[R-P] El Premio Nobel de Economía: ¿galardón a la ciencia o a la ideología?
Julio Fernández Baraibar
fernandezbaraibar en gmail.com
Mie Nov 21 14:59:43 MST 2007
Esto lo he escrito en varias oportunidades pero no ha servido de mucho.
El Premio Nobel de Economía no lo entrega ni lo decide la Academia Sueca de
Ciencias, sino que lo creó y lo otorga la llamada Handels Högskolan (Escuela
Superior de Comercio o Alta Escuela de Comercio) que es una especie de
universidad empresarial financiada por la plutocracia sueca.
Este sólo hecho hace innecesaria toda reflexión acerca de la cientificidad
del premio.
Julio Fernández Baraibar
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El Premio Nobel de Economía: ¿galardón a la ciencia o
a la ideología?
Armando Gamarra*
26/10/2007
La Real Academia de Ciencias de Suecia, otorgó el
Premio Nobel de Economía en el 2001, una vez más, a un
teórico del neoliberalismo: el Dr. Joseph Stiglitz.
Para el autor la entrega de este premio se debió a un
"supuesto valor científico de las teorías económicas".
Escrito en julio de 2003 este artículo nos invita a
reflexionar acerca de este premio. Para Gamarra "las
teorías económicas a las cuales se premia en forma
preferencial, no son científicas". Cuando se descubre
que la ciencia económica "pura" neoliberal, a
diferencia de la economía política, tiene poco de
ciencia y nada de "pura".
Introducción
El año pasado, la Real Academia de Ciencias de Suecia,
otorgó el Premio Nobel de Economía, una vez más, a un
teórico del neoliberalismo: el Dr. Joseph Stiglitz.
Aunque no podemos entrar a detallar los argumentos con
los cuales se justificó el premio a Stiglitz, es obvio
que tienen que ver con el supuesto valor científico de
las teorías económicas que este señor predica y que,
en su calidad de alto funcionario (ahora
arrepentido{1}) del Banco Mundial, aplico,
rigurosamente, a los países débiles. Los tremendos
daños a la humanidad que estos ensayos de ingeniería
social en gran escala produjeron y están produciendo,
no tienen, por lo visto, la menor importancia para el
Comité Nobel. Stiglitz, a pesar de que en su último
libro: "El malestar en la Globalización", ataca
fuertemente al Banco Mundial, ha sido, cómo lo son,
todavía, la mayoría de los otros premiados: Friedman,
von Hayek, von Mises, Arrow, Solow y Stiegler, un
ferviente partidario de las teorias economicas que han
confluido en el capitalismo salvaje.
A la luz de la catástrofe humana que estamos viviendo
en Argentina, hasta hace poco la niña mimada y
discípula ejemplar de los economistas del Banco
Mundial y del FMI; (catástrofe engendrada en gran
parte en la aplicación incondicional de los modelos de
los novelistas de la economía) es interesante examinar
los aspectos esenciales de algunas de esas teorías.
A von Hayek y a von Mises (fundamentalistas fanáticos
del libre mercado si los hay), el Nobel se lo
proporcionaron por sus contribuciones a la llamada:
«Teoría de la Sobre Inversión.» De acuerdo con esta
teoría, la inestabilidad es la consecuencia «lógica»
de un aumento desmedido de la producción. Cuando se
llega a ese extremo, (dicen ellos), los recursos
dejarían de utilizarse eficientemente, los costos
aumentan y, si no pueden trasladarse a los
consumidores, los empresarios reducen la producción y
despiden trabajadores. De entrada, resulta difícil
entender como puede producirse un aumento desmedido de
la producción en una economía donde haya competencia
por mercados. Lo que, en realidad ocurre, pero, que no
dicen estos señores, es que un aumento desmedido de la
producción - que después, «lógicamente» conduce a la
inestabilidad-, solo puede darse en una economía
«salvaje», originada en la desaparición del Estado
como ente regulador. O sea, en una economía que aplica
sus recetas, entre las cuales las preferidas son las
que proponen la desaparición pura y simple del Estado
y su reemplazo por el mercado libre.
Tampoco reconocen estos señores que, en un sistema
económico como el que predican, lo primero que hacen
los empresarios es comportarse al revés de lo que su
teoría dice. Es decir: (1) trasladan, desde el
principio, sus costos a los consumidores y (2) no
contentos con eso, siempre acaban despidiendo
trabajadores.
