[R-P] [CUPV] Miles de Mexicanos recuerdan la Masacre de Tlatelolco

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mie Oct 3 23:19:21 MDT 2007


Miles de Mexicanos recuerdan la Masacre de Tlatelolco

Tragedia, representación teatral para recordar los
acontecimientos del 2 de octubre de 
1968, escenificada en la Plaza de las Tres Culturas,
en Tlatelolco. Foto: Roberto García.

El entonces presidente mexicano, del PRI, Gustavo Díaz
Ordaz, ordenó en 1968 al ejército ocupar el campus de
la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Al
atardecer del 2 de octubre los estudiantes salieron
del casco de la escuela para refugiarse en la Escuela
de Ciencias Biológicas, la cual fue rodeada y baleada
en repetidas ocasiones, en la madrugada llegaron
cientos de soldados y el ejército rodeo la escuela con
tanquetas, instantes después fue tomado el plantel
salvajemente, golpeando a hombres y mujeres y
llevándoselos a todos en camiones, muchos sin moverse,
en aquel fatídico día. La masacre continuó durante la
noche, los soldados allanaron los edificios de
apartamentos adyacentes a la plaza. Testigos de los
hechos aseguran que los cuerpos fueron sacados en
camiones de basura. Los medios comerciales de México y
de todo el mundo se hicieron cómplices del genocidio,
pues publicaron que los soldados habían actuado "en
respuesta a francotiradores". Luego se comprobó que
ningún estudiante había estado armado. La masacre
representa uno de los episodios más trágicos de la
historia reciente de México. En la actualidad, aun
existen numerosos casos de desaparecidos sin aclarar,
quedando impunes los crímenes que se hayan cometido.  
            

@DIN, 3 de octubre de 2007 - Miles de jóvenes
arribaron al Zócalo anoche, desde Zacatenco,
Tlatelolco y la Normal de San Cosme para rendir
homenaje a las víctimas de la Matanza de estudiantes
de 1968. La matanza, ordenada por el presidente
Gustavo Díaz Ordaz, ocurrió en la Plaza de la Tres
Culturas de Tlatelolco hace 39 años.
La matanza de Tlatelolco, ocurrida el 2 de octubre de
1968 en la Plaza de las Tres Culturas en el Barrio de
Tlatelolco, Ciudad de México fue una represión militar
organizada directamente por el gobierno mexicano
contra grupos estudiantiles críticos del sistema
político que encabezaba el Partido Revolucionario
Institucional. No se ha logrado esclarecer la cantidad
de muertos: algunos estimados apuntan a centenas (más
de 300 personas), pero casi todas las fuentes
gubernamentales reportan una estimación de no más de
100. En realidad, centenares de personas resultaron
heridas y varios arrestados. La fuente oficial reportó
en su momento más de 100 muertos. El gobierno mexicano
nunca ha revelado el número de muertos, a pesar de que
se sabe que fue contabilizado, y se cree que nunca se
revelará.
A 39 años de la masacre de Tlatelolco, ex dirigentes
del movimiento estudiantil del 68, académicos y
escritores se dieron cita en la Plaza de las Tres
Culturas, en Tlatelolco, para rendir un homenaje a los
caídos el 2 de octubre.
Miles de personas, en su mayoría estudiantes de
distintos planteles, marcharon este martes, 2 de
octubre, en el DF para conmemorar la matanza ocurrida
en la Plaza de la Tres Culturas de Tlatelolco hace 39
años.
En contingentes que partieron de Zacatenco, Tlatelolco
y la Normal de San Cosme, los manifestantes se
dirigieron al Zócalo capitalino , a donde arribaron
alrededor de las 19 horas.
Una movilización partió de la Plaza de las Tres
Culturas, en Tlatelolco, a las 16:30 horas, y debido a
esta se cerró la circulación en los carriles centrales
de Paseo de la Reforma, desde el cruce con avenida
Ricardo Flores Magón hasta la intersección con la
avenida Plaza de la República.
También fue cerrado al tránsito vehicular en el Eje
Central Lázaro Cárdenas desde la zona de Tlatelolco y
hasta el perímetro de la Alameda Central, debido al
paso de otros contingentes por esa arteria.
Durante el acto Elena Poniatowska, autora del libro
"La noche de Tlatelolco", dijo que a casi cuatro
décadas de la masacre que enlutó al pueblo de México
"no se ha hecho justicia".
Tras rememorar los momentos vividos entonces, dijo que
hay que recordar que "aquí hubo una matanza, tenemos
que tener memoria, porque alguna vez le preguntaron a
un niño en la escuela si sabía quién era Hitler y él
respondió, como inocente que era, que era un señor que
hacia autopistas".
Entonces, enfatizó, para "que nosotros sepamos qué es
lo que sucedió, que bueno que nos reunamos aquí, que
les rindamos homenaje a los que aquí cayeron".
A los asistentes del Comité del 68, entre ellos, Jesús
Martín del Campo, Félix Hernández Gamundi, Ana Ignacia
Rodríguez y José Campa, les dijo: "lo que están
haciendo es un acto de amor y esta es la manera de que
salvemos nuestro país, que nos reunamos y recordemos
como ahora lo que nos sucedió".
A su vez, Martín del Campo subrayó la importancia de
que no se pierda la memoria de aquellos
acontecimientos, "para que no haya condiciones de que
se repitan".
Dijo que hace 39 años, en esta plaza "se consumó un
crimen de Estado, largamente preparado por (Gustavo)
Díaz Ordaz, (Luis) Echeverría, los militares que
dirigían el Ejército en aquella época, las policías,
todos los integrantes de un régimen de gobierno, que
tenían una mentalidad absolutamente autoritaria".
Para terminar los presentes hicieron una guardia de
honor en el muro de los caídos y colocaron una ofrenda
floral.
La movilización, a la que se sumaron decenas de
autobuses ocupados por estudiantes, transcurrió sin
mayores incidentes y únicamente se ha registrado la
detonación de algunos cohetones, así como pintas en
las fachadas de casas y comercios.
La SSPDF detalló que el contingente que se había
reunido frente a la Escuela Normal de Maestros, en
Ribera de San Cosme, se dispersó y los estudiantes
utilizaron el transporte público para trasladarse al
Zócalo.
Más de mil 200 policías capitalinos vigilaron desde
tierra y aire la marcha de los distintos contingentes
de estudiantes, principalmente de la Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Instituto
Politécnico Nacional (IPN).
Por la mañana se realizó una misa en la Plaza de las
Tres Culturas para recordar a los estudiantes que hace
39 años murieron en Tlatelolco durante una jornada de
protestas.

