[R-P] La post escases

raul lilloy rlilloy en telefonica.net
Jue Mayo 10 12:31:11 MDT 2007


 


Clases Magistrales | Materia / globalización La era de la post-escases Como
la obesidad ya no es sinónimo de estatus y por qué© puede ser cierto que con
la democracia se come, se educa y se cura. 
Por Fernando Iglesias
La noticia se las trae: el pasado 20 de noviembre, 15.000 argentinos se
reunieron frente al Congreso no ya para protestar por el hambre en el país
sino para pedir que se apruebe una ley de prevención y tratamiento de la
obesidad. Antes de empezar a despotricar contra Andrea Politti, conductora
del penoso reality-show de obesos que convoca la movilización, habrá que
atender los datos que ofrece su compañero de programa, el inefable Doctor
Cormillot: "La obesidad es la enfermedad del siglo XXI... De acuerdo a la
Organización Mundial de la Salud, 1.300 millones de personas padecen de
exceso de peso: por primera vez en la historia de la humanidad... superan a
los que sufren desnutrición". ¿Delirio primer-mundista? Cormillot prosigue,
implacable: "La Argentina no está fuera de esa tendencia... hasta un 50% de
su población podrá sufrir la enfermedad. Nadie se extrañe si a mitad de
siglo todos somos obesos". 
 
 
En el resplandeciente mundo de las tecnologías digitales y los medios de
comunicación globales, los seres humanos desnutridos son aun 800 millones,
esto es: 13% de la población mundial total. Su distribución refleja la
relación directa entre hambre y subdesarrollo: los hambrientos son el 33% de
la población en los piases mas pobres, el 16% en los países en desarrollo y
el 0% en los avanzados, según datos del PNUD. Sin embargo, Cormillot no se
equivoca: tomando al mundo como unidad, los problemas sanitarios derivados
de la sobreabundancia de alimentos han superado, por primera vez en la
Historia, los generados por la carencia de alimentos. Para no mencionar que
ese 33% de la población de los países pobres sometida a carencias
alimentarias que en el mundo postindustrial y global nos hace avergonzarnos
por buenas razones, era la media socialmente aceptada en los países
avanzados durante la era industrial-nacional. 
 
Sin ánimo de ignorar el escándalo del hambre ni equiparar el injustificable
sufrimiento de quien carece de comida con los padecimientos de los gordos
del mundo global, esto define un nuevo escenario mundial: el de la era de la
post-escasez. Anunciada por el anarco-marxista Murray Bookchin allá por los
70, la era de la post-escasez supone que la falta de alimentos no se deriva
de las incapacidades del aparato tecno económico sino de las insuficiencias
del sistema político-social, algo que bien saben los argentinos que sufren
hambre en un país que produce alimentos suficientes para siete veces su
población actual. 
 
Basta aplicar las ideas de Darwin para entender las causas de la actual
epidemia de gordura galopante. En un mundo de escasez alimentaria en el que
el acceso a las calorías era decisivo para la supervivencia, las especies
cuyo paladar privilegiaba los alimentos de alto contenido calórico gozaron
de una ventaja competitiva que les permitía terminar prevaleciendo sobre las
especies que preferían comidas con bajo tenor energético. De allá que para
nosotros, hijos de aquellos glotones padres, todo lo que es rico engorda. 
 
Hoy, pese al vertiginoso incremento que duplica la población mundial en los
últimos 38 años, unas 2.083 kilocalorías diarias per-capita están a
disposición de los seres humanos. En un mundo en que las calorías ya no
faltan sino que sobreabundan a toda hora, incluso en las heladeras de clase
media-baja de un país en emergencia económica, la ventaja de ayer se ha
transformado en una desventaja que amenaza a la mitad de la población
mundial con diabetes, hipertensión, infarto, ictus y cáncer del aparato
digestivo. 
 
