[R-P] Elecciones-Raúl Isman.

enrique fernández enriquefernandezvuelve en gmail.com
Lun Nov 12 14:39:14 MST 2007


Elecciones presidenciales en la Argentina

( Raúl Isman.)
La ratificación de un rumbo

Docente. Escritor.

Miembro del Consejo Editorial.
de la
Revista Desafíos.
Colaborador del periódico
socialista El Ideal.

Director de la revista

Electrónica Redacción popular.

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"Con el más hondo sentimiento de júbilo, saludo la gran victoria
popular del 28 de octubre de 2007 como la más hermosa reafirmación
colectiva y soberana de la Argentina que llevo y llevaré siempre en el
corazón. Hablo en nombre de mi Pueblo, este Pueblo venezolano que ama
entrañablemente al Pueblo argentino y que ha hecho suya vuestra
victoria". Hugo Chavez Frías.
"Carrió ha descubierto su espacio: la herencia de un radicalismo
liberal de derecha antiperonista. Este es un sector que siempre ha
tenido mucha fuerza y que ha compuesto el 70 por ciento del
radicalismo histórico; es decir, un radicalismo de derecha que se
reviste de una suerte de virtud republicana, supuestamente
progresista, pero que es una derecha clasista atroz y claramente
antipopular" Nicolas Casullo. Filósofo..
Desde lo general
a lo particular
El acto electoral del 28 de octubre pasó y una sólida mayoría de casi
45 % de los electores se pronunció por la continuidad del rumbo
económico, estratégico, político, social y cultural asumido por la
Argentina en 2003. En un hecho sin precedentes, un esposo le
transferirá el mando presidencial a su conyugue; pero no en virtud de
acto nepótico ninguno, sino como plena realización de la voluntad
popular. La oposición quedó convertida en una suerte de gracioso
conjunto de "iddisches mames" (madres judías) en razón del conjunto de
plañideros lamentos que lanzaron durante el propio comicio y a
posteriori por supuestos faltantes de boletas. Pero nada menos que uno
de los más reaccionarios periodistas de la derecha, Joaquín Morales
Solá, desechó la posibilidad de un tan hipotético como pretendido
fraude. Para analizar del modo más minucioso posible las
circunstancias del resonante logro del espacio progresista, nacional y
popular- que logró un aplastante triunfo sobre las diversas opciones
de la derecha- se halla dedicada la presente nota.
El contexto central es nada menos que el proceso de crecimiento
económico más prolongado de toda la historia argentina. Es así que
pese a los errores cometidos- ninguno, grave o irreversible- por la
coalición victoriosa el resultado estaba cantado desde las
legislativas del 2005, fue oraculizado por diversos encuestadores a lo
largo de los últimos doce meses y no pudo ser revertido pese a la
campaña incesante e incansable de los medios masivos de comunicación-
los verdaderos actores y arquitectos de la oposición- orgánicamente al
servicio del poder económico. En efecto, cualquier consumidor de
discursos masmediaticos podría creer- en caso de destacarse por su
ingenua credulidad- que las fuerzas adversarias del kirchnerismo
habrían de imponerse en los comicios. De modo que la mayor parte del
electorado no permitió que su percepción político-electoral fuese
diseñada por los relatos citados: de este modo la oposición nunca tuvo
verdaderas posibilidades de forzar ni siquiera una segunda vuelta.
Pero justo es reconocer que los medios conservan gran parte de la
iniciativa en la confección de la agenda pública. Así, la inseguridad,
la corrupción, la inflación o la supuesta calidad institucional
parecen temas más importantes que el hambre, el desempleo, la (aún)
injusta distribución del ingreso, el saqueo de los recursos naturales,
las concesiones frente a las presiones del imperio o la depredación de
nuestros bosques.
Desde el ángulo estratégico, la chapa puesta en la elección resalta un
rotundo aval al rumbo latinoamericanista (caracterizado por la alianza
con la Venezuela bolivariana) impuesto a la política exterior por la
gestión de Néstor Kirchner, claramente superior en beneficios para
nuestro pueblo que el seguidismo con relación al imperialismo de las
fuerzas de oposición; más allá que las opciones más lamebotas de la