Matanza de Tlatelolco
Cronología de los hechos 

Fuente: Wikipedia

13 de septiembre de 1968: tiene lugar la "marcha del
silencio", una manifestación de mas de 250,000
personas, en donde todos iban en silencio para evitar
que la policía pusiera como pretexto la provocación
por parte de los estudiantes.

El 18 de septiembre el ejército ocupó la Ciudad
Universitaria; hubo detenidos. Cabe señalar que las
actividades de investigación y administrativas no
habían entrado a la huelga, así como algunas de
difusión cultural. Sólo la actividad docente
permanecía interrumpida.

El 19 de septiembre, el rector protestó por la
ocupación militar y encabezó una manifestación, la
primera en la que la rectoría de la UNAM apoyó
explícitamente al movimiento, la ocupación duró 12
días. La Cámara de Diputados, en voz de su líder Luis
Farías, atacó al rector Barros Sierra, quien presentó
su renuncia, sin que le fuera aceptada. La Junta de
Gobierno le pidió expresamente que permaneciera al
frente de la Universidad Nacional Autónoma de México.

El 23 de septiembre se enfrentan las fuerzas del
gobierno y los estudiantes en el Casco de Santo Tomas,
campus principal del IPN.

El día 27 de septiembre se realiza un mitin en la
Plaza de las Tres Culturas, ahí se invita a otro mitin
que se llevará a cabo el 2 de octubre, en ese mismo
lugar a las cinco de la tarde.

El 1 de octubre se reanudaron las labores de
investigación, administración y, parcialmente, las de
difusión cultural en la UNAM. El CNH decidió mantener
la huelga escolar.

La tarde del 2 de octubre de 1968, cuando la ciudad
guardaba silencio, miles de estudiantes salieron a la
calle a protestar contra el autoritarismo
gubernamental, que se hacía presente en persecuciones,
secuestros, torturas y asesinatos contra quienes
mostraban públicamente su rechazo. La Secretaría de
Gobernación a cargo de Luis Echeverría, respondió
enviando al ejército y toda su estructura policíaca
"para poner fin al prolongado conflicto".

La masacre estuvo precedida por meses de
intranquilidad política en la capital mexicana, con
manifestaciones y protestas estudiantiles para apoyar
los eventos que sucedían en el mundo en 1968.

El 27 de agosto más de 200.000 estudiantes marcharon
por el centro de la Ciudad de México y se instalaron
en el Zócalo (plaza central del D. F.). Al día
siguiente fueron reprimidos por la policía y el
ejército mexicano.

