[R-P] (sin asunto)

ricardo jorge lacroix jrlacroix2005 en hotmail.com
Vie Nov 2 09:53:38 MDT 2007


El siguiente es un artìculo  escrito en el diario La Nacion,por el ex 
embajador menemista Abel Posse.
Tal para cual.


QUEBRAR EL PACTO DE RESIGNACIÓN


Abel Posse
Para LA NACION

Las elecciones nacionales no son un trámite más en nuestra destartalada 
democracia. Para muchos se tratará de evitar que se arrasen los restos de 
republicanidad y que se consolide una administración carente de proyecto 
nacional y de respeto institucional. Mero poder con ambición de permanecer 
en el poder.
Nos hemos acostumbrado a digerir como anécdotas los pasos de una realidad 
dramática de corrupción, patanería y violencia: la bolsa de plata fresca en 
la letrina ministerial, Skanska, donde los millones de dólares de obra 
empatan con los de coima; Picolotti, Santa Cruz y la hartura de la 
prepotencia, el anestesiamiento de la función policial y el gatillo fácil 
del adolescente drogado que asesina al padre de familia, tres indios wichis 
pesan más o menos lo mismo que el gobernador, la modesta blitzkrieg personal 
de Varizat, la huelga de Intercargo, paralizando viajeros nacionales e 
internacionales, porque se investiga y se detiene a dos empleados por el 
robo de una saca con 80.000 dólares; el segundo homenaje a Fuentealba: 
7.000.000 de niños sin clase, y la mentira nacional e internacional de los 
datos del Indec. Vamos a la deriva, en creciente disolución social y 
desprestigio internacional. Los vivillos triunfan, la corrupción hace 
proyectos a largo plazo, aprovechando el continuismo que creen triunfador. 
La viveza, la hija bastarda de la inteligencia, avanza en todos nuestros 
espacios.
Somos protagonistas de brazos caídos. Como resignados a que la Argentina 
haya sido una llamarada que sólo duró un siglo. (¡Para el primer centenario 
en 1910, mostramos para sorpresa y admiración del mundo el Colón, el palacio 
del Congreso y tantos símbolos y realizaciones del poder civil y de la 
cultura; éramos un país pujante y ordenado capaz de dar casa, alimento y 
trabajo a millones de emigrantes europeos. Ahora nos acercamos al segundo 
centenario y nos humilla mostrar el puesto 109 en la lista de corrupción y 
desconfianza internacional, o las taperas, algunas ya de tres pisos, de las 
villas miseria!)
Ahora somos un conglomerado melancólico, triste, como si ya no tuviéramos 
destino o no creyésemos más en él. Esto es el centro de nuestra parálisis 
colectiva. Es lo que nos enferma. La falta de fe y de pasión nacional.
En realidad es como si aceptásemos un tácito pacto de resignación. Una 
parálisis. En vez de voluntad, la noluntad nacional.
El pacto tácito de resignación nos inmoviliza ante la indisciplina (escolar, 
familiar, estatal, burocrática) y el bajón cultural-educativo-ético. Nos 
estamos transformando en un país grosero, agresivo, desamorado. Desde el 
tránsito hasta las barras bravas, pasando por un sindicalismo parcializado 
donde las huelgas van a contrapueblo, paralizando aeropuertos, cerrando 
avenidas, dejando sin clases a los educandos o sin subte a un millón de 
usuarios trabajadores. El gremio capaz de extorsionar gana. La única 
división blindada que puede cortar la Panamericana es la de los camioneros. 
Por cálculo y cobardía, el Estado se ausenta de la realidad y el país se 
anarquiza.
En lo que hace a seguridad interior, el país puede caer en un vandalismo 
desatado de consecuencias nefastas (y hasta puede haber grupos conspirativos 
que lo deseen). Debemos devolver los poderes legales y constitucionales a 
las fuerzas que garantizan el orden público: Policía Federal, prefectura, 
gendarmería, servicios de inteligencia. Urge restablecer el orgullo y la 
función esencial a las Fuerzas Armadas, que podrían, en caso de conmoción 
interior, ser convocadas como garantía del orden republicano o de la 
soberanía, como lo establece la Constitución.
Como quien tira el niño con el agua de la bañadera, los sospechosos 
supérstites del terrorismo se siguen vengando y humillando a las Fuerzas 
Armadas. Hoy somos ya un país indefenso. No tenemos ni aviones ni flota ni 
balas. No sólo perderíamos una guerra: perderíamos hasta un desfile. ¿Cómo 
no van a tener los ingleses la insolencia de pretender medio Atlántico Sur, 
como lo expresaron recientemente, si ven que la Armada argentina no tiene 
