[R-P] United Fruit: bananas, abogados y ametralladoras

Boletín Bambú bambuprensa en yahoo.com.mx
Dom Mayo 20 14:14:14 MDT 2007


UNITED FRUIT: BANANAS, ABOGADOS Y AMETRALLADORAS

Roberto Bardini
http://bambupress.wordpress.com/


Creada en 1899, la compañía bananera United Fruit se
estableció en pocos años en alrededor de una decena de
países del continente. Los pioneros del imperio del plátano
no fueron economistas, ni contadores, ni administradores de
empresa, ni –mucho menos– filántropos. Eran especuladores,
aventureros y buscavidas dispuestos a enriquecerse por
cualquier medio. 

En 1916, un diplomático estadounidense acreditado en
Honduras calificó a una empresa, que luego se unió a la
United Fruit, como “un estado dentro del estado”. Y aunque
cambió varias veces de nombre, siempre fue un poder detrás
del trono. Sobornó a políticos, financió invasiones,
promovió golpes de estado, quitó y colocó presidentes,
acabó a balazos con huelgas y respaldó a escuadrones de la
muerte.

En 1970, la United Fruit se fusionó con otra firma y pasó a
llamarse United Brands. En 1990 volvió a cambiar de nombre:
ahora es Chiquita Brands. Con 15 mil hectáreas en América
Latina y cerca de 14 mil trabajadores, sigue siendo un
gigante del negocio.

Actualmente, la banana es el segundo cultivo del mundo
después de la naranja. En los países pobres es el cuarto
alimento más accesible detrás del arroz, el trigo y el
maíz. En algunos países africanos, como Ruanda y Uganda, el
consumo de plátano por persona a veces llega a los 250
kilos por año.

“EL REY SIN CORONA DE CENTROAMÉRICA”

Antes de 1870 los estadounidenses nunca habían visto un
plátano. Pero ese año el ingeniero ferroviario Minor Cooper
Keith, nacido en Brooklyn y de sólo 23 años, exporta desde
Costa Rica las primeras bananas al puerto de Nueva Orleáns.
Tres décadas después, Estados Unidos consume
aproximadamente 16 millones de racimos al año. 

Minor C. Keith, nacido en 1848, el año en que Karl Marx
publicó El Capital, no se detiene ante las dificultades de
la época. Para el tendido de las vías que van de Puerto
Limón a San José, ha reclutado un primer cargamento de 700
ladrones y criminales de las cárceles de Louisiana; sólo
sobreviven 25 a las duras condiciones de junglas y
pantanos. El hombre de negocios no se amilana y lleva a dos
mil italianos. Al ver las condiciones de trabajo, casi
todos prefieren escapar a la selva. El empresario atrae
entonces a chinos y negros, al parecer más resistentes a
las enfermedades tropicales. En la instalación de los
primeros 40 kilómetros de rieles mueren cinco mil
trabajadores.

El emprendedor Keith se casa la hija del ex presidente José
María Castro Madriz, primer mandatario de la república.
Hace relaciones entre la provinciana alta sociedad
costarricense, soborna políticos, compra autoridades y
obtiene la concesión del flamante ferrocarril por 99 años.
Ahora sí puede dedicarse de lleno al negocio del plátano.

En 1899, busca socios y funda en Boston la United Fruit
Company, la compañía bananera más grande del mundo, con
plantaciones en Colombia, Costa Rica, Cuba, Honduras,
Jamaica, Nicaragua, Panamá y Santo Domingo. En poco tiempo
es dueño del diez por ciento del territorio costarricense y
conocido como “el rey sin corona de Centroamérica”. 

Además de los trenes de Costa Rica y la producción bananera
de América Central y el Caribe, Keith y sus socios
controlan los mercados municipales, los tranvías, la
electricidad y el agua, poseen 180 kilómetros de
ferrocarril que unen las plantaciones con los puertos y en
poco tiempo son dueños una línea marítima que lleva el
banano hacia los muelles de Estados Unidos y Europa. Ese
imperio naviero, creado en 1907 con cuatro barcos que
aumentaron a cien en 1930, existe hasta hoy y se llama Gran
Flota Blanca.