A Friedman, le dieron el Nobel por que habría
«demostrado» que las fuerzas del mercado son,
«siempre», más eficientes que la intervención publica.
Sin comentarios. No sabemos si en algún país de
ensueños esas teorías se cumplen. Lo que sí conocemos
con seguridad quienes vivimos en este planeta y, mas
específicamente, los que lo hacemos en la Argentina;
es que aquí han demostrado ser totalmente falsas.
Ahora bien, habida cuenta que las teorías económicas
que predican Stiglitz y los otros novelistas
neoliberales, dominan la escena económica del mundo
desde los años 50 -periodo a partir del cual en todas
partes se han agravado groseramente los problemas
sociales y la miseria se ha expandido a tasas
exponenciales-, es licito creer que las decisiones y
acciones de política económica basadas en esas teorías
son, en realidad, la causa de los problemas que
enfrentamos. Por esa razón, hace unos años, el Partido
Comunista de Suecia (respetable por su anti-dogmatismo
y su coherencia) solicitó al Parlamento Sueco que se
elimine el Premio Nobel de Economía. Argumentaron que,
en realidad, las teorías económicas neoliberales, a
las cuales se estaba premiando en forma preferencial,
no eran científicas.
Ante la evidencia empírica de lo que ocurrió en todos
los lugares donde se aplicaron los modelos
neoclásicos, es decir: los desastres financieros de
nivel planetario, la expansión masiva de la pobreza en
todo el mundo y la destrucción del medio ambiente;
resulta imposible negar que el Partido Comunista Sueco
tenia razón: las teorías económicas neoliberales no
tienen nada de científicas. En realidad, no son mas
que pura ideología disfrazada de ciencia.
Esta afirmación, que algunos pueden creer exagerada,
tiene una tremenda, y descuidada, importancia. En
efecto, los economistas neoliberales no sólo gustan de
presentar su discurso como si fuera un ejemplo
perfecto de objetividad y neutralidad científicas, lo
cual es una total exageración; si no que están
convencidos de que sus teorías son las únicas
posibles. En realidad, ambas creencias son falsas. La
presunción de la neutralidad valorativa, alega que las
teorías económicas puras propuestas por los teóricos
neoliberales, son infalibles porque hacen abstracción
de las cuestiones morales, políticas y
medioambientales y se concentra solo los hechos. Esta
postura, en realidad un típico resabio del positivismo
lógico de los años treinta, es, hoy en día,
inadmisible. Se ha demostrado, repetidamente, que no
existe modelo teórico alguno libre de valores.
Desde luego, esta afirmación es más válida aún si se
trata de modelos economicos. En efecto, no es de modo
alguno claro cómo se puede elaborar teorías económicas
que sean valorativamente neutrales. Como la economía
política, (que distinguimos claramente de la llamada
«economía pura», la «económica» de los neoliberales)
no se atribuye pretensión alguna de ser libre de
valores, no ofrece problema alguno en relación con
este asunto. En cambio, la pretensión de estricta
neutralidad valorativa de los teóricos neoliberales,
hace, de entrada, que sospechemos del valor científico
de sus teorías, ya que, y esto es realmente
paradójico, si fueran realmente científicas, no
podrían ser libres de valores. En efecto, hoy en día
se acepta que las representaciones científicas son, en
gran medida, constructor sociales. Siendo así, es
imposible evitar que dichas representaciones,
«arrastren», por así decirlo, las valoraciones morales
y de otro tipo de las sociedades en las cuales se
originan. Es claro, también, que este efecto, de
«arrastre valorativo», debe ser especialmente evidente
en el caso de las teorías económicas (por «puras» que
sus autores digan que son), ya que los enunciados de
un modelo económico siempre tienen por objeto pautar
el modo de percibir los fenómenos de esse ámbito.
Una teoría económica realmente científica no puede
ser, pues, valorativamente neutral en ningún sentido.
En general, la generación de conocimientos nunca es
neutral, no puede serlo, puesto que el conocimiento
siempre se desarrolla como respuesta a los
requerimientos de fuerzas económico-sociales,
imposiciones culturales, &c. Como consecuencia, no es
posible impedir que los modelos económicos acaben por
desempeñar una función institucional y reguladora
especialmente importante.
