[R-P] ESR [3]: El rugbier, el futbolista y el himno nacional
Boletín Bambú
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Mar Oct 9 22:00:51 MDT 2007
El rugbier, el futbolista y el himno nacional
Raúl Fain Binda
Comentarista de la BBC
El fútbol tiene virtudes, claro, pero hoy pensamos en uno
de sus principales defectos: la simulación. El rugby tiene
defectos, sí, pero hoy nos detenemos en una de sus
principales virtudes: el estoicismo.
También vale la pena preguntarse por qué los futbolistas no
se molestan en cantar (ni siquiera acompañar con los
labios) el himno nacional en partidos internacionales, en
contraste con los rugbiers, que hasta lagrimean cuando
cantan el suyo a voz en cuello.
Y no olvidemos a los deportistas de países cuyo himno no
tiene letra, como España, por ejemplo (volveremos a esto
más adelante).
¿Es una cuestión de mayor o menor profesionalismo, o
patriotismo, o responsabilidad? ¿De qué estamos hablando,
precisamente?
Son culturas diferentes, así de simple.
Dida, el portero del Milan, recibe una palmada burlona de
un intruso y es como si le hubieran dado una puñalada, en
el caso más grotesco de simulación en el fútbol, entre los
de reciente cosecha. En rugby, los kinesiólogos resucitan y
vendan a un jugador sobre el campo (Leguizamón, por
ejemplo, en Argentina-Escocia), mientras sus compañeros se
baten en inferioridad numérica. Y decimos sobre el campo,
durante el juego, no al borde del campo o con el juego
suspendido.
El futbolista es retirado en camilla y con una bolsa de
hielo en la cabeza, a pesar de que no tiene nada. El
rugbier sigue jugando, a pesar de estar lesionado: no
importa, porque todavía tiene un brazo y dos piernas.
(Claro, la cultura de fingimiento le hizo creer a Dida y
también, por unos instantes, a los técnicos del Milan, que
el episodio podía resultar beneficioso para sus intereses;
luego Berlusconi llamó por teléfono para decir que todo
había sido una payasada y que el club no debía cuestionar
el resultado.)
La motivación es importante en todos los deportes, pero en
algunos se requiere una dosis más fuerte. Es posible jugar
profesionalmente al fútbol sin ganas (lo vemos en muchos
partidos), pero en rugby es más difícil.
Los himnos se cantan con más convicción en el campeonato
mundial de rugby porque los jugadores necesitan el estímulo
Los Pumas cantaron a voz en cuello eso de “o juremos con
gloria morir” cuando enfrentaron a Francia en el partido
inaugural, porque sabían que sus rivales se inflamarían con
“aux armes citoyens/formez vos bataillons/marchons,
marchons…” una de las invocaciones más poderosas en los
anales del patriotismo.
¿Por qué el futbolista argentino no canta el himno, o lo
acompaña con los labios, mientras que el Puma grita los
versos con lágrimas en los ojos?
Una interpretación es reaccionaria: porque el rugbier es de
clase media o alta, de derecha, mientras que el futbolista
es “popular”, de izquierda.
Otra interpretación apunta a las diferentes antigüedades
del profesionalismo en ambos deportes. El rugby
internacional se ha profesionalizado hace relativamente
poco tiempo, y en Argentina el rugby de base todavía es
amateur; la mayoría de los Pumas son profesionales, pero en
el extranjero.
Se supone que un profesional curtido, como el futbolista,
mostrará menos sensibilidad patriótica, nos dicen. ¿Pero
por qué? ¿Es Agustín Pichot, el capitán de los Pumas, menos
profesional que Riquelme, o más patriótico?
Claro que no. Lo que ocurre es que el rugby, por sus
características, requiere máxima motivación para descollar
en el máximo nivel.
(En el caso de los Pumas también es evidente el
resentimiento de los jugadores ante la indiferencia de los
dirigentes del rugby internacional, los “viejos
flatulentos” de que hemos hablado en ocasiones anteriores.)
El mejor equipo del mundo, de lejos, es Nueva Zelanda,
cuyos jugadores se motivan con una danza maorí, el haka,
que pone los pelos de punta al más valiente.
(Hemos elegido un ejemplo de haka en el que los
neozelandeses son enfrentados con la danza equivalente de
Tonga, que equilibra el efecto: los otros equipos no tienen
tanta suerte y deben conformarse con el himno.)
Los “invencibles” All Blacks suelen desinflarse en los
mundiales (sólo han ganado el primero, como locales), pero
de todos modos se requiere mucha espinaca para resistir el
“ablande” del haka y después la carga de sus jugadores en
el campo.
Francia lo logró el domingo (no es la primera vez, como
decíamos el jueves), con un desparpajo que dejó a sus
rivales con el haka atragantado: les Bleus se abrazaron y
avanzaron hacia los neozelandeses, sin bajar la vista, como
los boxeadores durante la ceremonia del pesaje. Allí
comenzaron a ganar un partido que tenían perdido antes de
la primera jugada.
Los deportistas de casi todos los países pueden cantar su
himno, si así lo desean. No ocurre lo mismo con los
españoles, cuyo himno no tiene letra.
Es por eso que el 19 de diciembre, en una gala del Comité
Olímpico Español, se dará a conocer una letra, que será
presentada al Congreso para su aprobación.
La iniciativa merece la mejor de las suertes, claro, porque
la mera letra, por buena que sea, no basta: con o sin
congreso, es necesario que el pueblo la haga suya.
Y los pueblos no adoptan sus símbolos por ley del congreso,
sino por arrebatos del alma.
Roberto Bardini
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