combustible ni para correr a los pesqueros depredadores? Como dijo Federico 
el Grande de Prusia: "Una diplomacia sin armas es como hacer música sin 
instrumentos".
El tácito pacto de resignación nos frena. Estamos como inmovilizados ante la 
caída institucional y de la misma infraestructura física, caminos, aviones, 
trenes. El poder laboral y creativo decrece. La burocracia es una máquina de 
impedir los impulsos. El trámite es humillación y experiencia kafkiana.
Una política cobarde y repetida finge motivos humanitarios de dejar en la 
realidad de fango, "paco", delito y degradación a esos miles que hay que 
sacar de la nada y llevar a la vida, con planes de vivienda y radicación 
productiva. Hasta hay resignados que hablan de urbanización de las villas 
miseria.
Pensamos mal, desde la hipocresía. Y actuamos mal, sin coraje, que es algo 
tan incómodo.
Igual pasa con la inseguridad, mal obsesivo, cotidiano y de todos. Ante la 
siesta de Arslanian y del ministro del Interior, que hablan de "sensación 
delictiva", nada se hizo para llevar la policía a desmantelar las matrices 
del crimen. Hay que crear fuerzas de prevención y de acción combinadas. Las 
fuerzas coordinadas son la forma de prevenir la corrupción. Nada se hizo y 
hoy el delincuente prolifera y no paga su culpa. ¿Seguir resignándonos hasta 
que sea nuestro país invivible? O tener la decisión que se tuvo en Nueva 
York, Los Angeles, París y tantas otras ciudades para erradicar con toda 
energía el crimen.
La candidata oficial ni siquiera se tomó el trabajo de disimular su 
continuismo disociándose de los hechos de corrupción flagrantes ni al 
desequilibrio de los poderes a favor del autoritarismo del Ejecutivo. El 
desgobierno que fenece nos deja con plena salud los cuatro jinetes del 
Apocalipsis: Pobreza, Inflación, Corrupción y Violencia. ¿Qué quiere decir 
la candidata cuando repite que debemos profundizar el supuesto "proyecto"? 
¿A qué se refiere? Sus viajes iconográficos por el exterior le impiden 
explicar su programa de profundización...
Sin embargo, hay un grupo de políticos que aunque no estén unidos en un 
frente lo están en una conciencia de imprescindible reacción republicana. 
Todos ellos reflejan una voluntad de ruptura con la mala política, la 
corrupción y la mala gestión. Tanto Sobisch como Lavagna, López Murphy, 
Macri, Carrió, Rodríguez Saá, De Narváez, Sarghini y otros dan muestras de 
superar con sentido de servicio el sindrome nacional de abuso y beneficio 
personal del poder.
Pese a las estadísticas interesadas o pagadas o improvisadas, ya es de 
conocimiento en el medio político que la candidata oficialista no se 
impondrá en primera vuelta. (Costará a la senadora alcanzar el consagrador 
40 por ciento.) Habrá una segunda vuelta en la que el pueblo argentino podrá 
apoyar al candidato opositor como a un verdadero liberador de una etapa de 
vulgaridad y atropello institucional. Este mal gobierno no debe ser premiado 
desde la resignación que padecemos. Debemos desplazarlo para renacer desde 
una decadencia ya intolerable para la idiosincrasia del pueblo pujante que 
somos. La mencionada realidad confiere a estas elecciones una dimensión 
dramática.
Sentimos que es hora de un despertar nacional. Votaremos por un 
renacimiento. Para restablecer la maravillosa máquina de vida que es la 
patria argentina.
En este octubre decisivo tenemos la posibilidad de lo que es esencial en una 
democracia viva: que el voto sea la expresión de nuestro dolor, de nuestro 
grito o de nuestra esperanza de progreso. Sería el octubre en que 
quebraríamos el pacto tácito de resignación. Esta es la tarea de nuestra 
generación, la más golpeada desde 1853.
Tendríamos que pensar en grande, como lo hicieron tantos países después de 
la Segunda Guerra. Deberíamos hacer un corte con nuestras desdichas y 
proclamar la Nueva República. Dejar atrás para siempre la batalla perdida de 
Malvinas, la quiebra colosal de 2001 y el kirchnerato.
Hasta deberíamos convocarnos para una nueva Constitución. Porque para esto 
sirven las constituciones: para pactar un nuevo ciclo, un renacimiento, y 
dejar atrás la etapa fracasada y dolorosa.
Esta Argentina triste, subdesarrollada, autodemolida, no da para más.
El autor es diplomático y escritor.

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