[R-P] (3) La Argentina recolonizada [Capítulo III] Peronismo y Socialismo - JJHA - 1972
Marcelo Felipe Gil
mfelipegil en yahoo.es
Vie Oct 12 21:16:30 MDT 2007
LA ARGENTINA RECOLONIZADA
A fines de 1955, con Aramburu, la Argentina entró de
nuevo en la dependencia colonial. La Argentina, que
había rescatado la onerosa deuda externa, contraída
por la oligarquía, ingresó en el Fondo Monetario
Internacional de acuerdo a las disposiciones de
Bretton Woods en 1944. Con Aramburu empieza la
sistemática catástrofe económica, industrial y
financiera que actualmente descalabra al país. Desde
entonces, la Argentina es crónicamente deudora, con
una economía estancada, una bajísima tasa de
crecimiento demográfico, una inflación incontenible y
una moneda sucesivamente devaluada, asociado este
conjunto de efectos, a una redistribución de los
ingresos que han contraído el mercado interno y
reducido el poder adquisitivo de las masas
trabajadoras y a la clase media de menos entradas a
límites intolerables.
Centenares de empresas argentinas han sido traspasadas
—mediante las devaluaciones— a capitales extranjeros.
El endeudamiento exterior, correlativa-mente, ha
llegado a extremos vejatorios. A las sucesivas
devaluaciones siguieron emisiones incontroladas de
papel moneda, con la subsecuente baja del salario real
y la resección general de las transacciones
comerciales, quebrantos en masa, etc., asociado este
retroceso económico a la crisis de la mediana y
pequeña industria, consecuencia de esta
desnacionalización de la economía. Grandes complejos
como el DINIE (Dirección de Industrias del Estado)
fueron desmantelados, lo mismo el que IMIN (Instituto
Movilizador de Inversiones Mobiliarias) que eliminó la
especulación bursátil y la acción de los agiotistas.
El capital financiero imperialista arrasaba con todo.
El sistema bancario del Banco Central, los bancos
nacionalizados depositarios del ahorro nacional,
fueron sustituidos por la apropiación y
extranjerización de todas las instituciones de
crédito. Esta política tuvo por finalidad derogar el
sistema proteccionista del período peronista. Las
ganancias fueron giradas libremente al exterior y se
suprimieron los controles a las inversiones
extranjeras.
Derribado Perón se inició, con ritmo vertiginoso, el
traspaso de la industria nacional. La sustitución de
importaciones, operada durante el peronismo, es
decir, la prioridad de artículos de fabricación
nacional sobre los similares extranjeros, fue suplida
por un régimen increíblemente adverso al interés
nacional. Los privilegios al capital extranjero
volvieron en tren de conquista. Todas las defensas
fueron derribadas. Nuevas franquicias aduaneras en
favor de las importaciones foráneas, incluso
favorecedoras del "dumping", es decir de la
competencia desleal, el dislocamiento del vigoroso
mercado interno, etc., acabaron pronto con la
independencia económica y la soberanía política.
Los sectores básicos de la riqueza argentina
-electricidad, petroquímica, automotores, maquinaria
industrial y eléctrica- pasaron, con la obsecuente
gracia de los gobiernos militares y civiles que se
iniciaron con Lonardi, a posesión extranjera. El
proceso continúa hoy día sin pausa. El 60 % de la
industria argentina no nos pertenece. Las llamadas
"inversiones extranjeras" no han beneficiado al país.
El objeto han sido las ganancias rápidas en un
mercado consumidor, el más denso demográficamente del
país, que ocupa sólo el 15 % del territorio nacional,
con el abandono y ruina progresivos de las provincias
reducidas de la prosperidad y el apoyo federalista de
la época de Perón, a la indigencia, al empantanamiento
y la despoblación. Como en Tucumán. En todas las
provincias ha retumbado este cimbronazo de la
penetración insultante: "En la actualidad, desde el
punto de vista económico financiero, se acumula más de
la mitad de la Argentina, a menos de 100 kilómetros
del puerto de Buenos Aires. En efecto, en esa pequeña
área -relacionada directamente con los intereses
exportadores tradicionales- se encuentra el 60 % del
consumo del acero, el 73 % de la producción
automotriz, el 54 % del consumo de electricidad, el
95 % de la industria naval; el 70 % de las cuentas
bancarias y el 72 % de los préstamos bancarios
otorgados en prueba de lo que evidencia ser un total
desinterés por las enormes potencialidades del
interior de nuestro país" (Guillermo Martorel: Las
Inversiones Extranjeras en la Argentina). Un solo
ejemplo, extraído de la CEPAL, bastará para dar una
idea de este atraco a la economía de toda la América
latina incluida la Argentina. En tiempos de Perón, la
marina mercante nacional transportaba el 90 % de la
producción nacional. En la actualidad, según datos de
la CEPAL, menos del 10 % del comercio exterior fue
transportado por la flota mercante argentina y recíbió
el 12 % del total pagado por fletes. El 90 % de la
riqueza del hemisferio —comprendida la Argentina—,
fue trasladada por buques de bandera extranjera y el
80 % por fletes pasó a las arcas de las compañías
navieras de ultramar, particularmentíe yanquis.
El problema del petróleo es conocido por todos. Las
empresas norteamericanas aumentaron sus ventas
mientras la industria nacional languidece. No sólo
EE.UU. saquea a la Argentina. En forma menos
provocativa y silenciosa, nuestra dependencia de
Inglaterra sigue, y no de un modo exclusivo a través
de las carnes. Recuperada de la IIª Guerra Mundial, el
retorno de Gran Bretaña a la Argentina, se ha
expandido en otros sectores de la economía nacional.
