[R-P] [CUPV] hoy se cumplen 39 años de la martanza de Tlatelolco

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mar Oct 2 10:18:17 MDT 2007


Martes 2 de octubre de 2007

Casi 40 años y no se olvida
Paco Ignacio Taibo II

A lo largo de las semanas recientes he vuelto a contar
mi versión del movimiento de 1968. Fuerzo la memoria,
rasco en los recuerdos, intento interpretaciones,
definiciones. He hablado en un mercado, en un tianguis
de libros en la plaza mayor de Tlalpan, en una
escuela. El espacio previsto está desbordado, hay
gente sentada en el suelo, parados en las últimas
filas. Los ojitos le brillan al personal; y no por mis
dotes de narrador oral, sino porque estoy convocando a
un fantasma.

No deja de sorprenderme el interés, la persistencia de
la memoria, el atractivo del pasado reciente.

Entre los asistentes hay algunos veteranos. Veo a lo
lejos al Che, que ahora vende juguetes educativos, y
que protagonizó durante los primeros días del
movimiento una batalla brillante para quitar de las
manos de la gandalla la dirección del movimiento en la
escuela de derecho de la UNAM, y que pasó por la
cárcel; hay una ex estudiante de Prepa Uno que devino
maestra de primaria; hablo con una pareja de doctores
que estudiaban Medicina en la UNAM; reconozco a uno de
los dirigentes del movimiento en Voca 7 y me da gran
placer verlo sonriente.

¿Cuántos años debes tener para ser veterano del 68? No
menos de 55, y eso si eres un veterano junior y tenías
14 o 15 cuando se produjo el movimiento, como Luis
Gómez, que estudiaba en una prevocacional, el miembro
más joven del CNH. Pasas de los 60 si tenías más de
25. Habrá de aceptar que somos una generación
desgastada por el paso del tiempo. Pero he visto a
centenares de los veteranos en la reciente gran
batalla del DF, los campamentos contra el fraude de
agosto-septiembre del año pasado. Ruquitos pero
rijosos.

Han pasado 39 años y como si lo trajéramos grabado en
el ADN, no se olvida. Y este “No se olvida” se
socializa. “No se olvida” es patrimonio nacional. No
lo olvida el medio millón de estudiantes que lo
vivieron ni lo olvida la nieta, que llegó a la vida 23
años después; ni Josué, que llegó al DF cuando el
movimiento estudiantil se había extinguido; ni los
estudiantes de CCH a quienes se lo han contado tan mal
que piensan que Cueto y Mendiolea son nombres de
calles que hacen esquina. Y generosamente no lo
olvidan los supervivientes del movimiento
ferrocarrilero del 58-59, que tendrían muchos motivos
para que lo que no se olvidara fuera su gloriosa
batalla, o los jaramillistas, o los electricistas del
SUTERM, o los maestros de Oaxaca.

Nacidos para perder, pero no para negociar 
El 68 no se olvida, es patrimonio de los mexicanos que
han hecho de la memoria, falsa o cierta, memoria
prestada u original, un recurso de orgullo para
sostener la resistencia. Resumo para mí mismo: no se
olvida, porque no nos da la gana. Y porque no queremos
olvidarlo.

En otros países celebran las victorias, en México se
celebra la honrosa derrota. En el país de la transa,
el negociado tortuoso, la venta al por mayor de las
nalgas y el alma, la traición como una de las bellas
artes, el abandono de los principios por desidia,
agotamiento o deudas múltiples de la renta, se festina
la irredenta terquedad del golpeado que vuelve, una y
otra vez, de la lona para ganar la gloria brevemente
ante el marrano Estado que juega sucio.

Alguna vez propuse que nuestra coraza emblemática
debería ser una camiseta que en la parte delantera
llevaba la frase: “Nacidos para perder”, pero que en
la espalda, con letras grandes, dijera: “Pero no para
negociar”. La frase tuvo éxito, pero se la propuse a
mis amigos, que no tienen idea de cómo grabar una
camiseta.

Pero metámonos en el interior de la historia. ¿Qué es
de los 123 días de huelga general estudiantil contra
el gobierno de Díaz Ordaz lo que no se puede olvidar,
lo que no queremos olvidar o lo que amablemente hemos
olvidado?

No se olvida el 2 de octubre, la matanza, la
conspiración, la sucia y asesina maniobra del gobierno
para acabar con el movimiento. Y no se olvida por
canallesca, porque ni siquiera la mancuerna Díaz
Ordaz-Echeverría fue capaz de ir de frente a reprimir,
tuvieron que construir una conspiración, crearon el
Batallón Olimpia y sus francotiradores, les dieron
órdenes de disparar contra una multitud desarmada en
la que abundaban los adolescentes y los vecinos de
Taltelolco, incluso dispararon contra el Ejército
cuando tomaba la plaza para crear la cobertura (entre
el saldo militar de Tlatelolco hay dos cadáveres,
varios soldados heridos y un general balaceado en una
nalga).

Las brigadas 
Pero condenar al movimiento estudiantil y la huelga
general a ser recordado por el 2 de octubre es de un
reduccionismo patético. En la memoria colectiva está
el 2 de octubre, pero también está el ataque al Casco
de Santo Tomás por un batallón de la policía armado
con rifles, la toma por el Ejército de la Ciudad
Universitaria, los tanques confrontados por jóvenes
que cantaban el Himno Nacional. Y también están las
escuelas tomadas, los debates, las lecturas colectivas
y, sobre todo, está el brigadismo, las grandes
manifestaciones, las memorias de la solidaridad
popular.