derecha hayan quedado sumergidos en la insignificancia electoral. Pero
esto no debe oscurecer el hecho que tanto la Coalición Cínica
Repulicanoide, como la construcción de Lavagna (llamada Unión por una
nación avanzada, U.N.A.) hicieron bandera de alejarse de la alianza
con la patria de Bolívar. Inclusive, la inefable doctora Elisa Carrió
tuvo el solemne y pétreo facial cinismo de llamar fascista al
comandante Hugo Chávez Frías. Núcleos decisivos de las clases medias
adhirieron a tales discursos, con lo cual conformaron un sector de
nuestro pueblo permeable, por desgracia, a la prédica de la peor
derecha. Analizaremos este fenómeno líneas más abajo, pero por ahora
digamos que el camino hacia el paraíso pequeño burgués puede estar
signado por las mejores intenciones; pero los resultados no son menos
desastrosos: es decir el aval a políticas al servicio objetivo del
imperialismo.
¿Y la política?
Desde el ángulo político el resultado arroja por lo menos tres
conclusiones fuertemente progresivas; a saber:
1) Resultó un rotundo aval a la política de derechos humanos del
gobierno nacional. De hecho, las dos fuerzas que resultaron segunda y
tercera en los tiempos finales de la campaña ocultaron su prédica a
favor de la impunidad realizada en diverso pronunciamientos previos.
Señal inequívoca que gran parte del electorado no apreciaba el torvo
discurso derechista y eclesial en PRO de una supuesta reconciliación,
que no era nada más que un aval a dejar en el incastigo el genocidio
padecido por nuestro pueblo. Para analizar las conexiones entre la
política de derechos humanos y la necesaria rediscusión de la
distribución del ingreso, véase un trabajo previo en
http://www.redaccionpopular.com/#principal__state=articulo&idArt=650
2) Más allá de las polémicas que significó dentro de las franjas más
progresistas y avanzadas de la coalición oficial el cierre de listas-
con el aval que implicó sin dudas para la mafiocracia pejotista- el
hecho incuestionable es que el Frente para la Victoria pudo utilizar
en su favor la fuerza electoral del peronismo. De no haber sido así,
tal caudal hubiera favorecido a otras orientaciones, como hemos
afirmado a comienzos de este año electoral. De hecho, continúa vigente
el dilema allí expresado del modo siguiente: "sin el auxilio del
peronismo, el país es ingobernable. Gestionando la cosa pública con el
justicialismo, la realidad social es muy difícil de modificar en favor
del pueblo". Véase para un análisis más detallado de dicha
problemática nuestro trabajo ya editado a comienzos del 2007 en:
http://www.redaccionpopular.com/#principal__state=articulo&idArt=650 y
http://www.redaccionpopular.com/#principal__state=articulo&idArt=564.
Desde el punto de vista práctico no puede dejar de destacarse que
fueron barridos los caciques comunales de Lanús (nada menos que el
desprestigiado nonagenario Manuel Quindimil); de Esteban Echeverría
(el activo cómplice de la dictadura militar Alberto Groppi) o de
Almirante Brown (distrito en el que el histórico duhalidista Jorge
Villaverde mordió el polvo de la derrota). Por añadidura, tanto el
vencedor como el vencido sumaron para la nueva presidente; con lo cual
no puede menos que reconocerse el acierto táctico de la ingeniería
electoral. La justeza estratégica es parte de un debate mayor. En el
haber de las causas justas hay que sumar la derrota del
peronio-neoliberal candidato a la gobernación de Salta, a manos de
Juan Manuel Urtubey, que lució los colores del Kirchnerismo puro.
3) En tal marco se destacan así dos conclusiones, se ganó y
lentamente se avanza hacia una mayor pureza política en la coalición
gobernante.
El tramado social
Desde el punto de vista social, el mapa sufragial muestra una cuestión
indiscutible y un límite ciertamente desagradable para la construcción
de los triunfadores. La primera es que las franjas mas débiles de la
población se pronunciaron fuertemente por Kristina, más algunos
estratos (minoritarios) progresistas del electorado de clase media y
hasta algún sector de la derecha más lúcida y pragmática. Enfrentando
al Frente Victorioso se alzó un importante- aunque impotente-
conglomerado conformado por lo más significativo del poder económico,
