[R-P] Un documento político sobre la situación en Córdoba
Néstor Gorojovsky
nmgoro en gmail.com
Lun Oct 1 13:49:46 MDT 2007
[Almendra Lara nos hizo llegar el siguiente documento, donde un
miembro del grupo Convocatoria Popular de Córdoba brinda un exhaustivo
análisis de la situación local. Para discutir y enriquecer.]
Las elecciones cordobesas del 2 de Setiembre
Las elecciones cordobesas permiten extraer conclusiones importantes
respecto a las contradicciones de la política de Kirchner en relación
a la tarea de promover un reordenamiento de fuerzas nacionales apto
para sustentar el rumbo de su gobier-no y contrarrestar el ataque de
los centros de poder oligárquico-imperialista. Esas contradicciones le
impiden enfrentar a las fuerzas retardatarias, corruptas y
pre-bendarias que se han adueñado del peronismo tradicional y tienden
a transformar al presidente del país en un prisionero de los diversos
"aparatos", proclives a pac-tar con los núcleos del stablisment y
enemigos mortales de todo lo que suponga una democratización de la
vida política capaz de revitalizar el movimiento de las masas. Las
pugnas sordas y las miopías diversas que trae aparejada esta situación
han generado ya varios papelones y contrastes electorales, sin que se
adviertan signos de algún replanteo. Esta obnubilación del sentido
crítico debe responder a causas estructurales, más que a la impericia
de los actores involucrados.
En ese contexto, los hechos de Córdoba son un capítulo particularmente
grave, por cuanto nos retrotraen a los peores momentos de la crisis de
representatividad, colocando bajo sospecha de acordar con el fraude al
gobierno nacional y generan-do en consecuencia una situación que, al
menos en la provincia, afecta sin duda el respaldo popular a la
candidatura de Cristina, que parecía abrumador hasta el 2 de
setiembre.
En primer lugar, es necesario eximir al Dr. Juez de la responsabilidad
de la cri-sis. El candidato del Frente Cívico sólo denuncia el fraude
consumado, con abso-luta justicia y en firme defensa de la soberanía
popular y señala la decepción que representa para él la conducta
adoptada por Kirchner y la candidata, que han re-suelto hacer oídos
sordos al reclamo generalizado del pueblo de Córdoba. Es para todos
claro que Juez pretendía llevar como candidata a Cristina de Kirchner
y sos-tuvo una política de apoyo independiente al gobierno nacional,
aunque rechazará la opción de un respaldo incondicional. Sólo una
visión impregnada de autoritaris-mo, incompatible con la construcción
de un espacio plural de fuerzas nacionales, puede objetar esa actitud
y expulsar a los amigos hacia el campo adversario, por no resignar la
conducción autónoma del campo propio. Lamentablemente, no es el único
caso en que pudieron observarse conductas semejantes en la práctica de
los operadores del presidente, generándose luego triunfos de la
oposición.
En segundo lugar, es sumamente grave lo que parece reflejar una
capitulación del presidente de la república: curiosamente, Kirchner
se complica con De la Sota y Schiaretti mientras De la Sota,
envalentonado, reitera sus provocaciones, señalan-do en la Rural de
Río Cuarto sus dudas sobre el INDEC y su franca oposición a las
retenciones a las exportaciones, en abierta crítica de las medidas
fundamentales del plan económico y en concordancia con sus enemigos
del mundo rural. Aparen- temente, después de los desastres que le han
acarreado sus propios errores, el presidente cree no estar en
condiciones, a un mes de las elecciones de Octubre, de enfrentarse con
De la Sota, el "salvavidas de plomo", que enterrará más aún la suerte
electoral de Cristina Kirchner.
