[R-P] [redial_s_bolivar] ¿Qué diablos de fé es la nuestra? Frei Betto
Pat H.A.
desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Sab Mayo 12 11:51:59 MDT 2007
¿Qué diablo de fe es la nuestra?
Frei Betto
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En tiempos de visita papal, es conveniente huir un
poco del shownalismo (como es llamado el periodismo
que hace de la noticia espectáculo) y hablar de lo
esencial: la fe. A veces me pregunto si la humanidad
ha avanzado mismo. En los primeros tiempos, enseña
Fustel de Coulanges, cada familia rendía culto a sus
dioses domésticos. Nadie envidiaba el dios del vecino
ni tenía la pretensión de imponer a él el dios de sus
creencias. A menos que la hija fuera a casarse con el
hijo del vecino. En ese caso, ella se vía obligada a
renegar de sus dioses familiares y adherir de todo
corazón a los dioses que rendía culto la familia del
marido –quien ejercía también la función de
sacerdote-.
Como dice don Apolônio, mi mecánico, con quien
converso esas cosas mientras le veo limpiar el
carburador, “el pueblo antiguo no tenía fe, tenía
muchas fe”. Mi abuela era más contundente al ver mi
pereza para levantarme temprano el domingo para ir a
misa: “¿Qué diablo de fe es la suya?”
La cosa comenzó a complicarse cuando el politeísmo se
vio conminado por la contrarreforma monoteísta
ocurrida en Egipto a partir de 1.400 años antes de la
era cristiana, gracias al faraón Akhenaton y al
rebelde hebreo Moisés. La antigua y tradicional
democracia divina, con cada dios satisfecho con su
respectiva cuota de poder, terminó desbancada por el
monopolio de la fe. Nació entonces una división que
jamás la humanidad había conocido antes: de un lado,
los fieles, de otro, los idólatras, que según los
primeros creían en falsos dioses.
La humanidad todavía no había conocido el fenómeno del
ateísmo. Esa fue la primera reacción fundamentalista
registrada por la historia: el dios de una nación,
además de ser el principal, es promovido también a ser
el único. Por lo tanto, la creencia en uno decreta el
descreimiento y el descrédito de todos los demás
dioses. Sólo la única y verdadera fe permite el acceso
al único y verdadero Dios.
De ahí nació la distinción entre lo verdadero y lo
falso. Y en nombre de lo verdadero, la religión pasó a
recurrir a la violencia, lo que parece una antinomia.
¿Pero quien piensa en ello cuando se encuentra imbuido
de que debe imponer a los demás la verdad, aunque a
hierro y fuego? Sobre todo cuando se está convencido
de que autoridad y verdad es más que una rima. (De
hecho, es una tragedia).
La modernidad vino a salvar a la religión de su
presunción de ser la única depositaria de la verdad.
Hoy, creemos mucho más en la verdad científica,
empírica y matemáticamente comprobada, que en las
verdades religiosas. ¿Quién duda de la existencia de
un trío de quarks en la intimidad del átomo, aunque no
haya telescopio que nos permita verlo? Sin embargo,
nuestros aparatos electrónicos funcionan. Para muchos,
funcionan milagrosamente, como el fax, el tiempo real
de los @ y el celular. ¿Pero quién tiene absoluta
certidumbre de que hay vida después de la muerte?
Nadie. Como máximo, tenemos fe.
¿Pues, diréis espantado, estaría este heterodoxo
fraile de la teología de la liberación reivindicando
la vuelta del politeísmo? Nada de eso. Deseo sólo la
tolerancia, como la que fue practicada por Jesús, que
jamás criticó la fe de la mujer fenicia o la del
centurión, ni impuso como condición a sus curaciones
la previa adhesión a su creencia.
Lo que me espanta es constatar la nueva modalidad de
politeísmo: allá arriba, en un cielo abstracto, el
dios en el cual creemos; aquí abajo, los dioses a los
cuáles de hecho prestamos devoción: el dinero, el
poder, el consumismo que nos consume y consuma. Y esta
creencia rigurosa de que fuera del capitalismo no hay
salvación, aunque 2/3 de la humanidad no tengan acceso
a los bienes que él ofrece.
El meollo de la cuestión está mucho más abajo: creemos
en Dios y en los bienes finitos que nos etiquetan
socialmente, pero no en el próximo. Religión sí; amor
no, excepto lo que aumenta nuestra cuota de
satisfacción y placer.
Toda nuestra lógica sistémica rinde culto al mercado,
a la propiedad privada, al dinero, al crecimiento del
PIB, al aumento de las exportaciones, al rigor fiscal,
sin la menor preocupación hacia los sin-tierra, sin
techo, sin-escuela, sin-salud y sin-identidad. En
nombre de Dios, pasamos indiferentes de aquellos que
tienen hambre y tienen sed y son imágenes vivas de
Cristo, conforme el evangelio de Mateo (25, 31-44).
¿Pues bien, quién dispone de tiempo para prestar
atención aquel que se encuentra colgado en una cruz,
perturbando nuestro programa de domingo? Alguna vez él
anduvo previniendo... (Traducción ALAI)
- Frei Betto es escritor, autor de la novela sobre
Jesús “Entre todos los hombres” (Ática), entre otros
libros.
http://alainet.org/active/17406〈=es
"Ajenos y lejanos, en mi mente habitamos un único espacio, en el que sin censura, nos hacemos amantes de las caricias que no nos damos, de los labios que no probamos, de los aromas que no respiramos, del encuentro que no sucede, sino a escondidas de lo humano."
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