lo peor de la jerarquía eclesiástica, la mayor parte de la oligarquía
terrateniente, el aparato mediático de los monopolios, los resabios
del procesismo y –he aquí lo peor- las franjas más numerosas de las
clases medias de los grandes conglomerados urbanos ordenadas y
unificadas detrás del discurso dominante.
Las capas medias obstaculizan así por razones culturales, sociales,
políticas y económicas la formulación de la necesaria alianza entre
los sectores más plebeyos de los trabajadores y los segmentos que
estamos analizando. Pareciera que la errática conducta de nuestros
pequeños burgueses los llevase a asumir posturas progresistas en lo
peor de las crisis y retomar posiciones reaccionarias una vez
recuperada la capacidad de consumo. Pero lo que no alcanzan a prever
es que resultan también víctimas de su propia orientación en razón del
consenso prestado a las políticas derechistas.
El gobierno de Kirchner culmina su mandato presidiendo el ciclo de
mejoría del empleo y de ascenso de los asalariados más prolongado de
toda la historia de la Argentina Contemporánea; sólo comparable con el
primer gobierno del General Perón. De modo que no puede extrañar la
hostilidad hacia él de los poderosos. De hecho, ha disminuido y
limitado fuertemente el asistencialismo; pese a lo cual gran parte de
la opinión ilustrada ad usum de nuestras capas pequeño burguesas
insiste en que la causa del voto por nuestra coalición obedece
decisivamente al intercambio de los sufragios por favores de todo
tipo, sean chapas, zapatillas, choripanes o la dádiva que fuere. No se
trata de negar que los métodos clientelísticos son utilizados por
cierto. Pero sólo se habla cuando dichas orientaciones involucran a
las franjas más débiles y humildes de la sociedad. No hay dudas que,
como dicen las investigadoras Sabina Frederic y Laura Masson, "en
política nadie es autónomo", (Reportaje en Página 12 del 27 de octubre
de 2007). Es así que si los sectores más sumergidos de la pirámide
social resultan dependientes de punteros, las capas medias son
tributarias de los intelectuales orgánicos del poder económico. Lo
realmente lamentable es como su prédica haya calado tanto en sectores
de clase media, paradójicamente, entre los más beneficiados por el
crecimiento económico del último lustro. Volveremos a discurrir acerca
de esta temática un poco más adelante.
Algunas cuestiones culturales
El triunfo del Frente Para la Victoria aportó también cambios
significativos, desde el punto de vista cultural,. El más importante
significó la comprensión de una circunstancia insoslayable: pese a
tener a la mayoría de los grandes medios en contra, la coalición
triunfante pudo afrontar el bombardeo en el espacio gráfico,
televisivo y radial pergeñado por los Grondona, Majul, Lanata, Morales
Solá, Nelsones Castro y personajes similares para mantener la
iniciativa. De modo que una conclusión necesaria es que los grandes
medios sólo influyen en ciertas condiciones, pero no pueden manipular
a los sujetos, como si fueran tabula rasa. Pero otra conclusión no
menos relevante es que al gobierno le faltan tanto una política, como
un aparato de medios para relacionarse con la población; en especial
las franjas más veleidosas de las clases medias.
En este contexto, se verificó un retroceso cultural al reeditarse la
vieja y vetusta dicotomía peronismo-gorilismo. No es la adhesión o el
repudio que suscita la figura del general fallecido en 1974 y su
movimiento lo que traza divisorias de aguas entre nosotros. Lo que
sustancialmente nos enfrenta es la dicotomía entre quienes desean una
sociedad lo más integrada posible, con un estado independiente de las
fuerzas globalizadas y con capacidad de intervención social. El Frente
para la Victoria más sus aliados de otras fuerzas son el esqueleto del
conglomerado político que nos conduce hacia una sociedad más justa. Y
allí conviven peronistas y antiperonistas. Como en el conjunto de la
oposición, por otra parte.
Los grandes ganadores del
28 de octubre
En principio el gran ganador del comicio es el conjunto del espacio
nacional y popular y su máximo jefe, Néstor Carlos Kirchner. Fue
