[R-P] [redial_s_bolivar] Fidel Castro: Lo que aprendimos del VI Encuentro Hemisférico de La Habana

Pat H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mar Mayo 15 14:49:20 MDT 2007


Lo que aprendimos del VI Encuentro Hemisférico de La
Habana 

Fidel Castro Ruz
Cubadebate

María Luisa Mendonça trajo al Encuentro de La Habana
el impactante documental sobre el corte manual de caña
en Brasil. 
En una síntesis que elaboré, como en la reflexión
anterior, con párrafos y frases del original, la
esencia de lo que María Luisa expresó fue lo
siguiente:
Sabemos que la mayoría de las guerras en las últimas
décadas tienen como el factor central el control de
fuentes de energía. El consumo de energía es
garantizado a sectores privilegiados, tanto en los
países centrales como en países periféricos, mientras
la mayoría de la población mundial no tiene acceso a
los servicios básicos. El consumo per cápita de
energía en Estados Unidos es de 13 000 kilowatts,
mientras el promedio mundial es de 2 429 y en América
Latina el promedio es de 1 601. 
El monopolio privado de fuentes de energía es
garantizado por cláusulas en Acuerdos de Libre
Comercio bilaterales o multilaterales.
El papel de los países periféricos es producir energía
barata para los países ricos centrales, lo que
representa una nueva fase de la colonización. 
Es necesario desmitificar la propaganda sobre los
supuestos beneficios de los agrocombustibles. En el
caso del etanol, el cultivo y procesamiento de la caña
de azúcar contamina los suelos y las fuentes de agua
potable, porque utiliza una gran cantidad de productos
químicos. 
El proceso de destilación del etanol produce un
residuo que se llama vinaza. Por cada litro de etanol
producido, son generados de 10 a 13 litros de vinaza.
Una parte de este residuo puede ser utilizado como
fertilizante, pero la mayor parte contamina ríos y
fuentes de aguas subterráneas. Si Brasil produce 17
000 ó 18 000 millones de litros de etanol por año, eso
significa que por lo menos 170 000 millones de litros
de vinaza se depositan en las regiones de los
cañaverales. Imaginen el impacto en el medio ambiente.
La quema de la caña de azúcar, que sirve para
facilitar la cosecha, destruye gran parte de los
microorganismos del suelo, contamina el aire y causa
muchas enfermedades respiratorias. 
El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de
Brasil decreta casi todos los años en São Paulo —que
representa el 60% de la producción de etanol en
Brasil— una situación de emergencia, porque las quemas
han llevado la humedad del aire a niveles
extremadamente bajos, entre 13% y 15%. Es imposible
respirar en ese período en la región de São Paulo
donde se cosecha la caña.
La expansión de la producción de agroenergía, como
sabemos, es de gran interés para empresas de
organismos genéticamente modificados o transgénicos,
como Monsanto, Syngenta, Dupont, Bass y Bayer.
En el caso de Brasil, la empresa Votorantim ha
desarrollado tecnologías para la producción de una
caña transgénica, que no es comestible, y sabemos que
muchas empresas están desarrollando este mismo tipo de
tecnología, y como no hay medios para evitar la
contaminación de los transgénicos en los campos de
cultivos nativos, esta práctica pone en riesgo la
producción de alimentos.
Con relación a la desnacionalización del territorio
brasileño, grandes empresas han adquirido ingenios de
caña en Brasil: Bunge, Novo Group, ADM, Dreyfus,
además de los megaempresarios George Soros y Bill
Gates.
Como consecuencia de esto, sabemos que la expansión de
la producción de etanol ha generado la expulsión de
campesinos de sus tierras y ha creado una situación de
dependencia de lo que llamamos la economía de la caña,
porque no es que la industria de la caña genere
empleos, es lo contrario, genera desempleo, porque esa
industria controla el territorio. Eso significa que no
hay espacios para otros sectores productivos. 
Al mismo tiempo, tenemos la propaganda de la
eficiencia de esta industria. Sabemos que se basa en
la explotación de una mano de obra barata y esclava.
Los trabajadores son remunerados por cantidad de caña
cortada y no por horas trabajadas.
