[R-P] PC, PCR, PST: La izquierda no armada en los años 70' en Argentina (1)

Pat H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mie Mayo 16 19:15:42 MDT 2007


Partido Comunista, Partido Comunista Revolucionario,
Partido Socialista de los Trabajadores

La izquierda no armada en los años 70’ en Argentina
(Parte I)

Daniel Campione (especial para ARGENPRESS.info) *
16/05/2007   

Es propósito de este artículo el presentar la
actuación de tres partidos políticos pertenecientes a
lo que puede genéricamente denominarse “izquierda no
armada” en Argentina, ocupándonos centralmente del
lapso transcurrido entre las elecciones de 1973 y los
primeros años de la dictadura militar establecida en
marzo de 1976. 

El desenvolvimiento de las tres organizaciones será
ubicado en el contexto de una nueva conformación de la
izquierda socialista y marxista en Argentina. Esa
evolución estuvo vinculada a la crisis que en el plano
mundial sufría el predicamento de la URSS, y sobre
todo a la existencia de experiencias revolucionarias
de nuevo signo, que abarcaban la nueva orientación
china, perceptible en el país desde comienzos de los
60’ y el creciente influjo de la visión de origen
“guevarista”, orientada a un proceso revolucionario
latinoamericano impulsado a partir de la lucha
guerrillera. El propio proceso local de resistencia
obrera posterior al derrocamiento de Perón en 1955,
alentaba enfoques renovadores. 

¿Qué significaba izquierda “no armada” en el contexto
de la época? Estos partidos poseían armas, impartían
algún tipo de instrucción militar al menos a algunos
de sus militantes y no excluían la perspectiva de una
confrontación armada en el corto o mediano plazo. (1)
Lo que los definía como “no armados” es que no
incluían acciones militares en su práctica política,
ni actuaban a través de algún tipo de “ejército
revolucionario”. Con diversos argumentos, todos
renegaban de la acción guerrillera que desenvolvían
organizaciones como el Ejército Revolucionario del
Pueblo (ERP) y Montoneros, a partir de fines de los 60
y principios de los setenta. Tendían a considerarla
alejada de las necesidades y prácticas reales del
movimiento obrero y popular, o más aún, de servir
objetivamente a los intereses de la derecha en cuánto
a desencadenar represión o políticas reaccionarias. 

Los aquí escogidos; el Partido Comunista (PC), el
Partido Comunista Revolucionario (PCR) y el Partido
Socialista de los Trabajadores (PST), pueden ser
considerados los más importantes entre los partidos
claramente orientados a la izquierda marxista en la
Argentina de los años 70’ que no desarrollaban
actividad guerrillera, por lo que hemos centrado la
atención en ellos, dejando de lado otras
organizaciones menores.

Examinaremos brevemente las posiciones y actuación de
estas organizaciones, tomando ciertos campos
fundamentales de análisis: El proceso electoral de
1973 y el subsiguiente acceso al poder del peronismo;
las organizaciones guerrilleras y su accionar, el
movimiento obrero y su radicalización en la etapa, el
viraje conservador y progresivo deterioro de ese
gobierno, y finalmente el golpe de Estado y la
entronización de la dictadura militar iniciada en
1976.

Los antecedentes 

Los años 60 fueron los de un proceso de radicalización
política que hallaba epicentro en los sectores de la
clase obrera con origen en la industrialización más
reciente, así como en grupos juveniles e
intelectuales, y dieron lugar a variados grupos de
izquierda, muchos de ellos surgidos con independencia
de la izquierda tradicional, comunista o socialista.

El ciclo abierto por el “Cordobazo”, una rebelión
obrera y popular acaecida en Córdoba en mayo de 1969,
entrañó una etapa signada por el ascenso de las luchas
obreras y populares y la radicalización ideológica,
que parecía entrañar el cumplimiento de las mejores
esperanzas de las agrupaciones de izquierda.

Una dictadura militar que había tenido el beneplácito
inicial del grueso de las fuerzas identificadas como
burguesas, se hallaba en trance de ser derrocada o
forzada a la retirada por repetidas rebeliones
populares (2) en las que la izquierda política y las
organizaciones sociales de orientación radical tendían
a jugar un rol centralmente protagónico. Un tiempo
después comienza a haber fuertes evidencias de que una
vertiente creciente del proceso de radicalización
podía desenvolverse en el interior del peronismo, y va
quedando impregnado por las ambigüedades sociales,
ideológicas y organizativas de esta fuerza. El
desarrollo de una izquierda peronista puede rastrearse
desde fines de los 50 y comienzos de los 60, a través
de las luchas obreras posteriores al derrocamiento de
Perón, la prédica de dirigentes como John William
Cooke, y experiencias guerrilleras, como Uturuncos. Lo
novedoso en los primeros 70 era que esas corrientes,
al comienzo minoritarias, se tornaran organizaciones
de masas, y acentuaran su radicalización. (3) Durante
mucho tiempo la izquierda marxista había previsto la
radicalización de las masas peronistas, pero
pensándola como la afluencia de los trabajadores de
esa procedencia a sus organizaciones. El proceso había
sido más complejo, ya que junto con los peronistas que
se “izquierdizaban” sin dejar de serlo, también había
agrupaciones marxistas que se “peronizaban”, como las
Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), que terminó
fusionándose con la peronista Montoneros. 