Los estudiantes buscaban atraer la atención que había
sobre la ciudad por los Juegos Olímpicos de 1968. El
entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, del PRI,
estaba empeñado en detener las protestas y en
septiembre, semanas antes de la masacre, ordenó al
ejército ocupar el campus de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM). El ejército detuvo y golpeó
indiscriminadamente a muchos estudiantes. Como señal
de protesta el rector Javier Barros Sierra renunció el
23 de septiembre.
Ese mismo 23 de septiembre estudiantes del IPN en
manifestación, se atrincheraron de la represión
policíaca en el Casco de Santo Tomas, el cual fue
cercado por granaderos y policías. Al atardecer los
estudiantes salieron del casco de la escuela para
refugiarse en la Escuela de Ciencias Biológicas, la
cual fue rodeada y baleada en repetidas ocasiones, en
la madrugada llegaron cientos de soldados y el
ejército rodeó la escuela con tanquetas, instantes
después fue tomado el plantel salvajemente, golpeando
a hombres y mujeres y llevándoselos a todos en
camiones, muchos sin moverse, en aquel fatídico día.
La masacre continuó durante la noche, los soldados
allanaron los edificios de apartamentos adyacentes a
la plaza. Testigos de los hechos aseguran que los
cuerpos fueron sacados en camiones de basura. Los
medios de difusión de todo el mundo publicaron la
noticia de que se había registrado el choque más
sangriento entre los estudiantes y tropas del
gobierno. También se hallaron 445 heridos. Ningún
estudiante portaba armas. Los policias traían
revólveres y armas de guerra.

El día 9 el CNH acepta la tregua Olímpica, ninguna
manifestación del 12 al 28 de Octubre.

El sábado 12 se inauguraron las Olimpiadas de México
68, bautizadas desde el principio como las "olimpiadas
de la paz", de ahí su logotipo.

El día 4 de diciembre los estudiantes regresaron a
clases.

La masacre representa uno de los episodios más
trágicos de la historia reciente de México. En la
actualidad, aun existen numerosos casos de
desaparecidos sin aclarar, quedando impunes los
crímenes que se hayan cometido.

Masacre de Tlatelolco - Hablan las víctimas

José Gil Olmos 
La Fogata Digital

Con excepción de algunas repercusiones, valiosas pero
aisladas, en México el silencio cayó en cuanto al
conjunto de 24 fotografías inéditas que Proceso
publicó en su edición 1310. Tlatelolco sí se olvida.
El gobierno federal optó por no emitir opinión alguna
acerca de los testimonios gráficos que, sin duda,
arrojan una dramática luz sobre facetas de la tragedia
del 2 de octubre de 1968 que aún permanecen en la
oscuridad. En términos generales, la mayoría de los
medios de comunicación nacionales, impresos y
electrónicos, también prefirió callar. Fue en el
extranjero donde los documentos alcanzaron el eco que
en el país se les negó. Por fortuna, el llamado que
hizo nuestra revista a quienes se reconocieran en las
fotos sí obtuvo respuesta: la de aquellas víctimas que
tienen las agallas para dar testimonio de lo que
ocurrió en la Plaza de las Tres Culturas.
Complementariamente, a lo largo de las siguientes
páginas publicamos algunas de las 11 fotos restantes
de las 35 que en total fueron entregadas a Sanjuana
Martínez, corresponsal en Madrid.

"Al que alce la cabeza, se lo lleva la chingada" 

