[R-P] (6) Universidad y colonialismo [Capítulo III] Peronismo y Socialismo - JJHA - 1972
Marcelo Felipe Gil
mfelipegil en yahoo.es
Vie Oct 12 21:20:28 MDT 2007
UNIVERSIDAD Y COLONIALISMO
En la crisis del colonialismo, al igual que el resto
de las instituciones, la Universidad es precipitada al
caos general. La Universidad, en los períodos de
alteración histórica, es la manifestación más
revoltosa del descontento social. Jamás la Argentina
ha conocido una conmoción universitaria tan profunda
como la actual. Huelgas estudiantiles, tomas de
Facultades, rectores, decanos y profesores mediocres
desautorizados por los estudiantes, planes
ministeriales inaplicables, restricciones con
criterio excluyente de clase al ingreso de
estudiantes, revueltas en los claustros, revolución
ideológica de la juventud, cátedras dictadas en las
calles, repudio al sistema de enseñanza oficial,
conferencistas como Alsogaray, Frondizi, Frigerio,
Borda, agredidos de palabra y de hecho,
desjerarquización de la enseñanza superior, asambleas
de padres, barricadas, bombas, hacen de las
Universidades estatales y privadas verdaderos campos
de batalla, de anatemas y rupturas generacionales
entre profesores y alumnos, entre padres e hijos. El
colonialismo ha alborotado la Universidad reducto
sagrado de la clase media. Y prendido otro foco de la
resistencia nacional.
Ya se ha explicado este proceso de nacionalización de
la clase media. En la Argentina el imperialismo,
después de 1955, le ha clausurado a la clase media
toda perspectiva económica. Dañada en su precario pero
orgulloso "status social", desinflados sus mitos
culturales, sin oportunidades de ascenso material,
desencantada y sin oportunidades, la clase media que
siempre ha jugado en la Argentina un papel
estabilizador, se ha visto forzada a la defensa de sus
intereses sociales. Uno de los baluartes -y de los más
estrepitosos- de la oposición a Perón, fue la
Universidad. Desde 1945, y aun antes, pero sobre todo
a raíz del 17 de octubre de 1945, los estudiantes
combatieron sin tregua al gobierno nacionalista,
democrático y de masas, que rompió con el
imperialismo. La clase media nada vio. Y lo que es
peor, imaginó fantasmas: fascismo, tiranía,
plebeyismo, odio a la cultura. Endiosó a los
catedráticos de la entrega, a los profesores
"democráticos", desenterró el gorro frigio. Para
aquella generación estudiantil la cultura había sido
profanada por la negritud provinciana, por la
"barbarie" sarmientina resucitada. Nunca estuvieron
tan unidas las capas medias universitarias como contra
Perón. Aún más que contra Yrigoyen. Y este paralelismo
no es fortuito. En ambos casos, la libertad aparecía
ante la clase media, ultrajada por el ascenso del
pueblo. Millares de estudiantes, utilizados como un
rebaño, al caer Perón ondearon banderas argentinas en
la Plaza de Mayo. Aquella tarde luctuosa para el
pueblo fue un día de gloria para la antipatria. El
estudiantado, brigada de choque generacional movida
por la antinación fue antiperonista en su casi
totalidad. Educado en las fábulas europeas del
colonialismo, en la veneración de la Constitución de
1853, en la adoración a lo extranjero, en el odio
religioso al nazismo, en el rastacuerismo de los
padres, militó con las grandes mentiras a cuestas
contra el pueblo. Un pueblo que no admiraba a Europa
ni era nazi y que, simplemente, en su ostracismo
colectivo de décadas, pedía una Argentina para los
argentinos.
El estudiantado se alzó airado contra ese
nacionalismo de las masas. Poco duró el idilio
"democrático". A partir de 1955, la acometida
imperialista derribó las ilusiones estudiantiles,
arrancó a esa juventud del sueño democrático. Desde
1956 en adelante, la Universidad ha sido testimonio
de fragorosas batallas en Buenos Aires, Córdoba,
Corrientes, Tucumán, Mendoza, Chaco. En todo el país.
Se trata de una rebelión nacional de la juventud.
Aquella clase media de 1955, hoy lanza a todos los
vientos, consignas que trágica e irónicamente, son las
mismas que combatió: unión con los obreros y retorno
de Perón. Con este añadido: el peronismo, que jamás
pudo hacer pie en la Universidad, desde hace pocos
años, en un repunte sorprendente, ha irrumpido en las
casas de estudios, e incluso, centros de estudiantes
que no se declaran partidarios de Perón, en especial
los comunistas, marchan junto con el peronismo y
contra el imperialismo.