En realidad, los teóricos neoliberales siempre han
mostrado muy poco interés por la calidad científica de
sus modelos (y menos interés aún por los efectos
negativos de su aplicación sobre los seres humanos. Ya
lo decía von Mises: «Si la realidad no se adapta a
nuestras las teorías, tanto peor para la realidad.»
Efectivamente, a la realidad le fue muy mal en todos
los países donde se la obligó a adaptarse a las
teorías neoliberales. No obstante eso, elos
neoliberales han logrado imponer su visión de mundo.
Lo han conseguido apelando, entre otras argucias, al
recurso de pintar a sus teorías como ejemplos de
racionalidad y cientificidad, para lo cual los Premios
Nobel les han sido de gran ayuda. De ese modo, los
teóricos neoliberales han acallado la crítica y han
logrado hacer creer a legos y economistas
profesionales por igual que sus discursos son los
únicos posibles.
En lo que sigue, trataremos de demostrar, con la ayuda
de nociones elementales de la filosofía de la ciencia,
que el carácter científico y la objetividad de las
teorías neoliberales al uso sólo son aparentes y, por
lo tanto, que el Partido Comunista Sueco tenia razón.
La complejidad como característica esencial de la
realidad y sus contrapartes: el reduccionismo y el
fatalismo
Al analizar los postulados básicos de los modelos
neoliberales de la economía, impresionan dos cosas: su
postura reduccionista radical y su fatalismo
(optimismo) histórico. El caso de Fukuyama y su teoría
del «fin de la ideología» es representativo de estas
creencias. Antes de refutarlas, conviene aclarar el
significado de los términos reduccionismo y fatalismo.
Desde el punto de vista de la filosofía de la ciencia,
el reduccionismo es la hipótesis según la cual,
siempre es posible describir fenómenos o procesos de
cierta categoría reduciéndolos o subsumiéndolos a
fenómenos de una naturaleza distinta, más simple.
Formalmente, la reducción consiste en la absorción de
una teoría por otra más amplia y más básica.
El fatalismo, en cambio, es una variante extrema del
determinismo y se caracteriza por negar que los seres
humanos tengan poder para cambiar el curso de los
acontecimientos. Según los fatalistas, el futuro viene
rígidamente fijado y ocurrirá de cierta forma no
importa lo que hagamos por evitarlo. Consecuentemente,
no tiene objeto que intentemos hacer nada por
modificarlo.
Un ejemplo extremo de reduccionismo, lo constituye el
programa de los físicos de partículas elementales.
Estos propugnan una teoría unificada de todas las
interacciones, que, medio en serio medio en broma,
llaman: la «Teoría de Todo», a causa de que subsumiría
todas las leyes de la naturaleza en un modelo único.
El proyecto de estos físicos es ambicioso, con su
modelo aspiran a describir toda la realidad mediante
un reducido numero de principios que, rigiendo todas
las interacciones entre las partículas elementales,
nos permitirían «calcular» el comportamiento de
átomos, estrellas y hombres.
Los filósofos y un numero creciente de científicos, no
están tan seguros, empero, de que la realidad sea tan
simple. Mas bien adhieren a la hipótesis opuesta: la
realidad, el mundo, no tiene nada de simple, es mas
bien una entidad irreductiblemente compleja. No es un
sólo sólido y homogéneo bloque de partículas
elementales, sino que debe verse, de acuerdo con una
alegoría imaginada por Simons{2}, como un conjunto de
cajas chinas: al abrir una de ellas, uno se encuentra
con una colección de otras menores y así sucesivamente
hasta llegar a las partículas elementales. Los niveles
se dividen en subniveles y estos, a su vez, en otros
de menor amplitud. Cada nivel se caracteriza por
propiedades emergentes que no tienen ni significado ni
referente en los niveles inferiores. Por ejemplo, la
noción de forma carece de sentido en el ámbito de las
partículas elementales. De esto resulta que,
contrariamente al reduccionismo y al fatalismo, la
complejidad es inherente a la realidad, la simplicidad
en cambio no es mas que una invención de la mente
humana.
