[R-P] Perdón por la alegría
carola chavez
tongorocho en gmail.com
Jue Nov 1 21:17:42 MDT 2007
Perdón por la alegría
(Un breve vistazo a La Revolución Bonita)
Los venezolanos somos un pueblo alegre y ¿cómo no serlo? Tenemos el
caribe en frente, un cielo azulito arriba llenos de pájaros de colores
vibrantes, tenemos mangos, tepuyes, animales que parecen de mentira,
como las dantas y los chigüires. Tenemos mucha suerte de haber nacido
en un país tan rico en todo y tenemos la suerte de haberlo recuperado
de quienes por siglos nos saquearon. Nos robaron mucho pero nunca
pudieron robarnos la alegría.
Venezuela es una fiesta perenne. Dice una canción que Venezuela habla
cantando y es cierto, cantamos todo el día, hay música por todas
partes. Cantamos y bailamos. Mi bebé que tiene un año baila con un son
envidiable, es que nació en El Caribe y quienes nacemos aquí tenemos
caderas pachangozas.
Pues este pueblo gozón está de fiesta ahora mas que nunca, es que
estamos haciendo la revolución bonita.
Tenemos un presi preci que es todo lo que nosotros somos. Canta mi
presi, aunque muy desafinado, pero canta con tantas ganas que le suena
hasta bonito. Cuenta chistes muy buenos aunque nunca mejores que sus
anécdotas. Se ríe a carcajadas, dice lo que un presidente no debe
decir jamás, dice en esos escenarios, a los que solo los presidentes
tienen acceso, lo que
decimos sus compatriotas en cualquier panadería.
Que Bush es el diablo, pues el va y lo dice en la ONU. Que Aznar es un
asno, el va y se lo dice en la cara, que nos cagamos en el
capitalismo, pues el va y se caga en él. Nuestro presi preci es uno de
nosotros y nosotros felices de que así sea.
La felicidad del pueblo venezolano desconcierta a sus enemigos.
Mientras ellos odian, nosotros amamos, mientras ellos vociferan con
las caras desfiguradas de rabia, nosotros cantamos con mi presi.
Mientras ellos no encuentran cómo acabar con nuestros sueños, nosotros
los concretamos.
¿Que hacemos una revolución rara? Si. rara como nosotros. Que, vista
desde afuera, parece poco ortodoxa, si, y vista desde adentro también.
Así somos nosotros, poco ortodoxos rayando en la irreverencia y así es
nuestra revolución.
Inventamos, creamos, le damos la vuelta a todo, cambiamos la letra del
Himno Nacional para convertirlo en canción de cuna y, con ella, dormir
a nuestros bebes, cambiamos la teoría para llevarla a la practica. Si
reímos en los funerales, ¿no vamos a reír en nuestra revolución?
Nuestra revolución avanza, ya no es solo nuestra, no es ni siquiera
continental, es hemisférica. Avanza y muchos tienen los ojos puestos
en nosotros, sus ojos llenos de esperanza y deseos de que llegue hasta
ellos lo que nosotros estamos viviendo. Y abrimos nuestras alas de
loros bullangueros, y vamos regalando solidaridad, sueños comunes y
alegría. Volamos y los buitres carroñeros tiemblan, saben que los
loros además de ser alegres, son bravos y tienen picos que muerden
duro y duele.
Vamos volando los loros y hay amigos que arrugan la nariz, porque
somos ruidosos, y nada dramáticos, porque somos de mil colores, porque
sabemos que hay mangos para todos, porque la vida el linda y el cielo
es amplio. Porque los loros no temen al frío, ni a la lluvia, ni a
nada.
La Patria Grande la delimita el cielo, no conocemos fronteras, ni
perdemos el tiempo escarbando diferencias. Nos fijamos en las
coincidencias, en donde se hace la costura y no donde termina.
La Patria Grande es evidentemente grande, eso lo sabe mi niña de nueve
años. En tanta patria sabemos que hay de todo, y si no somos capaces
de vernos como iguales terminamos construyendo muros.
Nadie es mejor que nadie, esa es la idea que nos hacer luchar: la igualdad.
Esta revolución la hacemos aquí ahora, mañana será en otros lugares.
Pero yo la vivo cada día, yo la vivo con toda la responsabilidad que
implica tener a mis hijas viviéndola conmigo y la vivo muerta de la
risa.
No me resta seriedad mi falta de sobriedad. Soy yo quien lleva meses
sin poder comprar leche para mis hijas porque los buitres la
acapararon, para que las mamás nos desesperemos y culpemos a mi presi
preci, y como no hay nada mas temible que una madre angustiada,
esperan, esos cobardes, que vayamos armadas de pañales y teteros y
tumbemos al único hombre que ha pensado en darle un país a nuestros
hijos.
No hay leche, ni pollo, ni huevos, ni azúcar, ni harina. Hay marchas
de estudiantes hijitos de papá, hay cadáveres políticos que creen que
tienen vida y que si no la tienen prefieren matarnos a todos. Hay
tensión mientras mi bebé duerme en su cunita. Hay quienes damos la
cara, hay quienes firmamos lo que decimos con nombre y apellido, hay
quienes somos el blanco del odio de los frustrados. Hay quienes
quieren vernos muertos y aun así hay alegría.
¿Que por qué digo todo esto? Porque no puede nadie hablarme de patria
grande si pretende darme lecciones teóricas sobre lo que yo vivo en la
practica cada día. No puede nadie hablar de patria grande si cuestiona
los modos de quienes vivimos los riesgos de construirla. Y es que no
es lo mismo pensar en la revolución que vivirla. Si vamos a hablar de
patria grande, hay que dejar a un lado las grandezas personales.
Nadie es mejor que nadie, por eso luchamos. Por eso hacemos nuestra
Revolución Bonita. Eso si, cagándonos de la risa.
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