La actual generación estudiantil ha dado un paso
resuelto hacia la toma de la conciencia nacional. Los
jóvenes, junto a su transformación política, que es la
negación más agresiva de las posiciones asumidas por
las promociones anteriores de 1945-1955, han abjurado
de sus padres, en gran parte, por desencuentros que
giran alrededor de Perón. Del "tirano sangriento" de
ayer transfigurado en el patriota de hoy. Educados de
niños en ambientes adversos al peronismo, al entrar en
la edad juvenil, aquellas enseñanza de los padres,
aquellas vanidades estúpidas de la clase media,
aquellas metáforas "libertad", "demagogia", "chusmas",
"cabecitas negras", han demostrado, como sucede en los
países coloniales, que debían deletrearse al revés. O
sea que "libertad" era opresión imperialista;
"democracia" fusilamientos y proscripciones;
"totalitarismo peronista" un experimento sin par de
independencia nacional; "chusmas" las masas obreras;
"cabecitas negras" nuestros provincianos montoneros
de ayer; "demagogia" participación de los
trabajadores en la historia del país y nacionalismo
contra la oligarquía sin nacionalidad, sin patria. En
suma, liberación nacional.
Conviene recordar estas desventuras. De cualquier
modo, si la Universidad se resquebraja es porque la
clase media se nacionaliza. De esa clase media
proceden mártires del pueblo, torturados o muertos
por la patria. La Universidad representa todavía "al
colonialismo, pero ya el estudiantado pertenece al
país. Ha sido, sin duda, una experiencia
escarmentadora. Esa clase media, vive ahora lo que el
peronismo denunció y combatió mucho antes: la
ferocidad represiva del colonialismo. Hora era ya que
el estudiantado argentino se afirmase en el país. Que
renegase de una historia falsificada, de una enseñanza
falsificada, de una Universidad falsificada. De la
violencia imperialista ha nacido la joven generación
argentina. El símbolo de la Universidad sacramentada
se ha partido como una estatua de yeso. No hay
Universidad Nacional en un país colonial. Tampoco
Universidad autónoma en país alguno. Ni en los
capitalistas o socialistas. La cuestión debe
plantearse en términos rigurosos. Sólo la abolición
revolucionaria del colonialismo devolverá a la
Universidad no su autonomía sino su misión nacional.
Es decir, su autonomía real frente a la servidumbre
extranjera. Esa es la única autonomía por la que hay
que luchar. La autonomía del país. La Universidad, en
los países coloniales, no es autónoma. Es una
repartición administrativa sostenida por el Estado,
con profesores pagados por el Estado, con planes de
estudio emanados del Estado. La Universidad es un
disfraz del imperialismo cultural. Desarraigar al
estudiante americano de la tierra, transformarlo en
europeo o norteamericano, esa ha sido la tarea no
autónoma, sino servil, de la Universidad. La
Universidad es el manto espiritual de la factoría. Esa
Universidad formó a millares de argentinos en el
consentimiento de la incapacidad de nuestros pueblos.
Y por tanto de los iberoamericanos y del hombre
argentino. Durante décadas, esa política de desplante
cultural, se afincó como parte indivisa del esplendor
oligárquico. El resultado fue una clase media
intelectual sin fe en el país. La Argentina prefirió
lo europeo universal que no existe a lo argentino
singular que existe. Una cultura europea que fue un
traumatismo espiritual, que miró a Europa, admiró lo
extranjero, fue obsequiosa con lo extraño y
avergonzada de lo autóctono. Una Universidad
colonizada. Como la clase social que la fundó. Y una
Argentina sometida sólo podía prohijar argentinos
sometidos. La Universidad, en un país colonial, no
tiene por norte la cultura nacional sino su
enroscamiento a la filosofía de los colonizadores.
Cuyos pregoneros nativos, aún hoy, alegan las tesis de
Sarmiento "civilización y barbarie". Y en esta trampa
cayó la clase media argentina.
LA REFORMA DEL 18
La Reforma Universitaria, nacida en Córdoba en 1918,
significó un progreso contra el dogmatismo
eclesiástico que enrarecía la Universidad oligárquica.