Debido a la complejidad, cuando los seres vivos se
vinculan en ecosistemas y en sociedades, interaccionan
entre sí y con el entorno de todas las maneras
posibles. Los fenómenos asociados a estas
interacciones son asincrónicos, aleatorios y sus
efectos pueden depender de la historia previa del
sistema. Los procesos colectivos dejan, pues, siempre
una indeterminación insalvable con respecto a sus
resultados finales. Las visiones reduccionistas del
hombre y las sociedades y el fatalismo, son, pues,
simplificaciones extremas que no tienen ningún
fundamento empírico. El mundo es irreductiblemente
complejo e indeterminado, por esta razón, cualquier
teoría económica que pretenda describirlo debe tener
en cuenta esta condición, bajo pena de caer en
bancarrota.
Las actitudes fundamentales frente a la realidad: la
preeminencia de la teoría
El sistema economía-sociedad-ecología es una entidad
altamente compleja, caótica e indeterminada (los
procesos caóticos se caracterizan por que en ellos
conviven la aleatoriedad y el orden, razón por la cual
resultan impredecibles. Esta no es, como vimos, la
visión neoliberal, pero, tan importante como
establecer esta diferencia, es tener en claro que
cosmovisiones distintas darán lugar a políticas y
acciones económicas distintas. Por cosmovisión se
entiende la totalidad de nuestras interpretaciones del
mundo y de nuestro papel en él. Se trata de un
concepto metafísico, mas, una vez que se establece, se
hace fundamental, pues es la cosmovisión quien acaba
dirigiendo la acción.
El neoliberalismo en su versión extrema, la que se
aplica a los países débiles, puede considerarse como
un Fundamentalismo Económico y es una cosmovisión que
se caracteriza por la absoluta preeminencia que otorga
a lo económico sobre cualquier otra consideración. Sus
teóricos han concentrado su visión de mundo en las
llamadas «Teorías Económicas Puras». Uno de los
axiomas básicos de estas teorías, afirma que todo lo
económico se origina y esta centrado en torno a las
reacciones y pulsiones de un hipotético individuo cuya
única motivación es la de consumir vorazmente.
Paradójicamente, a este esperpento con conductas
patológicas, se lo define (aunque, mas correctamente
debía decirse que se lo decreta) como la esencia de la
racionalidad y se lo llama, justamente: «el consumidor
racional».
Es a partir de esa representación tan paupérrima del
ser humano, que los teóricos neoliberales han
edificado su estructura argumentativa. No contentos
con eso, le atribuyen un carácter científico ejemplar
y con ella pretenden administrar y dominar el mundo.
Con el fin de recalcar el supuesto carácter
estrictamente científico de sus modelos, hasta han
rebautizado sus teorías con el nombre de «Económica»,
que suena, es cierto, a «Física», o «Matemática»,
aunque, en realidad, poco tenga que ver con ellas.
El mundo de la económica
Por los años 30, la teoría empirista lógica de la
ciencia afirmaba que serian los hechos objetivos,
conocidos empíricamente y en forma independiente de
cualquier teoría, los únicos capaces de garantizar la
validez y objetividad de la ciencia. Hoy en día, estas
tesis han sido abandonadas y se acepta que el
conocimiento, es decir, las teorías que sustentamos y
nuestras presuposiciones previas, esto es, nuestra
visión de mundo, representan un papel fundamental{3}.
No debe creerse, no obstante, que hay una dicotomía
entre teoría y practica; estas, en realidad, son
inseparables: la teoría guía a la acción y esta, a su
vez, a la teoría.
En el mundo actual, en los términos más generales,
encontramos dos características sobresalientes: Una el
espíritu del cálculo racional, o sea, la preeminencia
de la racionalidad instrumental y otra el dominio del
hombre sobre la naturaleza y las sociedades por medio
de la técnica y de aquel cálculo racional. Pero,
dominio de la naturaleza y técnica son competencia de
la practica; dado que esta y la teoría van siempre
juntas, cabe preguntarse ¿Cuál es la teoría
-cosmovisión- que corresponde a esa practica? Valke{4}
la llama: «La actitud parcelaria frente a lo real.» Es
decir, la visión analítica (reduccionista) del mundo.
Esta visión nació en Grecia, pero fue Descartes quien
la estableció definitivamente en la forma del método
analítico propio de las ciencias físico-matemáticas.
Para vincular íntimamente: Cosmovisión, técnica y
dominio por medio de lo económico, basta establecer
como axioma definitorio de la economía que ésta debe
tener como fin único la provisión de bienes
materiales. Por ejemplo, esta es la postura de
Kreps{5} un autor neoliberal cuyos libros de
«Económica» son ya clásicos. Kreps afirma, en efecto,
que la categoría básica de la economía es el individuo
consumidor y maximizador de bienes materiales.