coronada con todo éxito la construcción iniciada desde el lejano sur,
tal vez desde mediados de la década de los '90. Hace sólo cuatro años
asumía la presidencia en un país devastado por el latrocinio
neoliberal y munido de un poder político menguado, caracterizado por
un caudal de votos prestado que muy lejos estaba de garantizar
gobernabilidad. Los símbolos del nuevo país son- entre otros- la
(re)centralidad del conflicto social (impensable en lo peor de la
crisis), el retorno a la argentina de tantos compatriotas radicados en
el exterior y los ámbitos de consumo atiborrados de gozosos
compradores. Tal radiografía de la sociedad resultó la mejor imagen de
campaña que la machacona y miserable prédica de la derecha
(corrupción, delincuencia, inflación) no pudo horadar. Por cierto que
entre los triunfadores estelares de la jornada se anotó con luz propia
la candidata vencedora: un cuadro político realmente excepcional,
dueña de un discurso sobrio, preciso, fundamentado y contundente.
El premio consuelo del lugar de placé fue para Elisa Carrió y su
Coalición Gorila, que lograron buenos resultados a favor que los
sectores conservadores de la Capital Federal y algunos centros urbanos
sufragaron con fuerte pragmatismo. En rigor, hubieran preferido
colocar en los charts al perruno Ricardo López Murphi o al asesino
Jorge Sosbich; pero debieron conformarse con la pedantesca perorata
carroista en la vana ilusión de construir una candidatura con
posibilidades de llegar a una imposible segunda vuelta. Por cierto que
su caudal sólo en una pequeña medida le pertenece y deberá disputar
muchos de sus votos con Mauricio Macri en elecciones futuras. Otros
deberá discutirlos con fuerzas progresistas, como el Partido
Socialista de Santa Fe. Pero el peor enemigo que tendrá a futuro es su
enorme capacidad para derruir toda construcción. De hecho modificó su
discurso aceptando de antemano que no podía llegar a la presidencia.
En efecto, machacó durante los dos años previos con la promesa de
dejar la política si no era electa presidente. Como nadie pareció
preocuparse demasiado por la "amenaza", cambió la profecía para
afirmar que esta sería su última postulación, pero sin retirarse de la
política.
Luego de la proclamación del triunfo de Kristina, salió por la T.V.
con lenguaje insolente a denostar al presidente y a la candidata
triunfal, adjudicándoles el bastardeo de las instituciones. Cuando ya
no quedó más remedio que aceptar el veredicto inapelable de las urnas,
se proclamó jefe de la oposición con gesto fiero; ademán que no le
causa demasiado esfuerzo en lograr. No analizó que su caudal era en
gran medida prestado por la derecha y siguió corriendo el arco para
más adelante. Si nos fastidió con sus promesas de lo que haría en su
(frustrada popularmente) presidencia 2007-2011, auguró que su gente
está lista para gestionar el estado en el próximo período. Si nadie se
acuerda ya de sus dichos de la pasada (profetizaba segunda vuelta y
presidencia para ella) ¿Quién recordará en cuatro años el discurso
jactancioso pronunciado mientras curaba las heridas de su derrota?
Para ser jefe de la oposición deberá lidiar con Mauricio Macri, quien
debe aún estrenar su cargo de gestión; por derecha. Mientras que por
izquierda no le será fácil retener la colaboración del Partido
Socialista. Su máximo dirigente e inminente gobernador en Santa Fe,
Hermes Binnner, le huye como a los apestados. Igual que la gobernadora
fueguina electa por el A.R.I. Fabiana Ríos. No es fácil explicar que
se puede construir algo que huela a progresista junto a figuronas
derechistas como Maria Eugenia Estenssoro y Patricia Bullrich Luro
Pueyrredón. Pero le queda a la doctora Carrió la posibilidad de
engrosar las filas de su coalición moralota con Ricardo Hipólito López
Murphi, un cuadro en su mejor momento.
Otro modesto triunfador fue Roberto Lavagna quién cumplió muy
adecuadamente su rol de mascarón de proa para ocultar la caterva de
dirigentes políticos que se ocultaron detrás de su imagen; es decir la
Unión Cívica Radical. En efecto, indecisos los radicales de presentar
un pretendiente de pura estirpe boina blanca (sugerimos, por ejemplo,
que hubieren presentado una verdadera esperanza del partido, Fernando
