[R-P] [redial_s_bolivar] Fidel Castro: La tragedia que amenaza a nuestra especie

Pat H.A. desdemilibertad01 en yahoo.com.ar
Mar Mayo 8 20:34:08 MDT 2007


*Reflexiones del Comandante en Jefe: La tragedia que
amenaza a nuestra especie*

No puedo hablar como economista o como científico. Lo
hago simplemente como político que desea desentrañar
los argumentos de los economistas y los científicos en
un sentido u otro. También trato de intuir las 
motivaciones de cada uno de los que se pronuncian
sobre estos temas. 
Hace solo veintidós años sostuvimos en Ciudad de La
Habana gran número de reuniones con líderes políticos,
sindicales, campesinos, estudiantiles, invitados a
nuestro país como representantes de los 
sectores mencionados. A juicio de todos, el problema
más importante en aquel momento era la enorme deuda
externa acumulada por los países de América Latina en
1985. Esa deuda ascendía a 350 000 millones de 
dólares. Entonces los dólares tenían un poder
adquisitivo muy superior al dólar de hoy.

De los resultados de aquellas reuniones enviamos copia
a todos los gobiernos del mundo, con algunas
excepciones como es lógico, porque habrían parecido
insultantes. En aquel periodo los petrodólares habían 
inundado el mercado y las grandes transnacionales
bancarias prácticamente exigían a los países la
aceptación de elevados préstamos. 
De más está decir que los responsables de la economía
aceptaron tales compromisos sin consultar con nadie.
Esa época coincidió con la presencia de los gobiernos
más represivos y sangrientos que ha sufrido el
continente, impuestos por el imperialismo. No pocas
sumas se gastaron en armas, lujos y bienes de consumo.
El endeudamiento posterior creció 
hasta 800 000 millones de dólares mientras se
engendraban los catastróficos peligros actuales, que
pesan sobre una población que en apenas dos décadas y
media se ha duplicado y con ella el número de los 
condenados a vivir en extrema pobreza. En la región de
América Latina la diferencia entre los sectores de la
población más favorecida y los de menos ingresos es
hoy la mayor del mundo.

Mucho antes que lo que ahora se debate, las luchas del
Tercer Mundo se centraban en problemas igualmente
angustiosos como el intercambio desigual. Año tras año
se fue descubriendo que las exportaciones de los 
países industrializados, elaboradas generalmente con
nuestras materias primas, se elevaban unilateralmente
de precio mientras el de nuestras exportaciones
básicas se mantenía inalterable. El café y el cacao
—para citar dos ejemplos— alcanzaban aproximadamente 2
000 dólares por tonelada. Una taza de café, un batido
de chocolate, se podían consumir en ciudades como
Nueva York por unos centavos; hoy se cobra por ellos 
varios dólares, quizás 30 o 40 veces lo que costaba
entonces. Un tractor, un camión, un equipo médico,
requieren hoy para su adquisición varias veces el
volumen de productos que se necesitaba entonces para 
importarlos; parecida suerte corrían el yute, el
henequén y otras fibras producidas en el Tercer Mundo
y sustituidas por las de carácter sintético. Mientras,
los cueros curtidos, el caucho y las fibras 
naturales que se usaban en muchos tejidos eran
sustituidos por material sintético de sofisticadas
industrias petroquímicas. Los precios del azúcar
rodaban por el suelo, aplastados por los grandes
subsidios de los países industrializados a su
agricultura.

Las antiguas colonias o neocolonias, a quienes se les
prometió un porvenir maravilloso después de la Segunda
Guerra Mundial, no despertaban todavía de las
ilusiones de Bretton Woods. El sistema estaba diseñado
de pies a cabeza para la explotación y el saqueo.

Al inicio de esta toma de conciencia no habían
aparecido todavía otros factores sumamente adversos,
como el insospechado derroche de energía en que
caerían los países industrializados. Estos pagaban el
petróleo a menos de dos dólares el barril. La fuente
de combustible, con excepción de Estados Unidos donde
era muy abundante, estaba fundamentalmente en países
del Tercer Mundo, principalmente en el Oriente Medio,
además de México, Venezuela y ulteriormente en África.
Pero no todos los países calificados en virtud de otra
mentira piadosa como "países en 
desarrollo" eran petroleros, 82 de ellos son los más
pobres y como norma necesitan importar petróleo. Les
espera por tanto una situación terrible si los
alimentos se transforman en biocombustibles, o
agrocombustibles como prefieren llamarlos los
movimientos campesinos e indígenas de nuestra región.

