[R-P] Muy interesante reportaje a Andrés Prat Gay (1 de 2)

Julio Fernández Baraibar fernandezbaraibar en gmail.com
Mar Oct 2 19:09:42 MDT 2007


Este extenso reportaje al economista Andrès Prat Gay, aparecido en el
Perfil de ayer, no tiene desperdicio.
Leanlo con atención. Fontevecchia trata de hacerle todo tipo de
trampas y hacerle decir cosas que el hombre no quiere decir. Y da
respuestas categòricas a algunos temas cruciales.
Trata con respeto a Kirchner y es todo lo contrario del adocenado
liberlismo monetarista que estamos acostumbrados a leer cuando se
trata de los llamados economistas.
Fijense la crìtica que le hace a la economìa académica norteamericana.
Más allá de su actual ubicación electoral, que pasará en menos de un
mes, el hombre es para ponerle una fichita, tenerlo en cuenta, porque
es muy joven, muy inteligente, sabe mucho y piensa con su propia
cabeza.


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Julio Fernández Baraibar
fernandezbaraibar en yahoo.com.ar
fernandezbaraibar en gmail.com
http://fernandezbaraibar.blogspot.com

economía
Reportaje a Alfonso De Prat-Gay
"Hay riesgo de caer en recesión"
La entrevista al ex presidente del Banco Central de Duhalde y de
Kirchner, devenido en garante de Elisa Carrió si triunfa en las
elecciones de octubre como su futuro ministro de Economía, se
transformó en un minitratado de macroeconomía argentina reciente para
iniciados. Reporteado y reporteador trataron de que el lector no
especializado no se pierda en la intrincada maraña de dólar alto,
emisión, tasas de interés negativas, superávit primario pero
insuficiente para el desendeudamiento y reducción del desempleo con
pérdida de poder de compra de los salarios. Imprescindible para
entender por qué hay inflación.
Jorge Fontevecchia 2
007-09-30 04:21:16

Recuadros
"Mi esposa preferiría que no fuera una persona pública"
"Uno no vive de la función pública"

DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA.
"Mi pensamiento económico está muy cerca de ella." Cursó primaria y
secundaria en el Cardenal Newman y se doctoró en la Universidad
Católica .

—¿Hay que moderar la demanda porque "más vale crecer al 6% pero con
una inflación más baja y no como la actual, que supera 20% anual"?

—La inflación, que bien medida ronda el 20%, es un síntoma de que la
economía está recalentada y que si no se hace algo eventualmente se va
enfriar sola y de una manera mucho más abrupta de lo que sería
necesario. Es más sano crecer al 6% con una inflación del 5% que
insistir en crecer al 9% cuando las condiciones, la oferta y demanda
ya no lo permiten y la consecuencia es una inflación del 20%.

—¿Las condiciones de oferta y demanda permitieron crecer al 9% en 2003
y 2004 pero ya no?

—Ya no se puede más. Se pudo en los primeros dos años de la
recuperación porque había recursos ociosos en la economía que podían
aprovecharse, y ése fue nuestro diagnóstico cuando estábamos en el
Banco Central: bajamos las tasas de interés al 1% porque había
suficiente capacidad productiva de la economía como para satisfacer
esa demanda sin provocar inflación; de hecho durante esos dos o tres
meses tuvimos deflación.

—¿Es electoralmente ganador proponer enfriar la economía frente a un
oficialismo que promete lo opuesto?

—Eso lo decidirá el votante, moralmente hay que decirle a la gente lo
que uno cree. En eso estamos en línea con Lilita: Argentina se ha
demostrado a sí misma que no alcanza con crecer mucho durante un
período corto de tiempo, la apuesta es crecer muchos años seguidos.
Todo lo que crezcamos de más en el corto plazo se lo estamos quitando
a años subsiguientes.

—¿La mayoría de los votantes elegiría crecer ahora 6% o 9%?

