[R-P] [CUPV] La historia de Régis Debray.

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Lun Oct 8 15:34:11 MDT 2007


La historia de Régis Debray

Por Eduardo Febbro

Desde París

Han pasado tantos años y ha corrido tanta tinta...
pero muchos pliegues de la historia quedaron envueltos
en la corriente del tiempo y de las sucesivas
versiones del episodio que condujo al Che a Bolivia,
al arresto y condena en Bolivia del intelectual
francés Régis Debray, a la posterior detención del
Che, a su asesinato y a la liberación de Debray.
Biógrafos, comentaristas, agentes de la CIA y hasta
algunos compañeros del Che que sobrevivieron a la
expedición boliviana han dado de este episodio y de la
captura del Che argumentos siempre renovados,
contrapuestos, contradictorios, a veces delirantes,
otras lejanos a toda forma constatada de la verdad. De
la media docena de biografías válidas que existen del
Che ninguna ofrece la misma explicación. ¿Quién
entregó al Che? La versión más sólida apunta a Debray
como el culpable de haber indicado dónde se encontraba
Guevara en su periplo mortal por Bolivia. El 31 de
agosto de 1996, en Buenos Aires, la primera hija del
Che, Aleida Guevara, acusó a Debray de haber “hablado
más de lo necesario”.


El acusado encontró un defensor inesperado en Benigno,
uno de los ex compañeros del Che en Bolivia, que negó
que Debray fuera el responsable directo del arresto.
Dos años más tarde, el mismo Benigno iba a ser
protagonista de una de esas escenas dignas de un
circo: ya exiliado en Francia, Benigno viajó a Miami
para encontrarse con Felix Rodríguez, un agente cubano
de la CIA que pasó años persiguiendo al Che por medio
planeta. Ambos posaron juntos en una foto para
promover la paz entre cubanos. Enemigos de antaño,
reconciliados por la vejez y los intereses políticos
del momento.

Rodríguez no comentó en ese entonces las confidencias
que le había hecho en 1989 al periodista
norteamericano John Weisman, publicadas luego en el
libro Shadow Warrior. Allí, el ex agente de la CIA
afirma que luego de la captura de Debray –20 de abril
de 1967– el intelectual francés, interrogado por la
CIA, dijo lo esencial: “Fue el testimonio de Debray lo
que convencio a la CIA de concentrar sus esfuerzos en
la captura del revolucionario”. En 1996, el periodista
norteamericano John Lee Anderson escribió una de las
biografías de referencia –Che Guevara, A Revolutionary
Life– en la cual también desarrolla el argumento de
que fueron las palabras de Debray las que sellaron el
destino del Che. Otras versiones, en especial la del
intelectual y político mexicano Jorge Castaneda
–Compañero. Vida y muerte del Che Guevara– y la del
francés Pierre Kalfon –Che Guevara, una leyenda del
siglo– dan vuelta esas acusaciones y acusan a Ciro
Bustos de haber hablado demasiado. Bustos era uno de
los compañeros del Che en Bolivia arrestado al mismo
tiempo que Debray. Leídas a través del tiempo, cada
biografía parece responder a una voluntad personal de
buscar un culpable: Bustos, Debray o algún otro.

Los bolivianos que participaron en aquella caza a los
revolucionarios sonríen con cierta condescendencia
cuando evocan. Uno de ellos dijo a Página/12: “A
Debray no teníamos necesidad de torturarlo para que
hablara. Tenía tanto miedo que cuando le soplábamos
los ojos se ponía a llorar. Pero lo que él pudo decir
no cambia la historia, no nos servía de mucho.
Nosotros ya sabíamos por dónde andaba el Che cuando
capturamos a Ciro Bustos y a Régis Debray. La CIA nos
había dado un respaldo decisivo”. Los bolivianos
aseguran hoy que no les hacía falta ni que Bustos, ni
que Debray les confirmara que el comandante Ramón era
el Che.

El año pasado, el general Gary Prado, el hombre que el
9 de octubre de 1967 capturó al Che en La Higuera al
mando de la compañía de los Rangers, contó a Página/12
las condiciones del arresto, la lástima que le daba
tener al Che cercado desde hacia algunas semanas,
observándolo como palomas prisioneras hasta cerrar
para siempre el diario de esa aventura. “Esos últimos
días son totalmente surrealistas. Sabían que el
ejército se les estaba viniendo encima, nos habían
visto, sabían que mi compañía tenía 160 hombres. ¿Y
qué hicieron? En vez de dispersarse y decir, bueno,
hasta otro día camaradas, dejamos los fusiles, nos
compramos un pantalón y una camisa, nos sacamos la
barba y sálvese quien pueda, no, siguieron marchando
¿rumbo a qué? ¿Al sacrificio? Había combatientes muy
buenos, de mucha experiencia, pero totalmente
desubicados dada la realidad del país. Estaban
perdidos en una zona donde las características son
difíciles, ahí en pie de monte, al comienzo del Chaco,
donde no hay ni mucho que comer y donde la gente es
muy especial”. Prado narró a este diario la forma en
que el grupo del Che se dividió en dos –en uno de
ellos estaba Debray– y cómo esa división los llevó a
la pérdida.

Régis Debray fue juzgado y condenado a 30 años de
cárcel. Casi cuatro años después salió en libertad
gracias a una negociación secreta con Francia cuyos
compromisos nunca fueron cumplidos por París. Hace
casi cuatro décadas, los diplomáticos bolivianos se
enteraron de que Debray había sido puesto en libertad
leyendo el diario Le Figaro. Sólo al día siguiente les
llegó de La Paz un telegrama con la confirmación y el
anuncio de que llegaría un agregado militar en misión
especial, el general León Kolle Cueto, hermano del ex
primer secretario del Partido Comunista de Bolivia. En
los años en que Debray estuvo preso en Bolivia el
personal diplomático boliviano era la oveja negra de
los círculos diplomáticos: “No nos invitaban ni a un
cóctel de beneficencia”, recuerda uno. El general
Kolle Cueto fue acreditado debidamente en la
cancillería francesa y pidió cita con el ministro de
Defensa, Michel Debré. Este jamás lo recibió. Cueto
había sido enviado a París a cobrar la recompensa
pactada en la negociación destinada a abrir las
puertas de la cárcel de Régis Debray. El acuerdo era
amplio. Francia se había comprometido a entregar
lanchas fluviales para la Fuerza Naval boliviana,
equipamiento completo para un batallón de ingenieros,
entrenamiento a pilotos de la Fuerza Aérea y un
hospital militar. Nunca hubo ni lanchas, ni hospital,
ni equipos de ningún tipo. Cueto refirió el problema
de la cita con el ministro a la cancillería francesa y
obtuvo una cita con el canciller Maurice Schumann. El
canciller lo recibió y cuando el general le reveló el
acuerdo, Schumann le dijo: “Es imposible. Francia no
negocia esas cosas”. Cueto se quedó sin el tributo que
su país había negociado en medio de circunstancias
políticas nacionales muy especiales.

Bolivia estaba gobernada entonces por el general Juan
José Torres, un militar del ala izquierda de las
fuerzas armadas que había llegado al poder mediante un
golpe de Estado y luego fue derrocado por otro golpe
lanzado por Hugo Banzer. Uno de los hombres que
negociaron el acuerdo con los franceses, que desempeñó
un papel preponderante en la posterior liberación de
Debray, el ex vicecanciller Fernando Laredo, no
recuerda los hechos con ningún encono: “Los franceses
no cumplieron pero eso fue culpa nuestra. Nosotros
manejábamos el asunto de la liberación de Debray pero
como el gobierno de Torres no controlaba todo en algún
lado se nos fue de la mano. Había otros grupos que
también negociaban con los franceses. Francia no nos
engañó. Había mucha confusión y demasiados
negociadores. Eso fue lo que pasó”. Laredo refirió a
Página/12 que la liberación, con o sin acuerdo, fue
una decisión política de Torres. “Sabíamos que si
nosotros no lo sacábamos otros militares lo iban a
liquidar. Para ellos, Debray era un apoyo sustancial
de las guerrillas de América latina, lo que no era
cierto. Era una cuestión de principio”.

La decisión de extraer a Debray de la cárcel la tomó
Torres en persona. Pero no fue simple. Ciertos
sectores castrenses no querían soltar a Debray. Para
conseguirlo se montó una operación al mando del mayor
Rubén Sánchez, comandante de los Colorados de Bolivia,
el regimiento de escolta presidencial, militar de
izquierda y miembro del MNR. Fue con un comando a
Camiri, donde Debray estaba detenido en una división
del ejército desde la cual se dirigían las operaciones
contra la guerrilla del Che. Sánchez tomó el edificio
y liberó a Debray. “El avión ya estaba listo para
llevárselo. Cuando el comando entró en Camiri Debray
pensó que venían a matarlo”, cuenta Laredo. El avión
partió rumbo a Chile.

Debray escribe numerosos ensayos y, como muchos otros
ex aventureros de izquierda, sus ideas huelen a
salones para damas elegantes y asustadizas que acuden
de vez en cuando a los confesionarios. París no
entregó jamás las piezas del intercambio. Debray nunca
pagó sus deudas. Ni con Bolivia, ni con la historia de
América latina.




"Cuando maduró y se reconoció en motivos, en guías desconocidas de su propia vida, en su escasa propia libertad, gastó su adolescente madurez en conocerse, trató con analistas y psiquiatras, tarotistas y decidores de la ventura, habló con amigos no sin cierta desconfianza, leyó, preguntó a sus padres y a algún profesor de su exquisito aprecio, abrió una ventana, se recostó, cerró los ojos, acordonó su pasado largo, tachó razones, y recordó un pasaje de un cuento que decía que el hombre tenía motivos desde antes de escribir historia y que por eso, tal vez no era preciso el intentar reconocerlos. Esa noche durmió bien y a la otra noche, después de dar a luz, murió. "



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