[R-P] Bolivia: La derecha obtuvo los muertos-bandera que buscaba

Patricia desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Lun Nov 26 14:26:27 MST 2007


La derecha obtuvo los muertos-bandera que buscaba
Al límite la “revolución” democrático burguesa del MAS

Miguel Lora Fuentes

Es periodista. Trabajó en los matutinos Presencia, La
Prensa, Los Tiempos y el semanario Pulso. Fue profesor
en la Universidad Pública El Alto. En la actualidad es
editor de Bolpress.com 

El proceso de reformas económico sociales que se lleva
adelante en Bolivia ha llegado a un punto de
inflexión. De aquí en adelante, ningún intento de
conciliación con las minorías de derecha parece
viable, a no ser que el régimen nacionalista del MAS
modere aún más sus reformas y renuncie definitivamente
a la “revolución democrática” que pregona. La derecha
pateó el tablero del debate democrático en la Asamblea
Constituyente y ya obtuvo los muertos-bandera que
buscaba para desacreditar, y eventualmente derrocar,
al gobierno “tirano” del MAS. El prefecto Rubén Costas
declaró “persona no grata” en Santa Cruz al Presidente
de la República Evo Morales, mientras que cinco
prefecturas preparan la instalación de gobiernos
autonómicos “de facto” y llaman abiertamente al
desacato de la “mal parida” Constitución Política del
Estado aprobada en grande el sábado.
Favorecido con el 54 por ciento de los votos en los
comicios de 2006, una verdadera paliza electoral para
la derecha, el gobierno del MAS supuso que podría
gerentar la democracia liberal sin mucho sobresalto
mientras se aprobaba un paquete mínimo de reformas en
la Constituyente. Pero, muy pronto, el régimen quedó
prácticamente inmovilizado por una intrincada telaraña
de normas y leyes escritas expresamente para mantener
el sistema;  sometido a la voluntad de nada menos que
de una minoritaria oposición que comenzó a conspirar
contra el “indio” desde el mismo momento en el que se
sentó en la silla presidencial; y, lo peor, sin la
menor posibilidad de reconducir la Constituyente, es
decir “el gran escenario de acuerdos y pactos
estructurales de la sociedad para resolver los
conflictos que han atravesado la sociedad boliviana
desde su formación como Estado en 1825”.
(Vicepresidente Alvaro García Linera). 

La convulsión social en Sucre de las últimas 36 horas
–que deja como saldo preliminar tres muertos y más de
una centena de heridos–, confirma una vez más la tesis
de que si bien Evo Morales llegó al gobierno, las
mayorías oprimidas aún no han tomado el poder, como en
su momento demostraron el choque sangriento entre
obreros y empresarios en Huanuni y los enfrentamientos
entre cocaleros y fuerzas de derecha en Cochabamba a
principios de año. 

El gobierno de Morales reconoció esta limitación y
apostó por la Asamblea Constituyente como escenario de
lucha por el poder y contra el carácter colonial y
monocultural del Estado liberal, en el entendido de
que existían dos caminos para dirimir la pugna
abierta: la guerra civil o el armisticio social.
Cerrada una de las dos vías, ¿qué papel asumirá el
régimen en este momento de transición? ¿Evo querrá
pasar a la historia como el Kerensky boliviano;
preferirá seguir los pasos del ex presidente Hernán
Siles, cuyo gobierno fue la antesala de la más
despiadada dictadura del capital que ha conocido el
país; se definirá de una vez como lo hizo su "abuelo
mayor" Fidel Castro? 

La derecha nunca quiso debatir y pateó el tablero en
la Constituyente 

La derecha llegó diezmada a la Asamblea Constituyente,
proponiendo un proyecto de desarrollo nacional
derrotado en la vida real, en las calles y en las
urnas. En calidad de fuerza política minoritaria, tuvo
que defender el viejo liberalismo occidental ante un
renovado indigenismo comunitario mayoritario, en un
momento en el que se revela a escala planetaria la
inviabilidad ambiental, política y social del modelo
de desarrollo capitalista. Derrotada y sin discurso,
la derecha no vio otra salida que patear el tablero y
salir corriendo por la ventana.  