Florencio López Osuna era dirigente de la Escuela
Superior de Economía del IPN en el 68 y actualmente es
subdirector de la Voca 5. Es el que aparece en la
portada de la revista, la semana pasada. Llévatelo, y
a la primera pendejada, te lo chingas, fue lo último
que escuchó antes de que lo bajaran, a empellones, del
tercero al segundo piso del edificio Chihuahua.
Había sido el primer orador del mitin y fue el único
de la lista de tres comisionados para hablar esa tarde
en nombre del Consejo Nacional de Huelga —los otros
eran David Vega y Eduardo Valle—, que alcanzó a
pronunciar su discurso. 
Originario del municipio de Concordia, Sinaloa, le
había tocado hablar de la situación del movimiento
estudiantil, que se extendía por todo el país, y
anunciar que se suspendía la programada marcha al
Casco de Santo Tomás. 
Yo estaba en el centro de la tribuna. Cuando
comenzaron los disparos, me di la vuelta, y, dando la
espalda a la plaza, vi que el tercer piso se había
llenado de gente que, después supe, era del Batallón
Olimpia. Eran jóvenes como nosotros. Algunos traían
una fusca en la mano; otros cargaban metralleta. Todos
traían un guante blanco. A unos pasos de donde estaba,
David (Vega) forcejeaba por el micrófono con uno del
Batallón Olimpia, al que se le salió un tiro.
Los del batallón les dieron tres instrucciones: ‘Todos
a la pared, todos al suelo y al que alce la cabeza se
lo lleva la chingada’. Mientras tanto, un tipo alto,
fornido, con gabardina, disparaba contra la multitud. 
López Osuna permaneció de pie; durante segundos,
pegado al barandal del tercer piso, pudo ver cómo se
formaba un remolino en la plaza, la gente se movía
como una ola de mar. En ese momento, uno de los
agentes lo tumbó al piso, cayéndole encima. 
A los que estábamos en el tercer piso nos dividieron:
A unos los subieron al cuarto piso y a otros nos
bajaron al segundo. Yo fui de estos últimos. Un tipo
que estaba acostado con nosotros nos decía en qué
turno debíamos arrastrarnos. A unos pasos de ahí,
había otro tipo en cuclillas. Era el que mandaba.
Todavía lo recuerdo: patilludo, orejón. Cuando tocó mi
turno, el que estaba acostado le dijo a su jefe: ‘Éste
fue orador en el mitin’. Entonces, me jalaron, me
mentaron la madre. Ahí empezaron los chingadazos. 
Por acuerdo de una asamblea, López Osuna acudió armado
a Tlatelolco, igual que otros de sus compañeros. 
Hay que pensar qué momento estábamos viviendo:
Nuestras escuelas eran ametralladas constantemente,
había que tener con qué defenderse. Cuando estaba en
el suelo, en lo único que pensaba era en cómo
deshacerme de la pistola. El tipo patilludo me ordenó:
‘Ven acá’. Me estaba apuntando con una pistola. Y
entonces pensé que era prudente informarle que estaba
armado. El tipo se descontroló. Empezó a catearme
desesperadamente, hasta que me encontró el arma. Me
pegó con la pistola en la boca y empecé a sangrar. Y
le dijo a uno de sus compañeros: ‘Llévatelo, y a la
primera pendejada, chíngatelo’. 
En el segundo piso le quitaron el cinturón y, a
diferencia de otros estudiantes, le amarraron las
manos hacia atrás. Su ropa fue cediendo a los jalones.
Sólo permanecieron en su lugar los calzones mojados.
La chamarra y la camiseta quedaron colgadas de los
antebrazos, atoradas en la atadura de las manos.
Ya bajo custodia del Ejército, con la cara sangrando,
lo pasaron bajo los chorros de agua que escurrían del
edificio. Había que lavarle la cara para poderlo
fotografiar. 
Al llegar al Campo Militar Número Uno, donde
permaneció hasta su reclusión en Lecumberri, la
versión oficial sobre la pistola se había
transformado. Éste traía una ametralladora, acusó un
militar. Sólo alcancé a decir: ‘No es cierto, era una
380, y no la disparé’.

"Somos el Batallón Olimpia, no nos disparen" 