Digámoslo: un mundo de escasez es aquel en el que los ricos son gordos y los
pobres son flacos. La era de la post-escasez comienza cuando sucede lo
contrario: los ricos son flacos y los pobres son gordos. Una tal simplicidad
revela, sin embargo, algunas claves básicas del cambio de escenario. El
mundo de la escasez es un mundo tangible, en el que la riqueza material
define el universo social: quienes disponen de más alimento son más gordos,
exhiben más su gordura, mas prestigio social poseen. Por el contrario, un
mundo de post-escasez es un mundo prevalentemente inmaterial, en el que la
disposición de alimentos y objetos se da por supuesta y el status social es
definido por la riqueza simbólica: de cuantos mas conocimientos se dispone,
mas se comprenden los perjuicios de la obesidad, mas flaco se es, mas se
exhibe el propio fitness, de mas prestigio social se goza. 
 
Así, la obesidad, que ayer denotaba riqueza material, denota ahora pobreza
conceptual. No por casualidad, hasta en la empobrecida Argentina de estos
días, en la que Tamara Di Tella hace su agosto estilizando figuras, la
locución "los gordos" no alude a un grupo de empresarios rampantes ni a los
aristocráticos miembros de un club selecto sino a los desprestigiados
representantes de la clase trabajadora. Obsérvese el prominente abdomen de
los heroicos batalladores de San Vicente, o mírense las patéticas busardas
que esgrimen cada domingo los barra-bravas, y se comprenderá que la era de
la post-escasez ha llegado hasta nuestras comarcas. Su dominio excede
ampliamente el tema nutricional: la era de la post-escasez redefine
completamente el entero cuadro social de la humanidad y sienta los
principios de un mundo diferente. Veamos algunos cambios paradigmáticos ya
establecidos en el, o en trance de establecerse. 
 
1) Cuando el desarrollo tecnoeconomico es potencialmente capaz de ofrecer
una vida libre de la miseria y el miedo, la relación directa y proporcional
entre los recursos disponibles y el grado de realización y felicidad
personal y social se quiebra. Una persona que pasa de ganar 1.000 pesos
mensuales a ganar 2.000 mejora perceptiblemente sus opciones de vida. Una
que pasa de 20.000 a 40.000, mucho menos, a pesar de que el salto es mucho
mayor cuantitativamente. Los primeros 23 países en el índice de Desarrollo
Humano del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), que
mide las condiciones para el desarrollo personal que ofrecen los países,
superan unánimemente los 20.000 dólares anuales per capita. Sin embargo, el
mas rico de todos (Luxemburgo, con 62.298 dólares anuales per capita) está
solo cuarto en la tabla, detrás de Australia (3º) e Islandia (2º), cuyos
PBI per capita Luxemburgo duplica. Todos los investigadores que han
estudiado el tema coinciden en que por encima de los 20.000 dólares anuales
per capita las condiciones de vida de una sociedad nacional mejoran muy
lentamente, si es que lo hacen. 
 
2) El repetido lamento de que los aumentos del PBI no se reflejan en las
condiciones de vida significa probablemente algo mas que una critica
merecida a las políticas neoliberales: a medida que se avanza en la
post-escasez, ulteriores aumentos de recursos provocan mejoras
proporcionalmente menores. Por eso, a pesar de lo que la Vulgata
anticonsumista sostiene, en los países de riqueza mas estable y antigua,
como las democracias nórdicas o Inglaterra, el consumismo es mucho menor que
en países new-rich como Italia y España y países de inmigrantes como los
Estados Unidos y Argentina. En estos, aun cercanos real o simbólicamente a
una miseria reciente, la exhibición de opulencia se considera signo de
éxito. En aquellos, expresa una falta de sofisticación social.
Personalmente, me ha tocado acompañar a una pareja, el estadounidense y ella
francesa, en Ámsterdam, mientras se escondían de sus amistades en el momento
de subirse a un taxi para no parecer exhibicionistas. Fuera de las
anécdotas, movimientos como el hipismo sesentista o los actuales furitas
japoneses, con su desprendimiento de los símbolos materiales y su rechazo al
consumismo, representan el ala extrema de una misma tendencia a la
austeridad, incomprensible para un aldeano del Siglo XIX o para las clases
medias en ascenso de cualquier punto del planeta. 
 
