[R-P] Reportaje a Pino Solanas
Alberto J. Franzoia
albertofranzoia en yahoo.com.ar
Sab Mayo 26 14:03:48 MDT 2007
Desde el campo nacional y popular se puede coincidir
en todo, en mucho o en parte con lo que sostiene Pino
Solanas como cineasta politizado, pero nadie puede
dudar que es uno de los grandes y más consecuentes
luchadores que tiene la intelectualidad más creativa
de nuestra Argentina. Pino siempre ha peleado por lo
mismo: por el desarrollo de la patria con justicia
social. Y lo ha hecho con talento. Pudiendo vivir en
Europa, por los vínculos que construyó durante su
exilio y seguramente mimado por la crítica por su
inagotable creatividad, eligió sin embargo quedarse
con los suyos y pelear. Nadie podrá decir que fue
condescendiente con la democracia alfonsinista, ni un
peronista claudicante durante la infame década
menemista, o luego con la nefasta Alianza conducida
por el "Chupete" conservador. Este último filme que
nos presenta, "Argentina Latente", es una muestra más
de la militancia sin agachadas de un creador salido de
las filas del pueblo.
Él mismo es un ejemplo concreto de lo que el filme nos
propone:"Argentina latente es una crónica de la
epopeya de la ciencia. Parecería ampuloso esto, pero
no lo es. La ciencia, la tecnología y las
investigaciones en la Argentina a lo largo de su
historia tuvieron más olvido que acompañamiento". Y es
que Fernando Pino Solanas no es un científico, pero
con su cámara investiga y crea, colabora con el
desarrollo de la Argentina, y sin embargo, nunca contó
con un gran apoyo del Estado nacional. Por eso, él
también ha ayudado desde el arte (como tantos otros) a
construir esta epopeya nacional, ya que nunca
perteneció al extrecho círculo de los mimados por el
poder.
Una consideración aparte y problema para un gran
debate nacional surge cuando Pino reflexiona sobre el
Estado. Ese tema que resulta crucial para saber qué
país queremos construir. Porque el problema no pasa
sólo por nacionalizar (que desde ya es un paso
adelante esencial)sino por definir quiénes controlan
ese Estado y a qué clases beneficia. Como sostenemos
con frecuencia: el Estado no es neutro, en toda
coyuntura tiene un contenido de clase.
Aquí van algunos aspectos de la visión siempre crítica
de Pino Solanas sobre nuestra realidad, volcados en un
reportaje periodístico.
Alberto J. Franzoia
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–Este film no focaliza tanto en la crisis sino más
bien en la recuperación y reconstrucción del país a
partir de las propias capacidades creativas.
¿Es una película acorde con un nuevo momento
histórico-político del país?
–Creo que el país está viviendo un momento de
recuperación económica. Eso sin duda. Es el cuarto año
que tiene más del 8 por ciento de crecimiento. Después
de la crisis espantosa que vivimos como fin de los
años ’90, se está en un plano de recuperación de la
macroeconomía. Que no es lo mismo que repartir la
riqueza, porque el modelo impositivo, que es altamente
regresivo, es el mismo de Menem. Pero la devaluación
hizo que surgiera como un resorte la recuperación
económica. Fue lo que aportaron los trabajadores que
soportando una devaluación de 3 a 1 cargaron esto
sobre sus espaldas, con salarios bajísimos. El milagro
de la recuperación industrial es éste. Pero Argentina
latente no es una película centrada
en el análisis político. No es el análisis de los años
’90 que fue Memoria del saqueo. Tampoco es una crónica
de las resistencias sociales como fue La dignidad de
los nadies. Argentina latente es una crónica de la
epopeya de la ciencia. Parecería ampuloso esto, pero
no lo es. La ciencia, la tecnología y las
investigaciones en la Argentina a lo largo de su
historia tuvieron más olvido que acompañamiento. Tan
es así que hay 50 mil profesionales y científicos
argentinos que trabajan en el extranjero. Eso es un
desastre, una verdadera tragedia. Son profesionales en
los que el país invirtió muchísimo dinero en su
formación. Piense que tuvimos al superministro Cavallo
que mandó a los científicos a lavar platos y que tenía
como modelo importar ciencia y tecnología. Eso es
decirle a la generación que nos sigue: “Muchachos y
chicas, hagan las valijas y vayan a estudiar y
trabajar a otra parte, porque
éste será un país sólo productor de materias primas”.
En definitiva, Argentina latente es una crónica de
esta epopeya silenciosa que libraron miles de
ingenieros, físicos, biólogos, técnicos, médicos, de
todas las especialidades. A pesar del maltrato y a
pesar de los olvidos, la ciencia en la Argentina se
siguió enriqueciendo.
–¿Cómo logró Argentina mantener esas potencialidades
técnicas y científicas que usted menciona en la
película, a pesar de las crisis?
–Es como una carrera de postas: de posta en posta. Uno
ve los modestos medios con que trabajaba Bernardo
Houssay, creador de la Escuela Fisiológica Argentina,
alguien que nunca quiso ir a estudiar afuera: Houssay
se formó en la Argentina. Era un estudioso de las
grandes escuelas de afuera y se sentía, de alguna
manera, heredero de la tradición del francés Claude
Bernard. Pero fueron defensores de la ciencia
argentina. En definitiva, la película rinde un
homenaje a tanta gente, a tanta invención. Así como
digo que es la epopeya de la invención, de la ciencia
y de la tecnología argentina (que son saberes
latentes) es, además, la crónica de una pasión. La
pasión es el gran tema también que está muy ligado con
lo argentino. La pasión es el fuego de toda la
juventud argentina. Y es lo que asombra al extranjero
cuando viene aquí. ¿Cómo es posible que haya ocho mil
o diez mil chicos que estudien cine? ¿Cómo es posible
que haya cinco mil
o diez mil que estudien teatro? ¿Y cuántas son las
bandas de rock que tiene este país? Hay todo un
movimiento espontáneo que surge de la necesidad de
expresarse, de la pasión de expresarse. Y eso se da
también en la ciencia.
