[R-P] En homenaje a la labor de los compañeros que se hacen cargo de empresas vaciadas por sus dueños
Patricia
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Sab Nov 24 09:02:55 MST 2007
Esta publicación virtual pertenece al
Centro de Estudios Políticos y Sociales “John William
Cooke”.
Este texto fue escrito por nuestro Compañero Carlos
Fazio, junto a Raúl Aramendy y es publicado por
nosotros en homenaje a la labor de los compañeros que
en cada rincón de nuestra patria, hoy se hacen cargo
de aquellas empresas que fueron vaciadas por sus
dueños logrando así hacerse cargo de su futuro.
Y homenajeamos también de este modo a la tarea pionera
desarrollada por el General Juan Domingo Perón en este
sentido.
Quilmes, Buenos Aires, abril del 2007
johnwilliamcooke_ceps en yahoo.com.ar
“Ahora los dueños somos nosotros”
Carlos Fazio y Raúl Aramendy
Cuando el General Perón salía del gimnasio para
retirarse, una orquesta formada por músicos cerveceros
ejecutó la marcha “Los muchachos peronistas”, dirigida
por el maestro Francisco Canaro...” (“El Sol”,
Quilmes, 5 de febrero de 1955).
El día anterior había sido un día de fiesta. En el
parque Eva Perón, en Villa Argentina, el Presidente de
la Nación había entregado a los obreros cerveceros la
propiedad y el control de trece fábricas de cerveza
que constituyeron, en el pasado, parte evidente del
monopolio Bemberg de la cerveza. ¡Ahora era de los
trabajadores! El hecho, mirado a la distancia, puede
parecer más sencillo de lo que era. Detrás quedaban
diez años, o más, de dura lucha nacional por el
rescate de la dignidad y de la riqueza avasallada por
la opresión y la corrupción del que fuera uno de los
más importantes banqueros internacionales de
principios de siglo.
Las fábricas en poder de los trabajadores
Ese cuatro de febrero de 1955, el Presidente Juan
Domingo Perón clausuró, el 14º Congreso de la
Federación de Obreros Cerveceros y Afines, cuyo
secretario general, Juan Carlos García, era diputado
nacional.
Fue García el encargado de agradecer al presidente la
histórica medida. “Ahora los dueños somos nosotros”,
manifestó jubiloso, un cervecero, a la prensa local de
la época.
El Estado Nacional, en virtud de la ley Nº 14.122,
liquidaba judicialmente las entidades denominadas
Grupo Bemberg, por “ocultación de sus bienes y
simulaciones de sus actividades estatutarias”. El
estado vendía a los trabajadores cerveceros y a sus
organizaciones gremiales las cervecerías de los
Bemberg y se instauraba un sistema de característica
autogestionaria mediante la cual los obreros
compartían las decisiones sobre todo lo referente a la
producción de cerveza y participarían, de un modo más
justo, de la distribución de los excedentes que las
fábricas produjeran. Participación y control de las
decisiones y de la riqueza que nace del propio
trabajo. Sin duda una verdadera revolución en el
sistema productivo. Que se realizaba, además, como el
propio Perón lo expresara en su discurso (ver
recuadro), para dar un nuevo impulso al año de la
productividad y con el afán de los cerveceros se
transformasen, por obra de esta nueva modalidad de la
tenencia de los medios de producción, en un ejemplo a
imitar en otros ámbitos de la vida nacional.
La empresa “Fábricas Cerveceras Argentinas S.A.” (en
formación), a través de la cual los trabajadores del
ramo pasaban a desempeñarse como verdaderos dueños de
su trabajo, estaban compuestas por un 25% de acciones
pertenecientes a la Confederación General de Trabajo
(CGT), o sea la organización sindical de todos los
obreros argentinos, no sólo los cerveceros, y un 75%
de acciones de propiedad de la Federación de Obreros
Cerveceros y Afines de la R.A., la que, a su vez, se
comprometía a colocar el 50% de lo que le
correspondiera entre el personal de las fábricas
cerveceras, malteras y afines de todo el país. Algunas
de las empresas que integraban el monopolio incautado
por el Estado y vendidas a los trabajadores fueron:
Cervecería y Maltería Argentina; Cervecería Buenos
Aires; Compañía Argentina de Levaduras; Nueva
Cervecería Argentina; Cervecería y Maltería de Cuyo;
Cervecería Schlau; Cervecería Córdoba; Cervecería
santa Fe; Bilz, fábrica de bebidas sin alcohol;
Maltería Bella Vista. Pero fue en ese mismo año, 1955,
cuando la autodenominada “Revolución Libertadora” puso
punto final al segundo gobierno peronista y a la
experiencia del proceso autogestionario que los
cerveceros encararon durante menos de un año.