¿De dónde sacó su sabiduría organizativa el
movimiento? Curiosamente de la necesidad de impedir
que se creara una dirección reducida y que ésta se
vendiera y negociara con el Estado en lo oscurito. De
la experiencia del 66. El movimiento desde sus
orígenes puso el poder en manos de la asamblea de la
escuela y ésta nombraba a tres delegados al Consejo
Nacional de Huelga, el CNH. Los delegados no eran
permanentes, la asamblea podía removerlos cuando no
estuvieran de acuerdo con las posiciones de la
mayoría. La dirección del movimiento quedaba así
depositada en una gran asamblea que no podía ser
destruida por cooptación o represión, porque renovaba
sus miembros al instante. Sabiamente el CNH cambió a
lo largo del movimiento a sus oradores y a sus
portavoces. Entre asamblea y asamblea en las escuelas
existía un comité de huelga, de composición bastante
flexible, que solía rondar por la docena de miembros.
Por la base, el movimiento estaba organizado por
brigadas y por comisiones que desaparecían cuando se
acababa su misión. Las brigadas eran grupos de
afinidad, generalmente pequeños, siete u ocho
compañeros; a veces enormes, 20 o 30, que actuaban a
su antojo, sobre todo en labores de propaganda. Miles
de brigadas salían a la calle todos los días. Fue
quizá el único momento en que la propaganda directa
fue capaz de derrotar el inmenso poder del monopolio
mediático que el poder construyó y puso frente a
nosotros como si fuera un muro berlinense.

Lamentablemente la asamblea no incluyó a profesores ni
a trabajadores que tuvieron que darse sus propias
formas de organización dentro del movimiento, cierto
es que los profes que se incorporaron lo hicieron
lentamente y bajo tremendas presiones.

A los mitos no se les avienta tierrita. Somos muy
generosos cuando giramos hacia nuestro pasado, se nos
olvida el sectarismo que habíamos heredado de la vieja
izquierda, las batallas absurdas entre el ala derecha
y el ala izquierda del movimiento, que vistas al paso
del tiempo no dejaban de tener razón y razones ambas.
Se nos olvida la pobreza de nuestro lenguaje político;
como en nuestras esquizofrénicas mentes que no se
permitía que la parte del cerebro que contenía a
Cortázar, la prosa del Che en los Pasajes... o los
poemas de Benedetti, llegara a la otra parte del
cerebro donde insultábamos a Díaz Ordaz y sus
sabuesos. Se olvida el farragoso tedio de la asamblea,
la duración interminable, las mociones continuas, el
diálogo tartamudo. Pero la democracia es cabrona
cuando los que no hablaban hablan. Decíamos de un
camarada que era poema de Miguel Hernández, por lo de
“el rollo que no cesa”, en alusión al Rayo de Miguel,
y no era el único.

Afortunamente nos acordamos de los locatarios de los
mercados que nos regalaban sacos de papas, de los
aplausos en las puertas de las fábricas, de la
solidaridad maravillosa y de alto riesgo de los
maestros de primaria, de la entrega, la generosidad,
el buen humor para enfrentar al totalitarismo priísta.

El 68 es el punto de partida, de ahí venimos. Una
generación asume la voluntad de cambiar este país, la
mexicanización de los hijos de la clase media
expresada en la recuperación del Himno Nacional, y lo
hace con la movilización social, la experiencia
autogestiva, el descubrimiento de la ciudad y sus
inmensos límites y fronteras, con la revolución
cultural y, sobre todo, con un pacto a futuro.

De ahí millares de nosotros nos desparramamos por la
sociedad construyendo y colaborando a construir
movimientos democráticos sindicales, agrarios,
universitarios, populares, culturales, profesionales.

¿Cómo se va a olvidar?

Al final de una de las conferencias una mujer me
pregunta: “¿Y el miedo? ¿No tenían miedo?”

Mucho, le digo. Igual que ahora. Pero los miles que
estaban al lado te querían tanto que te protegían y te
quitaban las ganas de salir corriendo.

POSDATA: Mi hija también me pregunta que quiénes eran
Mendiolea y Cueto y que por qué no hacían esquina.
Tengo que ponerme pedagógico y contarle que
básicamente no hacían esquina porque no eran calles,
sino los jefes de la policía de la ciudad de México,
cuya renuncia pedía el programa de los seis puntos,
bandera del movimiento estudiantil. Y espero
sinceramente que los panistas nunca ganen las
elecciones en la ciudad de México, no vaya a ser que
un día Mendiolea y Cueto sí hagan esquina.





"El lado oscuro, busca una víctima, lo sé, se siente, se sabe y se calla. Víctima, o victimario cómo saber de qué lado estamos. El lado oscuro de la luna no brilla pero atrae. En él podría ofrecerme y ser víctima de cada pensamiento impuro, ser poseída, penetrada, obligada, sometida, arrasada, quemada, hundida, destruida, humillada, irreal, o tal vez ganadora, domadora, desgraciada, malvada, perversa, morbosa, oscura, absurda, real. A cuántos amantes he arrancado desde las entrañas los más impuros pensamientos, vaciado el alma, perdido los sentidos, por cuántos yo he sentido eso? Será que soy un infinito vacío que llora desde el lado oscuro de la Luna, será que necesito una víctima, será que necesito un victimario...es como recordar un sueño incontable..."



      Seguí de cerca a la Selección Argentina de Rugby en el Mundial de Francia 2007.
http://ar.sports.yahoo.com/mundialderugby



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