O como dijeran los hombres del 18, la aprisionaban en
una "inmovilidad senil". La concepción teológica de la
Iglesia concordaba con el conservadorismo liberal de
la oligarquía. Esto no es una paradoja. Liberalismo y
conservatismo, en un país colonial, son la misma cosa.
La Reforma del 18 proclamó la verdad americana pero
fue europeísta y olvidó lo principal, que la Reforma
fue posible por el triunfo de H. Yrigoyen, un
gobernante de raigambre nacional, y dentro de las
restricciones de su tiempo y los intereses sociales
que representaba, antioligárquico y antiliberal. La
Reforma del 18 intuyó el hecho americano pero no tuvo
conciencia del hecho nacional. Terminó como enemiga de
Yrigoyen. Un gobernante americano. La Reforma del 18
fue un impulso renovador a medias. Habló a los
obreros. Pero no entendió al pueblo, a las masas
rurales y urbanas que seguían al esfumado pero
auténtico caudillo federal. Tampoco, la generación del
18, entendió a ese pueblo provinciano que, junto a la
primera generación inmigrante -que por otra parte
reivindicaba otros derechos-, yacía aplastado bajo las
ruinas de las guerras intestinas del federalismo y las
montoneras, de la resistencia vencida del interior
contra Buenos Aires. La Reforma expresó su justificado
repudio al orden eclesiástico, pero cayó en otro
dogmatismo, la cultura europea de corteza. Aplaudió a
la Revolución Rusa de 1917. Pero no entendió, no
miró, no creyó en lo argentino. Esta manera de pensar
progresista en la forma, antinacional en los hechos,
no libró de sus ataduras espirituales a los
estudiantes. Fue universal cuando hacía falta un
ideario nacionalista. Y en tanto clase social oriunda
de una inmigración reciente, siguió identificada con
Europa y no con el país. Tuvo, la Reforma del 18,
conciencia de la prepotencia imperialista. Pero sólo
vio a EE.UU. Y no a Inglaterra. De este modo
permaneció congelada en el esquema político y cultural
de la oligarquía. El Manifiesto de 1918 no alude una
sola vez a Gran Bretaña. Con ideas de vanguardia, como
la misma inmigración de la que provenía, no fue más
allá, aquella generación del 18, de las libertades
abstractas de la Constitución de 1853 de la
oligarquía, o de los partidos políticos de izquierda
que esa misma oligarquía tuvo siempre a su vera como
bastardos consentidos y a un mismo tiempo
desestimados. Al atacar a la Iglesia, la factoría
británica, fue desde Roca, formalmente anticlerical
pero conservadora en materia religiosa.
Explícase así que el rector propiciado por los
estudiantes, perteneciese a una familia cordobesa
aristocrática, unitaria, roquista, liberal y católica.
En efecto, Enrique Martínez Paz, representaba las
tendencias liberales de la Iglesia. De la Iglesia de
León XIII. El régimen supo amansar las insurgencias
reformistas y ponerlas a su servicio. Primero contra
Yrigoyen. Después contra Perón. Una vez lanzada contra
Yrigoyen, la FUÁ, acusada de "marxista" poco después
de ser utilizada por la Revolución de 1930, varias
décadas más tarde, fue aprovechada contra Perón por la
Revolución Libertadora. Y otra vez se la vapuleó por
"comunista". Una Federación Universitaria reformista
que fue el impulso juvenil de la Unión Democrática en
1945. De Braden contra Perón. Del mismo modo que
aclamó al ultracatólico Lonardi y a los "libertadores"
Rojas y Aramburu. Defensora de la Universidad moderna,
al desplomarse Perón, exigió una educación
científica. Y tuvo éxito. Una Universidad científica
norteamericana. Después de Perón, el reformismo
recibió el golpe de gracia por parte de un reformista.
El presidente Frondizi que auspició las universidades
privadas católicas. Y, al mismo tiempo, la
Universidad estatal, bajo los subsidios
norteamericanos, entró en el círculo de EE.UU., por
decisión del mismo Frondizi.