Para afianzar definitivamente él vinculo entre
cosmovisión, la preeminencia absoluta de lo económico
y el dominio por medio de la técnica, es necesario
establecer dos conceptos cruciales más: el de orden
económico y el de sistema económico aislado. El orden
económico es un conjunto de normas y valores cuya
función es la de prescribir y, así, condicionar
rígidamente, las acciones de todos y dirigirlas hacia
un único fin: la producción sin limites de bienes
materiales El concepto de sistema económico, consiste
en una teoría económica pura o positiva que se encarga
de suministrar la supuesta base científica y la
(también supuesta) racionalidad, necesarias ambas para
legitimar los conceptos anteriores.
Una vez establecidos estos conceptos, solo necesitamos
de la tecnología para cerrar el circulo de dominación
y control, ya que con la tecnología podemos dominar,
no sólo la naturaleza, sino también a hombres y
sociedades mediante el recurso de convertirlos en
objetos económicos.
De este modo, la argumentación de los neoliberales
llega a la siguiente conclusión: para ser aceptable,
una visión de mundo debe, necesariamente, estar
supeditada a la teoría económica pura; en el sentido
de que esta teoría debe prescribir esta visión
completamente. Ahora, dado que una cosmovisión no es
otra cosa que el conjunto de las presuposiciones mas
generales, últimas, de la realidad; resulta, según la
perspectiva neoliberal, que lo económico sería lo
único real. Lo cual, desde luego es falso. Sin
embargo, muchos premios Nóbel han sido otorgados a
quienes sustentan sus teorías en este punto de vista
del mundo y sus problemas.
De esta manera, acaba instaurándose una red de lazos
de retroalimentación entre tecnología, sistema
económico puro y orden económico. Esta trama
constituye, en realidad, un sistema argumentativo
circular mediante el cual estos conceptos se auto
justifican, se refuerzan mutuamente y excluyen del
discurso a cualquier otra perspectiva de la vida y de
la economía. Desde el punto de vista de la lógica, la
argumentación circular no es correcta; sin embargo, en
el discurso neoliberal se la ha mantenido, ya que
resulta útil para sus fines
En estas condiciones, el sistema: economía pura-
tecnología, se convierte en un ente autónomo,
anárquico y sin otra finalidad que la de reproducirse
a sí mismo, una especie de cáncer en metástasis para
hombres y naturaleza. El medio ambiente y las
sociedades, solo entran en su consideración como
«externalidades» molestas de las cuales se puede
prescindir. Naturaleza y millones de seres humanos
quedan atrapados así entre dos fuegos: la persecución
patológica de dinero y la producción anárquica de
bienes materiales, una maquina infernal que para poder
subsistir requiere de mas dinero y más producción
formando un circulo vicioso infernal.
Las concepciones sintética y analítica de la realidad
Se puede concebir la realidad, el mundo que nos rodea,
sea como unidad, sea como si fuera compuesta. Estas
concepciones pueden llamarse sintética o globalizante
y parcelaria o analíticas. Las civilizaciones
orientales se dejan hipnotizar por la globalidad y ven
las partes como accesorias o secundarias. Cuando, en
cambio, sucumbimos a la fascinación de las partes,
únicamente éstas parecerían reales y pensaremos que él
todo no es mas que una simple aglomeración de ellas.
El análisis es crucial para el progreso científico,
sin embargo, como método es esencialmente limitado.
Debido a que es mucho más fácil analizar que
sintetizar, resulta inevitable una hipertrofia del
espíritu analítico y se acaba por suponer que la
simplificación es siempre posible, se establece así el
reduccionismo. El reduccionismo se instala en la
cultura occidental debido a que la ciencia analítica,
a pesar de su declarada objetividad, consiente la
arbitrariedad y la subjetividad. De hecho, mas que
admitirlas, no puede escapar de ellas, ya que, en
realidad, ninguna construcción teórica puede hacerlo.