La idea del calentamiento global como terrible espada
de Damocles que pende sobre la vida de la especie,
hace apenas 30 años ni siquiera era conocida por la
inmensa mayoría de los habitantes del planeta; aún hoy
existe gran ignorancia y confusión sobre estos temas.
Si se escucha a los voceros de las transnacionales y
su aparato de divulgación, vivimos 
en el mejor de los mundos: una economía regida por el
mercado, más capital transnacional, más tecnología
sofisticada, igual a crecimiento constante de la
productividad, del PIB, del nivel de vida y todos los 
sueños del mundo para la especie humana; el Estado no
debe interponerse en nada, no debiera incluso existir,
excepto como instrumento del gran capital financiero.

Pero las realidades son tercas. Uno de los países más
industrializados del mundo, Alemania, pierde el sueño
ante el hecho de que un 10 por ciento de la población
está desempleada. Los trabajos más duros y menos 
atractivos son desempeñados por los inmigrantes que,
desesperados en su creciente pobreza, penetran en la
Europa industrializada por todos los agujeros
posibles. Nadie saca al parecer la cuenta del número
de habitantes del planeta, que crece precisamente en
los países no desarrollados.

Más de 700 representantes de organizaciones sociales
se acaban de reunir en La Habana para discutir sobre
varios de los temas que en esta reflexión se abordan.
Muchos de ellos expusieron sus puntos de vista y 
dejaron entre nosotros imborrables impresiones. Hay
material abundante sobre el cual reflexionar, además
de los nuevos sucesos que ocurren cada día.

Ahora mismo, como consecuencia de la puesta en
libertad de un monstruo del terror, dos personas
jóvenes que cumplían un deber legal en el Servicio
Militar Activo, aspirando a disfrutar del consumismo
en Estados Unidos, asaltaron un ómnibus, forzaron con
su impacto una de las puertas de entrada de la
terminal de vuelos nacionales del aeropuerto, legaron 
hasta un avión civil y penetraron en él con los
rehenes, exigiendo el traslado al territorio
norteamericano. Días antes habían asesinado a un 
soldado que estaba de posta, para robar dos fusiles
automáticos, y en el propio avión privaron de la vida
con cuatro disparos a un valiente oficial que,
desarmado y capturado como rehén en el ómnibus,
intentó evitar el secuestro de la nave aérea. La
impunidad y los beneficios materiales con que se
premia desde hace casi medio siglo toda acción 
violenta contra Cuba, estimula tales hechos. Hacía
muchos meses no ocurría nada parecido. Bastó la
insólita liberación del conocido terrorista, y de
nuevo la muerte visitó nuestros hogares. Los autores 
no han sido juzgados todavía, porque en el transcurso
de los hechos ambos resultaron heridos, uno de ellos
por los disparos que hizo el otro dentro del avión,
mientras luchaban contra el heroico oficial de las 
fuerzas armadas. Ahora muchas personas en el exterior
esperan la reacción de los Tribunales y el Consejo de
Estado ante un pueblo profundamente indignado con los
acontecimientos. Hace falta una gran dosis de
serenidad y sangre fría para enfrentar tales
problemas.

El apocalíptico jefe del imperio declaró hace más de
cinco años que las fuerzas de Estados Unidos debían
estar listas para atacar preventiva y sorpresivamente
60 o más países del mundo. Nada menos que un tercio de
la comunidad internacional. No le bastan, al parecer,
la muerte, las torturas y el destierro de millones de
personas para apoderarse de los recursos naturales y
los frutos del sudor de otros pueblos.

Mientras tanto el impresionante encuentro
internacional que acaba de tener lugar en La Habana
reafirmó en mí una convicción personal: toda idea
siniestra debe ser sometida a críticas demoledoras sin
concesión alguna.

Fidel Castro Ruz
7 de mayo del 2007
5:42 p.m.




   
  "Ajenos y lejanos, en mi mente habitamos un único espacio, en el que sin censura, nos hacemos amantes de las caricias que no nos damos, de los labios que no probamos, de los aromas que no respiramos, del encuentro que no sucede, sino a escondidas de lo humano." 







	
		
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