Pero la FUA, que ya asistía a la crisis de su
ideología de importación, seguía antiperonista. O
sea, antinacional. Había combatido con petardismo
panfletario a EE.UU. y al mismo tiempo a un
gobernante antiyanqui y antibritánico. A Perón. No
entendió al pueblo. Se enardeció cuando ese pueblo,
frente a la traición de los universitarios, de los
rectores, decanos y profesores de la "década infame",
opuso la alpargata a la cultura. No por despecho
hacia la cultura sino a la oligarquía argentina
vendida al imperialismo. Era un pueblo sin libros pero
enraizado en la tierra. En la Argentina de aquí. No en
la Argentina cultural que nos imponían en préstamo
desde afuera. Y la enseñanza "científica" resultó ser
la Universidad "apolítica" ordenada por el coloniaje.
Este plan ha fracasado. El estudiantado argentino,
desengañado del reformismo, empuña otras banderas.
Pero ese estudiantado ha debido transitar primero por
la experiencia de la Comisión Nacional de Apoyo al
Desarrollo Económico (CAFADE). La forma analógica y
gemela del "sindicalismo libre" de la APL-CIO en el
campo gremial. ¿Qué se propuso EE.UU. con CAFADE? Los
estudiantes hoy lo saben. CAFADE tuvo por meta la
formación de técnicos argentinos para empresas
extranjeras. Técnicos agrarios, atómicos, militares,
etc. Además, la preparación y difusión de planes
"desarrollistas" norteamericanos. Un buen ejemplo de
esta ciencia "apolítica" fue Gino Germani, campeón de
una sociología neutral. Y hoy profesor en EE.UU. Una
sociología subvencionada por la Alianza para el
Progreso. La Universidad, pues, no es nacional. Es
una oficina de funcionarios administrativos y técnicos
de las empresas extranjeras. De becados en EE.UU. por
fundaciones privadas. Esto es, por los monopolios
norteamericanos. Una enseñanza correlativa a los
planes de EE.UU. Por contraste, el estudiantado se ha
nacionalizado. A la arremetida del imperialismo
responde con huelgas y motines populares. En 1966, los
conflictos estudiantiles adquirieron tal virulencia,
que la autonomía universitaria, una comedia en la que
todavía los estudiantes creen, fue suprimida por la
ley 16.912 que prohibía la actividad política en los
claustros. A raíz de esta medida, la militancia de los
estudiantes se enardeció. La designación de
autoridades y profesores, provenientes de le derecha
liberal, liados a las empresas extranjeras y grupos
económicos afines, ha agravado la situación. Con el
gobierno de Onganía se tornó más nítido el contenido
clasista de la Universidad a través del plan oficial
enfilado a hacer inaccesibles los estudios a las
capas de pocos recursos. Estas medidas, asociadas a
otras accesorias, tuvieron un efecto no previsto por
el ministro Borda. Por primera vez, el estudiantado,
desde 1955, miró hacia el peronismo. La clase media
descubrió a los trabajadores argentinos. La
penetración imperialista, en resumen, quebró
económica y mentalmente a la clase media, puso en tela
de juicio los valores culturales en que la nueva
generación había sido educada. Esa generación,
crecida en medio del desencanto de una democracia
prostituida, se afirmó en el país. La comprensión del
fenómeno colonial se proyectó, ya no como radiofotos
que venían del Asia con sus escaparates de
hambrientos amarillos, sino como indignación ante el
espectáculo de parias más cercanos, niños
provincianos, obreros sin trabajo, militantes
picaneados. La deshuesada verdad de la Universidad,
filial del imperialismo, fusionó al estudiantado con
el pueblo. Y este avizoramiento del país, contra los
prejuicios de los padres y la propaganda, se llamó
peronismo. En lugar de arrancarlos de la política, de
apartarlos de la Argentina, la Universidad los
arremolinó contra la colonización. Nada quedó -y esto
el estudiantado lo vivió en la realidad- de la
iconografía "democrática" de la generación de 1955. La
autonomía universitaria era una ficción. El gobierno
tripartito, la libertad de cátedra, mostraron su
falencia. Y el rostro de una Universidad
reaccionaria, clasista, antinacional, destiñó aún más
los ajados emblemas de la Reforma del 18. No sólo el
liberalismo colonial, después de Perón, mostró su
esencia de clase, su colaboración y dependencia
humillantes. La Universidad apareció en su naturaleza
real a la luz del día.