Luis González de Alba era representante de la Facultad
de Psicología de la UNAM en el 68. Actualmente es
escritor y periodista. 
Las fotos son la constatación, la absoluta evidencia,
de lo que los líderes del movimiento del 68 venimos
diciendo desde hace más de 30 años: que la masacre de
Tlatelolco la comenzaron hombres vestidos de civil con
un guante blanco en la mano izquierda y una pistola en
la derecha. Así lo declaramos en el Ministerio Público
desde entonces, así lo declaramos después en cuantos
medios pudimos, yo lo he dicho en todos los medios en
donde he estado. Bueno, aquí está la constatación, fue
así exactamente como lo relatamos. 
En cuanto al texto que se publicó en Proceso también
la semana pasada, dice que no está de acuerdo en que
las fotos muestran la perfecta coordinación entre las
fuerzas armadas y los grupos paramilitares:
Lo que demuestran es la absoluta falta de coordinación
entre el Batallón Olimpia y el Ejército regular, que
es lo que siempre he venido diciendo. 
El grito ‘Batallón Olimpia no dispa-ren’ es el grito
del Olimpia al Ejército: ‘Somos el Batallón Olimpia,
no nos disparen a nosotros’. Esto demuestra que no
tenían ni siquiera un radio, ésa es la prueba de la
falta de coordinación: grupos diferentes del Ejército
que están comprometidos en una misma operación militar
se comunican de distintas formas, pero nunca a gritos,
eso sí resulta absolutamente aberrante.
Recuerda el testimonio del fotógrafo de Paris Match:
Dice que se encontraba en el edificio Chihuahua, en el
tercer piso, tirado en el suelo, rodeado de gente que
tenía un guante blanco en la mano, y que estaban
también tirados en el suelo. ¿Qué hacían los del
Olimpia tirados en el suelo? Ellos eran los que
llegaron a comenzar los disparos, ellos eran los
armados. Estaban tirados en el suelo porque el
Ejército vio los fogonazos y dijo: ¡Son los
estudiantes quienes nos están disparando! Y
respondieron al fuego, y fueron avanzando, disparando
hacia arriba, no hacia la gente. No estoy tratando de
hacer el elogio del Ejército, quiero simplemente poner
las cosas en su justo término, si estamos pidiendo
justicia, que haya justicia, y no que cada quien le
aumente la tinta en donde le guste.
Si el Ejército que tenía rodeada toda la plaza hubiera
llegado disparándole a la gente, no queda nadie vivo.
¡Nadie! Y no hubiéramos tenido 30 o 40 muertos, que
son los que están en la estela que levantaron en uno
de los aniversarios con el nombre de los muertos, o
los 100 o 200 que se han dicho, hubiera sido ¡todo el
mundo! Pero el Ejército no llegó así, llegó el Olimpia
a detenernos a nosotros, y aquí están las fotos de
Proceso, ésa es su gran importancia, ¡ahí están las
fotos! Exactamente como los describimos: hombres de
pelo cortado estilo militar, muchachos de aspecto
atlético, en lo general jóvenes, con un guante blanco,
y los que no traían el guante blanco, traían un
pañuelo blanco, que no hay en las fotos, pero había
algunos con un pañuelo blanco. Ahí está demostrado. 
Recuerda que en ninguna de las actas que ellos
levantaron, las autoridades permitieron que se
constatara la presencia del Batallón Olimpia. Pero,
paradójicamente, el dato se les escapó en sus
declaraciones a los militares que resultaron heridos. 
El teniente Sergio Alejandro Aguilar Lucero, del
Batallón Olimpia, en el Hospital Militar, declaró:
‘Soy miembro del Batallón Olimpia que fue conformado
para salvaguardar las instalaciones olímpicas, y nos
dieron orden para venir hoy por la tarde del 2 de
octubre. Vestidos de civil nos identificaron con un
guante blanco en la mano izquierda’. Lo mismo dijo el
capitán Ernesto Morales Soto.
Agrega: Con estas fotografías queda perfectamente
comprobada la participación de ese grupo paramilitar,
exactamente como lo dijimos nosotros. Ahora, ¿quién lo
envió, cómo fue la orden? Todo apunta a Luis
Echeverría, no hay más. ¿Quién planeó la trampa? Tuvo
que ser Echeverría, nadie más que él y el presidente
Gustavo Díaz Ordaz tenían ese poder. Yo, con toda la
infinita antipatía que siento hacia Díaz Ordaz, creo
que no fue él, porque si hubiera sido, él entonces sí
habríamos tenido una operación bien coordinada, porque
viene desde el presidente. Pero como es algo chueco,
que ni el presidente debe enterarse, quien lo hizo fue
el secretario de Gobernación, por eso se dio sin
coordinación. 
Sobre su detención, recuerda: Lo único que padecí fue
frío. Como se ve en la foto, estoy sin camisa; los
pantalones no son míos, eran de un niño, me llegaban
apenas debajo de la rodilla. La camisa ni siquiera
entró. A todos nos habían quitado la ropa, fui
golpeado en la nuca por un policía.

"Sólo iba por unas muchachas"

René Manning era músico en 1968 y hoy es dueño de un
negocio de arte y diseño en Hermosillo, Sonora: 