Las elites económicas siempre se opusieron a la
Constituyente. Se necesitaron siete años de permanente
lucha, con mucha sangre derramada en el camino, para
obligarlas a debatir con el movimiento popular asuntos
de los que casi nunca se hablaba: el modelo de
desarrollo capitalista, los límites de la democracia
liberal representativa, el latifundio, la propiedad de
los recursos naturales... Prácticamente obligada, la
burguesía tuvo que discutir la caracterización y la
estructura del Estado colonial.  

Los intereses contrapuestos de la burguesía nacional
peona de las transnacionales y de los mayoritarios
sectores sociales empobrecidos quedaron en evidencia
apenas instalado el debate. Aunque parezca irónico,
los movimientos sociales que se abrieron paso con la
acción directa callejera luego fueron abanderados de
la continuidad del debate democrático, mientras que la
derecha exacerbó los sentimientos provincianos y
demostró estar dispuesta a dividir el país a través de
una guerra civil sangrienta para preservar los
intereses de las clases dominantes y asegurarles, al
menos, algunos pedazos de país convertidos en
territorios autonómicos. 

El MAS nunca planteó un cambio revolucionario en el
sentido estricto del término. El Presidente Morales ha
repetido hasta el cansancio que respetará la propiedad
privada –inclusive los grandes latifundios
“productivos”– y que garantizará seguridad jurídica
para las transnacionales, con las cuales no ha roto.
Las reformas nacionalistas de Morales respetan y hasta
garantizan los intereses de la burguesía nacional.
Promueven el reconocimiento de culturas y formas de
producción y de propiedad comunitarias no para que
reemplacen sino para que “convivan” con la economía
capitalista. 

El gobierno hizo concesiones; el ala conservadora
jamás sometió a escrutinio público sus dogmas y no
retrocedió un milímetro en su posición. La Junta
Democrática de Bolivia, el nuevo partido de derecha
conformado por los dirigentes cívicos y políticos más
reaccionarios de Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija,
Cochabamba y Chuquisaca, propone construir una
“República libre y organizada en un estado soberano de
derecho”, cuya forma de gobierno sea el sistema
democrático y cuya organización territorial se base en
el régimen autonómico departamental y descentralizado.
Reconoce “la propiedad estatal en los recursos
naturales no renovables”, pero reclama respeto
absoluto para la “propiedad privada y el libre
comercio como motores del desarrollo del país”.

Sintiéndose amenazados y perseguidos, los cívicos y
prefectos de la “media luna” y sus expresiones
políticas recurrieron a distintas estrategias para
retrasar, desviar y sabotear el debate en la Asamblea.
Al comenzar las discusiones, su principal bandera fue
que la nueva Constitución se apruebe por dos tercios
de voto como garantía de respeto a las “minorías”.
Luego combatieron el carácter “originario” del Foro y
el Estado “Plurinacional”. Más tarde impulsaron la
lucha de un minúsculo grupo político chuquisaqueño que
puso en brete al foro exigiendo debatir un asunto
marginal: la “capitalía plena”. 

Muchos afirman que el diálogo en la Constituyente
nació muerto. ¿Qué podía esperarse de la negociación
con sectores políticos ultraconservadores que bloquean
cualquier propuesta de cambio, por más moderada que
sea? ¿Acaso el MAS no corría el riesgo de entibiar
cada vez más la “revolución democrática” en pos de la
concertación?  