—No sé la respuesta, lo que sí sé es que la inflación empezó siendo
una molestia económica y pasó a ser un problema político. La inflación
afecta al bolsillo de todos, al bien común. Hay mediciones serias,
como la que hace la Universidad Di Tella, de expectativas de
inflación, donde la opción más pronosticada es de 23% para los
próximos 12 meses. Muerde el bolsillo de todos pero más el de los que
menos tienen: los acuerdos salariales de este año quedaron
absolutamente obsoletos.

—La inflación en China ya alcanzó el 6,5%. ¿Tampoco ellos pueden
seguir creciendo sin inflación?

—China está viendo algunos límites, crece al 12%, hace un año y medio
que trata de ajustar las tasas de interés sin demasiado impacto pero
hasta el propio Partido Comunista chino sabe que no es bueno crecer a
más de sus posibilidades.

—¿Por qué es "una fantasía crecer al 9% anual" sin inflación teniendo
en cuenta que este año hasta Haití creció el 5%?

—Hay que ver las condiciones de cada país. Llevamos cinco años de
expansión inédita con niveles cercanos al 5% de toda la economía
mundial. Y el promedio de crecimiento en los países emergentes ha sido
aún mayor, del 6,5%. Pero no se puede pensar y llevar a la gente a
creer que un país pueda crecer todos los años un 9%. Hay
circunstancias excepcionales por el ambiente internacional o por el
punto de partida local, como fue acá en 2003 y 2004.

—¿La coincidencia en Argentina de ambas excepcionalidades indica que
podríamos haber crecido un 9% sin esta inflación?

—A partir de 2005 ya no, que es cuando se manifiesta la inflación como
síntoma, una evidencia muy clara de que ya se había cerrado la brecha
del producto.

—¿El recalentamiento forzado de la economía para obtener un
crecimiento mayor del Producto Bruto terminó perjudicando, en lugar de
mejorar a los sectores de más bajos recursos que son los que más
sufren la inflación?

—No es unívoca la respuesta; por un lado provocó una baja sustancial
en la tasa de desempleo mejorando mucho la condición de algunos que
estaban desempleados y pasaron a tener un empleo, pero fue
perjudicando incrementalmente a aquellos que estaban empleados, porque
el poder adquisitivo del salario empezó a sufrir por las consecuencias
de la inflación.

—¿Nada más regresivo que la inflación y ella es la principal causa del
empeoramiento de la distribución de la renta?

—En el largo plazo, eso es así. En el corto plazo, lo que hay es una
tensión entre el crecimiento y la inflación y los instrumentos de
política económica disponibles para que uno vaya eligiendo en qué
lugar se coloca. Si queremos crecer más rápido de lo que podemos, el
costo será una inflación alta. En Latinoamérica hay países que optaron
por la estabilidad de precios: México, Brasil, Chile, y otros que
optaron por crecer a cualquier costo, y entre esos países están
Venezuela y Argentina. Crecer a cualquier costo es maximizar los
réditos de corto plazo, pero pone en riesgo el mediano plazo.

—Ud. dijo que el Banco Central "debe preservar la estabilidad del
peso, no la del dólar". ¿La inflación la genera el Banco Central?

—No lo digo yo, lo dice la Carta Orgánica del Banco Central en su
artículo 3: la facultad de emitir moneda es otorgada
constitucionalmente al Congreso por la Ley de Carta Orgánica; el
Congreso delega esa facultad al Banco Central. Y sí remarco que ella
habla de estabilidad del peso, no del dólar. Está arraigado en las
mentes de los argentinos que estabilidad monetaria es igual a
estabilidad del tipo de cambio o igual a estabilidad del dólar. Pero
es una muestra clara de lo que siempre nos faltó: moneda propia,
estable y sana.

—¿Se equivocó el Gobierno al poner al frente de la lucha
antiinflacionaria al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y no al
presidente del Banco Central, de quien usted dijo: "Hace falta que no
sólo se preocupe sino que se ocupe de la inflación"?

