[R-P] Siria: la política interna después de la reelección de Bashar al Assad
Patricia
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Lun Oct 1 18:40:48 MDT 2007
Siria: la política interna después de la reelección de
Bashar al Assad
La esperada reelección de Bashar al Assad como
presidente de Siria ha abierto una nueva fase en la
política interna del país. Dejando de lado los ideales
panárabes, el líder sirio está reforzando los vínculos
con los magnates suníes y con las organizaciones
islamistas favorables a él. Todo ello para reforzar el
sentimiento nacionalista sirio del que pretende
convertirse en un símbolo. El objetivo, obtener un
mayor control del país, que será posible en parte
gracias a la debilidad de la oposición interna.
Por Lorenzo Nannetti
La reelección de Bashar al Assad como presidente el
pasado mes de junio abre las puertas de una nueva
temporada en la política interna siria. La reelección
en sí no supone ninguna sorpresa dada la ausencia de
una verdadera oposición. Lo que sorprende es el modo
en el que al Assad ha enfocado su campaña electoral,
con importantes novedades con respecto al pasado, y
que ha sido el escaparate de la reciente situación
política interna. Es cierto que el poder sigue estando
indiscutiblemente en manos del clan al Assad y que no
se han suavizado las restricciones sobre los
disidentes o la libertad de expresión contra el
régimen; pero la principal novedad tiene que ver con
el dejar de enfocar la atención y la propaganda en los
habituales temas ligados al panarabismo. Siria es hoy
un país aislado en la escena internacional y que puede
contar con muy pocos aliados (Irán, Hamas, Hezbollah)
y que en cambio tiene numerosos adversarios. Las
grandes alianzas árabes de los años sesenta y setenta,
herederas del nasserismo, ya no son posibles. Esto se
debe sobre todo a la amistad con Teherán, que tanto
preocupa a la mayoría suní de la región. Los ideales
panárabes son de esta manera poco atractivos para la
sociedad siria, estando demostrada su escasa
actualidad y viabilidad. El objetivo de al Assad ha
pasado a ser el refuerzo del sentimiento nacional
sirio, una manera de intentar unir más a todo el
estado entorno a su persona, modificando incluso
algunas costumbres del pasado.
En este contexto, el partido Baath ha pasado
recientemente a estar casi abandonado: no se le nombra
nunca en los discursos ni previos ni posteriores a las
elecciones, parece como si se hubiera convertido en
una carga para el presidente. El abandono de la
retórica panarabista, de la que el Baath es la
extensión, es síntoma precisamente de la intención de
distinguir la imagen del presidente de la del partido.
Es probable que Bashar al Assad utilice el empuje
nacionalista justo para inculcar en las mentes de los
ciudadanos la ecuación "Siria igual a Al Assad". Esto
permitiría al presidente proscribir al partido si
fuera necesario, sobretodo por necesidades económicas
y políticas, a diferencia de la línea histórica de su
padre, Hafez. El primer ejemplo de un cambio en este
sentido se da en la identidad de los principales
patrocinadores de su campaña electoral: se trata de
magnates y ricos empresarios sunnitas, en algunos
casos vinculados a la familia Al Assad. Esta situación
contrasta con la anterior hostilidad alawita respecto
de los sunnitas, pero resulta razonable en clave de
refuerzo de su política interna. Con los servicios de
inteligencia ya liderados por su cuñado Assef el
Shawkat y la Guardia Republicana a las órdenes de su
hermano menor Maher al Assad, la economía era uno de
los ámbitos donde la familia Al Assad aún no ejercía
un control directo. Para ello, Bashar al Assad ha
conseguido finalmente ganarse la confianza de las
élites sunnitas, que consideran conveniente invertir
en aquel lo suficiente como para permitirles traer de
vuelta al país los enormes capitales transferidos al
extranjero en el pasado. Este hecho podría dar un
impulso positivo a la economía local y reforzar la
popularidad del propio presidente. Al mismo tiempo, no
se descarta que la entrada de capital pueda beneficiar
la modernización armamentística, necesidad cada vez
mayor para el gobierno.
