[R-P] Reportaje (Duhalde y cía)

C J Lazor clazor en ciudad.com.ar
Mie Mayo 30 11:04:14 MDT 2007



[De politicainternacional]



REPORTAJE A FERNANDO DE LA RUA

"Aznar me avisó que Duhalde le anticipó que sería presidente 4 meses antes
de mi renuncia"
De Perfil.com

Con razón hace unos meses un lector, padre de un hijo autista, se quejó de
la injusta comparación entre ciertas actitudes de De la Rúa y esa
enfermedad.
Durante este reportaje, el lector percibirá que el ex presidente, encerrado
en su propia visión de los hechos, no escucha algunas preguntas o responde
sólo desde una perspectiva. Pero no le quita valor periodístico al
testimonio del principal protagonista de la mayor crisis de la historia
argentina.
. "El acierto de otros presidentes ha sido tener gabinetes menos
distinguidos y de menor nivel que el mío, pero más leales.
-¿Sigue pensando que Duhalde fue uno de los principales culpables de su
caída?
-Esto lo organizaron, no fue casual. Desde la provincia de Buenos Aires se
organizaron los levantamientos.
Y Duhalde lo anunciaba con anticipación, le voy a citar un testigo
insospechado que es José María Aznar: estuve con él el año pasado y me contó
que meses antes de mi renuncia,
Duhalde fue a pedirle ayuda porque él se iba a hacer cargo del gobierno, y
Aznar le dijo: "Pero ¿cómo? Si el Presidente es amigo mío y está en
funciones todavía". A lo que Duhalde respondió: "Sí, bueno, pero yo me voy
hacer cargo".
-Es muy serio lo que usted dice que le dijo el Presidente español.
-Nadie discute que ese golpe civil existió, sumándose a lo que quería el FMI
con Keller y Anne Krueger.
-Mire, justo tengo confirmado con José María Aznar un reportaje, el próximo
miércoles. Espero que su declaración no anule ese reportaje y obviamente lo
que usted me está diciendo será mi primera pregunta. Veremos qué responde.
Sigamos con los protagonistas locales, ¿cuál fue el papel de Ruckauf?
-Era el gobernador de la provincia que anunciaba que quería irse lo antes
posible. Cuando Alfonsín me cuenta que viene de estar con Duhalde y que
Duhalde le dice que el gobierno lo tiene que terminar la Alianza porque ganó
las elecciones, pero eso sí, con otro presidente, me pregunté: "¿Quién es
para decir que el presidente electo por el pueblo tiene que irse?". Alfonsín
lo rechazó, pero me parece que debió poner más énfasis y creo que estaban en
eso, en ese plan. Le gustaba hablar de que yo parecía enfermo, que estaba
medicado, cosas así se le ocurrían.
¿Y qué nos decían de los organismos financieros internacionales? Que nuestro
problema era político. Y es cierto, era político, teníamos ahí un germen de
rebelión. Yo nunca me imaginé que juzgaran esta desgracia de lanzar a la
gente, estos ataques insensatos que provocaron los 30 muertos, no en la
Ciudad de Buenos Aires como dice el presidente Kirchner, fueron en la
provincia de Buenos Aires, en Entre Ríos, por la forma en que actuó la
Policía.
Y en la Plaza de Mayo tampoco fue por la represión policial, ésa es la
investigación que se está llevando a cabo. Por lo pronto, el día 19 de
diciembre, en que hay un cacerolazo, Ruckauf manda a retirar la custodia de
la residencia de Olivos confiada históricamente a la Policía de la
provincia. Intendentes amigos de él están filmados orientando a la gente a
asaltar negocios. Quisieron provocar lo mismo que le hicieron a Alfonsín.
-¿Usted se queja de Alfonsín?
-No voy a incurrir en responsabilizar a Alfonsín de aclarar mejor ese
diálogo con Duhalde.
Pienso que él estaba muy incómodo con Cavallo, pero yo decido renunciar
cuando ya desde la casa de Alfonsín me llama el presidente del bloque de
senadores para decirme que a juicio de ellos no había nada que hacer, que
consideraban conveniente mi renuncia. Lo que se produce después de que
hablaron con Duhalde.
-Reitero: ¿usted acusa a Alfonsín de haber hecho poco?