— No hay más que preguntarle a la gente. La estrategia de la
Secretaría de Comercio ha sido primero controlar los precios; cuando
esos acuerdos no funcionaron, llegó a la segunda instancia, que fue:
"Hagamos un acuerdo light", armamos la lista, yo le doy la lista,
usted se lleva la lista y yo, secretario de Comercio, se la paso al
INDEC.

—Y no tiene que superar el 9,6% en el año.

—Esto es una prueba muy clara de que fracasó el intento original de
administrar los precios, pero lo peor es que es una medida muy
regresiva porque a la gente se le dice que tome como referencia para
su negociación salarial ese 9,6%, cuando la realidad es que la
inflación duplica ese número.

—Si el presidente del Banco Central fuera verdaderamente
independiente, no tendría tanto o más poder que el ministro de
Economía?

—Hay países donde es efectivamente así. Estados Unidos es un caso pero
también hay ejemplos de países no tan desarrollados. Sobre todo, en
medio de una crisis en la que el presidente del Banco Central carga
con responsabilidades más amplias que el ministro de Economía, a pesar
de que no sea un funcionario político. Sería bueno entender alguna vez
en Argentina que el origen del mandato del Banco Central es defender y
mantener la estabilidad de la moneda, como una política de Estado que
debía trascender el ciclo político de turno, por eso el mandato del
Presidente del Banco Central dura seis años.

—¿No funcionó mucho aquella experiencia en la Alianza cuando había un
presidente del Banco Central de un signo y un ministro de Economía de
otro signo?

—La independencia del Banco Central durante la Convertibilidad era
teórica o nominativa porque en la práctica no había política
monetaria, había una caja de conversión. El problema no era la
independencia del Banco Central. El problema era el esquema monetario.

—¿Una fuerte intervención del Estado en la economía no obliga
inexorablemente a que el Banco Central no sea independiente?

—Yo creo en la intervención del Estado y el sector público,
eventualmente, de todos los mercados. Pero la moneda es anterior al
mercado. Habría que aclarar qué se entiende por fuerte: ¿fortísimo?

—Un ejemplo más concreto: cuando Kirchner recién fue electo usted,
como presidente del Banco Central, declaró: "El Presidente nos dijo
que le gustaría un dólar de tres pesos, lo cual es un enorme
disparate, no tiene que dar nunca semejante nivel de detalle y no debe
jugar su credibilidad en algo que no puede pronosticar. El Banco
Central es el que tiene la potestad de legislar el sistema financiero.
En mi gestión no vamos a mirar el tipo de cambio mucho más que de
reojo, lo que vamos a mirar es la política monetaria porque no
queremos que el tipo de cambio esté en un nivel sino porque queremos
que la inflación esté dentro de un nivel, La política del Central es
la de fijar metas de inflación y no de tipo de cambio. La preocupación
no es el valor del dólar sino el valor del peso". ¿A cuatro años y
medio de aquella declaración, comprende que con ella se había cavado
su propia tumba?

—Para nada, no solamente no lo comprendo sino que no es cierto.
Explíqueme entonces por qué cuando terminó mi mandato me ofrece seguir
seis años más.

—Expliquemos mejor que por algo no habrá seguido. Si el Presidente
tiene por objetivo económico prioritario un dólar alto, aun a costa de
un plus de inflación, y usted opinaba que era "un disparate" porque lo
prioritario es la inflación aunque haya un plus de revaluación...

—¿Para qué están las leyes? Para ser cumplidas, una cosa es la opinión
del Presidente y otra cosa es la ley. La ley dice claramente cuál es
la misión del Banco Central.

—Otros funcionarios trataron al principio de mantener cierta
independencia: Bielsa como canciller, el mismo Lavagna, Béliz como
ministro de Justicia, y el ministro de Justicia que lo sucedió:
Rosatti. Todos ellos rebotaron contra un presidente que no admite el
disenso. Cuando los precisó, coyunturalmente, los toleró, pero sólo
hasta que se los pudiera sacar de encima.