El año 1966 fue culminante. El gobierno demostró que
su finalidad era integrar la Universidad dentro del
diagrama extranjero. Y el despotismo de los militares
en el poder no fue otra cosa que la presencia y
dominación de EE.UU. El fruto de esta confirmación
fue el reencuentro obrero estudiantil. La liberación
nacional convirtió a la Universidad neutral en
beligerante. Este oleaje puso también al desnudo a la
Iglesia. Las Universidades privadas aparecieron como
lo que eran, otro de los medios utilizados por el
imperialismo para dividir a los estudiantes. Muchos
jóvenes católicos viraron decepcionados de las
Universidades privadas a la estatal. Y de la
Universidad oficial a las barricadas. La mejor
juventud argentina ha recobrado, por estas vías
entrecruzadas, no la autonomía universitaria, sino la
autonomía frente a sus padres y las instituciones
oficiales o privadas de la Argentina muerta. No se
trata de una rebeldía "comunista" sino de la quiebra
del colonialismo en el campo de la educación. Es una
subversión nacionalista con orientación de izquierda.
Incierta sin duda. Pero ya argentina y americana. La
misma FUÁ se ha fraccionado rebalsada por las
tendencias nacionalistas del estudiantado. En el
Congreso Extraordinario realizado en el año 1970,
predominaron las corrientes internas nacionales, que
demuestran, asimismo, una nacionalización de las
izquierdas universitarias, ligadas desde hace décadas
al P. Comunista, cuya férrea disciplina no logra ya
imponer sus consignas vacías de contenido nacional.
Es una juventud que resiste al Ejército, se acerca al
pueblo. Si en 1918, la juventud combatió al
escolasticismo universitario, ahora desarticula al
oscurantismo colonial presentado como cientifismo puro
o humanismo cristiano. Esa juventud no cree en sus
profesores. Los denuncia como cómplices del sistema y
enemigos del país. El profesorado universitario ha
vuelto a ser lo que siempre fue. Una casta gris. Una
inteligencia donde el colonialismo puro se une a la
más pura indignidad de la cátedra. El estado colonial
determina a la Universidad, la refrigera en la
mentalidad de la factoría, la segmenta de la realidad
en fermentación. Sólo la transformación del Estado
puede reformar la Universidad e incorporarla a la
proeza de la independencia nacional. No es posible
concertar la autoridad del magisterio con su
culpabilidad política. Por el solo hecho de acercarse
al peronismo el estudiantado hoy comprende al país. En
el profesorado se encofra la desnacionalización de la
inteligencia argentina. Ahora el estudiante aprende
lo que el obrero sabe de memoria. Que ellos como
estudiantes, como mediadores intelectuales del
sistema, como futuros egresados, están también
condenados a la explotación, a la competencia en el
mercado intelectual, a la sumisión al gerente
extranjero, a la aceptación del país derrotado.
En la Universidad la libertad de la cultura es un
fraude. La enseñanza impartida desde la Universidad
choca con la dependencia al imperialismo. Todo
estudiante sabe, de algún modo, que la educación que
recibe no coincide con el país. Con sus exigencias
históricas. Le han puesto como ideal la Universidad
norteamericana. Y en los hechos comprueba la falta de
libertad frente a EE.UU. Le hablan del "apoliticismo"
de la enseñanza académica, pero se encuentra con un
país removido por la violencia política.
La Universidad -como el Ejército- es parte del país. Y
el colonialismo a todos descentra y afecta. El
estudiante se ve ante el dilema de elegir entre el
trabajo sin título y el título sin trabajo o mal
remunerado. Sólo la clase alta y las capas medias
acomodadas defienden esa Universidad. Una carrera
universitaria es un lujo económico y una distinción
social. El estudiante lo verifica todos los días. La
deserción estudiantil tiene por principal causa el
empobrecimiento de la clase media. Los que terminan
sus carreras, si tienen suerte, son contratados como
tecnócratas en compañías extranjeras que les imponen
una disciplina de autómatas bajo el espíritu
capitalista de empresa. Empresas en las que, por lo
general, los egresados argentinos desempeñan a bajo
costo tareas inferiores a los conocimientos
adquiridos. Si tienen talento son contratados en el
extranjero. Por EE.UU., en particular. El
imperialismo no sólo succiona las riquezas del país
colonial sino que expropia sus mejores inteligencias.
Que es otra manera de extenuar al país. De hacer
extranjeros a los técnicos argentinos obligados a
emigrar. Pero el sentido verdadero de la Universidad
está en que la enseñanza no la recibe el más apto sino
el más pudiente. El sistema educativo tiende a que la
mayoría de los argentinos no traspase la escuela
primaria o estudios medios elementales. La
Universidad, por eso, exige una reforma total, que no
es tarea, como ya se ha dicho, de la Universidad sino
del Estado-Nación libre de las ataduras coloniales, o
sea de los préstamos internacionales que afloran en
los planes de estudios.