Al mismo tiempo, se producía otro fenómeno que estas
fuerzas no compartían. Nos referimos a la formación de
la guerrilla urbana, con manifestaciones de alta
repercusión desde fines de los años 60’, luego de un
período de “incubación” de varios años, en el que
fracasaron rápidamente tentativas de organizar “focos”
tanto rurales como urbanos.

A lo largo de los años sesenta, a los que ingresó como
“la principal fuerza en el campo de la izquierda
argentina” (4) el Partido Comunista sufrió sucesivas
escisiones, al mismo tiempo que afrontaba crecientes
cuestionamientos externos desde el campo denominado
“nueva izquierda”. En 1963 se alejaría el grupo de
intelectuales nucleado en torno a la revista Pasado y
Presente, del que formaban parte Oscar del Barco,
Héctor Schmucler y José Aricó, entre otros. Ese núcleo
se distinguía por su incorporación del pensamiento de
Antonio Gramsci, en la búsqueda de un paradigma
político-intelectual que permitiera pensar las nuevas
complejidades de un mundo en profundo cambio. Junto
con Gramsci tomaban cuenta de lo más reciente del
marxismo italiano y francés, y a pensadores relegados
por el comunismo oficial, como Mariátegui o Rosa
Luxemburgo. (5)

En 1967 se desencadena la ruptura, más numerosa, de la
corriente que dará origen al Partido Comunista
Revolucionario. Las diferentes disidencias tenían en
común el propósito de escapar de los rígidos límites
del marxismo de tipo soviético, y de la estrecha
tutela de una dirección partidaria inamovible (6).
También buscaban acercamientos con las nuevas
corrientes de izquierda, incluyendo las que se
desarrollaban dentro del peronismo. (7) 

El Partido Socialista de los Trabajadores era de nueva
data en su creación formal, pero entroncaba con una
corriente trotskista fundada en los años cuarenta, la
encabezada por Nahuel Moreno, (8) que había hecho de
las fusiones, refundaciones y cambios de
denominaciones una verdadera línea de conducta a lo
largo de décadas, buscando fusionarse con corrientes
del viejo Partido Socialista, mimetizarse en el
peronismo, o abrir sus horizontes dentro de la
izquierda radical. (9) En esa línea las más recientes
habían sido la fusión con el FRIP Frente
Revolucionario Indoamericano Popular (Frip), en 1965,
en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT)
(10), del que se escinden tres años después como PRT
“La Verdad”, hasta 1972. En ese último año se funda el
PST, a partir de un pacto del PRT “La Verdad” con una
de las múltiples agrupaciones a las que había dado
lugar la diáspora del otrora poderoso socialismo, para
unificarse con una fracción del Partido Socialista
Argentino. (11) La apertura electoral en desarrollo
era un objetivo del nuevo partido, que además apuntaba
a producir cierta identificación con el tradicional
Partido Socialista, corriente que pese a su dispersión
conservaba simpatías en los centros urbanos. 

El PST criticaba frecuentemente las políticas y las
prácticas concretas del PC, pero no definía su
identidad en relación con este. La diferenciación y el
ataque frente a las acciones guerrilleras parecían
ocupar un lugar mayor entre sus preocupaciones de la
época. Y en el movimiento obrero, la Juventud
Trabajadora Peronista (JTP) o el PRT le suscitaban
atención. Además, las críticas se alternaban con
llamados a la unidad, y al entendimiento entre ambas
organizaciones. “Compañeros comunistas: Hagamos la
unidad clasista, antiburocrática y socialista” (12). 

El PCR había nacido en 1967-1968, bajo el signo de los
movimientos de liberación nacional, la revolución
cubana, el enfrentamiento sino-soviético y la guerra
de Vietnam. Se fundó a partir de una corriente
disidente del PC, inicialmente influida por el
“guevarismo”, que en 1968 se constituye en Partido
Comunista Revolucionario. La perspectiva maoísta la
adopta en 1972, tras un viaje a China de algunos
dirigentes. El PCR encuentra en el maoísmo una base
teórica para fundamentar la discrepancia con el rumbo
soviético y con las políticas derivadas de la
“coexistencia pacífica” kruscheviana que desarrollaba
el PC de Argentina. A partir de allí pasa a analizar
la realidad local como un escenario de confrontación
entre el imperialismo norteamericano y el
“socialimperialismo” soviético. (13) 

El PCR se autoproclamaba el comunismo “verdadero”, en
reemplazo del reformismo revisionista de un PC al que
se pensaba como brazo político e incluso económico del
“imperialismo soviético”. Por lo demás, las
diferencias teóricas y doctrinarias con el viejo
partido eran menos profundas que con la tradición
trotskista. Por ejemplo, el PCR postulaba una
revolución similar a la imaginada por el PC,
“democrática, agraria y antiimperialista”. Eran los
posicionamientos internacionales, pero sobre todo los
efectuados frente a la coyuntura nacional, los que
colaboraban en que los comunistas revolucionarios se
diferenciaran. El PCR aunó ambos aspectos, al lanzarse
a una interpretación de la realidad nacional en la que
el “socialimperialismo” soviético jugaba un rol
preponderante. (14)