Las relaciones con el Islam
Las relaciones del régimen con el Islam siempre han
sido motivo de enfrentamiento desde la guerra civil de
los años setenta y principios de los ochenta entre
Hafez al Assad y los Hermanos Musulmanes, que tuvo su
punto culminante en la masacre de Hama de 1982. A
pesar de que la Hermandad sea una entidad clandestina
y considerada hostil por el Estado, no hay que olvidar
que la religión musulmana sigue siendo mayoritaria en
Siria y tiene un importante seguimiento. El peligro
que conlleva el presionar la forma de culto es
demasiado elevado para una población que es sunnita en
un 75%. Desde mediados de los 80 el régimen ha
financiado y apoyado en primera persona una expresión
de la fe islámica que se mantuviera únicamente en el
plano religioso: desde la construcción de mezquitas
hasta concursos de recitación del Corán o la
autorización para las mujeres de poder llevar el
hijab. El motivo último de esta actitud, reafirmada
por Al Assad en los últimos años, es, una vez más,
mantener bajo control un ámbito potencialmente
peligroso. La idea es conceder algunas libertades a la
práctica religiosa islámica y a sus representantes a
cambio de que no se pongan en ningún momento a
competir con el Estado. Éste es el origen de los
acuerdos que exigen que todos los sermones de los
viernes en las mezquitas tengan que ser aprobados por
un ministerio encargado de ello y que en ellos esté
siempre presente cierto contenido nacionalista. Como
contrapartida, muchas de las restricciones impuestas
por el anterior presidente se han eliminado o
suavizado: por ejemplo, ya no es ilegal rezar en los
cuarteles, mientras que algunas de las escasas
personas que critican impunemente al gobierno son
figuras religiosas.
Existe otra ventaja: en un momento en el que parece
difundirse cada vez más en el mundo la idea de un
conflicto entre Islam y Occidente, Bashar al Assad
tiene las de ganar mostrándose tolerante con la
religión, obteniendo así aún más apoyo de su pueblo.
Todo esto sin tener que renunciar a la laicidad de las
instituciones y, en consecuencia, a su propia
hegemonía sobre ellas. Éste es precisamente un punto
que explica por qué los Hermanos Musulmanes son
todavía considerados como enemigos: a pesar de las
proclamas de cambio de los últimos años, su agenda es
aún fundamentalmente de naturaleza política. Su
regreso al país traería un polo de atracción muy
seductor para el pueblo, tal como ocurre, por ejemplo,
en Egipto. No sorprenden, pues, las continuas condenas
al movimiento por parte de Damasco, así como las
medidas empleadas para desalentar cualquier contacto
con ellos por parte de ciudadanos sirios: es en esta
línea donde cabe interpretar el asesinato del líder
religioso Muhammad Mashuq Kaznavi y la detención del
escritor Ali Abdallah tras sus contactos con el líder
en Europa de los Hermanos Musulmanes, Al-Bayanouni.
Podría desconcertar que Damasco esté, en cambio, muy
vinculado a otras organizaciones islamistas de
trasfondo político como Hamas, a cuyo líder, Khaleed
Mashal, acoge en sus fronteras. Las similitudes entre
los dos movimientos son sin embargo más aparentes que
reales, sobre todo por la diferente localización
geográfica de los intereses de ambas. Si por un lado
la Hermandad está activa en gran parte de la región,
Hamas es un movimiento casi exclusivamente palestino
cuyos objetivos están en Gaza y Cisjordania y
estrechamente vinculados a la lucha contra Israel.
Siria y Hamas tienen, pues, un enemigo común y ningún
motivo serio de desacuerdo, siendo la suya una alianza
política conveniente para ambos. Para Bashar al Assad,
Hamas constituye de hecho un excelente medio para
combatir a Israel indirectamente, mientras que este
movimiento islamista no podría existir sin el respaldo
de Damasco.