-No sé si podía más. Sé que hubo un grupo de radicales de la provincia que
estaban felices, que son los que han pactado siempre con Duhalde en la
provincia.
-¿Se arrepiente de haber renunciado?
-En ese momento se había diluido el poder político, con violencia en la
calle, y sin mayoría parlamentaria como para aprobar las medidas necesarias
y recuperar la situación financiera; mi decisión frenó la violencia, salvó
las instituciones, evitó que fuera un derrocamiento, y lo facilité a través
de mi renuncia.
-¿Qué habría pasado si no hubiese renunciado?
-Habría continuado la violencia porque estaba muy alimentada y planificada.
Un solo caso ya es penoso.
-¿No tiene la obligación el Presidente de resolver la situación sin
renunciar?
-Depende de cómo se mire. Para mí, la vida es un bien superior.
-¿En estos años no dudó?
-Nunca he dudado, he examinado a ver si había un resquicio, algún camino,
pero teniendo en contra la mayoría parlamentaria justicialista, que empujaba
para la caída del gobierno... Teniendo en contra a los líderes de mi partido
que alentaban también la renuncia y pensaban que les iba a ir mejor con el
peronismo y que se recuperarían...
-¿Fue un error haber declarado el estado de sitio?
-Sí, y lo declaré por un clamor de Ruckauf que me fue transmitido por
Cristian Colombo y el ministro del Interior Mestre. Ellos (los bonaerenses)
iniciaron los hechos violentos pero después la situación se nos iba de las
manos.
Entonces nos pedían apoyo de la gendarmería y después pidió que declarásemos
el estado de sitio para que la gente reaccionara y me fue pedido que se
declarara en todo el país porque también lo pedían los gobernadores del
interior. Luego yo lo derogo, al día siguiente, porque tras mi renuncia se
pacifica levemente la situación. Pero al asumir Puerta dice que ha sido un
error derogarlo y lo restablece.
-¿Cree que fue un error?
-Fue un error porque nos indujeron a error, porque no se utilizó.
-¿Los piquetes fueron un tipo de protesta que el Estado en 2001, no estaba
preparado para responder?
-Nosotros no tuvimos mayor problema con los piqueteros, salvo el último día
que vinieron estos grupos.
En el Conurbano fueron los intendentes, como el intendente West que aparece
filmado encabezando la marcha de la gente que va a los negocios, y eso
produce violencia, pero no habíamos tenido problemas.
Juntos teníamos buen trato con los piqueteros porque tenían reclamos de
asistencia social que satisfacíamos.
El fenómeno piquetero se acentúa después, en 2002, y son los que marchan por
Avellaneda cuando se produce la tragedia de Kosteki y Santillán.
-¿Y los cacerolazos, al tratarse de la clase media y su propio electorado,
emocionalmente le afectaron más?
-Desde luego es penoso un cacerolazo pero Menem tuvo varios bocinazos,
cacerolazos y por eso no cayó el gobierno. En Uruguay hicieron cacerolazo
pero el Frente Amplio no estaba en derrocar al gobierno, no por eso caían.
Sólo acá, porque había un justicialismo y un sindicalismo ambiciosos que
querían tumbarnos.
-¿Cuando vio por televisión la caída de las Torres Gemelas de Nueva York el
11 de septiembre de 2001, percibió que se trataba de un hecho
contraproducente para la eventual ayuda de Estados Unidos ante la crisis
financiera de la Argentina?
-Lo vi como un hecho de gravedad para el mundo y me acuerdo de que de
Cancillería me hicieron llegar un texto de solidaridad que consideré
inaceptable porque a veces Cancillería redacta como tomando recaudo y
cuidado. Yo lo deshice y lo reformulé de manera explícita y franca.
No lo pensé así como usted lo plantea, porque el día anterior nos había
llegado el primer libramiento de un apoyo del FMI que lo había conseguido
personalmente luchando con el presidente Bush, con Tony Blair, con todos los
líderes, que el apoyo es fundamental ya para salir, lo que sí vi fue que el
episodio de las Torres Gemelas cambiaba los ejes.
Supuse esta situación superable. Lo de las Torres Gemelas trajo una
retracción de la economía, hizo que bajara la recaudación fiscal, entonces
los directivos del Fondo, Keller y Anne Krueger, dijeron: "Si no vuelve a
los niveles de recaudación anteriores a septiembre, le cortamos y no le
damos el segundo libramiento".