Onganía y los Bemberg
Los banqueros Bemberg, en litigio contra el Estado
Argentino, consiguieron tres triunfos judiciales que
obligaban a nuestro país a indemnizar y devolver
cientos de millones de pesos. Esto ocurrió entre el 27
de diciembre de 1966 y el 12 de enero de 1967,
asumiendo el patrocinio jurídico de los Bemberg el
estudio Cárcano y Saravia, uno de cuyos miembros, el
Dr. José Manuel Saravia, fue subsecretario del
Ministerio del Interior del Gral. Onganía. “En
diciembre de 1966 la provincia de Buenos Aires fue
condenada a pagar unos 400 millones de pesos (algo
menos de dos millones de dólares) a los Bemberg, en un
juicio entablado por éstos contra la expropiación de
una estancia de 8.000 hectáreas que el gobierno
peronista había parcelado y vendido a los
agricultores. Y al comenzar el nuevo año se supo que
en los mismos días de diciembre el gobierno militar
había resuelto pagar 10 millones de dólares a la S.A.
Puerto del Rosario, en concepto de una deuda
desconocida por todos los gobiernos argentinos, desde
que el puerto de Rosario fue expropiado, en 1942, por
el gobierno conservador de Ramón Castillo”. (García
Lupo, “Resurrección de los Bemberg”, 27 de enero de
1967.)
Por resolución judicial del 6 de enero de 1967 el
Estado debió pagar cien millones de pesos en concepto
de devolución. En la revista “Confirmado” del 5 de
enero de ese año, pág. 72, leemos: “Después de 45 años
de existencia, el barrio residencial de Villa
Argentina, en Quilmes, incorpora su primera iglesia.
La capilla de San José-ejecutada por el arquitecto
Alejandro Bustillo- fue construida por donación de
Otto Bemberg, presidente honorario de Cervecería y
Maltería Quilmes. En la ceremonia inaugural, de la que
fue madrina Sofía Bengolea de Bemberg, esposa del
donante, estuvieron presentes las autoridades locales,
del Ejército y de la Aeronáutica, dirigentes
sindicales y numeroso público. Luego de la bendición
del templo-a cargo del vicario general y gobernador
eclesiástico sede plena de la Diócesis de Avellaneda,
monseñor Emilio Moni- Otto Bemberg agradeció a la
población el apoyo ofrecido a la obra”.
La restauración de los Bemberg es un símbolo de la
restauración de las minorías antinacionales que no
dudan en explotar cualquier forma que le permita
acumular prestigio y disfrazar su verdadera condición
de opresores.
Aunque la experiencia sufrió un nuevo traspié con la
restauración oligárquica, se nos impone una reflexión
sobre el sentido revolucionario que conlleva la
decisión, inédita, plena de audacia en la conducción
de los intereses nacionales, de transferir la
propiedad al conjunto de los trabajadores y sus
instituciones naturales, los instrumentos de
producción de riquezas.
Esta experiencia tendiente a generar un modelo de
autogestión, vinculando la Federación del gremio a los
trabajadores en la gestión productiva, relacionada, a
su ves, con otros ensayos como el de congestión,
realizado por SEGBA, bajo la presidencia del dirigente
sindical Juan José Taccone, y otros intentos de esa
década, ya sea de cooperativización o participación en
las gestión empresaria, nos invitan a un debate y
reflexión sobre las formas de protagonismo de los
trabajadores en los centros de trabajo.
Discurso del presidente Perón
El siguiente es un extracto del discurso que
pronunciará el Gral. Perón el 4 de febrero de 1955 al
entregar a los trabajadores cerveceros el control y
propiedad de los establecimientos que pertenecieron al
monopolio Bemberg.