En el estado de São Paulo, que es donde está la
industria más moderna —moderna entre comillas por
supuesto— y es el mayor productor del país, la meta de
cada trabajador es cortar entre 10 y 15 toneladas de
caña por día.
Un profesor de la universidad de Campinas, Pedro
Ramos, hizo estos cálculos: en los años ochenta los
trabajadores cortaban alrededor de 4 toneladas por día
y sacaban el equivalente a más o menos 5 dólares.
Actualmente, para sacar 3 dólares por día, es
necesario cortar 15 toneladas de caña.
El propio Ministerio del Trabajo en Brasil hizo un
estudio en el que dice que antes 100 metros cuadrados
de caña sumaban 10 toneladas; hoy, con la caña
transgénica, es necesario cortar 300 metros cuadrados
para alcanzar 10 toneladas. Entonces, los trabajadores
tienen que trabajar tres veces más para cortar 10
toneladas. Este patrón de explotación ha causado
serios problemas de salud y hasta la muerte a
trabajadores. 
Una investigadora del Ministerio del Trabajo en São
Paulo dice que el azúcar y el etanol de Brasil están
bañados de sangre, sudor y muerte. El Ministerio del
Trabajo en São Paulo, en el año 2005, ha registrado
450 muertes de trabajadores por otras causas, como
asesinatos y accidentes ?porque el transporte hacia
los ingenios es muy precario? y también a consecuencia
de enfermedades como paros cardiacos y cáncer.
Según María Cristina Gonzaga, que hizo la pesquisa,
esta investigación del Ministerio del Trabajo muestra
que en los últimos cinco años 1 383 trabajadores de la
caña han muerto solamente en el estado de São Paulo.
El trabajo esclavo también es común en este sector.
Los trabajadores son generalmente migrantes del
nordeste o de Minas Gerais, que son seducidos por
intermediarios. Normalmente el contrato no es
directamente con la empresa, sino a través de
intermediarios, que en Brasil los llamamos “gatos”,
que seleccionan mano de obra para los ingenios.
En el 2006, la Fiscalía del Ministerio Público
inspeccionó 74 ingenios, solamente en São Paulo, y
todos fueron procesados. 
Solo en marzo de 2007, los fiscales del Ministerio del
Trabajo rescataron 288 trabajadores en situación de
esclavitud en São Paulo.
Ese mismo mes, en el estado de Mato Grosso se
rescataron 409 trabajadores en un ingenio que produce
etanol; entre ellos había un grupo de 150 indígenas.
En esa área del centro del país, en Mato Grosso, hay
esta característica de utilizar indígenas en el
trabajo esclavo de la caña.
Todos los años cientos de trabajadores sufren
condiciones semejantes en los cañaverales. ¿Cómo son
estas condiciones? Trabajan sin un registro formal,
sin equipos de protección, sin agua o alimentación
adecuada, sin acceso a baños y con viviendas muy
precarias; además, tienen que pagar por vivienda, por
comida, que es muy cara, y necesitan pagar por
instrumentos como botas y machetes y, por supuesto, en
caso de accidentes de trabajo, que son muchísimos, no
reciben el tratamiento adecuado.
Para nosotros, la cuestión central es eliminar el
latifundio, porque detrás de esta imagen moderna hay
un problema central, que es el latifundio en Brasil y,
por supuesto, en otros países de América Latina.
También es necesaria una política seria de producción
de alimentos.
Con esto quería presentar un documental que hicimos en
el estado de Pernambuco con trabajadores de la caña,
que es una de las regiones donde más se produce la
caña de azúcar, y así ustedes van a ver realmente cómo
son las condiciones. 
Este documental fue hecho con la Comisión Pastoral de
la Tierra en Brasil y con sindicatos de trabajadores
forestales del estado de Pernambuco.
Así concluye su intervención la destacada y aplaudida
dirigente brasileña.
A continuación expongo las opiniones de los cortadores
de caña, contenidas en el material fílmico entregado
por María Luisa. Cuando en el documental no aparecen
identificadas las personas, se indica su condición de
hombre, mujer o joven. No las incluyo todas por su
extensión.
Severino Francisco da Silva.- Cuando tenía 8 años, mi
padre se mudó al ingenio del Junco. Y cuando llegué,
yo estaba por cumplir 9, mi padre empezó a trabajar, y
yo ataba la caña con él. Trabajé unos 14 ó 15 años en
el ingenio del Junco.