Era ya de madrugada. Estábamos en el cuarto piso del
edificio Chihuahua; nos separaron: por una escalera
hombres y por la otra mujeres. Estaba empapado porque
las tuberías del departamento estaban rotas por las
balas. Nos tomaron fotos a cada uno de los que íbamos
bajando. Me fijé que el fotógrafo tenía dos o tres
personas que le cambiaban la cámara, por los rollos.
Ese día, René y su amigo Fernando Leyva habían llegado
al edificio Chihuahua para reunirse con dos muchachas
que habían conocido en el café cantante Dos más Dos,
de la Zona Rosa, donde tocaba el grupo Los Schippys,
que ellos integraban con José Luis Liera. 
No recuerdo el número del departamento, pero estábamos
visitando a dos muchachas, una de ellas vivía ahí, la
otra era de Mexicali. Nos tocó la mala suerte, dice en
entrevista telefónica desde Hermosillo. 
Cuando empezó la balacera, estábamos viendo por una
pequeña ventana, apena cabían dos personas para
observar. Fernando vio que por el lado izquierdo, por
donde estaba el cine Tlatelolco, y por el lado de
Reforma, comenzaron a entrar los soldados. Yo me fijé
en el helicóptero, cuando arrojó las luces de bengala:
una roja y dos verdes. 
En el balcón que estaba debajo, a mi izquierda, donde
estaban los líderes hablando, vi cuando un hombre de
guante blanco agarró a uno del cabello, le puso la
pistola en la sien y le disparó... Yo lo vi. Ése fue
el primer disparo que escuché y entonces comenzaron a
entrar los soldados a la plaza. Entraron abriendo
fuego contra la gente que estaba en la explanada.
Después entraron una o dos tanquetas disparando contra
el edificio Chihuahua. Fernando me jaló y nos fuimos
hacia atrás, en ese momento entró una ráfaga de la
tanqueta exactamente en el departamento. Rompieron las
tuberías y el departamento comenzó a inundarse. Nos
fuimos a la última recámara. Ahí nos mantuvimos hasta
las cuatro de la madrugada.
Antes habían tocado la puerta unos muchachos que
decían que por favor abrieran porque los iban a matar.
Les pedimos que no abrieran porque podría ser una
trampa, que podían entrar los soldados o policías y
nos mataban. Pero insistieron tanto que abrimos y
entraron unos cinco estudiantes, que traían paquetes
de volantes en contra del gobierno, que escondieron
debajo de los colchones. 
Finalmente volvieron a tocar la puerta, pidieron que
se abriera, que nada iba a pasar. A la tercera vez
gritaron que si no abríamos lo iban a hacer a balazos.
Entraron como cinco, con lámparas muy grandes y
preguntaron cuántos vivían en el departamento.
Pidieron que salieran los miembros de la familia. Yo
salí al último porque no encontraba una de mis
muletas. Padezco polio desde los nueve meses.
Los que entraron llevaban el guante blanco. Cuando ya
nos bajaron y nos detuvieron para tomar las fotos, al
lado derecho de la escalera había varios cadáveres
apilados, en la salida. Un soldado me dijo que no
siguiera volteando, y de reojo alcancé ver los
cadáveres uno encima de otro, estaban semidesnudos. 
Antes de subirlos a los camiones, les quitaron toda la
ropa, las agujetas de los zapatos y los cinturones.
Así nos subimos al camión, con la ropa echa rollo.
Íbamos amontonados. Nos llevaron al amanecer al Campo
Militar Número Uno. Nos pusieron en unos dormitorios
con literas de lámina. Lo ficharon, pero no lo
torturaron como a su amigo Fernando, que estaba en
otro galerón. Me preguntaron nombre, edad y de dónde
era originario. No te decían absolutamente nada, sólo
sacaban la hoja y fírmale. 

El departamento 504 

Baltazar Doro Guadarrama fue activista de la Escuela
Superior de Ingeniería Mecánica. Hoy se dedica a la
venta de compresoras. 
Fue uno de los estudiantes que se refugió en el
departamento donde estaba Manning, quien la semana
pasada apareció en la televisión. Aclara que no era el
cuarto, sino el quinto piso del edificio Chihuahua y
que desde el departamento 504, que era de su tía y
donde vivía su prima Susana Ruiz —que en las fotos
sale cubriéndose el rostro—, jamás se hubiera podido
ver la ejecución que Manning sostiene haber visto. 
Susana vivía en el quinto piso, en el departamento
504, donde nos refugiamos como 25 personas, entre
ellos Pablo Gómez, Eduardo Valle, Anselmo Muñoz Juárez
y Félix Hernández, cuando empezó la balacera. Yo
repartía propaganda. Ese día iba a subir a la parte
alta del edificio para soltar un globo lleno de
propaganda y pasé al tercer piso para que me ayudaran,
cuando comenzó el traqueteo. 
Manning estaba en el departamento, y cuando nos
sacaron me venía protegiendo con él para no ser
golpeado tan fuerte, lo ayudaba a caminar. Cuando nos
llevaron al segundo piso platiqué con algunos del
Batallón Olimpia y nos dijeron que fueron traídos del
norte para un operativo, pero nunca les enteraron de
la masacre. 
Pero todo estaba planeado. Cuando llegamos al edificio
Chihuahua, en la parte baja había muchísimos militares
vestidos de civil formados, los identificamos
plenamente, pero no creímos que fuera a haber una
represión tan brutal. Estaba en el tercer piso cuando
entraron disparando los agentes policiacos. Eran
agentes, algunos estaban en cuclillas, ésos fueron los
que comenzaron a tirar hacia abajo, desde la bardita
del piso tres. Yo lo vi, no me lo platicaron.
En el departamento 504 se refugiaron hasta las 11 de
la noche, cuando los sacaron los del Batallón Olimpia
—no a las cuatro de la mañana, como dice Manning—, y
de ahí nos llevaron a otro departamento en el segundo
piso, que estaba vacío... Después de que nos tomaron
la fotografía, nos sacaron por el corredor que va
hacia la calle de Eulalia Guzmán, donde estaban los
camiones del Ejército. Pero antes de llegar se produjo
una segunda balacera y los que nos llevaban, de manera
cobarde, se escudaron con nosotros. Después nos
metieron a una guardería, nos acostaron y como juego
pasaban encima de nosotros corriendo. 
En Eulalia Guzmán o Manuel González nos subieron a los
camiones y nos llevaron al Campo Militar, por todo
Reforma. Allá nos tuvieron en una crujía, hasta el 11
de octubre en la noche, cuando nos soltaron por el
Toreo de Cuatro Caminos. 
Nos alimentaron muy bien, pero en la noche se oían
disparos y algunos de los que nos vigilaron decían que
estaban formando ‘cuadro’, que estaban matando a
algunos, entre ellos a Cabeza de Vaca. 