Y qué íbamos a alcanzarlo si lo de las Torres Gemelas significó una
parálisis en el mundo.
-¿Qué siente cuando ve la repetición de la imagen de usted dejando la Casa
de Gobierno en helicóptero?
-Que están utilizando una imagen que han querido crear como símbolo. En el
fondo, ésa ha sido la rutina de los 600 días de mi presidencia. Lo tomaba a
cien metros en la plataforma, ese día me dijo el jefe de la Casa Militar:
"Mire, lo hemos puesto acá para evitar desplazamientos, para que no haya
necesidad de tomar otros resguardos". Yo pensé en el riesgo del edificio, y
me dijo: "No pero está sostenido, y hay que subir ya porque no se puede
quedar más tiempo. Le hice caso".
Pero me hubiera fotografiado lo mismo si me hubiera ido de la plataforma.
Ahora, le venía bien para la foto, yo seguía siendo presidente. Además yo no
huía, yo me iba a la sede del gobierno que era también la residencia de
Olivos, yo no me fui ni a un cuartel, ni a un hotel ni al interior.
-Usted acababa de renunciar.
-De mandar la renuncia. Pero al día siguiente volví, derogué el estado de
sitio y recibí a Felipe González.
-Pero en ese momento acaba de renunciar y ese vuelo desde un punto de vista
visual era asociable al de Isabel Perón.
-Era, pero no estaba yo en plantearme temas de imagen.
-¿En ese último vuelo a la residencia de Olivos qué pensó?
-Estaba muy convencido.
-Pero esa mañana, cuando salió para la Casa de Gobierno, ¿no pensaba en
renunciar?
-No, porque la noche anterior hubo una reunión de dirigentes justicialistas
y radicales y había coincidido en hacer un gobierno de alianzas, satisfacer
las exigencias del justicialismo que ya tenía mayoría parlamentaria, revisar
cuatro o cinco puntos que ellos habían planteado... Al correr la mañana vi
que eso parecía no cumplirse. Entonces fue cuando hablé por radio, hice un
llamado a la pacificación, y la respuesta fue pedirme juicio político, un
gesto del presidente, lo dijo Roggero.
De modo que lo mío era un gesto de renunciamiento, yo lo veía como
patriótico, algo que estaba convencido que era la legitimidad institucional
del presidente, entonces no me sentía vencido, yo pensaba que la patria a
veces necesita de esos gestos y yo lo había dado sin dudar y con firmeza,
así que no me sentía ni deprimido ni me escapaba.
Pienso que la noche anterior había sido de riesgo porque al retirar Ruckauf
la policía de la provincia, había algunos grupos que avanzaban sobre Olivos,
sobre la tapia. Me enteré al otro día que tuvieron que reforzar la presencia
policial adentro, me da la impresión de peligro, pero a mí no me arredraba
la sensación de peligro para nada, así que yo estuve ahí, no me moví para
nada, me fui luego a la Casa de Gobierno, cuando vi que ésa era la
situación, que habían impulsado esa violencia en la calle. Piense que esa
violencia estaba digitada por grupos políticos que tenían mayoría
parlamentaria. ¿Qué hacía yo? ¿Convocar a las Fuerzas Armadas?
-Mi pregunta es emocional, ¿cómo se sentía en ese viaje de retorno final a
Olivos, qué pensó en el trayecto?
-Pensé que haber sido presidente había sido un gran destino para mí, que
había hecho todo lo posible, había hecho la máxima dimensión del sacrificio
para superar las dificultades que encontré. De modo que yo no estaba
amargado ni deprimido.
La verdad, después me he sentido peor, cuando vi que como estrategia los
autores impulsaron en ciertos medios el desgaste permanente, la burla, la
ironía, y el echarme las culpas de todo, que era un modo de justificarse.
Por ejemplo, la apropiación de los depósitos se hace durante el gobierno de
Duhalde, lo que se llamó "corralón". Pero ellos hacían hablar sólo del
"corralito", cuando éste había sido una bancarización que permitía la
disponibilidad de los recursos de los depósitos con instrumento bancario.
-Pero la gente tenía sus dólares o pesos convertibles en el corralito.
-Es el corralón el que produce el despojo.
-Usted se refiere a la ilusión de que todavía sus pesos eran dólares porque
aún no se había devaluado.