La arbitrariedad en el análisis científico aparece, en
efecto, desde el principio: Primero cuando el
científico imagina el llamado: objeto modelo, o
modelo, simplemente. Este modelo, no hay que
olvidarlo, es una construcción del científico y es
sólo un bosquejo del sistema real en estudio. A fin de
resolver el problema que lo ocupa, el investigador
debe retener para su modelo sólo las partes de la
realidad que a él le interesan y dejar fuera el resto
de esta realidad. La arbitrariedad y la subjetividad
vuelven a surgir cuando, para interpretar la realidad,
el científico debe imponerle su propio marco
conceptual; esto es, su visión de mundo.
Cuando (como ocurre con los teóricos neoliberales) se
abusa de estas libertades epistémicas, se acaba por
creer que siempre es permisible crear «mundos
posibles», donde todo funciona «como sí». Las
vergonzosas contradicciones a que conduce esta
filosofía ficcionista, se pueden ilustrar leyendo el
primer capitulo de un famoso libro por Kreps: Curso de
Teoría Económica. Kreps empieza por afirmar que las
categorías básicas de la Economía son: «el actor
individual», «la conducta» del actor, «un marco
institucional» y «el equilibrio». Sin embargo, en la
siguiente página dice que: « aunque acepta que existen
muchos datos que refutan su modelo, esto no importa,
ya que «la conducta del individuo no tiene ninguna
importancia». A pesar de ello, mas adelante,
refiriéndose nuevamente a la conducta del individuo,
dice que es fundamentalmente la de un «maximizador».
Sin embargo, unas líneas mas abajo, afirma que: «el
modelo no presupone que el actor maximice ninguna
función de utilidad.» No obstante, afirma que «sí
presupone que los consumidores actúan como sí lo
hicieran». Toda esta argumentación, no tiene,
evidentemente, nada de científica. A pesar de esos
tremendos errores, el libro de Kreps es utilizado como
texto y Biblia por miles de estudiosos.
La teoría matemática del equilibrio general: pseudo
ciencia e ideología
En las ciencias físico-químicas es conveniente asociar
a cada teoría un modelo matemático. El modelo
matemático de una teoría física no es otra cosa que
una representación simbólica de la teoría. Cuando está
bien elaborado, un modelo matemático es de una gran
ayuda, ya que con él se consigue contener los aspectos
esenciales de la teoría en un sistema compacto de
ecuaciones que, en una forma económica y elegante,
representan los aspectos más importantes (nunca todos)
de la realidad que se pretende describir.
Como dijimos, los teóricos de la economía neoliberal
gustan de presentar sus modelos como ejemplos de
cientificidad. De allí, pasan a suponer que tienen
todo en común con las más avanzadas teorías de la
física. De hecho, consideran sus teorías como una
especie de «Física Económica» y con el fin de resaltar
esta supuesta calidad, hasta han acuñado, como
dijimos, el sugestivo nombre de «Económica».
El modelo matemático que sintetiza la concepción
neoliberal de la economía, de la Económica, se llama:
la «Teoría del Equilibrio General» y no es otra cosa
que un sistema de ecuaciones algebraicas. En los
centros de poder económico, este sistema de ecuaciones
es usado para simular, con la ayuda del computador, el
comportamiento de la economía de los países y del
mundo. De estos juegos virtuales, los teóricos de la
economía pura extraen conclusiones y toman decisiones
que, con el «favor» del Banco Mundial, el FMI y los
militares, aplican a los países del Tercer Mundo. Los
altos funcionarios (como Stiglitz) de estas
instituciones, tienen una total confianza en sus
modelos matemáticos y, por lo visto, la Academia Sueca
de Ciencias también.
Sin embargo, Israel{6} ha demostrado que el sistema de
ecuaciones de la Teoría del Equilibrio General, no
admite solución alguna. Esta falencia de la teoría
neoliberal dice muy mal sus autores, pero, si, además,
recordamos que con la ayuda de esos modelos se
pretende describir y prescribir el funcionamiento de
la economía del mundo y sobre esta misma base se toman
decisiones que afectan la vida de millones de
personas, el asunto de su falta de rigor científico es
moralmente inaceptable. Pero hay más.