La Exposición Británica, realizada en setiembre de
1970, no es más que el anticipo de esta invasión. Una
inteligente campaña allana el avance inglés. Nuevos
empréstitos se gestan auspiciados por bancos
británicos, el Banker Truts Company, Crédito Lionés,
Lazard Freres, Banca Loeb, etc., Todos vinculados,
aunque con sede en diversos países de Europa, a los
intereses británicos en sus relaciones con el mercado
común europeo.
El 98 % de nuestro comercio exterior ha denunciado el
secretario general de marina mercante, Alberto
Albornoz, se hace por vía marítima. Pero no somos
dueños de ese comercio exterior. Y no lo seremos,
mientras no seamos propietarios de los medios que
transportan esa riqueza. En 1969, en concepto de
fletes se pagaron 336.146.000 dólares. Lá Argentina
sólo aprovechó de esa cantidad 63.000.000 de dólares.
En productos cerealísticos, los barcos argentinos
apenas transportaron el 2 % de la exportación total.
De este modo, el drenaje de divisas es una sangría en
todas las ramas conexas de la producción, la
comercialización y la exportación. Éstos son meros
datos aislados de una situación de recolonización
absoluta. Las causas no están en la Argentina, sino en
la supeditación de la América latina a EE.UU. El
General Robert Porter, ha hablado como militar del
Pentágono, en estos términos:
"La importancia estratégica de la América latina
abarca consideraciones de tipo geográfico, económico,
político y militar. América latina es nuestro gran
flanco defensivo sur. El área provee muchos materiales
estratégicos y contiene importantes arterias de
tránsito del canal de Panamá y las rutas marítimas
asociadas con el cono sur de América latina. América
latina es uno de nuestros más grandes asociados de
comercio -7.000 millones de dólares en 1967- y después
de Canadá y Europa Occidental es el área más grande
para las inversiones privadas de los EE.UU. que ahora
totalizan casi 13.000 millones de dólares. Durante la
II Guerra Mundial, EE. UU. ha podido contar,
tra-dicionalmente, con el alineamiento latinoamericano
junto a los EE. UU. en cuestiones internacionales. El
continuado apoyo de América latina a EE. UU. en
reuniones mundiales y regionales es de significativa
importancia."
Estas palabras de un alto jefe del Pentágono,
requieren algunas acotaciones. América latina es la
retaguardia geopolítica y militar del financierismo
supranacional de EE.UU. Es la zona de influencia que
rinde a EE.UU. mayores beneficios. Por cada dólar
invertido, y esta es la ganancia más notable de todas
las inversiones en el mundo, EE.UU. extrae tres
dólares. Estas utilidades provienen de la explotación
más inhumana de la mano de obra. Las reinversiones de
estas ganancias no alcanzan al 15 %, es decir, el 85 %
de las mismas pasan a las empresas metropolitanas. Los
beneficios importan varías veces las inversiones. No
hay ayuda financiera de las metrópolis. Es América
latina la que ayuda, a costa de su propio
endeudamiento y retraso, a mantener la economía de
las naciones inversoras, en especial de los EE.UU.
Esta sin igual exacción cubre a toda Iberoamérica.
Con técnicas contables fraudulentas, los países del
hemisferio son vaciados mediante evasión de impuestos,
ganancias no declaradas por los monopolios, etc., y
como procedimiento colateral, con el soborno de
funcionarios. Además, las materias primas no son
reelaboradas en los países de origen, sino en las
metrópolis industriales que a su vez, venden productos
manufacturados a los dependientes a precios sin
competencia. Los contratos, con cláusulas leoninas
impuestas por regla general por los monopolios,
consignan una parte exigua de las ganancias para los
países productores que no va más allá del 15 %. Es
decir, que si una empresa concesionaria
norteamericana gana 1.000 millones de dólares,
reinvierte en el país colonial 150.000 dólares y se
apropia de 850.000. Con este agregado: cuando una
materia prima es elaborada en el país dependiente, las
compañías extranjeras, mediante el sistema de
patentes, de producción bajo licencia, etc., someten
al país productor a un doble pillaje. La industria
norteamericana electrónica, militar, automotriz, se
abastece con el petróleo, los minerales estratégicos,
cupríferos, etc., de nuestros países. Las armas que
sirven a la represión en las colonias, son fabricadas
con materiales básicos de esos mismos países. Las
masas coloniales, no sólo trabajan en condiciones de
animalidad, sino que producen, indirectamente, los
armamentos que han de masacrarlas con el subterfugio
de la conspiración mundial del comunismo.
La subordinación de América latina no es relativa sino
absoluta. El Gral. Roberto Porter, ya citado, habla de
los 7.000 millones invertidos por EE.UU. en la América
latina en 1967 -hoy la suma es considerablemente
mayor- pero omite un detalle: las ganancias por ese
capital ascendieron a más de 16.800 millones de
dólares. Por otra parte, los préstamos internacionales
obligan al país deudor a comprar en la nación
prestamista, o en las áreas metropolitanas acreedoras,
que fijan los precios bajos de las materias primas y
altos de los productos importados por el país de
monocultivo. En las últimas décadas, los productos
naturales del área latinoamericana aumentaron su
precio en un 3 %, en tanto los importados en un 24 %.
No es necesario extremar los argumentos para
comprender los movimientos nacionalistas de la región.
Tampoco es difícil entender por qué regímenes como el
de Perón fueron derribados. Estimaciones fidedignas,
comprueban que la economía argentina -y en otros
países latinoamericanos la situación es aún peor- el
60 % está en posesión de extranjeros. Ya Lenin había
previsto que los monopolios internacionales son la
antecámara del socialismo y que la insurrección de
las colonias anticipa la desaparición del
imperialismo. El desplome del sistema implica el
nacimiento de un nuevo orden mundial. Un orden socialista.
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