—Yo no me comparo con ninguno de ellos porque el Banco Central es una
institución autárquica, independiente.

—¿Usted cree que el Presidente no puede hacer nada?

—No debe hacer nada.

—¿Y cómo hizo el Presidente para que renunciaran algunos miembros de
la Suprema Corte de Justicia que tenían más autarquía e independencia
que el presidente del Banco Central?

—El Presidente influye sobre aquellos que se dejan influir.

—Ejemplos de renuncia orientada: el Gobierno clausuró el lunes la
planta de Petrobras en Dock Sud para hacerla desistir de adquirir Esso
dejándole el camino libre a la venezolana Enarsa. Lo mismo se puede
hacer con una persona para que renuncie.

—Honestamente, no lo sé.

—¿Al actual presidente del Banco Central lo eligieron porque es más
flexible que usted?

—Habría que preguntárselo a él. La independencia legal está muy bien
articulada en la Carta Orgánica, después depende de cada presidente
del Banco Central de que haya o no independencia.

—¿No está resultando ingenuo? El Congreso puede revocar ese mandato.

—El Congreso puede revocar esta facultad delegada al Banco Central. En
ese mismo artículo tres de la Carta Orgánica, se estipula que toda vez
que el Banco Central no cumpla con las metas de cantidad de dinero y
de inflación, el presidente del Banco deberá comparecer ante el Senado
para explicar las razones de ese desvío, y las acciones que se van a
tomar para reencauzar la política monetaria en orden a los objetivos
iniciales.

—¿Y usted cree que hace falta una causa para que el Congreso lo remueva?

—Ha pasado con Pedro Pou: lo destituyeron, pasó con Branda que era
vicepresidente segundo, en ambos casos el instrumento legal fue la ley
de funcionarios públicos. Se encontró la manera de justificar.

—Muy bien, entonces, ¿por qué no aceptó seis años más?

—Yo no acepté porque entendí que el Presidente no compartía la idea
que yo tengo de que la estabilidad de la moneda es una política de
Estado, y me pareció que ya había cumplido con mi mandato, sentado las
bases de una reconstrucción del sistema financiero y una política
monetaria que cuando asumí no existía. No nos pusimos de acuerdo, le
agradecí mucho la confianza pero le dije que en esos términos no podía
seguir.

—Porque para el Presidente era más importante un dólar alto que
controlar la inflación.

—No hablamos de un dólar alto en ese momento; sí creo que el
Presidente no tenía conciencia del daño que iba a causar la inflación
si el Banco Central no era totalmente independiente. El Presidente en
ese momento no entendía no sólo la ventaja técnica sino la política de
una inflación baja. El día que me fui le dije: "Temo que usted termine
teniendo un problema político por la inflación". Cuando yo me fui, la
inflación era del 5%.

—¿Habría que subir la tasa de interés para contener la inflación
aunque reduzca el crecimiento?

—Hay que hacer muchas cosas para moderar el crecimiento de la demanda,
cometeríamos un error que siempre cometemos los argentinos de pensar
que hay un solo instrumento, una varita mágica. Yo lo que creo es que
las tasas reales de interés son inflacionarias.

—¿Qué opina de la investigación de Peirano y Moreno por considerar que
los bancos aumentaron "excesiva e injustificadamente" su tasa de
interés tras la crisis financiera internacional?

—Hay que mirar con atención la oferta y la demanda de crédito: el
Gobierno debería advertir que en el último mes y medio se detuvo el
crecimiento en los depósitos, por primera vez en cinco años, y los
préstamos crecen a una tasa muy superior a la tasa de los depósitos.
La oferta y la demanda ajusta por presión. En medio estuvo el sacudón
de la crisis internacional que empaña un poco la lente.

—¿El menor crecimiento de los depósitos, al igual que en la inflación,
es otro termómetro de recalentamiento de la economía?