Un modelo matemático, como dijimos, no es otra cosa
que un sistema de ecuaciones estructurado y diseñado
para representar simbólicamente por lo menos parte de
cierta realidad (la Teoría del Equilibrio General
pretende representar nada menos que el comportamiento
de la economía mundial). Por lo tanto, para que un
modelo sea correcto, es absolutamente necesario que
sus autores acepten, como presupuesto esencial, que la
realidad que quieren describir existe. Aceptado esto,
es razonable exigir que nuestro modelo sea capaz de
representar por lo menos algunos caracteres de tal
realidad. Se puede decir, pues, que, cuando un modelo
matemático (como la famosa «Teoría del Equilibrio
General») no admite solución alguna, éste representa
sólo la nada. O, lo que es lo mismo, diríamos que lo
que el modelo indica es que no existe realidad alguna;
pero esto es absurdo, puesto que, por definición, la
realidad existe aun en ausencia de modelo. La Teoría
del Equilibrio General, no puede considerarse, luego,
un modelo científico.
A fin de salvar su teoría, (y seguir ganando Premios
Nóbel) sus proponentes le han añadido un enjambre de
hipótesis ad hoc; esto es, hipótesis a medida o
improvisadas. Con Popper{7}, se puede criticar
duramente ese proceder, puesto que se trata de una
argucia inaceptable mediante la cual se puede
demostrar cualquier teoría y su contraria. A pesar de
eso, los neoliberales siguieron adelante con sus
hipótesis ad hoc, pero con tanta «mala suerte» que su
modelo de mundo pasó, de no tener solución alguna, a
permitir un número infinito de ellas. Es decir, se
volvió indeterminado, y, por tanto, una vez más,
inservible.
Desde la Filosofía de la Ciencia, se pueden hacer
muchas más criticas a los postulados de la teoría
económica neoliberal. Por ejemplo, Bunge{8} ha hecho
notar un error importantísimo que ha pasado
desapercibido. En los libros de economía pura, se
divide a ésta en dos grandes partes: la Microeconomía
y la Macroeconomía. La primera trataría del
comportamiento de «los individuos racionales», sería
pues una teoría psicológica de estos individuos, cosa
que no es cierta. Pero, de tratar sólo con individuos
(Microeconomía) los economistas puros pasan
directamente a la Macroeconomía; es decir, a describir
el comportamiento de agregados de individuos,
colectivos humanos, firmas y aún países enteros.
Ahora bien, Elster{9} y Arrow{10} (éste último Nóbel
de Economía también), demostraron que este salto
categorial: del individuo a agregados altamente
interactivos de ellos, no es posible. Pero esto
significa que no se pueden deducir comportamientos
macroeconómicos a partir de modelos microeconómicos.
Por lo tanto, los hallazgos de estos investigadores
contradicen los postulados básicos de la economía
pura. No hay, pues, correlación entre las teorías
microeconómicas y la macroeconomía. Consecuentemente,
las recetas globales del Banco Mundial y del FMI,
basadas en teorías microeconomicas, o en su teoría del
equilibrio general, carecen de soporte científico.
Una prueba concreta de esta desconexión entre micro y
macroeconomía ha sido dada, cándidamente, por otro
Premio Nóbel: Paul Samuelson{11} en su famoso texto de
economía, uno de los libros de teoría económica mas
leídos. En el «Prologo del Autor», pagina XV,
Samuelson afirma que su libro se puede estudiar
igualmente bien empezando por la Microeconomía y
terminando por la Macroeconomía o viceversa. Esto es,
Samuelson indica que su obra puede leerse: empezando
por el principio, o empezando por el final. Es decir,
de adelante atrás o de atrás hacia delante. Pero, esto
solo puede ser posible si no existe correlación alguna
entre sus capítulos o entre sus partes. Si alguien,
sin ser médico y sin haber estudiado previamente y en
detalle la anatomía y fisiología cerebrales, dijera
que es capaz de hacer operaciones del cerebro, sería
recluido como loco; a Samuelson, en cambio, le
premiaron con el Nóbel.
En este contexto, vale la pena discutir brevemente y
analizar, para rechazarla, otra de las hipótesis
centrales de la economía neoliberal que es falsa: la
creencia de que los paises y el mundo pueden crecer
economicamente sin limites. El asunto es de suma
importancia para los países subdesarrollados, porqué,
desde Breton Woods y el «Consenso de Washington», el
Banco Mundial y el FMI han asimilado, confundido y,
finalmente, tomado como idénticos, los conceptos de:
«desarrollo a largo plazo» y «crecimiento económico
sin limites». Una consecuencia practica inmediata de
esta confusión, ha sido la aparición de la teoría del
«goteo»; según la cual, a partir del crecimiento
económico (sin limites), se instauraría
automáticamente el progreso social. Para los
habitantes de Iberoamérica y en especial los de
Argentina, esta creencia ha resultado completamente
falsa, cosa que se podía haber previsto desde un
principio ya que carece de todo fundamento científico.