Un diario de Buenos Aires, en 1972, publicó el
siguiente comentario acompañado de cifras
estadísticas:
LA DISTRIBUCIÓN DEL CRÉDITO DEL BID EN LOS CENTROS
DE EDUCACIÓN SUPERIOR
Un crédito del Banco Interamericano de Desarrollo
(BID) por 40 millones de dólares, será el tema central
de la reunión del Consejo de Rectores de Universidades
Nacionales, que comenzará el jueves próximo.
El crédito comprende a nuevas casas de altos
estudios. No interviene la Universidad de Buenos
Aires, pues gestiona ante el organismo internacional
un préstamo exclusivo.
Las asignaciones del BID han sido cuestionadas en
lo que se refiere a intereses y áreas de equipamiento,
por varios rectores. El contrato definitivo se firmará
en octubre.
Los créditos del BID han sido también atacados por
el estudiantado. La crítica se centra en el hecho de
que el gobierno argentino tiene que destinar -según el
régimen crediticio- una suma idéntica a la entregada
por el organismo internacional.
Según algunos sectores estudiantiles, los
programas universitarios que se favorecen son los que
aprueba el Banco y no los que sirven al desarrollo
nacional.
EL CRÉDITO ANTERIOR
Este es el segundo crédito del BID. El anterior
fue otorgado en 1962. La Universidad más beneficiada
resultó la de Buenos Aires, a la que correspondió
entonces, un total de 1.810.000 dólares, que fueron
acompañados por una contrapartida del Gobierno
Nacional.
Las inversiones realizadas en este rubro, en los
tres últimos años son las siguientes:
1967: 3.681.500; 1968: 3.564.800; 1969: 4.508.400
pesos ley 18.188; lo que equivale al 3,4 %, 2,9 % y
3,4 % del presupuesto total de la Universidad.
Hasta el 31 de julio de 1970 se había invertido
totalmente la asignación correspondiente al BID,
integrando el Gobierno Nacional, hasta esa fecha, la
suma de 3.499.079 pesos ley 18.188. Este monto se ha
utilizado desde 1962 a 1970, cargándose en el
presupuesto de los años respectivos.
La Universidad Nacional de Buenos Aires ha
preparado, para obtener un nuevo préstamo, un
relevamiento total de los recursos humanos y físicos.
Ese trabajo provocó la objeción de algunos organismos
de seguridad que, considerando a la educación como
reserva estratégica, opinaban no era conveniente que
esos datos fueran conocidos por un organismo
internacional.
El equipo de planeamiento de la Universidad, que
preparó los antecedentes para obtener el nuevo
préstamo del Banco, propuso -de ser éste otorgado-
distribuir las asignaciones de la siguiente forma: 53
% para edificios; 16 % para proyectos del rectorado,
administración y bibliotecas; 26 % para equipamiento
y 5 % para ayuda externa.
Inversiones efectuadas en equipamiento con el
préstamo BID y con contrapartida del Gobierno Nacional
al 31/7/70
Facultades B.I.D. Gobierno Nacional
(u$s) (Pesos Ley 18.188)
Agronomía y Veter. 194.454.51 268.876
Arquit. y Urbanismo — 19.400
Ciencias Económicas 11.010.50 13.069
Cieñe. Exact. y Nat. 657.238.46 820.362
Derecho y C. Social. — 9.215
Farmacia y Bioquím. 77.494.57 503.110
Filosofía y Letras 17.999.04 21.301
Ingeniería 823.143.94 889.802
Inst. Biolog. Marina 28.743.53 39.415
Inst. Invest. Medie. — 122.849
Medicina — 723.178
Odontología — 68.502
Total 1.810.084.45 3.499.079
("La Opinión")
Una de las negaciones de la Universidad es la ausencia
de estudios sistemáticos sobre las potencialidades
del país. Este potencial geográfico, es mejor conocido
por naciones extranjeras que por los argentinos. Y no
por falta de capacidad de los técnicos nativos sino
por la orientación de la enseñanza superior. Los
planificadores y asesores científicos de la
Universidad, después de 1955, han sido extranjeros.