—Pero por una cuestión muy sencilla: si yo soy un asalariado que tengo
un excedente mensual y se me presentan dos opciones, estos pesos que
me sobran los puedo colocar en un plazo fijo al 9% anual o puedo
comprar bienes que dentro de un año van a estar 20% más caros, ¿qué
hago?

—"Enfríar la economía" fue el principal disenso conceptual de Kirchner
con Lavagna en 2005, quien fue despedido acusado de querer producir un
"ajuste".

—No me consta, la realidad es que el salto de la inflación se dio
mientras estaba Lavagna. El 2005 cierra con una inflación del 12%, que
duplica a la de 2004, incluso si se toma la de los últimos tres meses
de la gestión Lavagna, la inflación ya estaba en el orden del 15%.

—O sea que el salto se produce cuando usted deja la presidencia del
Banco Central.

—Puede ponerlo en otros términos; después, si hay alguna causalidad,
que lo decida el lector.

—Ordene en función a su importancia las causas de la inflación: ¿dólar
más alto de lo sustentable, mayor emisión monetaria, crecimiento del
PBI superior al que la inversión permite, tasas de interés orientadas
a promover el crecimiento, clima antiempresas que reduce la inversión,
inflación mundial por aumento de las commodities, reacomodamiento de
los precios después de la megadevaluación de 2002, otras?

—Empecemos por lo más básico, que es lo internacional: el precio de
las materias primas, y sobre todo el de aquellas cosas que no sólo
exportamos sino que también comemos. Hay un ciclo económico mundial
que lleva aumentos de precios en dólares de las materias primas y en
toda economía se transmiten a los precios locales. El tipo de cambio
es otra cuestión autónoma: si quedan desacomodados los precios
relativos, en algún momento los precios de los bienes no transables
van a tener que recuperar terreno frente a los bienes transables
(exportables) que siguieron más de cerca la devaluación. Hay dos
cuestiones: el ciclo de comodities, y el reacomodamiento natural de
precios relativos de una devaluación. Esto no produce inexorablemente
inflación, la producen si las políticas que se apliquen permiten que
estos ajustes permeen el índice de precios locales. Un política
cambiaria que deprecia el tipo de cambio amplifica domésticamente los
precios de todo lo que sucede afuera. Los argentinos tenemos la
obsesión del dólar, si subió o bajó el dólar, y no hablamos del peso,
tampoco hablamos de otras monedas. La cotización del peso, contra una
canasta de monedas ponderadas en propoción al comercio internacional
de Argentina con el resto del mundo, indica que desde principios de
2005, a este tipo de cambio "efectivo", el peso se viene depreciando
contra el resto de las monedas a un ritmo del 7% o del 8% anual.
Contra el dólar, relativamente poco, quizá 2%: este año hay solamente
una moneda que cayó más que el peso argentino que es la rupia de
Indonesia. Si mientras todas las otras monedas subieron contra el
dólar, nosotros nos mantenemos estables contra el dólar, estamos
perdiendo poder adquisitivo contra el resto de las otras monedas, y lo
que importamos en otras monedas lo importamos a un precio en pesos
mayor. Es cierto que subieron las comodities, pero a ese precio le
agregamos la depreciación cambiaria. Una política que privilegió que
el tipo de cambio y la depreciación del peso del 7% u 8% anual ya le
pone un piso a la inflación, como mínimo, a los precios de los bienes
transables. Además, los bienes no transables tienen que recuperar
terreno perdido, la corrección sobre los precios relativos que
menciona en su pregunta: algunos crecen al 8% y otros tienen que
crecer al 15% o al 20%, como está creciendo hoy el precio de los
servicios públicos.

—¿La depreciación del peso es la causa principal?

—Es una causa; la otra es la cantidad de dinero, el precio del crédito
o la tasa de interés...

—Es la misma causa por la que hay mayor emisión para mantener el dólar alto.