–¿Estos hombres que dedican toda su vida a la
investigación científica y técnica son otra especie de
olvidados y de héroes cotidianos como los que
mencionaba en La dignidad de los nadies?
–Son los nadies de la ciencia. Es una cosa increíble:
pare a cualquiera y pregúntele quién fue Enrique
Gaviola. Nadie tiene la menor idea. Fue uno de los
mayores científicos que tuvo la Argentina en el siglo
XX. Se formó en la Escuela de Física Cuántica en
Alemania en los años ’20. Fue el iniciador, creador o
el alma de la Escuela de Físico-Matemática Argentina
que nació en La Plata. Sin ese núcleo no tendríamos
energía nuclear en la Argentina. Porque los discípulos
de Enrique Gaviola, que después fundó el Observatorio
Astronómico de Córdoba (un científico multifacético
extraordinario), son el núcleo de la física nuclear en
la Argentina. Uno de ellos es José Balseiro, quien
creó el Instituto de Física Superior que está en el
Centro Atómico Bariloche. Este instituto nació en el
’55, donde los alumnos más destacados de Física fueron
becados e ingresaron al Instituto, donde convivieron y
trabajaron con sus profesores en las investigaciones
de sus profesores. No hubieran aparecido los Jorge
Sabato, iniciador de la metalurgia, la ciencia de los
metales en la Argentina. Sin todo eso, ¿cómo se llega
a la industria aeronáutica? Pensemos que en el año ’50
Argentina fabrica el Pulqui II, un avión que compite
con el Sabre 86 norteamericano y el 1015 Soviético.
¡En el año ’50! La Argentina en el ’47 está
produciendo el primer reactor del Hemisferio Sur. En
la fábrica militar de aviones de Córdoba trabajaban 10
mil técnicos e ingenieros de todas las especialidades.
Todo eso desarrolla ciencia y tecnología. Igual pasó
con la energía nuclear. ¿Cómo es posible que Argentina
sea vanguardia en el mundo en construcción de
reactores de investigación científica con tecnología
propia? Es vanguardia en el mundo. Les ha ganado a las
principales empresas. Pero la desinformación del
argentino medio es espantosa.
–¿Cuánto incidió en el desconocimiento de la gente
sobre los recursos del país la ideología privatizadora
que hizo creer que Argentina ya no tenía nada?
–Por supuesto que todo fue un plan malintencionado.
Acá se ha hecho creer que no teníamos nada. Y el otro
mito que se ha instalado en el imaginario de la gente
es que somos pobres: “No nos queda nada, somos pobres,
hemos perdido todo y esto es irremediable. El destino
que tenemos es el de la pobreza y el sacrificio”. Eso
se lo debemos a tantas campañas mediáticas. No cabe
duda. En realidad, Argentina es uno de los países más
ricos del planeta. Lo repito: Argentina es uno de los
países más ricos del planeta. Es una de las regiones
alimentarias del planeta y es considerada la sexta
reserva de metales. Además, tiene una de las más
grandes plataformas marítimas. Tiene 200 kilómetros,
pero los nuevos tratados internacionales alargan la
frontera marítima a 900 kilómetros de la costa.
Estamos superdotados y, además, Argentina tiene una
interesante infraestructura científico-técnica.
Algunas cosas nos han quitado. Por ejemplo, la
privatización del acero, que fue una canallada. Antes
se fabricaban aceros especiales, los aceros Santa
Rosa. Ahora hay que importar esos aceros especiales.
Pero tenemos todas las capacidades, las capacidades
están.
–¿Este desconocimiento del que venimos hablando está
ligado también a la confusión que hay sobre la noción
de propiedad de los bienes? Porque siempre se habla de
propiedad del Estado y no de propiedad del pueblo.
–Bueno, es cierto. Ahí hay una gran confusión. Porque
acá se hizo creer que los bienes eran del Estado como
si el Estado fuera otro propietario o el
superpropietario. En realidad, toda la jurisprudencia
internacional clásica, la más sólida y seria dice lo
contrario: “Los bienes no son del Estado. Los bienes
son del pueblo”. Los bienes son de los ciudadanos de
un país que han venido contribuyendo a través de
generaciones con sus impuestos y con su trabajo a la
construcción de los tesoros y riquezas, y todo lo que
tiene lo que se llama Estado, lo que es público. Y
entonces, ¿qué es el Estado? El Estado es el
administrador. Yo digo algo muy simple: un país es
como un gran consorcio de copropietarios y el Estado
es el administrador del consorcio. Cada cuatro años
votamos y damos mandato para administrar el consorcio.
Pero el ciudadano no tiene conciencia de que él es un
copropietario y que le pertenece la treinta y ocho
millonésima parte de esta riqueza. Digamos, Argentina
necesita
una reforma institucional para afianzar los poderes en
el propietario del pueblo. Esos poderes significan la
posibilidad de revocar mandatos cuando los mandatarios
no cumplen. Cuando el administrador del consorcio no
cumple bien la tarea confiada por quienes le pagan,
¿qué hacen los inquilinos del edificio donde viven? Lo
echan.
Y bueno, hay que reforzar todas esas cosas para
reforzar la democracia, la transparencia. Entonces,
transformado el Estado en una propiedad de alguien que
la administra que es ajena del pueblo... bueno, lo
vendieron como quisieron y lo administran como
quieren.
Por Oscar Ranzani
Fuente: diario "Página 12"
Más información: www.pagina12.com.ar
Alberto J. Franzoia
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