“No es fácil en el mundo, ni es fácil para nosotros
derribar justicieramente ese tremendo pulpo que
representó el monopolio Bemberg de la cerveza en el
país. No ha habido un solo argentino que, beba o no
beba cerveza, que no haya pagado un tributo a este
monopolio, un tributo en dinero o un tributo en
dignidad, porque podemos decir que ese monopolio
representó para el país el símbolo más diabólico de la
explotación de un pueblo.
“Ha habido muchos funcionarios de los tiempos pasados
que han sufrido la influencia nefasta de este
monopolio. Ellos mismos llegaron a afirmar que en los
cajones de sus buffetes estaban los recibos de los
sueldos que los legisladores argentinos cobraban al
monopolio Bemberg con la amenaza de los impuestos.
“Durante más de quince años los jueces no tuvieron
dedicación para ese juicio que el Estado mismo
reivindicaba para el pueblo argentino, porque a
aquellos jueces le interesaba más Bemberg, o lo que le
podían sacar a Bemberg, que el pueblo argentino”.
“Bemberg a hecho tanto mal a la República Argentina;
ha inferido tanto daño al Estado argentino y ha
perjudicado de tal manera al pueblo argentino que, si
viviera diez veces su vida no alcanzaría a pagar la
deuda que tiene con la República.
“...porque el sector del pueblo argentino que fue más
explotado y escarnecido por la familia Bemberg, fue
precisamente el de sus propios obreros y empleados.
Por esa razón, el lógico y natural que todos esos
bienes vayan a ese sector de la comunidad que más ha
sufrido, material y moralmente, la acción nefasta de
esa familia.
“Ahora nosotros le vendemos a la sociedad anónima que
forman los trabajadores de las empresas cerveceras que
fueron de Bemberg”. Esta sociedad anónima está formada
por los trabajadores cerveceros en toda la extensión
de la República, como la que podrían formar 10 o 20
millones de la Bolsa de Comercio de la Ciudad de
Buenos Aires.
Es un tipo de sociedad anónima idéntica a todas las
demás, pero que en vez de ser 20 que tienen muchos
millones, son muchos millones que tienen 20 y compran
con el mismo poder adquisitivo”.
“Ojalá que muchos imitaran a los obreros cerveceros y
constituyeran sus propias organizaciones en base a
sociedades anónimas, cooperativas, a través de los
cuales, con su dinero que no es de nadie más que de
ellos, que se lo han ganado con el sudor de su frente,
fueron sus propios empresarios”.
“Compañeros: en este año 1955 nosotros hemos de
iniciar, como una etapa más de superación para el
aumento del estándar de vida de nuestra población, la
batalla de la productividad. Y este acto es
precisamente, un factor fundamental de esa
productividad. Yo sé que por este sistema habremos de
aumentar extraordinariamente la producción argentina,
porque cuando cada trabajador sienta y experimente en
la lucha del trabajo de todos los días, que él con su
esfuerzo aumentará también su beneficio, que podrá
pensar en un futuro más halagüeño que en el que ha
pensado hasta ahora, y cuando él sea el artífice de su
propio destino, sé que no habrá esfuerzo y sacrificio
que no sea capaz de realizar en beneficio de esta
justicia social que establecimos y en beneficio de
esta patria que es el albergue de esa justicia social.
Compañeros: he dicho que este acto representa para mí,
quizás una de las más grandes satisfacciones que pueda
experimentar. He venido luchando durante diez años y
ya hemos realizado este acto de restituir al pueblo lo
que es del pueblo y espero que en el futuro en
cualquier caso similar que se presente podamos seguir
realizando lo mismo. Nada puede resultar más grato a
nuestro corazón que el de restituir esa propiedad y
esa riqueza al pueblo que es quien la ha elaborado y a
quien le pertenece. Yo les pido a todos los cerveceros
de la República que se contraigan a la tarea de ser un
ejemplo”. “...para que sirviendo de ejemplo a los
demás compañeros trabajadores, que piensan y sienten
que la grandeza de la República está en que cada uno
de nosotros sea un poco propietario de su suelo y de
su riqueza.” (Extraído del diario “El Sol”, Quilmes, 5
de febrero de 1955.)