-Claro, eso es lo que produce el despojo. Con Inés (Pertiné, su esposa)
vendimos el departamento de la calle Montevideo y el importe de la venta
había sido depositado. De modo que ahí quedó, ¿devaluado por quién?, por la
devaluación de Duhalde.
Así que ahora me encuentro con que tengo mucho menos de lo que tenía porque
perdí aquel departamento, que era bastante grande, y hoy tengo un
"pañuelito" que es lo único que me pude comprar.
-¿En qué mes lo vendió?
-Debe haber sido octubre o noviembre de 2001.
-¿Vio "La caída", del director alemán Bruno Ganz?
-Sí.
-Como relata la película, todo el día final parece durar un año en la
memoria...
-No puedo sentir nada parecido a la figura despreciable de Hitler.
-No me estoy refiriendo a la persona sino al momento de la caída.
-No. Ahí se vivió una total ceguera, fanatismo, cosa que entre nosotros no
estaba. En mi caso hubo reflexión, planteamos las cosas como era debido.
Después sufrí mucho las persecuciones porque nos acusaron de la represión
que el gobierno no ordenó.
-¿Cómo elaboró pasar de ser durante décadas una persona muy respetada y
prestigiosa a ser caricaturizado como el colmo de la incompetencia?
-Hay que tener una gran vida interior. Mis rabietas me he agarrado, no le
diré que fui indiferente.
Tengo un código moral, tuve siempre el imperativo kantiano de obrar como si
lo que hiciera pudiera ser una regla para todos. Tenía la conciencia
tranquila de haber obrado bien. Consideraba esto un abuso y quizás un precio
que debía pagar por el destino que me había tocado. He estado impotente para
enfrentarlo, pero lo asumí así y convencido de que después el tiempo cambia
la visión de las cosas, aplaca el polvo de los sucesos...
-¿Alcanza con sentir que se obró honestamente?
-No es que no siento culpas...
-¿No hay un ética de la eficiencia, una responsabilidad de responder con
capacidades acordes al puesto que se ocupa?
-Considero los fracasos de no haber alcanzado los objetivos, pero soy
consciente de haber hecho todo lo posible de acuerdo con la circunstancias.
A mí me tocó el epígono de una política de desastre y de endeudamiento
-¿No debió cambiar ahí?
-Hay que ver los márgenes de posibilidades, y el defecto de modificación de
la realidad que tenía que entender. Se habla de la crisis de 2001, yo digo
que la crisis se da en 1999, con la devaluación de Brasil.
-Un buen psicólogo preguntaría: ¿qué tiene que ver usted con todo esto que
le pasa?
-Estoy orgulloso igual de la presidencia que me tocó a pesar de las
dificultades que no creé y que traté de resolver.
-Su tarea era resolverlas.
-O tratar de resolverlas, porque estamos en una economía globalizada. Los
efectos de lo que ocurre en el mundo pasan por encima de los gobiernos y uno
debe hacer las previsiones y tratar de adaptar la situación. Piense, hoy
mismo que estamos en una situación de bonanza económica, hay que hacer
previsiones porque hay alertas de la economía mundial que no pueden
desoírse.
-¿Cuánta gente de la que era amigo le dio la espalda y lo decepcionó?
-En el gobierno he tenido mucha gente leal y capaz, y un porcentaje normal
de miedosos y desleales que se dan en una situación anormal.
-¿No lo decepcionaron entonces?
-No, hay debilidades.
-¿Qué es la soledad?
-La verdad es que no sentí ese efecto, algunos lo practican así: "Vas a ver
cuando no suene más el teléfono". Eso lo decían cuando renunciaba un
ministro. No sentí eso, estuve rodeado de amigos,
-¿Precisó ayuda psicológica después de ser presidente?
-No.
-¿Se había psiconalizado antes en su vida?
-Ni antes ni después.
-¿No pensó nunca que podría serle útil?
-No, me he sentido bien.
-¿Considera una debilidad ir al psicólogo?
-No, no, me he sentido bien, íntegro. A ver, ¿qué cosa he sufrido más? La
arbitrariedad de las citaciones judiciales, ese manoseo que sentí, el abuso
en el trato.
-¿Durante la presidencia pasó momentos de depresión?
-No, este año siento cierta melancolía de tener que seguir, después de seis
años, luchando para cerrar todas las causas judiciales, estoy un poco harto.