En tercer lugar, es preciso recordar que los reveses que debilitaron
al gobierno y amenazan con transformarlo en un prisionero del aparato
justicialista (Misiones, Tierra del Fuego, Capital Federal, Santa Fe,
Córdoba) eran en principio completa- mente evitables, si se
consideran las tendencias que imperan actualmente en vas-tos sectores
del pueblo argentino, inclinados a respaldar políticas defensivas del
interés nacional, tras las lecciones de la crisis del 2001. Si a esa
circunstancia se añade que la oposición luce disgregada y sin
capacidad de atracción, podría ironi-zarse sobre la propensión de
Kirchner a tomar decisiones que provocan goles en el arco propio,
electoralmente hablando. O cabe preguntar, sin ánimo de bromas, si el
kirchnerismo puede interpretar adecuadamente cuál es hoy el estado de
la con- ciencia política de las grandes masas y sus corrientes
profundas. Y en el caso de que la respuesta fuese negativa,
preguntarnos sobre las causas que le impiden ver lo que fue parido por
el 2001 y actuar en función de fortalecerse y prevalecer. Los hechos
de Córdoba parecen señalar un punto de inflexión hacia un rumbo
contra-rio a las expectativas del pueblo. No asoman reacciones
saludables, desde el poder supremo, frente a un cuadro gravísimo, que
ha llevado a Cristina a dudar acerca de la conveniencia de incluir a
la Ciudad de Córdoba entre los sitios en los que hará su campaña
presidencial, en claro reconocimiento de que su presencia en ella sólo
estimularía la hostilidad de los electores, quienes la asocian, hoy,
con la banda inescrupulosa que ha desatado en la provincia un
escándalo que nos retrotrae a los tiempos del Navarrazo.
La madre del borrego
Con su proverbial profundidad, los medios de prensa parecían
considerar, antes de las elecciones del 02 de setiembre, que una
picardía de Kirchner estaba en la base de su famosa política de "las
dos canastas". En realidad, es público y notorio, ella era el fruto de
una frontal oposición en el interior del gobierno entre el sector
encabezado por Alberto Fernández, presunto "ideólogo" de la
Concertación Plural, y los funcionarios que se agrupan alrededor de De
Vido, quienes expresan una vo-luntad poco afecta a compartir el poder
con un sistema de aliados y representan, consecuentemente, ciertas
ideas que preconizan la necesidad de confiar las res-ponsabilidades de
la gestión a "los cuadros del peronismo", con la obvia simpatía del
aparato reciclado que dio respaldo a Menem, primero, y a Duhalde,
después, y que encabezan los gobernadores y las cúpulas de la
burocracia política y sindical, completamente alejadas del espíritu
del 45 y anhelantes de ver al actual mandata-rio como presidente
(prisionero) del Partido Justicialista.
Igualmente, los "analistas" creían que al coquetear indistintamente
con tirios y troyanos Kirchner sumaba "con las dos manos",
pragmáticamente, sin incurrir en "purismos" pasados de moda. En
realidad, es más justo decir que no se incorporan conceptos que
clarifiquen donde se sitúan los campos en pugna y que parece
pre-valecer una lucha por obtener apoyos indiscriminados, aun a costa
de confundir a los propios, y una obsesión por controlar
burocráticamente todo, exigir un respaldo acrítico a sus proyectos y
someter a la militancia al papel pasivo de "recibir línea" y
subordinarse a los mandos, alentando además, cuando se trata de ocupar
algún poder demasiado extenso, a figuras como Scioli, cuya manifiesta
irrepresentativi-dad entre los cuadros y la base son garantía de
ineptitud para conformar fuerzas que puedan adquirir una entidad
propia. En el caso de Córdoba, con la mayor tor-peza y la
participación lamentable del propio presidente y un respaldo local
nulo, el sector De Vido ungió a una figura deportiva, el célebre
Campana, como el hombre que los representaría en la provincia
mediterránea. Naturalmente, para De Vido y Jaime instalar a Campana
era sólo un paso para debilitar a Juez y confluir con De la Sota desde
"posiciones de fuerza". Como cabía esperar, el delfín fue un peón del
delasotismo y terminó ocupando un papel de comparsa en la fórmula
encabezada por el vicegobernador, Juan Schiaretti.