Los profesores argentinos, o bien medran en empresas
foráneas, en estudios jurídicos y contables conexos a
monopolios extranjeros, o bien reciben las migajas de
viajes al exterior, con lo cual se los adscribe al
orden colonial. De este modo, la Universidad es un
mercado de intelectuales del área periférica del
imperialismo. Los planes educativos lo son para toda
la América latina e interesan más que al país, a las
naciones imperiales que ejercen su supervisión
mediante expertos y conferencistas extranjeros,
"desarrollistas", "libreempresistas", o en la esfera
de la cultura "humanista", como la llaman, a través de
filósofos como Julián Marías, un visitante sonriente
y parlanchín, filósofo de la vida interior,
intelectual dúplice que predica el refugio de la
"libertad" en la conciencia solitaria, como
resignación estoica frente a un mundo desatinado.
Filósofos que como Julián Marías, vuelven a Diógenes:
"No hay más que una manera de ser libre, esto es, la
de estar siempre dispuesto para la muerte". Para
conocer las ideas de los filósofos y científicos que
nos visitan hay que saber quién los paga. A Julián
Marías la Universidad norteamericana en que dicta
cátedras y conferencias. Para este tipo de
intelectuales, como Julián Marías, especialista en
autógrafos para damas, "hay que decir la verdad que
se puede, no la que se debe". Son palabras textuales.
El fin de la Universidad es formar intelectuales que
hablen español y piensen en inglés. O mejor aún,
moldear universitarios en los valores del "mundo
libre", en la justificación de la guerra contra el
comunismo, en la discriminación racial. Todo en nombre
de la civilización occidental y cristiana. En tanto,
soldados norteamericanos mueren sin saber por qué
matan y por qué mueren. Ante esta montaña de
desperdicios la revolución mundial acosa a esa
civilización rubia, cretinizada y abyecta. No es de
extrañar que en Iberoamérica, las guerrillas se
recluten entre egresados y estudiantes universitarios.
Por eso, en la Argentina, la rebelión estudiantil
explota en Facultades hasta hace poco anodinas, como
la de Filosofía y Letras, que por la índole de sus
disciplinas -filosóficas, sociológicas, psicológicas,
antropológicas, históricas- ponen en contacto al
estudiante de una manera más directa, contradictoria
y real con la cuestión nacional, de la cual esas
disciplinas, tal cual se imparten en forma oficial,
están vacías.
Las drogas culturales de un país socavado por el
descontento de las masas, genera un efecto inverso al
deseado, vale decir, la farsa de la Universidad
inflama los elementos teóricos de la liberación
nacional, no los estupefacientes de la sociología
norteamericana. No es la Universidad la formadora de
la conciencia histórica sino el colonialismo como
historia viva descarnada de lirismo el fundador de la
conciencia histórica. Los especialistas del BID, de
la UNESCO, la OEA, de las Fundaciones Ford y
Rockefeller, subsidiarias del F.B.I. y la C.I.A., no
se sienten seguros. Tienen ante sí el cadáver de Dan
Mitrione.
Hoy se sabe que las investigaciones científicas,
realizadas en los Departamentos especializados de las
Facultades latinoamericanas, son formas del espionaje
internacional, y que tales trabajos, previamente
planeados por expertos extranjeros, son procesados en
EE.UU. Así, la Universidad se vuelve contra la
Argentina y ejecuta con investigadores argentinos,
estudios altamente valiosos no para el país sino para
EE.UU., donde los datos son compilados e
interpretados en institutos universitarios
norteamericanos. Tales los casos, bien conocidos, de
Max Millikan, asesor de la CÍA en Venezuela y director
de un organismo universitario, el Instituto
Tecnológico de Massachusetts. En la Argentina, por
medio del Instituto Torcuato Di Telia, o del equipo de
colaboradores de Gino Germani actualmente en
Harvard; en Chile con el Plan Camelot. Lo mismo en
México, Brasil, etc. Los estudiantes argentinos
conocen hoy estas cosas. La clase educadora que
durante más de un siglo se sintió aplomada en su obra
hoy es víctima del pánico. De su engendro cultural
mayor, la Universidad, parte el enjuiciamiento a la
Argentina colonial. Después de Perón, aquella
Universidad europea que parecía sólida y magnífica se
desmorona sin gloria en medio de un estudiantado que
ingresa a la Revolución Nacional bajo el ocaso
ceniciento de la cultura del imperialismo y el rojo
vivo de las barricadas callejeras.
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