Tengo ganas de tener más tiempo para acabar mis libros, yo escribí libros.
Pero melancolía no es depresión.
-¿Usted leyó "Duelo y melancolía" de Freud?
-He leído sobre la vida de Freud pero Duelo y melancolía, no.
-Sería bueno que no sólo releyera Herodoto. Lo recomiendo. ¿Alguna vez lloró
después de su renuncia?
-No, nunca lloré. El momento más emotivo fue cuando me despedí del personal
en la residencia de Olivos, también en Casa de Gobierno, pero más en la
residencia de Olivos, más porque todos lloraron. Nunca mostré flojera.
-¿Con los años desarrolló tendencia al ensimismamiento?
-No sé. Yo mido mis palabras, no soy de decir lo primero que se me ocurre
porque creo que el bocón después tiene que recoger las que dice; respeto al
interlocutor; no soy escandaloso.
-¿Le merece alguna reflexión el hecho de que tantos argentinos lo perciban a
usted como una persona rara?
-(Se ríe) No sé. Antes de hablar, pienso.
-¿Es sus épocas de estudiante usted era un alumno que sus compañeros podían
calificar como "traga"?
-No, yo no era meticuloso. La verdad, lo que tenía era mucho entrenamiento
jurídico. Yo sabía todo lo que firmaba, nada firmaba a ciegas. Venía el
secretario general y técnico con los expedientes, y sabía que era un examen
porque les preguntaba esto, lo otro, esto está bien, esto está mal, entonces
iban, lo corregían y lo hacían de vuelta. Ya venía entrenado de la ciudad,
venía de ser abogado y no soy mal abogado.
-También eso se le critica, que usted se metía en exceso en detalles
perdiendo energía para lo principal.
-Eso dijeron pero no es así. Al contrario, prefería delegar en los
ministros, les daba mucha autonomía, pero si algo no salía, desde luego, los
llamaba.
-¿Se considera una persona terca?
-No, no.
-Usted, por ejemplo, ¿le reconoce a Menem la capacidad empática de siempre
tratar de armonizar con el otro y que usted está en las antípodas, no sale
de su matriz?
-No, no, yo soy muy de consensuar. Planteé una política de diálogo.
-¿Cree en la suerte?
-Sí, tiene que ver. Tuve suerte muchas veces, y cuando goberné, tuve pésima
suerte por el momento que me tocó. Pero si uno ve no la conjunción de los
astros sino de los factores económicos mundiales, es bastante lógico.
-¿Y en el destino prefijado?
-Sí, creo en el destino, pero creo más en cada uno, producto del propio
esfuerzo, en la actitud y las decisiones que toma. Si la forma de creer en
el destino es dejarse flotar y que Dios provea, no.
Creo que uno tiene el deber de reconstruir; todo lo que he hecho ha sido
producto de mi esfuerzo. Y si acá no lo logré, fue porque me encontré con
una montaña tan inmensa que sólo la locura del endeudamiento anterior, la
locura de los nuevos gobernantes de Estados Unidos y del FMI, y de la
oposición interna, llevaron a un conflicto tal que hicieron un inmenso daño
al país.
-¿Sale a la calle a menudo? Y cuando lo hace, ¿qué le dice la gente?
-Recibo expresiones de saludos, de afecto, y cuatro o cinco veces he tenido
algún insulto. Un par de veces alguien, creyendo las cosas que se dicen, me
dijo que yo era culpable, pero eso ha sido dos o tres veces, nomás. Pero le
aclaro, hace años, incluso cuando era jefe de Gobierno, voy al cine y no
tengo esas situaciones.
-¿Cómo era su relación con Kirchner cuando él era gobernador y usted
presidente?
-Lo traté menos, pero sé cómo actuaba. Siempre el que protestaba y pateaba
en las reuniones era Kirchner. En dos o tres que hubo, Kirchner era el
quejoso. Claro, era una provincia rica que tenía los fondos que le habían
dado por la privatización de YPF.
-¿Y cómo era Cristina?
-A Cristina la traté poco cuando coincidimos en ser senadores. Una senadora
muy respetable, muy capaz, y muy agresiva en sus planteos, muy incisiva
entrando en conflicto con el bloque justicialista. Ahora, Kirchner tiene que
moderar su actitud, tiene que comprender que la violencia verbal en un
presidente es casi como la violencia física de un ciudadano común.
