[R-P] San Martín ¿Católico y Masón?

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Lun Oct 8 16:50:36 MDT 2007


San Martín ¿Católico y masón?

La religiosidad de San Martín y su pertenencia o no a
la masonería han sido temas muy debatidos. Los
documentos indican que nació y fue criado en el seno
de una familia cristiana y austera, se casó por la
iglesia y recibió los sacramentos. Sus acciones, mas
que sus palabras revelan su fe cristiana, sobria y
profunda, propia de su manera de ser, mas castellana
que andaluza o americana. No era clerical pero si
amigo de muchos sacerdotes y frailes. Como buen
liberal repudiaba todos los absolutismos, también el
de la Iglesia. No debemos dejar de recordar que, a
principios del siglo XIX, españoles y americanos,
clérigos o civiles estaban mas divididos por las ideas
que por lugar de nacimiento, clase social o profesión.
Tanto en España como en América, en el Ejército o en
el claustro, en el comercio o entre los profesionales,
existían simpatizantes pasivos o activos del
liberalismo o del absolutismo conservador. Esta
división incidiría en las guerras de la independencia,
como en el caso de la sublevación de Riego en 1820 que
impidió la salida de la Armada con el fin de sofocar
la revolución en el Río de la Plata. 
Cuando estalló la Revolución de Mayo, San Martín
estaba en Portugal. Al volver a Cádiz, a mediados de
1811, la ciudad, sitiada y aislada, era el ultimo
reducto que quedaba de España. Allí tomó contacto con
algunos compatriotas independentistas en la Logia n°3
de Caballeros Racionales. Se reunían en casa del joven
criollo Carlos María de Alvear, que la presidía. Como
otras logias sudamericanas tenía una organización
semejante a las masónicas

Hacia 1808 la ciudad portuaria de Cádiz hervía de
ideas. Se discutía lo arcaico del absolutismo frente
al novedoso liberalismo revolucionario, la incapacidad
de los Borbones o la prepotencia expansionista de
Napoleón. Se hablaba también de la posible
independencia de los pueblos de América. Pululaban las
Sociedades Secretas donde se trataban y discutían
estos temas. ¿Fue por entonces que San Martín se
afilió a la Logia Integridad? Algunos autores así lo
afirman pero no está comprobado. Según las Memorias de
José Moldes, la primera sociedad secreta americana fue
fundada en 1807 en Madrid y se llamó Conjuración de
patriotas. A ella pertenecían, entre otros americanos,
los hermanos salteños Gurruchaga y los Moldes, Juan
Martín de Pueyrredón, Bernardo O’Higgins, Zapiola,
Balcarce, los Lezica, Pinto y Alvear. Muchos se
carteaban con otros americanos que andaban guerreando,
como en el caso de San Martín. (1)
Los planes posibles de acciones futuras con que
contaban, en aquellas circunstancias, los jóvenes
militares criollos como San Martín y Alvear, no
resultaban muy atractivos a su espíritu liberal: o
apoyar a las Juntas encargadas de escribir la
Constitución de una España que en ese momento no
existía, o unirse a los conservadores que reclamaban
el trono para el inepto Fernando VII.
Nada de esto respondía a sus ideales. Una idea se fue
abriendo paso en sus mentes: volver a la patria nativa
para luchar por la causa justa de su libertad.
Con sobrias palabras lo explicaría años más tarde José
de San Martín al mariscal Ramón Castilla:“En una
reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los
primeros acontecimientos acaecidos en Caracas, Buenos
Aire, etc., resolvimos regresar cada uno al país de
nuestro nacimiento a fin de prestarle nuestros
servicios en la lucha que calculábamos, se había de
empeñar.”