Momento de decisiones 

Quedan en nada los acuerdos a los que arribaron el MAS
y representantes políticos de la Suprapartidaria (UN,
MNR, CN, AS, MOP, ASP, MBL, MCSFA y el independiente
Lindo Fernández, ex Podemos).  Las nueve fuerzas
políticas habían acordado construir un Estado
“unitario, social de derecho, plurinacional,
comunitario y autonómico”, un “avance histórico” según
el Vicepresidente Alvaro García Linera porque se
reconoció la dimensión plurinacional y comunitaria del
Estado social de derecho y la dimensión autonómica y
descentralizada, sin excluir a nadie y articulando los
grandes ejes de tensionamiento y de demanda que
caracterizaron a la Bolivia republicana. 

La comisión política delineó las bases de un Estado
integrador y plural asentado en la “complementariedad
intercivilizatoria” que reconoce una “economía plural”
on tres formas de propiedad: la estatal, la
comunitaria y la privada, todas ellas conducidas por
un Estado planificador que ejerce la dirección
integral del desarrollo económico. Se perfila una
Constitución Política del Estado "mestiza", anunció en
su momento el jefe de Unidad Nacional Samuel Doria
Medina. 

Los integrantes de la Suprapartidaria decidieron
“fomentar y promocionar” el área comunitaria de la
economía como alternativa solidaria, tanto en el campo
como en la ciudad, y a la vez se comprometieron a
respetar la propiedad privada, la sucesión
hereditaria, la propiedad individual y colectiva sobre
la tierra, la iniciativa empresarial y la seguridad
jurídica.  

Podemos de Jorge Quiroga, la fracción política más
conservadora de la Asamblea, no participó en los
debates de la “Suprapartidaria”, a diferencia de otros
representantes de fuerzas conservadoras como el MNR y
Unidad Nacional. A último momento, la centro derecha
rompió los pactos y dejó solo al MAS y a otras fuerzas
minoritarias que aprobaron el sábado un primer
borrador de la nueva Carta Magna con las consecuencias
conocidas. 

Los acontecimientos en Sucre agudizan la polarización
política y profundizan una larga crisis estatal
caracterizada por el antagonismo, la inestabilidad y
la incertidumbre. Sin embargo, también se abren nuevas
perspectivas porque en momentos de crisis se gestan
los cambios y los soldados toman partido. Los sectores
movilizados en Sucre no tardarán mucho tiempo en pedir
cuentas a sus líderes cuando se aclare el trasfondo de
la reivindicación regional impuesta artificialmente en
un momento constitutivo. Demorará un poco más la
sociedad cruceña en entender que su gobierno
autonómico será ilegal mientras no sea reconocido por
la Constitución.  

Según el Vicepresidente García Linera, el país vive un
momento de crisis estatal “en proceso de resolución”
en el que combaten dos fuerzas antagónicas: la derecha
integrada por la burguesía agroindustrial del oriente
(Branco Marinkovic y los cívicos de la media luna),
pequeños grupos radicales “semifascistas” (que
aparecieron en Sucre) y sus brazos políticos (Podemos,
MNR, UN), y un nuevo bloque de poder de “pequeños
productores” del área urbana y rural (campesinos,
artesanos, comerciantes y segmentos del empresariado
privado vinculados al mercado interno) y una
burocracia estatal con influencia económica que tiene
a mano importantes “resortes” o herramientas de
cohesión social como la inversión pública (bonos para
los ancianos y los estudiantes, grandes obras de
infraestructura, etc.). 

No hay empate catastrófico entre los dos bandos,
asegura García Linera, sino el surgimiento de
resistencias locales de elites que carecen de un
proyecto de sociedad viable y creíble frente al nuevo
bloque de poder. El mandatario opina que la resolución
del tensionamiento y la definición de la nueva
personalidad del Estado está más cerca de lo que
parece.




"Ya acabó el día de tu cumpleaños y como si
fuese el último que te haya acompañado te dejo mis
palabras, para que cuando despiertes sepas que fui yo
quien te acomodó las sábanas para que descanses y
sueñes con la belleza de tus días venideros. Hoy no te
beso, no quiero desvelarte "



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