[R-P] El triunfo de C. Kirchner (2)
C J Lazor
clazor en ciudad.com.ar
Sab Nov 3 09:11:33 MDT 2007
[Otra opinión liberal, ex servicio, o lo que sea...]
Política Nacional / Alberto Valdez
El nuevo escenario de gestión
Los resultados de las elecciones del domingo muestran una clara fractura de la
sociedad: el principal apoyo a Cristina Kirchner proviene de las clases bajas,
mientras que los sectores medios y altos rechazan sus propuestas.
Tal como se preveía, Cristina obtuvo un contundente triunfo electoral que le
asegura al oficialismo su continuidad por cuatro años al frente del Estado. No
obstante, una vez que vayan decantando la euforia y los festejos, el matrimonio
K seguramente deberá pasar revista a los números y al nuevo cuadro de situación
que comienza a surgir a partir del domingo a la noche.
Un breve repaso de los comicios en cada uno de los distritos permite inferir que
la clave del triunfo de la senadora se basa esencialmente en la captura del voto
peronista en los barrios y zonas más humildes del país. Evidentemente, esta
cuestión pasa a ser un problema estratégico para el kirchnerismo en cuanto sus
miembros se consideran de centro-izquierda y alejados de la mística y el
folklore del Partido Justicialista.
Durante los últimos cuatro años, el oficialismo intentó infructuosamente
construir una estructura política progresista, alejada de la tradición del
peronismo. Desde un primer momento, tomaron la bandera de los Derechos Humanos,
si bien los Kirchner nunca se habían mostrado consustanciados con el
revisionismo de lo ocurrido en la guerra sucia de la década del 70. Sin embargo,
atrajeron a los organismos que actúan en el área y los transformaron en
militantes kirchneristas. Desde Horacio Verbitzky hasta Estela de Carloto y Hebe
de Bonafini. Todos se sumaron, mediante algunas ventajas o compensaciones, al
proyecto gubernamental.
Algo parecido hicieron con miembros de la cultura, deportistas y figuras
célebres de la TV. Le dieron una impronta supuestamente "antiimperialista" a la
política exterior, tomando distancia de los Estados Unidos y consolidando una
extraña alianza política y financiera con el régimen de Hugo Chávez. Gastaron
millones de pesos en subsidios para evitar ajustes de tarifas en los servicios
públicos y realizaron un gran show con la deuda y el pago al Fondo Monetario
Internacional (FMI). Además, avalaron la " demonización" de los 90 a pesar de
haber sido, en su momento, oportunos socios políticos de Carlos Menem.
En síntesis, una clara movida que apuntaba a implementar desde la gestión de
gobierno la agenda política del Frepaso. La idea central era presentarse ante la
sociedad como "émulos eficientes" del renunciante "Chacho" Álvarez, un hombre
actualmente muy cercano a la primera dama. Toda esa energía apuntaba claramente
a seducir a los sectores medios de los grandes centros urbanos. El sueño de
Kirchner era construir un movimiento político en sentido contrario que Menem.
Así como el riojano puso en marcha una alianza política conservadora donde el
Partido Justicialista representaba parte de esa base electoral, que también
incluía a sectores no peronistas de clase media y alta, el presidente intentó
construir su propio "tercer movimiento histórico" –haciendo honor a ese vicio de
lo fundacional que tienen muchos de nuestros presidentes– con justicialistas,
radicales, socialistas e independientes. Una estructura superadora del
peronismo, pero de izquierda y políticamente correcta.
Dicen que en la intimidad de los Kirchner siempre se hizo referencia a la
necesidad de no depender electoralmente de los referentes históricos del
peronismo. Por supuestas razones ideológicas y estéticas, no quería cerrar
acuerdos con el llamado "pejotismo" y con los viejos caudillos partidarios. Con
una profunda carga de prejuicios ideológicos y soberbia, intentaron enamorar a
los sectores medios con ataques a las Fuerzas Armadas y haciendo oídos sordos a
aquellos que reclamaban medidas enérgicas contra la inseguridad y el descontrol
de los piquetes.