Como sabemos, San Martín toma la decisión y parte para
Londres, donde se encuentra con algunos de sus
compañeros de Logia y otros compatriotas. Con ellos
funda la Sociedad de Caballeros Racionales n°7 “Unión,
firmeza y valor”. Como las de Cádiz esta era una
“logia operativa”, distinta a las “logias simbólicas o
contemplativas”, estrictamente masónicas. (Recordemos
que, por principio, las logias masónicas no podían
apoyar ningún movimiento político ni definirse por
alguna religión en particular. Este tipo de actuación
revolucionaria se realizaba, desde el siglo XIX, a
través de logias o talleres operativos que actuaban
hasta que se cumplieran los objetivos propuestos, como
era, en este caso, la independencia de América del
Sud. Cuando lo lograban, desaparecían como grupo.)
“Los liberales ilustrados, a cuya estirpe pertenecía
el Libertador –recalca Pasquali- si ingresaban en la
masonería era para luchar contra el absolutismo y por
la libertad; no eran anticatólicos –porque el
principio de tolerancia les imponía el respeto a todos
los credos- sino anticlericales, que es algo bien
distinto.” (2) Lo que molestaba a los espíritus libres
–fueran laicos o eclesiásticos- era la intromisión de
la Iglesia en la esfera estatal, como sucedió cuando
Pío VI condenó las revoluciones sudamericanas. 
No corresponde en este breve comentario tratar la
llegada de San Martín, Alvear, Zapiola, etc. a Buenos
Aires en enero de 1812, ni sus primeras actuaciones,
pero si recordar su casamiento y “velación” con
Remedios de Escalada, en los que ambos confesaron y
comulgaron.
1812 fue un año cargado de amenazas. El inicio de la
decadencia de Napoleón significaba la vuelta al trono
de Fernando VII y la posibilidad de que mandara una
fuerte expedición de castigo contra las colonias
rebeldes. En las Provincias Unidas cundía el
descontento con el Triunvirato que parecía gobernar
sólo para Buenos Aires Ante esta situación San Martín,
Alvear y Zapiola fundaron una Logia cuya finalidad
sería “mirar por el bien de América y de los
Americanos”. Como aquellas de Cádiz, era una entidad
eminentemente política, de formas masónicas a la que
se incorporaron los dirigentes de la Sociedad
Patriótica y otros vecinos –civiles, militares y
eclesiásticos-, vinculados a la famosa Logia masónica
Independencia, presidida por Julián Álvarez. “No hay
constancia de que se llamara Lautaro hasta 1816, en
que se la bautiza así porque su meta sería la invasión
y liberación de Chile,” afirma la historiadora
Patricia Pasquali en coincidencia con Vicente Fidel
López (3). La Logia comenzó a actuar sin alharacas y
con discreción, severa disciplina y plena conciencia
de lo que se proponía hacer. 
“Estas logias, -dice Enrique de Gandia- lo mismo
podían depender de una logia existente en el país o en
el extranjero, que ser independientes. Estas últimas
actuaban por su cuenta, tenían sus propósitos y los
llevaban a cabo sin permiso ni autorizaciones de otras
logias. A veces estaban de acuerdo entre sí y otras
veces eran enemigas y se combatían. Los autores que
imaginan que todas las logias debían recibir órdenes
de Inglaterra o responder a una sola idea, no saben lo
que piensan ni lo que dicen.” (4) 