Una mujer.- Hace 36 años que vivo aquí en este
ingenio. Me casé aquí y tuve 11 hijos.
Un hombre.- Hace muchos años que trabajo en el corte
de la caña, no sé ni contar.
Un hombre.- Empecé a trabajar con 7 años y mi vida es
cortar caña y desmalezar.
Un joven.- Nací aquí, tengo 23 años, desde los 9 años
corto caña.
Una mujer.- Trabajé 13 años aquí en la Planta Salgado.
Yo sembraba caña, sembraba fertilizante, limpiaba
caña, hierba.
Severina Conceição.- Todos estos trabajos del campo yo
los sé hacer: sembrar fertilizante, sembrar caña.
Hacía de todo con el bombo de este tamaño (se refiere
al embarazo) y el canasto al costado, y seguía
trabajando.
Un hombre.- Trabajo, todos los trabajos son difíciles,
pero la cosecha de la caña es el peor que hay en
Brasil.
Edleuza.- Llego a casa y voy a lavar los platos, a
arreglar la casa, cuidar del servicio doméstico, hacer
las cosas. Cortaba caña, y a veces llegaba a casa y no
podía ni lavar los platos, estaba con las manos
lastimadas, llenas de callos.
Adriano Silva.- El problema es que el administrador
exige mucho en el trabajo. Hay días que uno corta caña
y cobra, pero hay días que no cobra nada. A veces
alcanza y a veces no.
Misael.- La situación aquí es perversa, el
administrador quiere disminuir el peso de la caña.
Dijo que lo que nosotros cortemos aquí es lo que
tenemos y se acabó. Estamos trabajando como esclavos,
¿entiende? ¡De esta manera no es posible!
Marcos.- El trabajo de la cosecha de la caña es un
trabajo esclavo, es un trabajo difícil. Salimos a las
3:00 de la mañana, llegamos a las 8:00 de la noche. Es
bueno solamente para el patrón, porque cada día que
pasa él gana más y el trabajador pierde, disminuyendo
la producción, y queda todo para el patrón.
Un hombre.- A veces dormimos sin bañarnos, no hay
agua, nos bañamos en un arroyito que pasa por ahí
abajo.
Un joven.- Aquí no hay leña para cocinar, cada uno, si
quiere comer, tiene que salir a conseguirse leña.
Un hombre.- El almuerzo es lo que uno trae de casa,
trae una comida, come así no más, en ese sol, va
tirando para adelante como puede en la vida.
Un joven.- Quien trabaja mucho necesita tener una
alimentación suficiente. Mientras que el dueño de la
planta azucarera está en la regalía, tiene de lo bueno
y de lo mejor, nosotros aquí sufriendo.
Una mujer.- Pasé mucha hambre. Fui a dormir muchas
noches con hambre, a veces no tenía nada para comer,
ni para darle a mi hija; algunas veces yo buscaba sal,
que era lo más fácil de encontrar.
Egidio Pereira.- La persona tiene dos o tres hijos, y
si no se cuida, se muere de hambre; no alcanza para
vivir.
Ivete Cavalcante.- Aquí no existe sueldo, hay que
limpiar una tonelada de caña por ocho reales; se gana
lo que se logra cortar: si se corta una tonelada, se
gana ocho reales, no hay sueldo fijo. 
Una mujer.- ¿Sueldo? Yo no sé nada de eso. 
Reginaldo Souza.- A veces ellos pagan en dinero. En
esta época ellos están pagando en dinero; ahora, en el
invierno pagan todo con vale.
Una mujer.- El vale, uno trabaja, él anota todo en un
papel, se lo pasa a la persona para que compre en el
mercado. La persona no ve el dinero que gana.
José Luiz.- El administrador hace lo que quiere con
las personas. Lo que está ocurriendo es que llamé para
“sacar la media” de la caña, no quiso. Es decir: en
este caso, él está obligando a la persona a trabajar a
la fuerza. De esta manera la persona trabaja gratis
para la empresa. 
Clovis da Silva.- ¡Eso nos mata! Uno se pasa medio día
cortando caña, piensa que va a conseguir algún dinero,
y cuando él va a medir, nos enteramos de que el
trabajo no valió nada. 