En cierto sentido, podría decirse que Kirchner utiliza las mismas
fórmulas que usaba Perón al conducir un movimiento caracterizado por
la contradicción entre la naturaleza burguesa de sus fines históricos
y su base social obrera y plebeya, que debía ceñirse bajo un control
burocrático. Con una salvedad, decisiva por su im-portancia: el
liderazgo que Perón logró adquirir en el seno del movimiento no se
generó sin antes abrir la Caja de Pandora, ni en base a expedientes
que buscaran controlar las fuerzas espontáneas que tienden a concurrir
a una construcción co-mún. Quienes apuestan a conformar un movimiento
al que concurran los trabaja-dores y las clases medias en vías de
nacionalización, ¿ignoran acaso que Perón dio aliento a múltiples
construcciones que de ningún modo podía subordinar a una je-fatura
férrea antes de resolverse, ya en el poder, a enfrentar duramente a
todos los grupos que se resistían a aceptar una total subordinación?
Hoy, en tanto y en cuanto los partidos tradicionales (con el pejotismo
incluido) están afectados de una crisis mortal y se trata de conformar
un movimiento nacional capaz de incluir a las clases medias
nacionalizadas, la tarea plantea, como condición sin la cual se
fraca-sará irremediablemente, criterios abiertos e inclusivos aptos
para poner de pie a un sujeto social que no se movilizará si se le
niega protagonismo. Los "operadores" de Kirchner rechazan sin
excepción esta tesitura. No es posible hablar de constituir un
liderazgo democráticamente estructurado y de que nos ajustemos todos a
normas organizativas e instancias colectivas.
Esta pretensión de hacer la tortilla sin romper los huevos ha socavado
todas las tentativas del kirchnerismo de conformar una fuerza capaz de
liberar al presidente y sus partidarios del abrazo mortal del aparato
político y sindical del justicialismo, que amenaza con transformar su
fuerza residual en el único sostén de la política presidencial e
intenta expulsar a las fuerzas plurales que quieren sostener al
go-bierno nacional, en la medida en que éstas otorgan independencia al
presidente y su gobierno y estimulan una renovación de la vida
política que podría cuestionar su cuota de poder y un sistema de
granjerías y prácticas mafiosas.
El peligro es enorme, a juzgar por la gravedad del caso de Córdoba. El
predo- minio del aparato aislaría al gobierno de las grandes
corrientes de opinión del país, facilitaría el avance de las fuerzas
reaccionarias y crearía un terreno favorable a la derivación de
ciertos sectores de las clases medias hacia el campo antinacional.
Es un deber señalar el riesgo. Las acciones y omisiones que
caracterizaron has-ta hoy la acción del kirchnerismo en el terreno
decisivo de la construcción política podrían llevarnos, por segunda
vez en las últimas décadas, a una situación fatal de predominio de las
fuerzas que tienden a oponer toda clase de obstáculos a una posible
confluencia de tipo plebeyo que reúna en el seno del movimiento de
masas a las clases trabajadoras y a las clases medias en vías de
nacionalización.
La emergencia de Juez en la politica de Córdoba
Una manifestación de las contradicciones que afectan al kirchnerismo
al encarar la construcción de un sistema de alianzas está dada en su
ambivalente actitud an-te el movimiento liderado por Luis Juez en la
provincia de Córdoba. Por un lado, se veía a Juez, correctamente, como
un socio en la lucha por desalojar del poder a De la Sota, un franco
enemigo de Kirchner y su política, que oscila entre el ataque liso y
llano y una victoria a medias, hacerlo prisionero del Partido
Justicialista. Por otro, en la medida en que Juez no se muestra
dispuesto a subordinarse y obedecer al presidente y su entorno,
pretende ignorar que el espacio social y político que po-dría sostener
a un kirchnerismo cordobés está ya ocupado por el movimiento que en
las elecciones del 2003 aplastó electoralmente en la capital
provincial a las dos variantes del pútrido bipartidismo neoliberal
cordobés, que resumía lo peor de un radicalismo conservador complicado
con el Proceso y de un "peronismo" que en manos de De la Sota había
representado, dentro de la "renovación", una negación vergonzosa de su
identidad histórica, hasta el punto de suplantar la tradicional
marchita por un espectáculo electoral norteamericano.
