[R-P] Caminos rurales. Nueva tecnología barata y criolla

Outabeiron outabeiron en arnet.com.ar
Lun Mayo 28 09:40:57 MDT 2007


Nueva capa de pavimento tan resistente y mucho más económica y efectiva 
que un enripiado.

La conjunción de varios institutos de investigación resuelve uno de los 
problemas mas acuciantes para el desarrollo de áreas periféricas.

Esperamos que pronto se pueda usar en todo el país.

Outa



Publicado en la ed. impresa: Ciencia/Salud
Lunes 28 de mayo de 2007
Noticias | Ciencia/Salud | Nota

Proyecto inconcluso

Un material convierte barro en asfalto

Lo desarrollaron investigadores del Conicet y del Ejército, pero ahora 
se quedaron sin sponsor


Las lluvias de marzo y abril hicieron que los tamberos de Santa Fe 
perdieran hasta el 30% de la producción lechera "en origen": los 
camiones se enterraban hasta los ejes en un barro como jabón y no podían 
llevársela a la usina.

Sin embargo, el problema que causan las arcillas sódicas de los caminos 
podría resolverse con unos hidrocarburos sulfonados que aplicados sobre 
la peor traza de tierra le confieren una dureza de asfalto. Y a menos de 
la mitad del costo de un enripiado, el acabado más barato en materia de 
mejoramiento vial.

Las experiencias "a campo" que prueban esta afirmación se hicieron en 
las localidades de Suardi, Santo Tomé (Santa Fe), Devoto (Córdoba) y 
Selva (Santiago del Estero), sobre un total de 16 tramos de camino de 
500 metros cada uno. Lamentablemente, este desarrollo conjunto entre la 
Secretaría de Estado de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva 
(Setcyp) y el Ejército Argentino se quedó sin sponsor porque fue 
abandonado por la institución castrense, junto con otros proyectos 
tecnológicos.

En 2003, los ocho kilómetros tratados se volvieron tan duros e 
impermeables a la lluvia que finalmente hubo que agregarles una capa 
superficial de pedregullo molido para dejarlos más rugosos. ¿Por qué? 
Porque cuando llovía, los neumáticos patinaban encima de la arcilla, que 
había quedado pulida y dura como una baldosa mojada.

Las pruebas comparativas permitían anticipar que tales mejoras 
soportarían los mismos seis años de tránsito y lluvia que un asfaltado 
cabal. Pero el costo del sulfonado con 5 centímetros de pedregullo 
añadido, a 22.000 y 25.000 pesos por kilómetro tratado, era la mitad del 
de un enripiado mucho menos duradero, tratamiento que en 2004 cotizaba a 
entre 32.000 y 53.000 pesos por kilómetro mejorado. En ese año, el 
hormigonado (seis veces más durable que el asfalto y el sulfonado, y 
fuera de alcance para casi todo productor particular) costaba 250.000 
pesos el kilómetro, diez veces más.

Caminos a medida

Las "sulfonas camineras" fueron desarrolladas a la medida de los 
productores más asediados por el barro y parecen adaptarse bien a seis 
distintas clases de suelos típicamente criollos. Con cambios de fórmula 
dirigidos a las distintas arcillas del resto del país, las sulfonas 
podrían haberse diversificado en una panoplia de productos específicos 
para otros ecosistemas problemáticos y emblemáticos, entre ellos la 
estepa patagónica.

Es que no hace falta un clima lluvioso para quedarse sin caminos. Las 
arcillas son moléculas cuya particularidad más perversa es que les 
alcanza con una simple llovizna de desierto para formar barrizales 
infranqueables y de larga vida. Y esto es notorio en Chubut y Santa 
Cruz, donde las arcillas blancas, que la gente llama "guadales", 
almacenan el agua caída durante semanas enteras, imposibilitándole 
evaporarse o infiltrarse.

Las arcillas de nuestros caminos, por su estructura molecular llena de 
recovecos, atrapan agua como esponjas, y entonces se hinchan hasta 
triplicar su volumen, generando barros fofos y de larga vida. Cuando 
finalmente se secan a dureza de adobe, quedan esculpidos profundos 
huellones donde el más robusto camión puede romper una punta de eje.

Trampas "anticamión"

La paradoja es que, semanas más tarde, estas trampas anticamión se 
desintegran en polvo volátil. El viento socava el camino y éste va 
quedando como enterrado en el relieve. Inevitablemente, al volverse una 
cubeta, acumulará aún más agua con la lluvia siguiente.

Las sulfonas son moléculas con una cabeza hidrofílica (que atrae el 
agua) seguida de una cadena hidrofóbica (que la rechaza), y rompen este 
círculo vicioso. Bloquean las arcillas en forma muy duradera, aumentando 
1,5 veces su volumen y dándoles estructura. Cuando llueve, las moléculas 
de agua no logran penetrar en los huecos moleculares de las arcillas: 
son rechazadas por las cadenas hidrofóbicas de las sulfonas. Pero 
además, las sulfonas "cierran" las moléculas de arcilla como un corcho 
una botella: tanto para la entrada como para la salida. Y lo de la 
salida importa, porque al deshidratarse totalmente, algunas arcillas se 
compactan a menos de la mitad de su volumen habitual.

Esto explica que un camino arcilloso tratado con sulfonas adquiera una 
considerable estabilidad. "No se entera" de la lluvia, de la seca o del 
viento.

La cantidad, calidad y diversidad de entidades involucradas en este 
desarrollo dan la pauta de que mucha gente apostó a que este proyecto 
llegara a buen puerto. Las pruebas a cielo abierto las realizaron el 
mencionado IESE y la Escuela Superior Técnica del Ejército (EST), 
mientras que del diseño molecular de las sulfonas se ocupaba el 
Laboratorio de Química Fina, formado por el Intec-Ceride- Conicet y 
Fundación Vintec. Todo esto se hizo bajo acuerdo de colaboración entre 
el Ejército Argentino y la Sectyp, firmado a fines 2001.

Si este proyecto se revitalizara, los productores de la mayor cuenca 
lechera del mundo, que es la del sur de Santa Fe, y tal vez también los 
bonaerenses y cordobeses, podrían mejorar mucho sus negocios.

Por Daniel Arias
Para LA NACION






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