Poco después de la revolución del 8 de octubre, San
Martín escribió a Pueyrredón para arreglar un
equívoco. Esta carta es una de las pruebas de que
ambos pertenecían a la masonería, pues en su firma
aparecen los famosos tres puntos con que se
identifican los masones. Lo mismo ocurre en la
contestación que le envía Pueyrredón desde Arrecifes.
La pertenencia a la masonería no pone en duda, sin
embargo, la fe cristiana de ambos héroes ni la del
piadosísimo general Belgrano, ni de tantos otros que
veían en esta institución milenaria muchos valores
cristianos y una poderosa ayuda para lograr la unidad
y la independencia de los pueblos de hispanoamérica.
(5) 
Si bien desde 1738 existía la bula condenatoria de
Clemente XII, recién durante la segunda mitad del
siglo XIX se hizo de general conocimiento la antinomia
Masonería-Iglesia Católica. Al decir del padre
Furlong, “nada tenía por entonces (esta institución)
de antirreligiosa, ni en sus fines ni en sus medios.
(...) no fue condenada por la Iglesia en forma
universal y categórica hasta mediados del siglo
pasado. (...) La Logia de Montevideo en 1825 y las
logias irlandesas, lo mismo que la Lautaro, eran
simples clubs políticos y sociales, pero nada,
absolutamente nada había en ellas por lo que un
católico se viera inhibido a pertenecer a las
mismas.”(6) En este orden de ideas, Martín Lazcano en
su clásica obra sobre las Sociedades Secretas en
Buenos Aires, se pregunta: “¿Era entonces el dictado
de masón sinónimo de irreligioso para el concepto
personal de quien poseía esta filiación?” y como
respuesta cita una estrofa atribuida a un Hermano de
la logia porteña de 1812:
“Aquí tiene cada hermano
que amar y querer a Dios.
Es libre siempre su voz
porque no hay intransigencias,
se ama el trabajo y las ciencias
de la ilustración cimiento,
y es tan libre el pensamiento
como libres las conciencias”. (7)
San Martín, sobrio en todos lo aspectos, no hacía
ostentación de piedad pero cuando la ocasión lo
exigía, sabía dar testimonio de su fe y se sentía
responsable de la religiosidad de sus soldados, como
lo probó al instalar en el Regimiento de Granaderos a
Caballo la costumbre de las oraciones de la mañana, el
rosario diario y la misa dominical.
A lo largo de toda su vida, San Martín tuvo muchos
amigos sacerdotes. Durante la jornada de San Lorenzo,
trabó relación con el padre Julián Navarro, párroco de
Rosario, que se ofreció como capellán de la tropa. En
el parte de batalla, después de felicitar el valor e
intrepidez de la oficialidad, San Martín destaca “al
esforzado y benemérito párroco Dr. Julian Navarro, que
se presentó con valor, animando con su voz y
suministrando los auxilios espirituales en el campo de
batalla.” Acompañó al Libertador hasta Chile, donde
fue nombrado por O’Higgins rector del seminario de
Santiago. También demostraría San Martín su gratitud a
los religiosos de San Lorenzo: “Es notoria la decidida
adhesión de aquella Comunidad a la sagrada causa de
América, de la que he sido testigo en las
inmediaciones de aquel Convento...”. El 16 de mayo de
1813 escribe al superior: “Diga usted un millón de
cosas a esos virtuosos religiosos; asegúreles usted
que los amo con todo mi corazón y que mi
reconocimiento será eterno como mi existencia.”
Muy próximo a San Martín estuvo el franciscano Fray
Luis Beltrán, especialista en artillería y responsable
de dirigir la preparación de todo el equipo que
necesitaban las tropas, desde uniformes hasta cañones,
que acompañaría al general en toda su campaña
libertadora hasta el Perú con el grado de Teniente
Coronel Ingeniero. 
En 1814 San Martín, que acababa de reemplazar a
Belgrano en el Ejército del Norte, recibió una carta
de escrita por éste, muy reveladora de la fe cristiana
que alentaba a ambos, lo mismo que al pueblo criollo
“La guerra, allí, no sólo la ha de hacer usted con las
armas sino con la opinión, afianzándose siempre ésta
en las virtudes morales, cristianas y religiosas, pues
los enemigos nos la han hecho llamándonos herejes, y
sólo por este medio han atraído gentes bárbaras a las
armas, manifestándole que atacábamos la Religión.
(...) No se deje llevar por opiniones exóticas, ni de
hombres que no conocen el país que pisan; por este
medio conseguirá usted tener al Ejército bien
subordinado, pues él, al fin, se compone de hombres
educados en la Religión Católica que profesamos, y sus
máximas no pueden ser más a propósito para el orden.
(...) No deje de implorar a Nuestra Señora de las
Mercedes, nombrándola siempre nuestra Generala, y no
olvide los escapularios de la tropa; deje usted que se
rían, los efectos le resarcirán a usted de la risa de
los mentecatos que ven las cosas por encima. Acuérdese
usted que es usted General Cristiano, Apostólico
Romano; cele de que nada, ni aun en las conversaciones
más triviales, se falte el respeto a nuestra Santa
Religión.” (8) San Martín tuvo en cuenta las palabras
de Belgrano sobre la importancia de la oración y las
ceremonias del culto .y las puso en práctica durante
la formación del ejército de Cuyo. Cuenta el general
Jerónimo Espejo que “los domingos y días de fiesta, se
decía misa en el campamento y se guardaba descanso. En
el centro de la plaza se armaba una gran tienda de
campaña (forrada de damasco carmesí que desde
Inglaterra le habían mandado al general); allí
colocaban el altar portátil y decía la misa el
capellán castrense José Lorenzo Güiraldes o alguno de
los capellanes del cuerpo. El ejército se presentaba
en el mejor estado de aseo (...) presidiendo e acto el
general, acompañado del resto del estado mayor.
Concluída la misa, el capellán dirigía a la tropa una
plática de treinta minutos, reducida por lo general a
excitar las virtudes morales, la heroicidad en la
defensa de la Patria y la más estrecha obediencia a
las autoridades y superiores.” (9) 
Esta actitud no impedía a San Martín depositar también
su fe en la acción de la logia Lautaro. Veía con
claridad la necesidad de unión entre los americanos
para lograr sus metas independientistas. Le preocupaba
hondamente el cariz anárquico que iba tomando la
revolución. El orden y la disciplina eran más
necesarios que nunca: ¿cómo hacer para unir a los
indómitos criollos, tan valerosos como contestatarios?
La masonería podía ser un nexo importante para lograr
que se pusieran de acuerdo, pensaba San Martín
“Trabaje, mi amigo, -decía en carta a Guido- para que
se consolide la unión de un modo indisoluble: que
todos formen un solo cuerpo, de lo contrario esto
termina en poco tiempo.” San Martín pensaba que la
gente culta, liberal e ilustrada que formaba la Logia,
era la única capaz de equilibrar en forma racional el
creciente localismo de las provincias. Asi lo
expresaba en carta a Pueyrredon, Director Supremo: “No
hay otra manera, amigo mío; o conseguimos poner a la
cabeza de cada provincia y de cada ejército un amigo
de la razón, (10) o perecemos entre guerras civiles.”
(11)