Notas:
1) Incluso el PC, el más reticente a la lucha armada
en esta etapa, desarrollaba instrucción guerrillera en
los años 60. Cf. Rot (2006, pp. 15 y ss.)
2) Las principales ciudades argentinas, con la
paradójica excepción de Buenos Aires y su entorno,
fueron escenario de levantamientos populares, que se
reprodujeron en centros urbanos medianos y aun
pequeños, durante el lapso 1969-1972. Se los llamó
“azos”, y así hubo, además del famoso “cordobazo”;
“rosariazo”, “mendozazo”, “tucumanazo”, “rocazo”,
“riojanazo”, “choconazo”, y un largo etcétera
3) Puede verse, entre otros títulos, Mazzeo (1999) y
Salas (2004)
4) Tortti (1999, p. 223)
5) Un relato y análisis circunstanciado de parte de
este proceso se encuentra en Burgos (2004)
6) Si tomamos a seis de los principales dirigentes del
PC en esos años, tres ocupaban cargos de conducción
desde los primeros años veinte: Victorio Codovilla y
los hermanos Rodolfo y Orestes Ghioldi. El secretario
general, Gerónimo Arnedo Alvarez, lo era desde 1938.
Rubens Iscaro y Fernando Nadra habían alcanzado altos
niveles de dirección ya en la década de los cuarenta. 
7) Cf. Tortti (1999, p. 231).
8) Ese era el seudónimo de Hugo Bressano (1924-1987),
dirigente del trotskismo argentino una de cuyas
corrientes condujo desde 1943 hasta su muerte. Se
encuentra vasta información sobre su trayectoria en
González (1999).
9) Poco después de 1950, el original Grupo Obrero
Marxista (GOM), primera formación liderada por Moreno,
transformado luego en Partido Obrero de la Revolución
Socialista, se fusiona con un sector del tradicional
Partido Socialista, encabezado por Enrique Dickmann,
para fundar el Partido Socialista de la Revolución
Nacional. Caído Perón, los partidarios de Moreno se
reagrupan como Palabra Obrera, que a mediados de los
60 se fusiona con el Frente Revolucionario
Indoamericano Popular (FRIP), encabezado por Roberto
Santucho, para formar el Partido Revolucionario de los
Trabajadores. Unos años después se rompe ese partido,
y la fracción de Moreno integra el PRT La Verdad (por
el nombre de su periódico). En 1972 se funden con un
sector del Partido Socialista Argentino, para pasar a
denominarse al poco tiempo Partido Socialista de los
Trabajadores (PST).
10) El Frip fue creado en la provincia de Tucumán,
centro de la producción azucarera, con inspiración en
Mariátegui y un contenido indigenista (algunas de sus
publicaciones aparecían en quichua y en español). Un
relato y análisis del proceso que llevó a la
unificación y después a la ruptura del PRT, se
encuentra en Weisz (2006, p. 37 y ss)
11) Después de 1955 el socialismo se había dividido en
dos agrupaciones: Partido Socialista Democrático y
Partido Socialista Argentino. De este último se separó
el Partido Socialista de Vanguardia, una parte del
cual pasó a ser Vanguardia Comunista, de orientación
maoísta. A la altura de 1972, lo que quedaba del
socialismo argentino se había separado en dos
secretarías, una de las cuales ejercía Juan Carlos
Coral.
12) Avanzada Socialista, Año II, N° 78, 3/10/73, p. 6.
13) En un relato de la inserción en el maoísmo, el
principal dirigente del PCR, Otto Vargas, comienza por
afirmar “Nosotros éramos guevaristas...”, para luego
narrar la decepción con Cuba por su apoyo a la URSS a
partir de 1968 y la adopción del maoísmo: “Nosotros
vinimos de China con la teoría del socialimperialismo
de Mao: la URSS se había transformado en una potencia
social imperialista (...) y estábamos en claro de que
en la Argentina este imperialismo tenía mucha fuerza.
Cuando nosotros rompimos con el PC se sabía que su
aparato económico era el 5° grupo financiero de la
Argentina.” Mariano Andrade (2005, pp.45- 46)
14) Cabe señalar que esta obsesión con la influencia
soviética no era un resultado automático de la
orientación maoísta: La otra fuerza de esa filiación,
Vanguardia Comunista, no proveniente del PC por otra
parte, hacía mucho menos hincapié que el PCR en el
“socialimperialismo” y la necesidad de combatirla.
 


   
  "Ajenos y lejanos, en mi mente habitamos un único espacio, en el que sin censura, nos hacemos amantes de las caricias que no nos damos, de los labios que no probamos, de los aromas que no respiramos, del encuentro que no sucede, sino a escondidas de lo humano." 





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