Ya no pude bajar

Enrique Espinoza Villegas era estudiante de la
Preparatoria 5, y ahora trabaja para una comunidad de
Zacatecas: Estaba en la Preparatoria 5 y era
activista. Tenía 19 años y no participé en el Comité
de Huelga. El 2 de octubre quise estar en el tercer
piso del Chihuahua porque allí iban a estar otros
amigos. 
Llevé a mi madre, pero la dejé en la explanada y me
subí. Cuando estaba hablando Socrátes (Amado Campos
Lemus) empezó el tiroteo y quise bajar por mi madre,
pero ya no me dejaron. Me detuvieron los del guante
blanco, que comenzaron a dispararle a la gente.
Había dos niños de secundaria que, cuando vieron que
los del guante blanco disparaban contra la gente, se
les aventaron. Ahí mismo los mataron. Primero les
dispararon y en el suelo los golpearon con las cachas
de las pistolas. Iban con suéter café. 
Con tristeza y remordimiento recuerda que no pudo
ayudar a su madre Esther Villegas, a la que también se
la llevaron los soldados. Ella estaba en las
escaleras, alcancé a agarrarla, pero me detuvieron. Me
llevaron a un departamento del tercer piso, donde
estaban Luis González de Alba, Cabeza de Vaca,
Sócrates y La Tita. Allí el policía del sombrero que
aparece en las fotos era el que nos quitaba las
pertenencias a todos los detenidos. 

Pero después Enrique y González de Alba fueron
llevados a otro departamento: Allí me quise escapar,
vi un guante blanco tirado y traté de ponérmelo,
haciéndome pasar por uno de ellos. Con los ojos Luis
me decía que no, pero yo tenía miedo y quería
escaparme para ir por mi madre, a la que también
habían golpeado. Se dieron cuenta porque el guante
rechinó cuando quise ponérmelo, me golpearon hasta que
perdí el conocimiento. Creo que uno de ellos mismos me
salvó porque les pidió que ya no me siguieran
golpeando. Cuando desperté me bajaron a la entrada del
edificio, donde nos tomaron la foto a un lado del
elevador. Yo estoy de espaldas, soy el más alto.
Cuenta que en el Campo Militar Numero Uno nos llevaron
a las galeras con camas de metal. Nos despertaban a la
media noche y nos decían que nos iban a fusilar. Había
ferrocarrileros, trabajadores del banco, estudiantes.
Me golpeaban mucho, la tortura también era
psicológica. Sacaban gente y se oían tiros, todos
temblaban. Nunca vi que regresaban.
Ahí vi a Nazar Haro, varias veces fue a
entrevistarnos, casi siempre a la medianoche o en la
madrugada. Llegaba con sombrero y gabardina blanca,
nos ponía bajo una lámpara y nos preguntaba: ‘¿Qué
andabas haciendo, eres estudiante, del Comité, conoces
a los líderes?’. No me golpeó, me hice pasar como
trabajador de Aurrerá, estaba muy asustado. Me tomaban
fotos mientras me interrogaban, huellas digitales de
todos los dedos de las manos. Me parecían eternos, con
preguntas insistentes.
La vivencia fue muy fuerte, tengo secuelas, me hice un
tipo tímido e introvertido. Incluso me perdí por un
tiempo, usé drogas en una comuna hippy, era una manera
de fugarme; intenté regresar a la escuela pero ya no
pude; llegué hasta el quinto año de medicina en la
UNAM. Luego fui a la ENAH a estudiar historia.
Trabajó como ayudante administrativo del gobernador de
Zacatecas Arturo Romo. Ahora trabajo en la comunidad
muy pobre de Concepción del Oro, en servicios de
salud, ayudando a la gente.