3) En la era de la post-escasez, la pobreza relativa (la desigualdad) se
torna simbólicamente más significativa que la pobreza absoluta. Cualquiera
que revise las estadísticas de la Argentina de los noventa encontrará una
mejora inopinable de la situacion de los menos protegidos. Basta considerar
los registros del INDEC y de la ONU. Uno de los mas expresivos es el índice
de mortalidad infantil del INDEC, que pasa de 25,6 (por 1.000 nacidos vivos)
en 1990 a 17,6 en 1999, una reducción de mas del 30%. Según el PNUD, la
esperanza de vida subía en ese periodo de 71,0 a 73,4 años; el grado de
alfabetización de adultos pasa de 95,3% a 96,8%; la población con acceso a
asistencia sanitaria adecuada, de 72% a 85%, y la tasa de mortalidad materna
baja de 140 a 41 muertes (por 100.000 nacidos vivos). Sin embargo, dado que
los mas ricos mejoraron mas y mas rápido que los mas pobres, tuvo lugar un
simultáneo incremento de las desigualdades, de resultas de lo cual se
considera casi universalmente que la década tuvo un saldo negativo para
quienes poseen menos recursos. Lo mismo sucede a nivel mundial, donde la
veloz salida de la pobreza de cientos de millones de indios y chinos, el
fenómeno de fin de la escasez mas explosivo de la Historia, no basta para
contrarrestar la percepción, estadísticamente comprobable y éticamente
comprensible, de que las desigualdades mundiales se incrementan, de lo que
resulta la inaceptabilidad social e inviabilidad política a largo plazo del
modelo unidimensional de globalización en curso. 
 
4) En una era de post-escasez en la que los recursos producidos se perciben
como suficientes aunque mal distribuidos, la idea de sacrificar la
naturaleza a las necesidades de la producción, presupuesto básico de la era
industrial, ya no se acepta con facilidad. Un desarrollo ecológicamente
sostenible es exigido incluso en países donde la pobreza continua siendo la
principal fuente de sufrimiento humano, y aún por las mismas personas que la
soportan. El extremismo ecológico de Gualeguaychu solo es posible en las
condiciones fijadas por este nuevo marco. 
 
Por razones coincidentes, que la maximización de las ganancias sea el único
paradigma que iguale la conducta de las empresas se torna políticamente
inaceptable. Hipócrita o genuinamente (es otra discusión), las grandes
corporaciones deben proyectar una cultura corporativa amigable y
políticamente-correcta, preocuparse por mostrar que no contaminan el
ecosistema ni explotan a sus trabajadores, aportar a la caridad y la
beneficencia e insistir en que actúan sin discriminar razas, géneros o
religiones. 
 
5) Como Bertrand Russell enunciara, a medida que el avance tecnológico se
dispara crecen los beneficios de la cooperación, disminuyen los de la
competencia y aumentan los riegos del conflicto. El 11 de septiembre
demostró que el bienestar de todos es parte de la calidad de vida de todos,
y que la infelicidad y frustración de los otros, no importa cuán distantes
están social o geográficamente, afecta negativamente el propio bienestar. El
universo de suma-cero de la era de la escasez, en el que la supervivencia
dependa de la lucha violenta por el control de recursos escasos, empieza a
acabarse. Acaso abr ya desaparecido por completo si las corporaciones
petroleras no hubieran tenido tanto éxito en prolongar la dependencia de los
combustibles fósiles mediante el sabotaje del desarrollo de fuentes
alternativas y la promoción de las acciones petropoliticas de Saddam
Hussein, George W. Bush, Vladimir Putin, Osama Bin Laden, Hugo Chávez y
Mahmud Amadinejad, entre muchos otros. 
 
Abolir la esclavitud resulta altamente conveniente para que en Silicon
Valley no hubiera hoy una plantación de algodón. Acudir a la reconstrucción
de Alemania con el Plan Marshall, como se hizo después de la Segunda Guerra,
fue una estrategia mas inteligente que imponer compensaciones por los datos
de la guerra, como se hizo después de la Primera. Aun en el más competitivo
de los mundos, el financiero, una caída de la Bolsa de Tokio causa incerteza
y pesar en Europa y Wall Street, lo que demuestra que hasta la más
despiadada hipercompetencia se da en un marco de interdependencia. Por su
parte, los riesgos de conflicto, que afectaron inicialmente a pocos
individuos y después a miles y a millones, ha extendido el carácter de
mortal a la misma humanidad. Y a medida que más y más poder destructivo
puede quedar en las manos de menos y menos hombres, la seguridad general
depende de la abolición de la opresión política y de la pobreza extrema en
todos los puntos de un planeta empequeñecido por la tecnología y su
velocidad. 
 