Minor Keith funda en 1911 la International Railroads of
Central America, que une sus líneas férreas con México y El
Salvador. Muere a los 81 años, en 1929, cuando se produce
el famoso “martes negro” de Wall Street que da origen a la
llamada Gran Depresión. El hombre que había llegado a Costa
Rica con una mano atrás y otra adelante, tenía una fortuna
de 30 millones de dólares que nunca se supo a dónde fue a
parar. 

“EL HOMBRE BANANA”

Samuel Smuri, hijo de un campesino judío de Besarabia
(Rusia), llega a Estados Unidos en 1892, a los 15 años. A
los 18, cambia su apellido por Zemurray y comienza a
comprar a bajo precio plátanos a punto de descomponerse en
los muelles de Nueva Orleáns, que luego vende rápidamente
en pueblos cercanos. A los 21, posee cien mil dólares en
una cuenta de banco. 

Sam Zemurray no tiene estudios y no logra hablar bien el
inglés, pero ya está listo para los grandes negocios. Se
casa con la hija de Jacob Weinberger, el vendedor de
bananas más importante de Nueva Orleáns, compra una empresa
naviera en bancarrota y en 1905 desembarca en Puerto Cortés
(Honduras). Allí adquiere otra compañía al borde de la
quiebra, la Cuyamel Fruit Company. 

En 1910 es dueño de seis mil hectáreas, pero está endeudado
con varios bancos estadounidenses. Entonces decide
apoderarse de todo el país a muy poco costo. Lo logra al
año siguiente.

Zemurray regresa a Nueva Orleáns y busca a Manuel Bonilla,
ex presidente hondureño exiliado, a quien convence de dar
un golpe de estado para recuperar el gobierno. Bonilla es
un ex carpintero, violinista y clarinetista que al calor de
las guerras civiles llegó de cabo a general. Zemurray
también entusiasma para participar en la aventura
centroamericana al “general” Lee Christmas, un soldado de
fortuna, y a su protegido Guy “Ametralladora” Molony, un
pistolero profesional.

En enero de 1911, los cuatro se embarcan junto con una
gavilla de corsarios rumbo a Honduras. Armados sólo con una
ametralladora pesada, una caja de rifles de repetición,
1.500 kilos de municiones y varias botellas de bourbon,
durante un año los mercenarios arrasan todo a su paso,
llegan a Tegucigalpa y el 1 de febrero de 1912 instalan a
Bonilla en el poder.

En 1911, el agradecido presidente otorga a Zemurray una
concesión libre de impuestos de diez mil hectáreas para
cultivar bananos durante 25 años. “El territorio controlado
por la Cuyamel es un estado en sí mismo”, informa el cónsul
estadounidense en Puerto Cortés en 1916. “Alberga a sus
empleados, cultiva plantaciones, opera ferrocarriles y
facilidades terminales, líneas de vapores, sistemas de
agua, plantas eléctricas, comisariatos, clubes”. 

En 1929, en medio de una gran crisis mundial, el
comerciante ruso vende la Cuyamel a la United Fruit a
cambio de 3oo mil acciones valuadas en 31 millones de
dólares, lo que le permite quedar como el principal
accionista individual. Para entonces al especulador ya se
le conoce como “el hombre banana”. 

Sam Zemurray ocupa altos puestos en la United Fruit Company
hasta 1957, incluyendo la presidencia. En 1961, a los 84
años, fallece víctima del mal de Parkinson. Es autor de una
frase que pasa a la historia centroamericana: “En Honduras
es más barato comprar un diputado que una mula”. 

LA MASACRE DE SANTA MARTA

En 1928 la United Fruit Company llevaba tres décadas en
Colombia y se beneficiaba de la falta de legislación
laboral. El 6 de diciembre de ese año, luego de casi un mes
de huelga, tres mil trabajadores de la empresa se reúnen en
los alrededores de la estación de trenes de Ciénaga, en el
departamento de Magdalena, al norte del país. Ha corrido el
rumor que el gobernador llegará para escuchar sus reclamos.
El funcionario nunca llega y a ellos los acribillan a
tiros.

A pedido de la compañía bananera, el ejército había rodeado
el lugar. El general al mando da cinco minutos para que la
multitud de disperse. Transcurrido ese plazo, ordena a la
tropa que dispare. Según el gobierno, murieron “nueve
revoltosos comunistas”.