—No necesariamente, porque parte de lo que es emitido después se puede
absorber (emitiendo bonos de deuda), que es la esterilización que
opera el Banco Central.

—Ve que la causa irreductible, la que origina todas las demás, es
depreciar la moneda y mantener un dólar alto. Todos se subordinan a
eso. Y "eso", nada menos, fue su disenso con el Presidente.

—Es que yo siempre pensé que no había que privilegiar un grupo sobre
otros grupos, ni una persona sobre otra persona.

—A los exportadores, pero también a todos, como consumidores de
productos exportables o importados.

—No hay servicio mayor que le podamos dar a la población que la
previsibilidad de una moneda estable. Está la discusión sobre si los
bancos prestan o no, si la tasa es alta y por qué no hay créditos de
largo plazo. No hay créditos porque no hay previsibilidad sobre cuál
será la inflación el año que viene y el siguiente. Privilegiar la
estabilidad de precios a largo plazo puede costar algunos puntos de
crecimiento en el corto (plazo) pero libera una potencialidad que
tenemos que aprovechar.

—¿La inflación reprimida es baja, media o alta?

—No es baja y es creciente.

—¿Teme reclamos sindicales en 2008 que espiralicen la inflación?

—Exacto.

—La GCT que no responde a Moyano aspira al 30% de aumento y los
estatales de la CTA aspiran a más del 40%. ¿Cómo afectaría a la
economía si se conceden esos porcentajes de aumentos?

—En el caso de CTA, convengamos que los salarios públicos vienen más
atrasados que los privados pero, ciertamente, estos guarismos serían
consistentes con una expectativa de inflación del 23% del 25% para el
año que viene. Es grave, es una economía que exige un esfuerzo y un
diseño sin fisuras para reacomodar las expectativas, y los precios
relativos, sin caer en recesión. Yo no he visto en ningún país del
mundo que bajen las expectativas de inflación del 25% al 5% sin pagar
un costo en la actividad económica en corto plazo.

—Y Argentina lo va a pagar.

—Exactamente.

—¿Si no hubieran mantenido el dólar artificialmente alto, el superávit
comercial (exportaciones menos importaciones) no se habría casi
extinguido?

—Creo que no, porque hoy la pérdida de competitividad viene por la
suba de los costos. Los costos suben en dólares porque la inflación le
gana al tipo de cambio.

—En el mediano plazo, sí, pero al principio, no.

—Uno puede manejar el tipo de cambio nominal, lo que no puede manejar
es el tipo de cambio real. Sí se pueden postergar algunos ajustes
inexorables del tipo de cambio real o, por lo menos, se puede evitar
caer en la apuesta de la Convertibilidad cuando nos agarramos del tipo
de cambio real para bajar artificialmente la inflación. Creo que eso
no es una buena receta. Como tampoco es una buena receta subir
artificialmente el tipo de cambio para producir efectos que después se
absorben en la economía. Así como durante la Convertibilidad nos
enfocamos en un nivel de tipo de cambio que era deflacionario y
recesivo, ahora estamos produciendo una misma artificialidad pero del
signo contrario.

sigue


—Los "tigres asiáticos" famosos en los 70 y 80, tenían un dólar muy
alto y una moneda local depreciada. ¿Podrá Kirchner estar inspirado en
aquel modelo?

—Pero los "tigres asiáticos" nunca tuvieron inflaciones más allá de un
dígito durante todo ese proceso. La señal de que hay o no
recalentamiento de la economía es siempre la inflación. El crecimiento
de los "tigres asiáticos" no dependía tanto del tipo de cambio sino de
tasas de inversión sobre el producto bruto que estaban cerca de un 30%

—Pero hay que reconocer que los "tigres asiáticos" tenían una política
de dólar alto.

—Tenían una política cambiaria que acumulaba reservas, pero era
compatible con la inflación baja

—Gracias a una inversión del 30% en lugar del promedio del 20% que
caracterizó a la Argentina tanto en los 90 como ahora.