La debilidad de la oposición interna
El hecho de que la política interna siria esté
caracterizada casi únicamente por las decisiones de Al
Assad deriva también de la debilidad manifiesta de la
oposición. La represión que hizo añicos el sueño de
los promotores de la Primavera de Damasco de 2000 han
acallado gran parte de los movimientos de protesta,
cuyos miembros han sido intimidados, detenidos u
obligados a exiliarse. Muchos foros de discusión han
sido cerrados a la más mínima muestra de tendencias
críticas hacia el régimen y la apertura de nuevos
foros está ahora controlada por las fuerzas de
seguridad. Los medios informáticos -internet, correo
electrónico- son por ello el instrumento más efectivo
para intentar divulgar sus ideas. El problema
principal, sin embargo, sigue siendo la organización:
los grupos de la oposición son numerosos, a menudo en
desacuerdo entre ellos (en especial entre los grupos
sunnitas y kurdos) y poco coordinados. Si a ello se le
añade el miedo al régimen se entiende la dificultad
para organizar grandes eventos de protesta. En cuanto
a los grupos extranjeros, estos a menudo no tienen
suficientes apoyos en el país como para poder tener
influencia sobre la población local. Otro problema es
la brecha generacional: la juventud siria por debajo
de los 35 años es poco participativa y escasamente
interesada en cuestiones políticas. Concentrados en
los estudios y en la construcción del núcleo familiar,
no se ven afectados por las restricciones del régimen
y sienten menor necesidad de rebelarse. Bashar al
Assad ha resultado ser además un mejor comunicador,
sobre todo desde el momento en que se presenta como
modernizador. Por el contrario, los líderes de la
oposición son vistos como anticuados y poco
carismáticos.
Conclusiones
La oposición interna no parece capaz de ofrecer una
alternativa al régimen de Al Assad y de llevar el país
a un nuevo rumbo. Por el contrario, la política de Al
Assad de conceder mayores libertades en el terreno
religioso y su alianza con los magnates suníes está
reforzando sus posiciones. Además, la marginación del
partido Baath y la búsqueda de ideales nacionalistas
contribuyen a todo ello a través de un proceso de
renovación de imagen. Sin duda estas medidas son
también una prevención en el caso de que fuerzas
ajenas al país intenten derrocar al régimen. Sin
embargo, tal como afirma Joshua Landis, analista y
experto en asuntos sirios, "los sirios aún no han
aceptado completamente este régimen" y dependerá en
gran medida también del éxito de las reformas
económicas que el país necesita.
La fuente: El artículo se reproduce con la
autorización de Equilibri, sociedad que se dedica al
estudio y el análisis de los acontecimientos y de las
dinámicas internacionales. Gracias a la aportación de
35 analistas y de más de 100 colaboradores en todo el
mundo y a sus relaciones con centros de estudios,
universidades y mass media se enmarca en el escenario
internacional de los think tanks que se ocupan de
relaciones internacionales a nivel global.
"El lado oscuro, busca una víctima, lo sé, se siente, se sabe y se calla. Víctima, o victimario cómo saber de qué lado estamos. El lado oscuro de la luna no brilla pero atrae. En él podría ofrecerme y ser víctima de cada pensamiento impuro, ser poseída, penetrada, obligada, sometida, arrasada, quemada, hundida, destruida, humillada, irreal, o tal vez ganadora, domadora, desgraciada, malvada, perversa, morbosa, oscura, absurda, real. A cuántos amantes he arrancado desde las entrañas los más impuros pensamientos, vaciado el alma, perdido los sentidos, por cuántos yo he sentido eso? Será que soy un infinito vacío que llora desde el lado oscuro de la Luna, será que necesito una víctima, será que necesito un victimario...es como recordar un sueño incontable..."
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