-Menem tuvo a su hermano como principal operador político. Usted tuvo
simultáneamente a su hermano Jorge, a su primo Eduardo y a su hijo Antonio
como principales colaboradores. Ahora Kirchner también tiene a su hermana, a
su esposa y hasta su primo entre sus colaboradores. ¿Por qué los presidentes
apelan a tantos familiares?
-Yo convoco a mi hermano porque ha sido convencional constituyente y un
jurista muy capaz, y un tipo de gran independencia. Mi primo hermano no
ocupó ningún lugar en el gobierno, sí me ayudó en la campaña.
Y mi hijo Antonio trabajó exclusivamente en temas de comunicación social
porque a nadie le gustaban, pero no lo dirigía él sino el secretario de
Comunicaciones y los publicistas. Antonio no tuvo ningún cargo en el
gobierno. Aito, tampoco.
Yo soy en esto medio sabattinista. Sabattini, cuando asumió el gobierno de
Córdoba, lo llamó a su hermano, que era empleado de carrera en la Dirección
de Rentas, y le dicen no puede haber dos Sabattini y le pidió la renuncia.
Desde luego, no sólo que los tiempos cambian, sino que las administraciones
son más grandes, es una cuestión posible.
-¿Es imprescindible tener personas de extrema confianza en el gobierno?
-Le voy a contestar de otra manera. Creo que los aciertos de otros
presidentes han sido tener gabinetes menos distinguidos, menos importantes y
de menor nivel que el mío, pero más leales, solidarios, de "fierro" a
muerte, porque eso facilita la gestión. Yo tuve el problema de muy buenos
ministros, muchos muy solidarios, pero otros que cuidaban más su imagen.
-Usted fue el único presidente electo del último cuarto de siglo que no
asumió con una misión prioritaria tan importante que frente a la sociedad
los eventuales errores en todo lo demás quedara subordinado: Alfonsín, la
instauración de la democracia; Menem, la del orden económico; y ahora
Kirchner, la de la recuperación. ¿Es importante para un país como la
Argentina contar con una monomisión?
-Yo siento que nosotros la teníamos. Pero era el desarrollo y la cuestión
social. En eso nos pusimos a trabajar.
-¿Cree que la sociedad percibía lo mismo? Usted fue el único presidente que
no asumió en crisis y sin embargo terminó en la mayor de todas...
-¡Lo cierto es que yo la anuncié! Pero era como que no quería entenderse.
-¿La sociedad lo percibía de la misma manera?
-Creo que hubo un poco de entusiasmo de Machinea, que al mes más o menos
hizo una declaración que Clarín le puso como título "Se ha acabado la
recesión". Eso se entendió así y fue confuso porque no era lo que decíamos
nosotros o lo que yo decía, había que escuchar y patalear mucho. Y un
objetivo fundamental era la honestidad, por eso de mi gobierno no hay nadie
acusado de haberse quedado con un solo peso.
-¿Su experiencia y la de Alfonsín demostrarían que el peronismo en la
oposición hace inviable cualquier gobierno de signo distinto?
-Tiene una vocación de poder tan fuerte que sólo se considera posible su
existencia en el ejercicio en el poder. Así que les complica la vida a los
contrarios.
-¿Menem, Alfonsín y Kirchner fueron presidentes cirujanos porque cuando
asumieron la Argentina estaba en el quirófano y usted, al asumir sin un
incendio, fue un presidente homeopático?
-No, lo que pasa es que era un presidente que no tenía mayoría parlamentaria
suficiente. Alfonsín y Menem la tuvieron, y Kirchner la tiene. Yo tenía que
luchar buscando consensos.
-Su pasión por los bonsáis fue interpretada por la sociedad como una señal
de minimalismo y los gustos del pueblo argentino son más contundentes...
-Es otro mito.
-Pero yo lo he visto en fotos con los bonsáis...
-Sí, pero le cuento de dónde viene: yo gano la elección de senador en el año
'92, y hay un grupo de residentes chinos en la zona de Pilar que me llevan
de regalo un ombú muy lindo. Como sufría mucho en el balcón de mi casa, me
lo llevo a la Municipalidad cuando era jefe de Gobierno, y me empiezan a
regalar bonsáis, me taparon de bonsáis (Se ríe). No sé hacer nada con los
bonsáis, como Felipe González.