—Exactamente. La tendencia inflacionaria que importan del exterior con
un tipo de cambio artificialmente elevado la compensan con una
tendencia deflacionaria por el lado de la productividad.

—Productividad que aumenta por la inversión.

—A mayor oferta… Ahora, está la muletilla de que para resolver la
inflación hay que aumentar la inversión. Eso es cierto en el largo
plazo pero es falso en el corto plazo, donde se da el efecto
contrario, porque para aumentar la inversión tenemos que comprar
ladrillos, máquinas, emplear a más gente, lo que crea más demanda a
corto plazo que después se transforma en oferta, pero luego. No es
cierto que para bajar la inflación el año próximo hay que invertir
más, es cierto dentro de 5 años. El año que viene hay que hacer otra
cosa.

—La Convertibilidad no fue deflacionaria y recesiva los primeros años,
sino a partir de 1998.

—Por la misma razón que hoy nuestro esquema es inflacionario. En ese
momento hubo un dólar muy fuerte en todo el mundo: llegó a valer...

—0,85 dólares un euro.

—Y un poquito menos también. El euro llegó a valer 0,82 centavos de
dólar, hoy vale 1,41, subió...

—70%

—Más o menos. Entonces, en ese momento estar atado a una moneda fuerte
era deflacionario, hoy, estar atado a una moneda débil como es el
dólar es inflacionario. En los dos casos estamos atados a la misma
moneda, pero el ciclo internacional difiere.

—La devaluación-pesificación de 2002 hizo al Estado pasar del déficit
al superávit fiscal en gran medida bajando los sueldos estatales y el
gasto público, que quedaron congelados en pesos mientras la
recaudación se actualizaba por inflación y las retenciones por el
aumento del dólar.

—Es correcto, parcialmente cierto. Pasamos de un déficit de un punto
del producto a un superávit de 3 puntos, esos 4 puntos de diferencia
se pueden separar en dos mitades: la primera, por licuación del gasto
público sobre todos en salarios. La segunda, a través de la yapa que
le vino del sector exportador por un mundo que cambió de cara, de la
cual el Estado nacional era partícipe gracias a las retenciones. Eso
es mucho más crucial e importante por sus consecuencias políticas: el
Estado nacional se apropió de parte de esa renta extraordinaria, que
es de las provincias. Del total de impuestos de origen nacional hoy
les va a las provincias 4 puntos menos que en 2001. O sea, el
superávit primario (que hoy ya no es más de 3 puntos sino de 2), en
realidad, es de 1 a 0 (porque hay que restarle al superávit del Estado
nacional el déficit que tienen las provincias). Esa apropiación
ilegítima de las retenciones que les hubiera correspondido a las
provincias es el ladrillo basal de la estrategia de poder del Gobierno
federal con respecto a las provincias.

—¿Usted dijo: "Un dólar un poco más bajo que el actual es igualmente
competitivo"?

—Yo no lo dije pero no estoy en desacuerdo. En los diarios se publica
una encuesta donde los empresarios están preocupados por la inflación,
es paradójico que sean los empresarios los preocupados por la
inflación dado que los precios los fijan ellos. Es equivalente decir:
la curva de costos está corriendo porque están totalmente
descontroladas las expectativas de inflación. Hoy es mucho más
efectivo para tener un tipo de cambio competitivo controlar la
inflación que seguir depreciando el tipo de cambio.

—¿Lavagna fue el padre de este modelo económico?

—No sé cuál fue el modelo económico.

—El del dólar alto.

—Me parece un reduccionismo.

—Serán reduccionismos pero así como para Menem su altar fue el 1 a 1,
para Kirchner es el dólar alto.

—Me parece fuera de lugar porque en la Convertibilidad no se tenían
instrumentos de política económica, allí sí estaban todos colocados en
el altar del 1 a 1. Hoy puede haber algún altar, pero no se renunció a
los instrumentos de política económica.


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