Intentemos responder a ciertos interrogantes planteados alrededor de
la signi- ficación del "juecismo":
1) Se le achaca a Juez una insistencia unilateral en las denuncias de
corrupción y en las referencias al valor de la decencia y la
honestidad. Esto revelaría su falta de programa y en consecuencia, la
imprevisibilidad de su conducta y el carácter "efímero" del movimiento
que lo acompaña. Desde luego, cualquier proceso que implica una
transición genera incógnitas acerca de su futuro. Pero, en tanto la
crítica suele ser esgrimida por quienes consideran que de-be
respaldarse al gobierno nacional: ¿hay alguna razón para acordar más
crédito al futuro del kirchnerismo? Y por otra parte, por qué juzgar
de an-temano sospechoso el reclamo de honestidad ¿acaso estamos frente
a una campaña que so pretexto de la moral intenta cuestionar a un
gobernante popular? ¿lo serán, por ventura, De la Sota y los radicales
que lo precedie-ron en el poder? ¿es Juez un agitador fascista, como
dice Schiaretti? ¿no se advierte que, en la historia concreta de los
últimos años (y esto vale para todo el país), desde las jornadas de
diciembre del 2001, el asco por la corrupción y la reivindicación de
la honestidad de los "representantes del pueblo" se asocia tácita o
expresamente con la denuncia de su papel como agentes de una traición
al interés popular en beneficio de los bancos y del poder económico
nacional y extranjero? ¿no puede verse que la ira del pue-blo del 2001
(y la emergencia de Juez es un caso particular dentro del fenómeno de
la quiebra del sistema de representación política) se dirigía también
a reclamar honestidad de mandatarios que traicionaban el "contra-to"
con el mandante? En síntesis, la perspectiva correcta para mirar este
asunto es comprender el sentido de estas consignas en situaciones de
con-flicto con el sistema político y de tránsito de las masas hacia
nuevas identi-tidades. Si se prejuzga lo concreto se torna una
abstracción que nos remite a la vanidad del moralismo tradicional.
2) El juecismo sostuvo en la gestión municipal, además de un manejo
honesto de los recursos, políticas que implican un cambio notorio
respecto a las que impusieron los anteriores gobiernos del ciclo
democrático. A saber: a) pese a la catástrofe que fue para la
Municipalidad la gestión Kammerath y pese a la asfixia a que intentó
someterla el gobierno provincial (durante largos meses giró al
municipio una coparticipación ridícula de UN PESO) se impulsó la
formación de la Empresa Municipal de transporte urbano, que tiene
actual-mente 400 ómnibus, que fueron comprados a la fábrica IVECO,
radicada en Córdoba, contra la intención del gobernador, que pretendía
importar dichos vehículos; b) optando con firmeza por una política
popular de salud, Juez denunció a las "gerenciadoras" (meras
intermediarias) contratadas por De la Sota, impulsó la formación de un
Laboratorio Municipal y contrató con Evo Morales y los médicos cubanos
la operación gratuita del mal de cataratas, trasladando sin costo a
500 personas hasta Bolivia, para que se beneficiaran con el programa
que financia el presidente Chávez. El plan enfrentó solicitadas y
protestas de las Clínicas de Ojos, que cobran por operación $ 3.000,
sin aceptar obras sociales; c) desde Obras Públicas se impulsó la
realización de obras barriales por medio del sistema de presupuesto
participativo, que da lugar a que los vecinos proyecten y gestionen
obras de interés vecinal; d) se convocó también a la participación
vecinal para introducir reformas al Código de Edificación, a pesar de
la resistencia de empresas constructoras, que reivindicaban "la
libertad del mercado" y se estableció un sistema muy original de
compensaciones a los propietarios de inmuebles calificados como parte
integrante del patrimonio histórico; e) Juez respaldó la movilización
de los vecinos contra el contrato de provisión de agua potable,
entregado por Mestre a la empresa Suez y renegociado por De la Sota en
términos aún más leoninos. Por iniciativa de Juez, en la pasada
elección, además de votar los cargos electivos, en la capital se
votaba un referendum de rechazo a esa concesión, que Juez prometía
anular de inmediato, si era elegido goberna-dor de la provincia; f)
por último, sólo el juecismo ha planteado con firmeza la voluntad de
mantener en la órbita del Estado al Banco de Córdoba y la empresa
EPEC, echando a los gerentes privados de De la Sota y devolvien-do a
esas empresas su rol de respaldo a la producción y al crédito popular;
g) la elaboración del plan económico, donde tuve participación en lo
atinen- te a la política para el Banco de Córdoba, obró sobre la base
de criterios ge- perales apuntados por el Cr. Salvador Treber, lúcido
defensor del interés na-cional que integró los equipos del Plan Fénix.
