, ya abandonada por el partido, cuando
Quijano era delegado de dicha provincia ante el Comité
Nacional.
Por eso consideramos una interpretación falsa o mal
intencionada cuando dice: “...los radicales de la
Junta Renovadora...sólo podían aportar la exaltación
de la tradición yrigoyenista, lo que en muchos casos
resultaba insincero como ocurría con Quijano, que
siempre fue alvearista.” [17] 
Para completar su desvalorización de esos radicales
que se jugaron por Perón, en un momento nada fácil,
sostiene: “Los nacionalistas podían aportar a su
campaña el ingrediente intelectual que no podían darle
los caudillejos radicales de Quijano ni los dirigentes
sindicales” [18]. 

El cronista, Félix Luna, sangra por la herida.

En febrero de 1946 se realizaron las elecciones y
triunfó la fórmula peronista. Otra visión de Quijano
daban los primeros peronistas de entonces. 
El periódico “Oratoria, una voz llana y lisa del
pueblo que no se vende”, vocero del Centro de Oradores
Juan D.Perón”, dirigido por Atilio Pingitore, en su
N°1 del 4 de junio de 1946, retrata al vicepresidente
de la Nación de la siguiente manera: 
“Identificado con la Revolución desde el primer
momento,....puso no sólo su energía extraordinaria al
servicio de la “Causa”, sino también su lucidez,
serenidad, su inteligencia y hasta vertió en ella toda
la magnanimidad de su corazón gaucho y patriota.
Verdadero piloto de tormenta, como se le dio en
llamar, el doctor Quijano ha sido una revelación para
el país. ....Confiémos en él, augurémosle en la nueva
etapa de la Revolución, que el acierto lo premie y lo
distinga ante Dios y la Patria.” pág.4
En el ejercicio de la vicepresidencia presidió la
misión especial argentina a la transmisión del mando
presidencial en Chile, donde fue distinguido con la
Gran Cruz de la orden del Mérito de ese país. 
De acuerdo con la política de Perón de integración
hispanoamericana, se destacó en la profundización de
las relaciones con Brasil para crear el ABC. 
Como presidente del senado, en 1947, participó en el
juicio político a los jueces de la Suprema corte de
Justicia y en la destitución de los jueces Antonio
Sagarna, Benito Nazar Anchorena y Francisco Ramos
Mejía, jueces de la oligarquía. La defensa del juez
Sagarna estuvo a cargo de Alfredo Palacios. 
En un entredicho con Quijano, éste niega al diputado
socialista ingresar al recinto y lo obliga a
presenciar la sesión desde el palco. 
La oposición buscó siempre ridiculizarlo y Américo
Ghioldi desde el periódico La Vanguardia, lo apodó
Jazmín, en alusión a su nombre de pila.
En 1947 le fue encomendada la presidencia de la
campaña contra el agio, la especulación y los precios
abusivos. 
En 1952 integró nuevamente la fórmula encabezada por
Perón, ante el histórico renunciamiento de Evita,
triunfando en los comicios sobre la fórmula radical
Balbín-Frondizi. 
Pero su salud estaba peor que la de Eva. Murió poco
tiempo antes que ella, a los 68 años, el 3 de abril de
1952. 
Ocurriendo la paradoja , que le tocara a Evita ocupar
su lugar en las ceremonias de asunción del mando.
En las honras fúnebres el ministro del Interior Angel
Borlenghi expresó: “Con el doctor Quijano parten casi
setenta años de argentina vivencia, de gaucho sentir.
De cepa criolla... fiel a su destino de criollo, de
hombre íntimamente ligado por su urdimbre
temperamental a las cosas de esta tierra, que el
quería entrañablemente.”
El presidente del Sanado, contraalmirante Tessaire
coincidía al decir: “expresión noble y auténtica de
las más puras esencias de nuestra tierra.” 