De La Rúa), debieron parapetarse detrás del economista con fama de
florentino para poder acceder a más cargos institucionales. Desde el 2
% obtenido por Leopoldo Moreau en el comicio del 2003, el casi 16 de
Lavagna luce como triunfal apoteosis, aunque con destellos pírricos en
razón que funciona como aspirina y curita para un enfermo sin dudas
terminal, el partido de Alem e Irigoyen.
Los derrotados
Para analizar a los derrotados es preciso, en plan de ser serios,
omitir la performance de la izquierda ridícula que supimos conseguir.
Atomizados en cuatro vertientes trotsquistas (como si hubiere tanta
demanda para ese target) y otras variantes excéntricas caracterizadas
por su discurso complejo y esotérico compitió para resultar invisibles
y evitarle a la peor derecha el papelón del ultimo sitial. Es
frecuente leer en la prensa de los partidos acerca de un crecimiento
exponencial, que simplemente prefigura la marea roja de la revolución
en curso. No se trata de una lectura impresionista. En efecto, los
partidarios izquierdistas no dejan de crecer. Sólo que se subieron a
un barco que partió con rumbo equivocado y sólo hace falta que se
enderece la proa para que tengamos a nuestra vista la magnífica
revolución que hace tanto tiempo profetizan.
La gran vencida en la elección fue la caterva de velablanquistas,
reaccionarios, cultores de la mano dura, apologetas de la dictadura,
chupacirios diversos, imperturbables sirvientes del imperio,
neoliberales y otros derechistas que se parapetaron en las listas
PRO-Recrear, Pro-Unión Popular, FREJULI, PAUFE, entre otros. Veámoslos
de a uno y sin discriminar demasiado la jurisdicción por la cual
compitieron. El criminal de docentes Jorge Sosbich y su delfín
bonaerense Juan Carlos "inyenieri" Blumberg fueron, por fortuna, un
fiasco absoluto en términos electorales. Lo mismo el torturador Luís
Abelardo Patti o el mediático empresario colombiano Francisco de
Narváez. Todos apostaron al sufrimiento popular para ganar votos, sea
desde la desesperación generada por la delincuencia, como azuzando el
problema de la inflación. Pero los grandes derrotados fueron el
economista neoliberal López Murphi y su mandante, el ganador de la
intendencia de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri. El
funcionario, de paso tan recordado como poco feliz por el Ministerio
de Hacienda en el 2001, quedó tan relegado en su pretensión de
ballotage como se halla su insignificante punto porcentual del casi 45
de la ganadora. El embustero ex empresario (ganó la elección diluyendo
su discurso derechista en vaciedades genéricas y sólo espero el
escrutinio para sacarse la careta. Ver nuestro artículo ya publicado
en http://www.redaccionpopular.com/#principal__state=articulo&idArt=1197)
pensó que se podía diluir su necesaria presencia en una elección
nacional viajando como turista por todo el orbe, escondiéndose de los
periodistas o con triquiñuelas diversas. Su error, más típico de un
presumido niño rico que de un político avezado, le valdrá asumir la
jefatura de gobierno alcanzada electoralmente en el marco de una
profunda debilidad.
Algunas palabras finales
En esta hora de triunfo no pueden pasarse por alto algunas cuestiones
que hacen a la debilidad e inconsecuencias del modelo implantado en el
2003. El extremo libre albedrío permitido en todo lo referente al
saqueo de los recursos naturales, la continúa liquidación de nuestros
bosques, la necesidad de ponerle límite a la depredación sojera y la
insuficiencia en la distribución del ingreso son los temas decisivos.
La acumulación de legitimidad política debe servir para avanzar
mínimamente por el rumbo trazado. La cuestión de los ingresos puede
encausarse mediante la postergada reforma impositiva. La concertación
social debe servir para avanzar en tal sentido; así como para mejorar
los ingresos de trabajadores y disminuir el empleo en negro. Pero uno
de los aspectos en que debe mejorarse es en la ausencia de discusión
de muchas (casi todas) las decisiones significativas. Finalmente, nada
progresivo será posible y duradero sin organización popular.

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