3) No deben ocultarse, sin embargo, los límites de Juez y el
movimiento que lo sostiene. La más notoria es la falta de definiciones
de carácter estratégico, el desdén por los problemas y las
formulaciones ideológicas y la carencia de voluntad por parte del
líder de implantar formas de conducción participati-vas; actitud que
le permite obrar con independencia respecto de las bases y los cuadros
del movimiento, lo que opera como un obstáculo frente a la ne-cesidad
de consolidar el conjunto de sus fuerzas y ha generado más de una vez
decisiones que perjudicaron el desarrollo del conjunto. Cabe señalar
que esto entraña riesgos, hoy, en el momento en que fuerzas muy
poderosas tratan de arrastrar a Juez hacia el enfrentamiento con
Kirchner, quien a su vez expulsa de un modo suicida a quienes lo
respaldan de un modo inde-pendiente. En consecuencia, la crisis
someterá a una dura prueba la capaci-dad del conjunto de las fuerzas
agrupadas alrededor de Juez, para superar vacilaciones y proseguir la
lucha contra el partido único neoliberal de Córdo-ba, una entidad
bicéfala pseudoperonista y pseudoradical que saquea la provincia desde
1983.
Los peligros emergentes después del fraude
No es una exageración decir que para medir la trascendencia de lo
ocurrido en Córdoba es necesario remontarse a los tiempos del
Navarrazo, el golpe policial que derribó el gobierno de Obregón Cano
durante el gobierno del General Perón.
Navarro, el impresentable Jefe de Policía que dio su nombre al hecho
contó en-tre sus fieles al joven De la Sota, hombre del intendente de
la Ciudad capital, un energúmeno "de armas exhibir".
En este caso, la acción contra Juez, al involucrar a figuras del
entorno de Kirch-ner y al propio presidente, conduce a la quiebra de
su relación con sectores muy significativos de la población de
Córdoba. Es un precio terrible, si se añade la cir- constancia de que
el electorado rural que apoyó a De la Sota en las elecciones recientes
es hostil al gobierno nacional y a la candidatura de Cristina por las
mis- mas razones que lo llevan a respaldar al gobernador provincial,
recostado hoy en los sectores que tradicionalmente odiaban al
peronismo.
Lo sucedido en Córdoba, pese a su gravedad, no altera una
caracterización que comparte todo el espectro nacional y
revolucionario respecto al significado del go-bierno de Kirchner y el
consiguiente respaldo que nos merece su gestión, en la medida en que
sus enemigos son los enemigos del pueblo y la patria.
Es necesaria, naturalmente, una respuesta presidencial que brinde
satisfacción al clamor de las multitudes movilizadas contra el fraude.
No escucharlas, privile-giando cálculos electorales ciegos y acuerdos
indefendibles con la corrupta cúpula del delasotismo, entraña peligros
de que podamos ingresar a tiempos propensos para la acción disolvente
de los grupos ligados al campo imperialista.
AURELIO ARGAÑARAZ
Córdoba, 27 de Setiembre de 2007
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