Nada de eso sirvió, no obstante, para poder seducir a la clase media. Las
elecciones locales en la ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe les
anticiparon el rechazo. Por eso se vieron obligados a recurrir al arrastre
electoral de Daniel Scioli, los barones del Gran Buenos Aires, Luis Barrionuevo,
Gildo Insfrán, Juan Carlos Romero o Carlos Verna. Optaron claramente por aliados
que están en las antípodas del ideario progresista del diario Página/12 o de la
visitante ilustre Segolene Royal.
Quizás Cristina debe haber soñado con festejar un triunfo suyo en todo el país,
pero con un fuerte respaldo en los barrios donde vive la gente más ilustrada que
puede comprender su discurso. En cambio, debió conformarse con contundentes
victorias en La Matanza, Berazategui, José C. Paz, Santiago del Estero, Jujuy,
Formosa o Misiones, distritos que se destacan por un altísimo nivel de
exclusión, deserción escolar y hasta consumo de "paco". El perfil de sus
votantes nada tiene que ver con la admiración a Hillary Clinton, los organismos
de Derechos Humanos o los paseos en Nueva York con el cónsul Héctor Timmerman.
La utopía anhelada por la primera dama naufragó. Más allá de la profunda alegría
por transformarse en la primera mujer que es electa para la más alta
magistratura, lo cierto es que le queda el sabor agrio del fuerte rechazo que le
demostraron los habitantes de las grandes ciudades del país. Desde que se radicó
en la Capital Federal en 1994, siempre residió en un coqueto departamento de la
calle Juncal, muy cerca de la Plaza Vicente López. Y hasta que su esposo se
convirtió en jefe de Estado solía pasear por esa zona, visitando boutiques y el
Patio Bullrich. Precisamente ahí, el 50% de sus anteriores vecinos votaron por
Elisa Carrió. Sólo un 14% eligió su boleta.
Ni siquiera pudo seducir a los habitantes de su ciudad de origen. En La Plata
también fue derrotada. Y, encima, el intendente radical de Río Gallegos, Héctor
Roquel, obtuvo su reelección pese a que ella se impuso ampliamente en esa ciudad
y en toda la provincia de Santa Cruz. Hasta sus nuevos vecinos de la Quinta
Presidencial tampoco la votaron. Perdió por mucha diferencia en el partido de
Vicente López y de nada sirvió la alianza que gestó su esposo con el reelecto
intendente del "radicalismo K", Enrique "Japonés" García. Muchos de los votantes
a ese jefe comunal cortaron boleta y eligieron a Carrió.
Más allá de estas coincidencias y los datos de color, lo cierto es que el nuevo
gobierno de la primera dama arranca con una legitimidad basada esencialmente en
el voto de los más pobres. Su base electoral ha sido mucho más homogénea en los
distritos donde hizo grandes diferencias. La apoyaron los mismos que votaban en
los 90 al odiado Menem. Lamentablemente, gran parte de ese segmento de la
sociedad es tan vulnerable por su indigencia que no cuenta ni siquiera con la
libertad a la hora de votar. Son las víctimas del anacrónico y despreciable
clientelismo político.
El nuevo mapa electoral muestra al kirchnerismo con un fuerte apoyo en las capas
bajas, al mejor estilo del peronismo de la década del 50. La sociedad se ha
fragmentado de tal forma que se percibe una clara fractura a la hora de votar.
¿Alpargatas sí, libros no? Evidentemente, la división tiene ciertos condimentos
socioeconómicos. Quienes el domingo votaron en contra de Cristina son los
sectores sociales más dinámicos, hiperinformados y más exigentes. Resulta
evidente que este segmento de la sociedad argentina le tomará examen a la futura
administración y seguirá buscando referentes en la oposición. ©
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