La religión cristiana fomentaba también esa unidad tan
difícil de lograr. Cada atardecer; al “caer la
oración”, como decía el viejo pueblo criollo, las
tropas se juntaban por compañías para rezar el
rosario, costumbre que continuo durante toda la
campaña. Siguiendo los consejos de Belgrano, en enero
de 1817, San Martín declaró a la Virgen del Carmen
Patrona del Ejército de los Andes y durante una
triunfal ceremonia en la plaza, ante el pueblo y las
tropas, le entregó su bastón de mando. La devoción
hacia la Madre de todos calaba hondo en los afectos de
los soldados Luego se bendijeron las banderas. “Era
grandioso, imponente el espectáculo que allí
presentaba este nuevo ejército de la República,
creado, organizado y equipado en poco más de un año
–recordaba un testigo del hecho-. El General San
Martín, en gran uniforme, con brillante Estado mayor,
se había colocado a la derecha del altar que se había
levantado en la puerta de la Iglesia Matriz. El
Capellán Castrense, canónigo Güiraldes, celebró la
misa y bendijo las banderas. Terminada la ceremonia
religiosa, el general en jefe, tomando una de estas en
su diestra y avanzando hacia las gradas del atrio
(...) con voz sonora dijo: ¡Soldados! Son estas las
primeras banderas que se bendicen en América. Jurad
sostenerlas muriendo en su defensa como yo lo juro,
¡Lo juramos! Respondieron tres mil y más voces,
atronando el aire...” (12)
En febrero de ese mismo año, San Martín enviaba a
Pueyrredon el glorioso parte de la batalla que
cambiaría la situación de América del Sud: “En 24 días
hemos hecho la campaña, pasamos las montañas más
elevadas del globo, concluimos con los tiranos y dimos
la libertad a Chile.”
Junto al deseo de lograr la libertad y la
independencia de América, san Martín 
anhelaba la paz. Lo primero que hizo al llegar a Perú
fue pedir una entrevista personal con el nuevo virrey,
el general La Serna, pensando que, el ser ambos
liberales, facilitaría llegar a un acuerdo. “General,
-fueron sus palabras- considero este día como uno de
los más felices de mi vida. He venido al Perú desde
las lejanas márgenes del Plata, no a derramar sangre,
sino a fundar la libertad y los derechos de los que la
misma metrópoli ha hecho alarde al proclamar la
constitución del año 12 que V.E. y sus generales
defendieron. Los liberales del mundo son hermanos en
todas partes.” (13) La Serna parecía estar de acuerdo
pero el general Valdez y otros no aceptaron la
propuesta. El fracaso de las negociaciones apresuró la
evacuación de la capital peruana El 10 de julio de
1821 las fuerzas patriotas entraban en Lima.
Poco después proclamaba el Estatuto provisional, cuyo
primer artículo decretaba que la religión del Estado
sería la católica, apostólica, romana como hasta el
momento lo había sido en toda la América hispana. Pero
mas que los decretos son las obras de San Martín las
que demuestran su espíritu cristiano. Su amor por la
paz y la unidad de los pueblos, su desinterés y
sobriedad, la humildad demostrada en tantas ocasiones
en la que descuella como algo excepcional su actitud
ante Bolivar en Guayaquil.“Los dos no cabemos en el
Perú”, confesó a su amigo Tomás Guido, y anteponiendo
sus ideales a todo personal interés dio un paso al
costado para que el Libertador del Norte pudiera
brillar sin incómodas competencias. Lo cierto es que
su actitud lo había desilusionado: ahora que Buenos
Aires y Chile le negaban su apoyo era el momento de
que ambos libertadores concluyeran juntos y lo antes
posible aquella guerra que estaba agotando a todos.
San Martín ofreció actuar como segundo jefe pero
Bolivar no aceptó con el pretexto de que “su
delicadeza le haría imposible darle órdenes”. San
Martín se retiró temprano del baile ofrecido en su
honor, y se embarcó para Chile.
No parece que la masonería hubiera sido responsable de
la actitud de ambos Libertadores. Por entonces Bolivar
tenía muy mala opinión sobre los masones, como lo
prueba la carta, algo posterior al suceso, enviada a
Santander, desde Potosí, por el Libertador de
Venezuela, en 1825. (14) 
En Mendoza supo la muerte de su joven mujer “amiga y
compañera. Pensó entonces retirarse a campo o a la
banda Oriental y dedicarse a la educación de su hija
pero el hostil ambiente que encontró en la capital lo
decidió a llevarla a Europa por tiempo indeterminado.
Ya en sus últimos años, según Vicuña Mackena, el
general “vivia con la austeridad de un anacoreta. Su
hija había cambiado para él el hogar del soldado en un
santuario.” Félix Frías, que lo vió ya muerto, habla
de la serenidad de ese rostro severo y respetable: “Un
crucifijo estaba colocado sobre su pecho y otro en una
mesa entre dos velas que ardían al lado de su lecho de
muerte. Dos hermanas de Caridad rezaban por el
descanso del alma que abrigó aquel cadáver.” También
recuerda lo que le había contado su hija sobre la
serena muerte del héroe, dispuesto, no a librar una
última batalla sino, ¡por fin!, a descansar. En un
momento ella lo había oído murmurar: “C’ést l’orage
qui mene au port”... 
Era la tormenta que conducía al barco de su vida hacia
el Puerto Definitivo.