Natanael.- El camión de llevar ganado aquí lleva
trabajadores, es peor que con el caballo del dueño;
porque cuando el dueño coloca su caballo en el camión,
él le pone agua, le pone aserrín en el piso para que
el caballo no se arruine los cascos, pone pasto, una
persona para acompañarlo; y los trabajadores, que se
las arreglen: entró, cerró la puerta y se acabó. Ellos
tratan a los trabajadores como si fueran animales. El
“Pro-Álcool” no ayuda a los trabajadores, solamente
ayuda a los proveedores de caña, ayuda a los patrones
y los enriquece cada vez más; porque si generara
empleo para los trabajadores, para nosotros sería
fundamental, pero no genera empleos.
José Loureno.- Ellos tienen todo ese poder porque en
la Cámara, estadual o federal, tienen un político que
representa a esas plantas azucareras. Hay dueños que
son diputados, ministros, parientes de señores de
ingenio, que facilitan esa situación para los dueños y
para los señores de ingenio. 
Un hombre.- Nuestra lucha parece que no para nunca. No
tenemos vacaciones, aguinaldo, queda todo perdido.
Además, un cuarto de sueldo, que es obligación, no lo
recibimos, es con lo que compramos una ropa a fin de
año y una ropa para los hijos. Ellos no nos entregan
nada de eso, y vemos que la situación se pone cada día
más difícil.
Una mujer.- Yo soy trabajadora registrada, y jamás
tuve derecho a nada, ni certificado médico. Cuando
quedamos embarazadas, tenemos derecho a certificado
médico, pero yo no tuve ese derecho, garantía de
familia; tampoco tuve aguinaldo, siempre recibía
alguna cosita, después no recibí más. 
Un hombre.- Hace unos 12 años que él no paga ni
aguinaldo ni vacaciones. 
Un hombre.- No puedes enfermarte, trabajas día y noche
arriba del camión, en el corte de la caña, de
madrugada. Yo perdí mi salud, yo era fuerte.
Reinaldo.- Un día yo estaba con unas zapatillas en los
pies; cuando di un golpe de machete para cortar la
caña, me dio en el dedo, me cortó, terminé el trabajo
y me vine para casa.
Un joven.- Botas no hay, se trabaja así, muchos
trabajan descalzos, no hay condiciones. Dijeron que la
planta azucarera iba a donar botas. Hace una semana
que él se cortó el pie (señala) porque no hay botas.
Un joven.- Yo estaba enfermo, pasé tres días enfermo,
no cobré, no me pagaron nada. Fui al médico, pedí
certificado y no me lo dieron.
Un joven.- Hubo un muchacho que llegó de “Macugi”.
Estaba trabajando, en medio del trabajo empezó a
sentirse muy mal, tuvo que vomitar. El esfuerzo es
grande, el sol es muy caliente y la gente no es de
hierro, el cuerpo del ser humano no resiste.
Valdemar.- Trae muchas enfermedades ese veneno que
utilizamos (se refiere a los herbicidas). Causa varios
tipos de enfermedad: cáncer de piel, en los huesos, va
entrando en la sangre y daña la salud. Uno siente
náuseas, llega hasta caerse.
Un hombre.- En el período entre las cosechas
prácticamente no hay trabajo. 
Un hombre.- El trabajo que el patrón te manda a hacer
se tiene que hacer; porque ustedes saben, si no lo
hacemos… Nosotros no mandamos; quienes mandan son
ellos. Si te dan una tarea, hay que hacerla.
Un hombre.- Estoy aquí esperando que un día pueda
tener un pedacito de tierra para terminar mi vida así
en el campo, para que yo pueda llenarme la barriga y
la barriga de mis hijos y de mis nietos, que viven
aquí conmigo. 
¿Será que hay algo más? 
Fin del documental.
Nadie más agradecido que yo por este testimonio y la
presentación de María Luisa, cuya síntesis acabo de
elaborar. Me conducen a los recuerdos de los primeros
años de mi vida, una edad en que los seres humanos
suelen ser sumamente activos.