-¿Los argentinos aman a los transgresores?
-Sí, eso que yo soy demasiado racional. Cuidé demasiado cierta línea y creo
que hay que romper algunos esquemas.
-¿Gobernar es traicionar?
-No, yo no lo entiendo así.
-¿Y el peronismo?
-Sí, pero después se disciplinan detrás del líder. En cambio, yo he visto
que en nuestra fuerza política prevalece más el individualismo que la
solidaridad.
-Al tercer mes de su gobierno usted tenía entre el 70% y el 80% de imagen
positiva y aprobación, ¿los presidentes son queridos al inicio y terminan
odiados?
-Depende cómo vaya, primero, la economía.
-Menem llegó a final de su segunda presidencia con una economía no en
crisis, sin embargo con muy poca aprobación.
-Pero fue reelecto. Menem, con todas las pestes que hablan de él hoy, ganó
la reelección, y ganó en primera vuelta.
-¿No cree que Kirchner también va a ser reelecto o electa su esposa?
-Sí, creo que tiene mayoría y la economía anda muy bien.
-Menem dijo a PERFIL que el impuestazo de Machinea "fue suicida, hizo lo
mismo que el presidente norteamericano Herbert Hoover en la crisis de 1929,
que desembocó en la debacle".
-¡Si tuvimos que pagar la fiesta de Menem! El problema había sido lo que
había gastado él en la Nación, y Duhalde en la Provincia, por el tema de la
re-reelección, ¿o no había vendido las acciones de YPF y después tuvo el
doble de déficit?
Ahí me encuentro yo, cuando vinimos con los acuerdos del Fondo para que
renueven los vencimientos, nos dicen que teníamos un déficit, no de 5 mil
millones sino de 12 mil millones, y sumemos también las tasas de las
provincias, que estaban pagando tasas del 40% mensual.
-¿No se arrepiente de haber mostrado debilidad frente a las presiones de
Franja Morada y echar a los pocos días de haberlo designado como ministro de
Economía a López Murphy?
-No lo despedí, él se fue. Se quiso ir. No quiso seguir. Yo le dije: "¡Pero
cómo vas a renunciar ahora, esto es un desastre!". Lo acompañé a Chile a la
reunión del Bid sin saber que él ya había renunciado. En el viaje de vuelta
empiezo a recibir cables del levantamiento de los docentes, de los
universitarios y él dice: "No puedo seguir".
-Le renuncian todos, primero Alvarez, después López Murphy, ¿no habrá un
problema en usted y no en ellos?
-Son situaciones que se dan.
-A más de cinco años, ¿no piensa que era inevitable la salida de la
convertibilidad?
-Había que salir ordenadamente. Porque significó una rebaja del 50% del
salario, la caída del PBI, y fueron transferibles a los pobres y a los
asalariados los pasivos de las grandes empresas. Eso fue lo que hizo
Duhalde, no lo podía permitir.
-Menem dijo que en su lugar hubiera dolarizado como Ecuador. ¿Analizó esa
alternativa?
-No, eso dijo él cuando vino a las reuniones que yo hacía.
-¿Su presidencia marcó el fin del radicalismo?
-De ninguna manera, el radicalismo es un partido histórico y atraviesa un
mal momento por falta de dirigentes.
-¿Le gusta Lavagna como candidato del radicalismo?
-No voy a opinar sobre candidatos o candidaturas, sí debo decir que Lavagna
integró la Alianza, yo lo designé embajador ante los organismos
internacionales en Ginebra. Creo que es un hombre valioso para el país.
-¿Le gustó su gestión?
-Fue tranquilo, sereno ante situaciones muy difíciles. Después de Remes
Lenicov, puso calma y un poco de orden.
-O sea, votaría por él.
-No voy decir por quién.
-Olivera era el vice de su gobierno de la Ciudad y desde 2003 está con
Carrió, ¿lo siente como una traición?
-No. Le hablo a menudo para desearle suerte.
-¿Su decisión es correcta?
-Es una decisión política propia. Al integrar la fórmula con Telerman, que
está apoyada por el radicalismo de la Capital, el destino quiso juntar todo
de nuevo.
-¿Qué le parece la alianza de Telerman con Carrió?
-Fui partidario de las alianzas, las veo bien, son una actitud de
generosidad.
-Creo que va a votar por Telerman.
-No, no se crea...







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