Conclusión

La política de pactos, acuerdos y alianzas ha sido una
constante en la historia política argentina. 
Uno de los más recordados fue el Acuerdo entre Roca,
Mitre y Pellegrini, el mismo consistía en evitar la
lucha electoral repartiéndose los cargos antes del
comicio. 
Contra esa burla a la voluntad popular se levantó la
voz intransigente de Alem, lo que dio origen a la
división de la Unión Cívica y la creación de la Unión
Cívica Radical, en 1892. 
Otro hecho semejante fue la alianza de los diputados
“galeritas” o antipersonalistas con los conservadores,
en contra de los personalistas o yrigoyenistas,
durante el gobierno de Alvear. 
Esa alianza con los hombres del régimen “falaz y
descreído”, Yrigoyen la denominó “contubernio”.
Estos mismos hombres luego de la caída del viejo
líder, se unirán a los conservadores en la llamada
Concordancia. 
Triunfaban sólo por el fraude o por la abstención del
radicalismo tradicional. 
La conducción de Alvear eliminó a los seguidores de
Yrigoyen del partido, y abandonó sus principios. 
Lo importante era ganar elecciones y obtener cargos,
participar del festín en el que se rifaba la patria. 
No todos los radicales quisieron formar parte de esa
comparsa, algunos pretendieron luchar desde adentro, y
otros fueron expulsados del partido cuando
participaron del gobierno revolucionario del 43, como
fue el caso de Quijano, Antille, Cooke(p), quienes
luego ocuparan distintos cargos en el gobierno de
Perón. 
Fueron hombres que no estaban guiados por intereses
personales, por la ambición de los cargos y las
prebendas, no fueron fruto de especulaciones
partidarias y componendas, de contubernios como diría
Yrigoyen.  
En la actualidad no se usa ya la palabra acuerdo, sino
consenso, o concertación plural, pero el tema sigue
siendo el mismo: ¿cómo ganar las elecciones? No se
busca someterse a la voluntad soberana, a lo que el
pueblo quiera. 
Se busca por medios artificiales, por componendas o
contubernios lograr el objetivo que todos los que
están en la carrera política quieren: los cargos y en
definitiva el poder. 
Los discursos de los que tienen posibilidad de
triunfar son intercambiables, por eso pueden formar
parte del gobierno, o de las listas de candidatos, 
hombres provenientes de diferentes partidos.  
Muy distinta fue la actitud de hombres como Hortencio
Quijano, que apoyaron la formación de un nuevo
partido, o movimiento, que muy bien puede considerarse
la continuación del iniciado por Yrigoyen en 1916,
expresión de un nacionalismo popular.
La situación actual nos muestra la disolución de los
dos grandes partidos políticos tradicionales: el
radicalismo y el peronismo. 
Ambos están fragmentados y realizan diferentes
alianzas en que todo está mezclado como el Cambalache
de Discépolo, obra que escribió en plena Década
Infame. 
¿Quiénes actúan como concordancistas, quiénes cómo
alvearistas? 
Al que le quepa el sayo que se lo ponga. 
Pero los argentinos debemos encontrar un nuevo camino
como el que marcó Forja y José Luis Torres en su
momento, y que tuvo en Hortencio Quijano a uno de sus
ejecutores.

(*) historiadora

N&P: El Correo-e de la autora es Cecilia González
Espul cgespul en yahoo.com.ar 



"Cuando maduró y se reconoció en motivos, en guías desconocidas de su propia vida, en su escasa propia libertad, gastó su adolescente madurez en conocerse, trató con analistas y psiquiatras, tarotistas y decidores de la ventura, habló con amigos no sin cierta desconfianza, leyó, preguntó a sus padres y a algún profesor de su exquisito aprecio, abrió una ventana, se recostó, cerró los ojos, acordonó su pasado largo, tachó razones, y recordó un pasaje de un cuento que decía que el hombre tenía motivos desde antes de escribir historia y que por eso, tal vez no era preciso el intentar reconocerlos. Esa noche durmió bien y a la otra noche, después de dar a luz, murió. "



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