Nací en un latifundio cañero, de propiedad privada,
rodeado al norte, el este y el oeste por grandes
extensiones de tierra propiedad de tres
transnacionales norteamericanas que, en conjunto,
poseían más de 250 mil hectáreas de tierra. El corte
era manual, en caña verde, no se usaban entonces
herbicidas, ni siquiera fertilizantes. Una plantación
podía durar más de 15 años. La mano de obra era tan
barata que las transnacionales ganaban mucho dinero. 
El propietario de la finca cañera en que nací era un
inmigrante de origen gallego y familia campesina
pobre, prácticamente analfabeto, a quien primero
trajeron como soldado en lugar de un rico que pagó por
eludir el servicio militar y al final de la guerra lo
repatriaron a Galicia. Volvió a Cuba por su cuenta,
como lo hizo un incontable número de gallegos que
viajó hacia países de América Latina. Trabajó como
peón de una importante transnacional, la United Fruit
Company. Tenía cualidades como organizador, reclutó un
número elevado de jornaleros como él, se hizo
contratista y compró finalmente tierras en la zona
colindante al sur de la gran empresa norteamericana
con la plusvalía acumulada. La población cubana en la
región oriental, de tradición independentista, había
crecido notablemente y carecía de tierra; pero el peso
principal de la agricultura oriental, a principios del
pasado siglo, caía sobre esclavos liberados pocos años
antes o descendientes de los antiguos esclavos y sobre
los inmigrantes procedentes de Haití. Los haitianos no
tenían familia. Vivían solos en sus míseras viviendas
de guano y tablas de palma, agrupados en caseríos, con
la presencia de solo dos o tres mujeres entre ellos.
Durante los breves meses de zafra se abrían las lides
de gallos. Allí jugaban los haitianos sus míseros
ingresos, y el resto lo utilizaban para la compra de
alimentos, que pasaban por muchos intermediarios y
eran caros.
El propietario de origen gallego vivía allí, en la
finca cañera. Salía solo a recorrer las plantaciones y
hablaba con todo el que lo solicitaba o deseaba algo.
Muchas veces accedía a las solicitudes, por razones
más humanitarias que económicas. Podía tomar
decisiones.
Los administradores de las plantaciones de la United
Fruit Company eran norteamericanos cuidadosamente
seleccionados y bien remunerados. Vivían con sus
familias en regias mansiones, en lugares escogidos.
Eran como dioses distantes, que los hambrientos
trabajadores mencionaban con respeto. No se les veía
nunca en los cortes, donde actuaban los subordinados
suyos. Los dueños de las acciones de las grandes
transnacionales vivían en Estados Unidos o en
cualquier parte del mundo. Los gastos de las
plantaciones estaban presupuestados y nadie podía
elevarlos un centavo.
Conozco muy bien la familia del segundo matrimonio del
inmigrante de origen gallego con una joven campesina
cubana muy pobre que, como él, no pudo asistir a una
escuela. Era muy abnegada y sumamente consagrada a la
familia y a las actividades económicas de la
plantación. 
Los que en el exterior lean estas reflexiones por
Internet se sorprenderán al conocer que ese
propietario era mi padre. Soy el tercer hijo de los
siete de ese matrimonio, que nacimos en la habitación
de una casa de campo, muy lejos de cualquier hospital,
asistidos por la misma partera, una campesina dedicada
en cuerpo y alma a su tarea, que solo contaba con sus
conocimientos prácticos. Aquellas tierras fueron todas
entregadas al pueblo por la Revolución.
Solo me resta añadir que apoyamos totalmente el
decreto de nacionalización de la patente a una
transnacional farmacéutica para la producción y
comercialización en Brasil de un medicamento contra el
SIDA, el Efavirenz, de precio abusivamente alto "igual
que otros muchos", así como también la reciente
solución mutuamente satisfactoria del diferendo con
Bolivia sobre las dos refinerías de petróleo. 
Reitero que sentimos profundo respeto por el hermano
pueblo de Brasil.
Fidel Castro Ruz 
14 de mayo del 2007 
Fuente:
http://www.cubadebate.cu/index.php?tpl=design/especiales.tpl.html&newsid_obj_id=9175


   
  "Ajenos y lejanos, en mi mente habitamos un único espacio, en el que sin censura, nos hacemos amantes de las caricias que no nos damos, de los labios que no probamos, de los aromas que no respiramos, del encuentro que no sucede, sino a escondidas de lo humano." 





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