"Un soldado avisó a mi familia" 

José Manuel Monroy fue activista de la Facultad de
Ciencias de la UNAM y hoy es consultor de informática:
Estaba en el primer año de la carrera de Física, en la
Facultad de Ciencias, y ese día me tocó llevar a
Tlatelolco a Oriana Falacci, con un profesor de la
Facultad de Filosofía y Letras.

Estábamos en el balcón viendo hacia la plaza cuando
comenzaron los disparos. La verdad, no me di cuenta de
dónde venían los tiros, pero sí recuerdo haber visto
que los soldados avanzaban hacia la plaza. Quise
salir, pero la escalera ya estaba tomada por el
Batallón Olimpia. Estuvimos tirados un buen rato en el
piso, había muchos heridos. Aquello se estaba
inundando. Pecho a tierra, me bajaron al segundo piso
y me metieron a un departamento con otros. Me quitaron
la ropa y me golpearon en el estómago varias veces. 
Serían como las 11 de la noche cuando nos sacaron del
departamento y nos bajaron. Yo iba descalzo, en
calzones. Me subieron al camión militar, de los
cabellos; el piso estaba lleno de vidrios. En el
camino los soldados nos daban culatazos y nos fueron
amenazando. 
En el Campo Militar Número Uno estuve 15 días, en una
celda aislada. Mi familia se enteró de que estaba ahí
porque un soldado les avisó. Del campo militar me
sacaron en la última camada con Gilberto Guevara
Niebla y me llevaron a Lecumberri, donde estuve en las
crujías H y C. De ahí salí el 24 de diciembre de 1968,
con la primera camada de liberados, y regresé a
terminar la carrera a la Universidad. 

"No sé si quedé fichado" 

Jesús Gutiérrez Lugo fue activista de la ESIME y ahora
ejerce la ingeniería: 

"Cursaba el primer año de la carrera. No era miembro
de la dirigencia, porque nuestro representante en el
CNH era Felix Hernández Gamundi. Más bien era miembro
de base del movimiento. "El 2 de octubre llegué como a
las cuatro y media de la tarde con un amigo y
compañero de carrera, Marco Antonio Santillán. Subimos
al tercer piso por curiosidad, queríamos ver a los
oradores. 
"Cuando empezó la balacera subimos al cuarto piso y
luego tratamos de bajar. Ya no pudimos. Todo pasó muy
rápido. Nos apresó un agente de guante blanco y nos
metieron a un departamento con unas 30 personas más.
Estábamos tirados en el suelo y las balas entraban por
las ventanas. Horas después nos sacaron los agentes
del guante blanco. Recuerdo que escurría agua color
marrón de la escaleras, pero no vi muertos.
"Nos llevaron al Campo Militar Número Uno y nos
detuvieron una semana. Al segundo o tercer día nos
llevaron con alguien que parecía un agente del
Ministerio Público, quien nos interrogó. Nos
preguntaba de dónde habíamos sacado las armas. Nos
sacaron fotos y nos tomaron las huellas digitales. No
sé si quedé fichado, porque cuando pedí mi primer
trabajo solicité una carta de antecedentes penales y
no salió nada.
"Recuerdo que cuando nos sacaron, éramos como 300 o
400. Un general nos tiró un rollo sobre la defensa de
la patria y luego nos dejaron ir". 




"El lado oscuro, busca una víctima, lo sé, se siente, se sabe y se calla. Víctima, o victimario cómo saber de qué lado estamos. El lado oscuro de la luna no brilla pero atrae. En él podría ofrecerme y ser víctima de cada pensamiento impuro, ser poseída, penetrada, obligada, sometida, arrasada, quemada, hundida, destruida, humillada, irreal, o tal vez ganadora, domadora, desgraciada, malvada, perversa, morbosa, oscura, absurda, real. A cuántos amantes he arrancado desde las entrañas los más impuros pensamientos, vaciado el alma, perdido los sentidos, por cuántos yo he sentido eso? Será que soy un infinito vacío que llora desde el lado oscuro de la Luna, será que necesito una víctima, será que necesito un victimario...es como recordar un sueño incontable..."



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