6) En la era de la post-escasez, una porción decreciente de los recursos
sociales es dirigido a la satisfacción de necesidades humanas básicas, como
el agua, el alimento y la habitación. Apenas pocas generaciones atrás la
casi totalidad de los seres humanos trabajaba directa o indirectamente para
producirlos y reproducirlos. Hoy, la mayor parte de la producción económica
mundial está direccionada a satisfacer necesidades no esenciales y a generar
productos y servicios que pocos años atrás no existían, como la televisión,
las computadoras o Internet. En los países avanzados, quienes se ocupan de
producir alimentos han pasado de ser la mayoría a representar menos del 5%
de la población, y una misma drástica reducción acontece en el aporte que
hacen las actividades agropecuarias al PBI. Y lo mismo está ocurriendo
progresivamente con la industrialización clásica y el trabajo manufacturero,
reemplazados por el trabajo intelectual y por la producción y manejo de
informaciones, conocimientos, innovación y comunicación como principal
fuente generadora de valor. De allá el consiguiente desmedro del poder de la
clase obrera y de la burguesía industrial, hoy relegada a segundo plano en
las tablas de las principales fortunas del mundo, encabezadas por alguien
que jamás fabrico un objeto: Bill Gates. 
 
7) Dado que solo tiene valor de cambio aquello que escasea (como cualquiera
puede comprender observando que “en tanto abunde- el aire es gratis), la
abundancia de alimentos, primero, y de objetos industriales, después,
derivadas de la revolución técnica, llevan a la obsolescencia de las formas
económicas encargadas de su producción. A su vez, elementos que eran
percibidos como lujos elitistas empiezan a ser considerados hoy como
necesidades humanas básicas, como ha ocurrido inicialmente con el derecho a
la educación y con el acceso a tecnologías de la comunicación y redes
informáticas, mas tarde. No es extraño. Cuando la producción de inteligencia
se torna la fuente central de valor, casi toda desocupación es desocupación
intelectual, es decir: se hace inexistente a medida que aumenta la
calificación de la fuerza de trabajo, y la educación se transforma en un
derecho tan primigenio como el derecho a la comida y la vivienda. 
 
8) En la sociedad de consumo que resulta de las condiciones de post-escasez,
una economía orientada a la producción es reemplazada por otra orientada por
la demanda. El proceso económico no comienza ya por un industrial que
produce un objeto y trata de venderlo masiva y localizadamente, sino por una
encuesta de marketing que detecta necesidades económicamente sostenibles,
produce lo solicitado just-in-time y vende en nichos de mercado de dimensión
global. El crecimiento exponencial de la economía de la publicidad expresa
otro cambio profundo: los deseos reemplazan a las necesidades como motor de
la economía. Así, las reglas de la masividad y de la maximización
cuantitativa, prototípicas de la era industrial, se hacen impertinentes y
obsoletas. 
 
9) En la era de la post-escasez, lo intangible reina sobre lo material,
hasta el punto de que la marca que produce la gaseosa de mayor venta en el
mundo y su formula química son infinitamente mas valiosas que las fabricas
que la producen, los depósitos que la almacenan y los camiones que la
transportan. Aun en el marco de la producción industrial, quien posee la
marca y la formula consigue el capital para financiar las fábricas, los
depósitos y los camiones. Quien tiene las fábricas, depósitos y camiones
pero carece de la marca y la formula se funde en pocos meses, y tiene que
vender al que posee la marca y la formula. 
 
10) Donde asoma la post-escasez, el status social no depende de condiciones
naturales, locales, pasadas y materiales sino de valores virtuales
orientados al mundo y al futuro. Objetivos de pura supervivencia económica
se hacen menos relevantes que la capacidad crear sentido para la propia
vida. Los estudiantes se preguntan menos ¿en qué especialidad obtendré un
trabajo bien pago? y mas ¿que trabajo me gustaria hacer el resto de mi vida?
Y esto, no en el Primer Mundo sino en la mismísima Argentina empobrecida de
estos días, en que los estudiantes eligen masivamente el periodismo, el
diseño y las ciencias sociales, pese a su mercado de trabajo saturado, en
vez de ingresar a ingeniería o informática, carreras para las que existe un
creciente mercado laboral. 
 
