[R-P] [G. Almeyra] La peculiaridad latinoamericana
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Jue Mar 15 10:49:34 MDT 2007
Gentileza de Roberto Ferrero
La Jornada, domingo 11 de marzo 2007
Guillermo Almeyra
La peculiaridad latinoamericana
La base de los Berlusconi (y de los Prodi) y de la "berlusconización"
de la política francesa, con Segolène Royal o Sarkozy como productos
mediáticos de consumo, tiene un nombre: reside en la dominación, la
hegemonía cultural del gran capital que ha hecho aceptar por la
inmensa mayoría de la población europea la idea falsa de que no hay
alternativa al capitalismo y, más concretamente, a la política
neoliberal y el consumismo desenfrenado. La gente cree en un sistema
que la explota y, cuando mucho, quiere mejorar un poco su situación
pero dentro de él. Los que no han sido integrados son la mayoría de
los inmigrantes y de sus hijos, que carecen de todo derecho y
protestan violentamente, a menudo aislados. Las clases obreras de los
países industrializados están atravesadas hoy por líneas étnicas,
lingüísticas, culturales y un tercio de los trabajadores asalariados
carecen de ciudadanía y de derechos, lo que hace que haya explotados
de primera y de segunda clase y conflictos entre ambos sectores para
el pleno goce de sus comunes explotadores. La misma idea sobre las
supuestas bellezas del mercado impera, por supuesto, en los países de
Europa oriental, vacunados contra el socialismo por el llamado
socialismo real de las burocracias nacionalistas, en China (que aún
recuerda los horrores del Gran Salto Adelante y de la Revolución
Cultural), en Japón, Estados Unidos y los países del sudeste asiático.
A esa brutal alienación resisten en cambio la inmensa mayoría de los
habitantes de los países del mundo musulmán, cuya cultura se
identifica con una religión con valores solidarios y comunitarios
precapitalistas y que es utilizada como elemento de preservación de la
identidad, que el imperialismo se esfuerza por destruir; y resisten
algunos sectores sociales de América Latina, en particular los
indígenas, que también son campesinos, pero no todos éstos. La ley del
desarrollo desigual y combinado dio como resultado, en algunos de los
países más industrializados de América Latina, la creación de enormes
megalópolis modernas, con fuerte concentración de trabajadores
industriales y de servicios incorporados al régimen salarial y una
masa enorme de desposeídos que viven de las migajas de ese régimen y,
al mismo tiempo, la subsistencia de sectores precapitalistas, en las
regiones marginales, cuya miseria es la otra cara de la moneda de la
enorme concentración de la riqueza en las clases explotadoras en las
zonas urbanas. La mundialización dirigida por el capital financiero
internacional no sólo barre actualmente con todas las relaciones de
solidaridad precapitalistas, destruyendo familias, comunidades,
culturas, sino que también prescinde ya de esos bolsones sociales y,
con su ofensiva, lanzándolos a la migración o a la muerte por hambre y
enfermedades, los une a los trabajadores urbanos, que también
defienden la solidaridad social en sus sindicatos y organizaciones
propias, como los piqueteros. De ahí que el clima moral en América
Latina no sea similar al de Europa o Estados Unidos, a pesar de que en
nuestro continente, como en el viejo y en el resto del mundo, impera
la misma mundialización, el mismo sistema capitalista.
De ahí la importancia, en nuestros países, de hacer como Bolivia,
uniendo indígenas, campesinos, obreros, pequeños comerciantes urbanos
y pobres de todo tipo en un solo haz, detrás de un proyecto de país
alternativo, en vez de separarlos y ponerlos a la defensiva,
encerrándolos en sus intereses particulares. E igualmente la necesidad
de partir del nivel actual de resistencia a la política imperialista y
del capital para elevar la conciencia de las mayorías a la comprensión
de lo que es el capitalismo y de por qué es necesario un cambio de
sistema. Porque sin un horizonte ideológico, sin una utopía que marque
el camino, la resistencia queda en eso, en mera resistencia cotidiana,
abierta u oculta, pero no desemboca en un proyecto, del mismo modo que
miles de alfilerazos asestados con coordinación alguna no bastan para
matar a un monstruo vigoroso y feroz.
Hoy, ese monstruo está sin aliento, como lo demuestra el estado de la
economía mundial y las dificultades para emprender su guerra contra
Irán, así como la crisis política en todos los países capitalistas
desarrollados. El curso que siguen Venezuela y Bolivia, Ecuador mismo
con su Asamblea Constituyente, así como el repudio a George W. Bush en
su gira por Sudamérica y, por el contrario, el apoyo que recibe en
Argentina el antimperialismo de Hugo Chávez. Eso crea mejores
condiciones para explicar lo que está en juego y para organizar, del
modo más amplio posible, el frente de las organizaciones y de los
sectores sociales que comienzan a sentir la necesidad de una solución
de fondo.
¿Por qué no discutir, en asambleas, seriamente, con documentos, la
situación mundial y sus perspectivas? ¿Por qué no difundir en todo el
país, y explicarlo a todos, el Programa de Querétaro del Diálogo
Nacional que, cualesquiera hayan sido sus autores, ofrece una buena
base común para la acción? ¿Por qué no organizar en cada centro de
trabajo, población o centro de estudio, grupos unitarios para dar
objetivos y contenidos a la idea de imponer, también en México, como
salida democrática la convocatoria de una Asamblea Constituyente para
2008? ¿El maíz boliviano o ecuatoriano contiene acaso alguna vitamina
que no tenga el mexicano? ¿Cuánto tiempo podrá seguir viviendo México
de la exportación de petróleo y de mano de obra esclava?
Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
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