[R-P] INVENTAR EL MUNDO - Víctor Flores Olea

Boletín Bambú bambuprensa en yahoo.com.mx
Jue Oct 11 21:10:10 MDT 2007


INVENTAR EL MUNDO
Impresiones de China, Vietnam, Laos y Camboya 

Víctor Flores Olea 

Siempre puede pensarse en el poder del dinero y en sus
argucias para burlar y penetrar, y hacerse dueño de la
situación. Así ha sido la historia del capitalismo. Hoy
hasta puede decirse que el capital globalizado tiene más
recursos que nunca para prevalecer. Y que su expansión
resulta avasalladora, por arriba de las contradicciones que
también suscita. Y puede pensarse que la crisis del
socialismo se debe a sus incapacidades, que lo tendrían en
retirada (o por largo tiempo marginado). 

El hecho es que el espectáculo hoy de China como tierra
pujante del (¿nuevo?) capitalismo, y el abandono de los
principios que un día parecieron su indeclinable guía,
resulta suceso extraordinario en este principio de milenio.
Como lo fue al final del que terminó la caída de los
"socialismos realmente existentes" europeos. La conmoción
histórica se intensifica en grandes proporciones si nos
acercamos a los países de la Indochina francesa que un día
fueron baluarte heroico de la resistencia. 

También ellos, los países del socialismo a "toda prueba",
especialmente el Vietnam de Ho-Chi-Minh, que derrotó
militarmente en un cuarto de siglo a los colonialistas
franceses (Dien Bien-Phu, 1954) y a los imperialistas
estadounidenses, pero también Laos y Camboya, igualmente
parecen, con sus rasgos, en el claro curso de afirmar y
expandir su capitalismo, sin casi ya mencionar la coletilla
del "socialismo de mercado". 

También en estos países las dos últimas generaciones, los
más jóvenes, están lanzados apasionadamente en la misión de
consumir satisfactores, de vigorizar el mercado y la
acumulación. Los más reflexivos sostienen que durante
demasiados años sus ancestros vivieron las más crueles
carencias, y que habría llegado el momento de compensarlas
y de otorgarle su necesario lugar a la satisfacción de las
necesidades. Pero tales objetivos se persiguen abiertamente
a través del capitalismo y del mercado y no de ninguna
especie de socialismo por más adjetivos que se le endosen. 

Lo anterior invita a la reflexión. Unos dirán que el
mercado es "por definición" el sistema que satisface las
necesidades humanas, y que cualquier otra visión resulta
una mala utopía, irrealizable e incontrolable. El hecho es
que históricamente, en efecto, el mercado ha sido (hasta el
momento) el medio más eficaz para satisfacer las amplias
necesidades sociales, ellas mismas en crecimiento conforme
a las exigencias de acumulación (de "competitividad") de
los propios mercados. La visión es simplista pero real: la
satisfacción se garantiza con la eficacia del mercado, sin
olvidar que al mismo tiempo se garantiza y consagra su
irracionalidad esencial, creando necesidades ficticias,
dando lugar al colosal gasto en publicidad, ahondando las
desigualdades y contradicciones sociales, etc., etc. 

El hecho es que la sociedad de la "satisfacción de
necesidades", la sociedad consumista, ha resultado mucho
más atractiva, sobre todo para los jóvenes, que la de la
centralización económica y la "planificación" a cuenta
gotas de los satisfactores, de los socialismos anteriores.
Diría inclusive que una de las novedades de la nueva
situación es que el poder económico centralizado (de origen
socialista) es en la actualidad la principal palanca de la
acumulación del capital, construyendo el "nuevo" sistema
capitalista que allí surge. Tal es el caso de China,
Vietnam, Laos, Camboya (con sus grandes diferencias y
similitudes). 

La conclusión inaplazable es que el socialismo, si alguna
vez se establece en algún lugar del mundo, ha de "inventar"
e "inventarse" sobre nuevas bases. Sobre bases que no
permitan más las esclerosis del centralismo político y
económico, que consideren las necesidades de las
generaciones de todas las edades, que combinen las
solidaridades y exigencias colectivas con las exigencias de
la persona, sus familias, comunidades y grupos próximos. En
una palabra: que sea democrático de raíz, también en el
sentido de las más amplias libertades, y capaz de
solidaridades y reconocimientos cabales del "otro" y de los
"otros" (de sus necesidades y formas de vida, desde luego).


Hoy ni de lejos estamos en esa vía, sino más bien en la de
la satisfacción personal y desencadenadamente consumista (y
egoísta) de satisfactores, muchos de ellos artificiales. En
una vía desencadenada y desencantada. Tal situación, sin
duda, ha propiciado no sólo la pérdida de los valores
centrales en la historia de las batallas por el socialismo,
sino que auspicia desenfrenadamente la corrupción, que al
parecer florece en el "socialismo de mercado" tan
pujantemente como en el campo de sus hermanos de leche del
capitalismo declarado. 

Los jóvenes, después de sociedades extremadamente austeras,
descubren y gozan y se lanzan de cabeza al desenfreno del
consumo, sin haber conocido todavía los engaños y
negaciones crueles que se esconden detrás de ese entusiasmo
infantil. Ya llegará la hora, pero no hay duda de que ahora
gozan con pasión su nuevo recorrido. 

Conclusión: es necesario inventar un mundo más humano que
no agote sus ambiciones en el poder económico y político. Y
tal cosa desafortunadamente no está en marcha ni parece la
prioridad de nadie, salvo unos cuantos. La competencia del
capitalismo salvaje seguirá su curso (¿hasta el peligro de
guerras mayores?), pero la tragedia es que en ningún lado
está realmente a la orden día la creación de un mundo más
habitable para todos, en plena libertad y solidaridad. 

* * * 

Nota del editor - Por ser un teórico más inclinado al vuelo
panorámico, el autor no menciona tres datos que me acaba de
comentar personalmente y que yo –como simple escriba de a
pie– hubiera consignado: (1) el 40 por ciento de las grúas
para construcción de todo el mundo están en China, (2) el
80 por ciento de la energía aún proviene del carbón y  (3)
Pekín es la ciudad más contaminada del mundo, por encima de
San Pablo, México y Tokio. 

Otro dato que yo hubiera registrado acerca del consumismo
de la actual juventud china es que en Pekín prácticamente
todo el segmento masculino tiene una moto: el que puede
más, de fabricación japonesa (mil dólares); el que puede
menos, de marcas chinas (de 300 a 400 dóláres). 

Cuando a los de 35 años para abajo les preguntás acerca del
comunismo, responden que es algo del pasado, historia
antigua. Saben quién es Mao: dicen que es un patriota que
liberó a China de la dominación extranjera y que sembró las
bases para construir un país moderno, que fue lo que
consiguieron sus actuales sucesores.





Roberto Bardini
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