11) Valores como la diversidad y la diferencia reemplazan gradualmente al
espíritu de manada que crea el industrialismo. Y el derecho individual a ser
diferente y elegir el propio estilo de vida sin intervención de la familia,
la iglesia y el estado se torna un derecho humano esencial. Las
circunstancias del nacimiento, que ayer determinaban casi todo, se tornan un
condicionamiento fuerte pero no insuperable en casi todos los sentidos,
hasta el punto en que hasta el sexo se convierte en una cuestión de elección
personal. 
 
12) Cuando la existencia está¡ materialmente garantizada (al menos, en el
corto plazo), cuando la mayor parte de la humanidad se levanta cada día
sabiendo que ese día tendrá algo para comer, un techo en el cual cobijarse y
una cama donde dormir, circunstancia que apenas un siglo atrás era un
privilegio de minorías, entonces el trabajo no puede ser el centro único de
la vida humana y los sujetos se definen mas por lo que eligen hacer (soy
pintor, soy bailarín de tango, soy jugador de tenis), que por lo que están
obligados a hacer (soy oficinista, soy portero, soy obrero de la
construcción). Así, las ideologías calvinistas de la satisfacían diferida,
cuyo extremo fue el Arbeit-macht-frei de Auschwitz, y la idea del sacrificio
de la propia vida a la Nación, cuyo extremo fue la tumba del Soldado
Desconocido, son percibidas como una manera irracional de poner el medio por
encima de los fines. 
 
En tanto gentes de mentalidad obsoleta claman por la tan mentada crisis de
valores, Stajanov y el Soldado Desconocido, aclamados héroes de los tiempos
nacional-industriales, no pueden ser ya el centro generador de sentido para
los jóvenes. El ideal de un trabajo repetitivo y estable, de ocho horas por
día, once meses al año, durante cuatro décadas, seguido por la jubilación,
ha pasado de ser el objetivo de la lucha social de abuelos y padres a la
pesadilla de la que los hijos huyen cuando pueden, prefiriendo la
desocupación a desempeñar tareas bestializantes que se reservan a emigrantes
escapados de experiencias vitales aún peores. Para no hablar del servicio
militar, cuyo rechazo universal ha traido el reemplazo del ejercito de leva
por el profesional. 
 
¿Una visión rosada del mundo? Desde luego. Pero basta considerar la
situación social en el planeta para comprobar que es hoy mucho mejor a la
que existía en la Inglaterra decimonónica que lidero la ola industrialista
que se esparció por el mundo en dos siglos. Por cuanto inaceptables, los
niveles de desnutrición, analfabetismo y explotación existentes en el
universo postindustrial y global son inferiores a los que existían en la mas
avanzada nación de la era industrial-nacional, como cualquiera que se tome
el trabajo de leer "La situación de la clase obrera en Inglaterra" de
Friedrich Engels, "El capital" de Karl Marx o las novelas de Charles
Dickens, comprende inmediatamente. Presumiblemente, la situación mundial
mejorara cuando se apliquen al planeta los mismos paradigmas que las
naciones industriales utilizaron para si mismas: no solo el desarrollo de un
marco tecnoeconomicamente avanzado sino la simultanea construcción de
ciudadanía e instituciones democráticas en su interior. En tanto, que
percibamos como moralmente inaceptables los actuales niveles de bienestar,
incomparablemente superiores a los de cualquier era precedente, forma parte
de una moral de post-escasez en la que la opresión política y la miseria
económica no son tomadas como condiciones inevitables de la vida humana sino
como circunstancias excepcionales y transitorias. 
 
En 1998, el economista indio Amartya Sen gana un Premio Nobel aplicando las
premisas de la era de la post-escasez a escala nacional. Sen demostró
consistentemente que no hay hambrunas donde hay gobiernos democráticos ni
gobiernos democráticos donde hay hambrunas. Ahora bien, siendo la era de la
post-escasez, por definición, una era global, ¿no es tiempo de aplicar el
paradigma de Sen a la dimensión global, sosteniendo que no habrá hambre en
el mundo cuando la democracia y sus instituciones sean tan globales como ya
lo son los procesos económicos y sociales de la modernidad globalizada?





Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular