[R-P] Enrique Lacolla Aventuras en Birmania

José María Cavalleri ingcavalleri en hotmail.com
Dom Oct 7 06:18:03 MDT 2007


Perspectivas
Aventuras en Birmania
Las protestas en Birmania son apoyadas por Occidente y seguidas con mucha 
reserva por China y la India.
Enrique Lacolla
Periodista

Desde 1914 para acá, el mundo se ha encogido de manera dramática. Para el 
público en general, vastas regiones que antes no había sentido nombrar 
empezaron a cobrar presencia en el mapa. Los vehículos de este 
descubrimiento fueron los modernos medios de comunicación. Pero, sobre todo, 
la guerra.

Arrancando del cine, pasando por la radio y rematando en la actual e 
irreprimible carrera hacia el espacio informático que cumplen los medios 
audiovisuales, cuyos noticiarios (por ejemplo) nos pasan de un escenario a 
otro sin solución de continuidad y nos instalan de pronto en el seno de una 
manifestación en Bangladesh tras obsequiarnos con algunas escenas de un 
partido de tenis o con el último coche bomba explotado en Bagdad, el mundo 
le es servido al cliente que consume información como un plato al instante.

¿A quién le preocupaba Myanmar antes de los disturbios que por estos días 
contemplaron el enfrentamiento entre los monjes budistas y la dictadura 
militar que rige ese país? ¿Sobre todo, dónde se encontraba Myanmar?

Para algunos, se trataba de un país lleno de pagodas, tal vez interesante 
desde un punto de vista turístico pero relativamente poco frecuentado por 
los viajeros del Occidente desarrollado, que suelen preferir otros destinos 
en el sudeste asiático, mejor dotados de posibilidades de diversión, 
incluido algo de turismo sexual...

Los más o menos versados en historia lo recordarían como una ex colonia 
británica, llamada Birmania (Burma, en inglés), escenario de una serie de 
campañas durante la Segunda Guerra Mundial que tuvieron a la estratégica 
“carretera de Birmania” como objetivo de japoneses, anglo-hindúes y 
norteamericanos, interesados en controlar esa ruta para impedir o consentir 
el flujo de abastecimientos a la China de Chiang Kai-shek, enzarzada en 
lucha con los nipones.

Alguna que otra película –Aventuras en Birmania, Dios es mi copiloto, El 
puente sobre el río Kwai– le ponían un perfume mítico y heroico a esa 
región, aunque, eso sí, desde una perspectiva eurocéntrica, que tenía por 
rostros visibles a Errol Flynn o Alec Guinness.

Se sabía, sí, que había una brutal dictadura militar, presidida por una 
Junta, proveniente de los días en que los regímenes de fuerza eran valorados 
por Estados Unidos como contrafuertes contra el comunismo, y que existía una 
líder opositora –una mujer de singular belleza, Auung San Suu Kyi– que 
estaba sometida a un arresto domiciliario permanente.

¿Claves? Algunas claves para acercarse a la naturaleza de la crisis actual 
pueden ser el papel central que tiene la religión en ese país de 50 millones 
de habitantes; y, sobre todo, el carácter social de las protestas, fruto de 
una desastrosa gestión económica, consecuencia a su vez de las políticas 
neoliberales comandadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco 
Mundial, a las que la Junta se había plegado sin resistencia.

Estados Unidos, obedeciendo a su retórica democrática, ha pasado a apoyar 
las protestas, a las que algunos de sus medios bautizaron como “la 
revolución azafrán”, en alusión a las túnicas de los monjes y a las 
“revoluciones de color” propulsadas por Washington en la ex Unión Soviética 
y que culminaron en la separación, por ejemplo, de Ucrania y Georgia de 
Rusia. Una separación inestable y que no es seguro que sea definitiva, como 
lo demuestran los resultados de las últimas elecciones ucranianas, pero que 
es un dato a tomar muy en cuenta en el tablero del Gran Juego de la política 
mundial.

No es imposible que Washington especule con la posibilidad de favorecer la 
instalación en Rangún de un poder favorable a Occidente, de tonalidad más 
tolerable y vendible que la revestida por el despótico régimen militar que 
rige al país desde hace más de 20 años. Suu Kyi y su partido serían los 
preferidos y podrían contar con la anuencia del sector más moderado de los 
militares, interesado en salir al menor costo posible del actual enredo.

Sin embargo, habría tendencias radicales en el seno del movimiento monacal y 
del espectro opositor que no estarían satisfechas con uno de esos cambios 
para no cambiar nada y cuyo llamado a formar un gobierno interino y convocar 
elecciones multipartidistas fuera rechazado por la líder opositora.

Pero hay otros factores a tomar en cuenta. Napoleón dijo en una ocasión que 
para entender la política de un país no había más que mirar el mapa. Y 
Birmania se sitúa en la inmediata vecindad de China y la India. El gobierno 
de esta última ha declarado que no apoyará sanciones contra el régimen de 
Rangún.

En cuanto a China, que ejerce una tutela casi indisimulada sobre su vecino, 
se abstiene, por ahora, de todo comentario.

© La Voz del Interior

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