En efecto, en primer lugar, la hipótesis del
crecimiento sin limites choca frontalmente con uno de
los conceptos que constituyen la base misma del
pensamiento económico político: el principio,
verdadero e indiscutible, de que los recursos son
siempre escasos. Justamente por eso la economía
política (que no la Económica) es indispensable:
debido a que vivimos en un mundo en el cual los
recursos son limitados. Resulta, pues, incomprensible
cómo alguien puede postular que se puede crecer
ilimitadamente en un mundo con limitaciones materiales
absolutas.
Epílogo
El ejercicio de la investigación científica exige un
compromiso con una combinación de lo mejor de los
pensamientos científico, moral y legal juntos. Por
tanto, cualquier institución que se precie de
científica, debe negarse a convalidar medidas
económico-políticas que pongan en riesgo la moral, la
seguridad de las personas y la integridad de los
países. Por otra parte, como los intelectuales tienen
la responsabilidad de oponerse a cualquier agresión
contra la condición humana, están obligados a asumir
sus obligaciones morales y no pueden hacerse complices
de desiciones, acciones o teorías, por muy científicas
que parezcan, que conduzcan a tales situaciones.
Las teorías de los novelistas neoliberales no han
podido ser corroboradas por la experiencia empírica.
Además, se contradicen entre sí y con las otras
teorías, ya validadas por la experiencia, de las otras
ciencias. Por otra parte, en su aplicación práctica,
(las más de las veces por la fuerza), las teorías
económicas ultraliberales han provocado terribles
daños a la humanidad en su conjunto y han sido fuente
de sufrimientos. Por consiguiente, es un acto
altamente inmoral y carente de sentido el estatuirlas
como científicas y premiar a sus autores
Bibliografía
{1} Entrevista a Joseph Stiglitz, por Greg Palast, en
www.Greg.Palast.com
{2} H. Simons, «The Organization of Complex Systems»,
en Hierachy Theory: the Chalenge of Complex Sistems,
H.H. Patee, editor: G. Brazilier, Nueva York 1974.
{3} H. Brown, La Nueva Filosofía de la Ciencia,
Tecnos, Madrid 1985.
{4} L. Valke, «El Pensamiento Occidental y el Auge
Tecnológico», en Ecología Humana, Inst. de Estudios de
Admin. Local, Madrid 1976.
{5} D. Kreps, Curso de Teoría Económica, McGraw-Hill,
Madrid 1995.
{6} G. Israel, La Mathematization du Real, Le Seuill,
Paris 1996.
{7} K. Popper, La Lógica de la Investigación
Científica, Tecnos, Madrid 1977.
{8} M. Bunge, Economía y Filosofía, Tecnos, Madrid
1985.
{9} J. Elster, «La Posibilidad de una Política
Racional», en Racionalidad (ed. L. Olivé), Siglo XXI,
México 1988.
{10} D. Blair & R. Pollak, «Decisiones Racionales
Colectivas», Investigación y Ciencia, vol. 35, 1995.
{11} P. Samuelson & W. Nordhaus, Macroeconomía, 15ª
edición, pág. XXIX, McGraw-Hill, Madrid 1996.
*Periodista. Escribió entre otras para Revista
Comercio Exterior.-
Fuente: El Catoblepas - número 17 - julio 2003
"Cuando maduró y se reconoció en motivos, en guías desconocidas de su propia
vida, en su escasa propia libertad, gastó su adolescente madurez en
conocerse, trató con analistas y psiquiatras, tarotistas y decidores de la
ventura, habló con amigos no sin cierta desconfianza, leyó, preguntó a sus
padres y a algún profesor de su exquisito aprecio, abrió una ventana, se
recostó, cerró los ojos, acordonó su pasado largo, tachó razones, y recordó
un pasaje de un cuento que decía que el hombre tenía motivos desde antes de
escribir historia y que por eso, tal vez no era preciso el intentar
reconocerlos. Esa noche durmió bien y a la otra noche, después de dar a luz,
murió. "
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