[R-P] Pluralidad y participación [Con dedicatoria]

Boletín Bambú bambuprensa en yahoo.com.mx
Vie Nov 9 18:39:33 MST 2007


PLURALIDAD Y PARTICIPACIÓN
Alberto Buela (*)

[Una vez le preguntaron a Jorge Luis Borges en la Radio
Universitaria:  “¿Qué es lo mejor de La Plata?”. El Bosque.
“¿Y qué más?”. El zoológico. “¿Y qué más, maestro?”. El
viaje de regreso a Buenos Aires. 

Dedico este ensayo a Alberto Franzoia, de La Plata, quien
no entiende nada de nada. ¿Será por aquello de “La Plata y
sus pobres mozos, ciudad de amigos gravosos y de enemigos
gratuitos”?).


En el pensamiento postmoderno encontramos tres variantes o
corrientes bien determinadas; el llamado “pensiero debole”
que propone una desencantada y relativista visión del
hombre el mundo y sus problemas, cuya propuesta es una
recogida resignación ante una nada de esperanza. Otra
versión, la de lo que queda de la Escuela neomarxista de
Frankfurt, que en síntesis viene a sostener que estamos mal
porque no acabamos, no cumplimos con todos los preceptos de
la modernidad y, una tercera, el pensamiento alternativo o
raigal, que propone superar la modernidad re-pensándonos a
partir de nuestras respectivas tradiciones culturales, de
nuestras diversidades y alteridades.

Así, los términos  pluralidad, diversidad, alteridad son
los preferidos de la postmodernidad o al menos de la única
variante postmoderna que propone alguna construcción
positiva. De modo tal que no hay un solo modo de vivir sino
muchos por lo que la pluralidad y la diversidad se han
transformados en los paradigmas actuales. Y así como en
sociología ya no hay un ethos social sino múltiples,
aquello que va a salir a criticarse desde la izquierda y
desde la derecha son las concepciones totalitarias y
globalizadoras.

Si bien es justificable la crítica postmoderna al concepto
de totalidad y globalidad subsumidos ambos en el concepto
de unidad, su propuesta  o solución con la radicalización
de la pluralidad no es la correcta. Pues radicaliza la
pluralidad o el rescate de la pluralidad en forma tan
exagerada que renuncia al concepto de vinculación raigal
común inherente a toda comunidad política.

Si bien la sociedad democrática postmoderna debe como
primer acto político reconocer lo diferente ello no implica
que deba renunciar a la unidad. La unidad debería ser
pensada como “unidad en la diversidad”. Debemos tirar el
agua de la bañera pero no al niño que estamos bañando. 

Hablando profesionalmente desde la filosofía sabemos que es
imposible la multiplicidad sin la unidad, pues son términos
relativos como lo es padre de hijo o alto de bajo. Por todo
ello, nosotros creemos junto con filósofos como 
MacIntayre, Fabro y otros, que la idea de participación tal
como la plantea Tomás de Aquino puede ayudar a resolver el
problema. Veamos.

Consideración metafísica

La unidad participativa es concebida como unidad en la
diversidad de modo tal que la unidad no excluye la
diversidad sino que logra que ambas se sirvan una de otra y
no una contra otra como la piensan los filósofos
postmodernos 

La idea de participación gira en torno a la unidad y la
diferencia entre el ser y el ente. Así el ente es en tanto
participa del ser, pues el ser es la plenitud de todo lo
real. Además el ser como meollo de la realidad real no se
puede definir porque no se puede delimitar y por lo tanto
no se puede cuestionar lo que sea ser. Del ser participa
todo ente, pero, y esto es importante, el ente no tiene
partes del ser. Así el ente participa del ser no al tenerlo
sino al serlo parcialmente cada uno en la medida de su
jerarquía ontológica.  De modo tal que el ente es el que
representa parcialmente al ser porque éste es lo más
profundo del ente. Lo que todo ente tiene en común para ser
lo que es. De este modo la unidad participativa preserva el
derecho de lo múltiple y le permite su libre manifestación.

Ahora bien el ser del que participa todo ente, si bien
tiene una realidad subsistente en tanto “ipsum esse
subsistens”, en los entes subsiste en la pluralidad de los
mismos que participan de él.  Es por ello que se habla no
de la subsistencia sino de la inherencia del ser al ente.
Así pues como el ser inhiere al ente, y con ello  a lo
múltiple, este último no es una copia sino que todo ente
agota su plenitud de ser. Lo plural no es carencia de ser
sino plenitud. El ser se transforma así en una unidad que
libera la multiplicidad, a manera como la luz se relaciona
con los cuerpos iluminados por ella.

Consideración metapolítica

Así  pues la diferencia que existe entre la pluralidad
radical de la postmodernidad  y la pluralidad participativa
es la siguiente:

Si bien ambas posturas coinciden en el juicio positivo
acerca de la diversidad, la política postmoderna no se
compromete como garante de la unidad sino sólo de la
pluralidad en una especie de coexistencia de lo diverso sin
ningún hilo conductor, llámese proyecto nacional,  así pude
sólo administrar los conflictos- a través de una
concertación plural- pero no resolverlos, pues le falta el
concepto de unidad, de proyecto en donde enmarcarlos y
darle sentido y por lo tanto, respuesta.

Por su parte la pluralidad participativa ofrece como
solución la unidad en la diversidad, ofrece un sentido a la
acción política múltiple y variada. Esta pluralidad no
excluye la comunidad sino al contrario la subsume como
fuente de sentido.

Esto nos muestra que existe una pluralidad destructiva y
una pluralidad liberadora. Así por ejemplo, la diversidad
de los terrorismos, de los separatismos suele ser
destructiva, mientras que la diversidad moral, cultural o
política suele ser liberadora.

Es que la pluralidad radical se anula a sí misma cuando se
entrega a la arbitrariedad en que la diferencia entre lo
justo y lo injusto es sustituida por el derecho del más
fuerte o el derecho de la minoría por el hecho de ser
minoría, y no por los valores culturales que pudiera
encerrar en sí, como sucede con el multiculturalismo. Es
por ello que proponemos hablar más bien de
interculturalismo.

Así pues si la pluralidad es tan radical que no se asienta
en ninguna convicción común desaparece el derecho a
disentir, con lo cual no se puede ya pensar ni hablar, ni
siquiera sobre un consenso mínimo para el buen vivir
comunitario. 

Es que la democracia postmoderna si queremos que funcione y
supere el formalismo procedimental a que nos tiene
acostumbrados tiene que dejar de lado la pluralidad radical
de poner el consenso como principio  y fijar, por el
contrario, el consenso como objetivo y darle lugar al
disenso como principio.

Si la corriente del pensamiento postmoderno fuerte, donde
nos inscribimos y se inscriben una gran variedad de
filósofos y pensadores ejerce una primacía intelectual en
el pensamiento crítico es en el ejercicio del disenso como
ruptura con la opinión. Sobre todo con la opinión
publicada.

Así pues proponer el consenso como “petitio principis” de
la sociedad democrática postmoderna es, hablando en
criollo, poner el carro delante del caballo. 

De modo tal que la idea metafísica de participación nos
enseña a través de su interpretación metapolítica que la
auténtica apertura política nace del concepto de pluralidad
participativa que  se encuentra allí donde la base de la
pluralidad incluye la unidad. 


(*) arkegueta - CEES-CGT 
alberto.buela en gmail.com
Casilla 3198 
(1000) Buenos Aires



Roberto Bardini
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