Sin embargo, el 29 de diciembre de 1928 el cónsul
estadounidense en Santa Marta envía un telegrama a
Washington en el que indica entre 500 y 600 víctimas. En
enero del año siguiente, el diplomático informa que los
muertos son más de mil y menciona como fuente al
representante de la United Fruit en Bogotá. Los cadáveres
fueron llevados en trenes a la costa y arrojados al océano
Atlántico.

La empresa de ferrocarriles de la región es propiedad de la
firma británica Santa Marta Railway Company, pero la
mayoría de sus acciones pertenecen a la United Fruit.

“MI BANANA REPUBLIC”

El neoyorkino Minor Cooper Keith también desembarca en
Guatemala. En 1901, el dictador Manuel Estrada Cabrera
otorga a la United Fruit la exclusividad para transportar
el correo a Estados Unidos. Después, permite la creación de
la compañía de ferrocarril como una filial de la empresa
bananera. Luego le concede el control de todos los medios
de transporte y comunicaciones. Y como si esto fuera poco,
la propia firma se exime de pagar cualquier impuesto al
gobierno durante 99 años. 

Estrada Cabrera –personaje central de la novela El Señor
Presidente, de Miguel Ángel Asturias– se mantiene en el
poder 22 años, hasta que en 1920 el Congreso lo declara
“insano mentalmente”, pero la United Fruit continúa
manejando los hilos de la política. El 75 por ciento de la
tierra cultivable es propiedad de dos por ciento de la
población y, dentro de ese escandaloso porcentaje, la
United Fruit es la mayor poseedora. Para entonces, hacía
mucho tiempo que Keith se refería a Guatemala como “mi
banana republic”. A él deben agradecerle los
centroamericanos y caribeños la denominación.

En 1952, cuando el presidente Jacobo Arbenz intenta
realizar una cuidadosa reforma agraria en beneficio de cien
mil familias campesinas, la United Fruit sabe que se le
acabarán todos sus privilegios y se pone en marcha para
evitarlo. La solución está en Washington.

Uno de los accionistas de la firma es secretario de estado
del presidente Dwight Eisenhower: se trata de John Foster
Dulles, que también es abogado de Prescott Bush, abuelo del
presidente George W. Bush. Su hermano menor, Allen Dulles,
es el primer director civil de la CIA.

Con el pretexto del “peligro comunista” en Guatemala, los
hermanos Dulles le hacen el trabajo sucio a la United
Fruit. El 27 de junio de 1954, una fuerza militar
encabezada por el general Carlos Castillo Armas –que parte
de los campos bananeros de la empresa en Honduras– invade
el país. Pilotos estadounidenses bombardean la capital.
Arbenz es derrocado y se exilia en México. Doce mil
personas son arrestadas, se disuelven más de 500 sindicatos
y dos mil dirigentes gremiales abandonan el país.

Castillo Armas, formado en Fort Leavenworth (Kansas), es
“barato, obediente y burro”, según el escritor Eduardo
Galeano. Y asume la presidencia. Es el hombre que la United
Fruit necesita para seguir siendo “dueña de campos baldíos,
del ferrocarril, del teléfono, del telégrafo, de los
puertos, de los barcos y de muchos militares, políticos y
periodistas”.

La Chiquita Brands protagonizó su último escándalo en
Colombia, donde se comprobó que desde 1997 le pagaba a los
paramilitares por eliminar a dirigentes campesinos y
sindicalistas “molestos”. Se retiró del país en 2004 y a
comienzos de abril de este año fue multada con 25 millones
de dólares por una corte estadounidense, tras admitir que
pagó 1.7 millones de dólares a las Autodefensas Unidas de
Colombia (AUC) a cambio de seguridad.

La historia de la United Fruit-United Brands-Chiquita
Brands es casi interminable. Pero se puede resumir en una
frase de El Padrino, de Mario Puzo: “Una docena de hombres
con ametralladoras son nada frente a un solo abogado con
una billetera repleta”. A lo largo de 108 años, el imperio
bananero ha recurrido a los servicios de unos y otros.




Roberto Bardini
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