¿Quienes eran los Bemberg?
En 1853 se casaron, en la Argentina, Otto Pedro
Bemberg con Luisa Ocampo Requeira, padres de Otto
Sebastián Bemberg, quien llegaría a ser, entre las dos
grandes guerras mundiales, uno de los hombres más
ricos del planeta y el más poderoso banquero
argentino.
En 1895 muere Otto Pedro Bemberg y leemos en su
testamento: “En el momento de mi matrimonio ni mi
mujer ni yo poseíamos nada o poco menos”. La inmensa
fortuna que la familia logro acumular-ya veremos de
qué manera- tuvo su origen en nuestro país.
Otto Sebastián Bemberg comenzó a fines del siglo
pasado a acumular su inmensa futura.
Se dedicó a realizar todo tipo de “negociados” con el
Estado argentino. Algunos de los más notorios fue el
que realizó en 1935 con la conversión de la deuda
pública. Volveremos sobre este ejemplo. Pero una de
las principales fuentes de ingresos de los Bemberg
comienza a desarrollarse en París, en épocas de la
guerra de Paraguay, cuando Otto Sebastián era cónsul
argentino allí. Se encargaba de comprar armas para el
Ejército y de conseguir los empréstitos europeos para
la guerra. Las comisiones de estos negocios lo
catapultaron hacia el gran mundo de las finanzas y de
los fabricantes de armas.
O.S. Bemberg se asoció a los banqueros Hersent y a
los fabricantes de cañones Schneider. Junto a este
último explotó la S.A. Puerto del Rosario. Se asoció
también a De Wendel. François de Wendel era el
presidente del famoso “Comité des Forges” de Francia,
y Eugenio Schneider era el dirigente de Le Creusot,
las más grandes de las compañías del Comité, que llegó
a dominar la política francesa de la época.
José Luis Torres, un patriota que querelló a Bemberg y
denunció, en libros, artículos y folletos accionar
delictivo de esta familia, en uno de los libros nos
comenta este “pedrigeé” y, entre otras cosas, pone al
descubierto que Bemberg, vinculado al famoso “Banque
de I’Unión Parisinne”, realizo el “colosal negociado
de la inflación de la deuda argentina de 1935, según
lo establecen documentos de la época”. Este negociado
fue posible por las estrechas relaciones del grupo
Bemberg con los estamentos del gobierno.
El Dr. Federico Pinero fue el gestor del plan por la
inflación de la deuda nacional. El Dr. Pedro Groppo
era ministro de hacienda de la provincia de Buenos
Aires y como tal firmó los contratos aprobados con
Bemberg. El presidente Roberto Ortiz figuraba hasta
antes de asumir la presidencia de la Nación, como
presidente de una de las fábricas de monopolio
Bemberg: la cervecería ‘Bella Vista’, nos informa
Torres.
De esta manera, y en íntima asociación con poder
económico internacional, los Bemberg acumularon su
riqueza. Estafando al fisco, comerciando con puestos
públicos, realizando negociados con mercaderes de la
muerte en la venta de armas, controlando y especulando
a partir del capital financiero, y también fundiendo y
acaparando a las cervecerías que quisieron competir
con el monopolio de este producto, ejercido por la
familia del banquero.
Los Bemberg han sido un fiel ejemplo de familia
oligárquica argentina. A espaldas del país y del
pueblo. Asociados al extranjero. Patrióticos de una
única patria: el lucro.
"Cuando maduró y se reconoció en motivos, en guías desconocidas de su propia vida, en su escasa propia libertad, gastó su adolescente madurez en conocerse, trató con analistas y psiquiatras, tarotistas y decidores de la ventura, habló con amigos no sin cierta desconfianza, leyó, preguntó a sus padres y a algún profesor de su exquisito aprecio, abrió una ventana, se recostó, cerró los ojos, acordonó su pasado largo, tachó razones, y recordó un pasaje de un cuento que decía que el hombre tenía motivos desde antes de escribir historia y que por eso, tal vez no era preciso el intentar reconocerlos. Esa noche durmió bien y a la otra noche, después de dar a luz, murió. "
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