Notas:

1- Martín V. Lazcano, Las Sociedades secretas,
políticas y masónicas en Buenos Aires, Ed. El Ateneo,
Bs.As. 1927

2- P. Pasquali, op.cit.

3- Vicente Fidel López afirma que “la Lautaro no fue
una vaguedad revolucionaria ni un título de ocasión
sacado de la Araucana de Ercillia sino una palabra
intencionadamente masónica y simbólica cuyo
significado específico no era “guerra a España” sino
“expedición a Chile”, secreto que sólo se revelaba a
los iniciados al tiempo de jurar el compromiso.”
Lautaro era el nombre de un cacique araucano que luchó
por su tierra contra los españoles en el siglo XVI.

4- Enrique de Gandía: La independencia de América y
las sociedades secretas. citada por Emilio Corbiere,
La Masonería, Ed. Sudamericana, Bs.As., 1998 

5- Belgrano había pertenecido a la Logia Independencia
como todos los que formaron luego la “Sociedad de los
Siete”. Según Lappas, presidio una logia en el
Ejército del Norte.. Alcibíades Lappas, La masonería
argentina a través de sus hombres, Bs. As., 2000

6- Guilermo Furlong, s.j., Prólogo a la obra de
.J.L.uis Trenti Rocamora, Las convicciones religiosas
de los próceres argentinos, Ed. Huarpes, Buenos Aires,
1944.
Furlong da el ejemplo del Obispo Daniel O’Connell
quien, en 1830 era “Jefe de toda la masonería en
Irlanda”

7- Martín Lazcano, op. cit.

8- Epistolario belgraniano, op.cit

9- Citado en Luis Trenti Rocamora, Las convicciones
religiosas de los próceres argentinos, Ed. Huarpes,
Bs.As. 1944.

10- Es decir, perteneciente a la Logia

11- Pueyrredon a San Martín, 14 de octubre de 1816,
citado en Ibid.

12- Relación de Daniel Hudson, citada por Luis Trenti
Rocamor, Op, cit.

13- Tomás Guido,” Negociacones de Punchauca”, citado
por Patricia Pasquali en San Martín confidencial,
op.cit.

14- “Malditos sean los masones y los tales filósofos
charlatanes...Por filósofos, masones y cuervos no he
de ir a Colombia. Por acá no hay nada de esto, y los
que haya serán tratados como es justo.
Potosí, 21 de octubre de 1825” Citado por Horacio
Salduna en Op.cit. 

Lucía Galvez, 17 de agosto de 2007





"Cuando maduró y se reconoció en motivos, en guías desconocidas de su propia vida, en su escasa propia libertad, gastó su adolescente madurez en conocerse, trató con analistas y psiquiatras, tarotistas y decidores de la ventura, habló con amigos no sin cierta desconfianza, leyó, preguntó a sus padres y a algún profesor de su exquisito aprecio, abrió una ventana, se recostó, cerró los ojos, acordonó su pasado largo, tachó razones, y recordó un pasaje de un cuento que decía que el hombre tenía motivos desde antes de escribir historia y que por eso, tal vez no era preciso el intentar reconocerlos. Esa noche durmió bien y a la otra noche, después de dar a luz, murió. "



      Las últimas noticias sobre el Mundial de Rugby 2007 están en Yahoo! Deportes. ¡Conocelas!
http://ar.sports.yahoo.com/mundialderugby




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular