[R-P] El "campo": La tajada especulativa y la parálisis de los que la pagan
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Vie Mar 2 08:00:51 MST 2007
Según "Clarín" y las Bolsas de Cereales de Rosario y Buenos Aires,
el sector agropecuario argentino tendrá este año una de las
rentabilidades más altas de su historia. Le entrarán 14,6 miles de
millones de dólares, y habrá gastado 11 mil. Descontando costos,
retenciones y el pago de impuestos quedan limpios unos 2,7 millones.
No está mal.
Para colmo, cuentan con créditos más que blandos, fofos, y con tanta
inmerecida cortesía que son capaces de lograr el reemplazo de
funcionarios que no les caen simpáticos. Pero se quejan de la "carga
impositiva".
No hablaremos, siquiera, de la "carga" representada por las
retenciones. Ya el Dr. Salvador Treber, economista cordobés de gran
prestigio, ha demostrado puntualmente que en el mejor de los casos
esas retenciones pagan parcialmente el esfuerzo que hace todo el país
para mantener un dólar alto.
Pero vayamos a los "impuestos-impuestos". El sector agrario abonará,
según esas fuentes libres de toda sospecha, 900 millones de pesos en
impuesto a las ganancias, dinero que ingresará a las arcas fiscales.
Una vez allí, se verá lo que se hace. Pero en principio se trata de
dinero que está sometido al escrutinio público, y en teoría no puede
malgastarse o despilfarrarse con impunidad.
Por supuesto, cada vez que se le exige al "campo" que produzca más
(es decir, que trabaje más o -para ser precisos- que de una buena vez
se ponga a trabajar como el dueño de cualquier taller mecánico de
barrio) se viste con sus más tristes harapos y solloza por el agobio
impositivo que lo desalienta.
A título argumentativo, démosle la derecha a los pobrecitos
exprimidos por el insaciable Estado.
El mismo diario "Clarín" nos da una interesante clave de
interpretación para verificar el carácter clasista y antinacional de
esta negativa a pagar impuestos. El argumento de los arrogantes
mendigos es que ellos "no reciben nada" del Estado, que se la bancan
solitos y encima les quitan plata. Es interesante verificar,
entonces, que existe un segundo impuesto, de magnitud equivalente o
superior, que abonan a una fracción del sector privado y que no
parece incomodarles (pese a que en realidad ese impuesto ni vuelve en
obras ni, para colmo, tiene porqué volver ya que es una transacción
de orden mercantil y los dineros recaudados pueden usarse para
alimentar hogueras sin que nadie pueda reprocharle nada al
recaudador: cuando salen de la Argentina hacia bancos extranjeros es,
desde el punto de vista del país, exactamente como si alimentaran una
hoguera...)
Dice "Clarín", textualmente, que la fuente "no incluye dentro de los
costos de producción los alquileres de campos, tan difundidos que se
estima que más del 60% de la superficie agrícola está siendo
arrendada. Es decir que una buena porción de esta renta la embolsarán
los propietarios de dichos campos".
En la región núcleo, donde se obtienen las mejores cosechas y los más
altos rendimientos, los alquileres de campos alcanzan niveles
escandalosos. Se trata de renta territorial en estado puro, es decir
de un peaje que hay que pagarle al dueño del terreno por el mero
hecho de que un papel dice que hay que tratar con él. Supongamos que
corresponda al 30% de los beneficios netos (es una suposición
conservadora: ¡alquileres de campos han sabido haber, y sigue
habiéndolos, de hasta el 30% del ingreso bruto -no de las ganancias o
beneficios netos- del chacarero!). En ese caso, y asumiendo que el
60% de la producción corresponde al 60% de la superficie (nuevamente,
es una suposición conservadora, ya que los campos más productivos son
los que pagan más alquileres y donde más frecuente es la figura del
"arrendamiento", las comillas las explico a continuación), hay que
decir que el 30% de los beneficios netos del 60% de la producción se
los lleva, sin otro motivo que una inscripción -¿cuántas veces
turbia?- en el sacrosanto registro de la propiedad una concentrada
pasta base de rentistas. En números, y tomando los datos de las dos
bolsas de cereales difundidos por "Clarín", estamos ante el 30% del
60% de 2700 millones de dólares. Si hacemos la cuenta descubrimos que
estamos ante 490 millones de dólares, más de la mitad de lo que se
estima abonará el sufrido sector por "ganancias".
¿Porqué no se queja el sector agrario de esta exacción, con por lo
menos la mitad del vigor con que lo hace frente a la insoportable -
para ellos- presión impositiva?
Se suele decir que se trata de una "cuestión cultural", o de la
"influencia ideológica" de la oligarquía rentística sobre el mundo de
los chacareros. Creemos que hay un motivo más poderoso.
Según el Censo Nacional Agropecuario del 2002, el 67% de las
explotaciones agropecuarias argentinas funciona con todas sus tierras
en régimen de propiedad. Es cierto que estamos englobando el conjunto
total de las explotaciones, desde el miserable criancero de Neuquén
hasta el opulento grupo económico que combina docenas de inmensas
estancias y chacras en lo más granado de la región pampeana. Pero
como estamos hablando precisamente del comportamiento del conjunto de
las clases que en el campo argentino se dedican a la producción, esta
aparente desventaja se convierte en una virtud. Sigamos con nuestro
microscopio. El 11% de las explotaciones agrega, a la tierra en
propiedad, tierra arrendada. El 7% agrega a la tierra en propiedad
superficies bajo otras formas de tenencia, y el 6% opera solamente
con tierra arrendada. Es decir que el 91% de las explotaciones, o es
propietaria de la tierra, o combina propiedad con arrendamiento u
otros regímenes de tenencia o, subsidiariamente, solo arrienda.
Valores equivalentes se encuentran en las superficies involucradas:
70, 13, 6 y 5% respectivamente, sumando el 94% de la superficie.
Veamos por último las superficies medias de las explotaciones
involucradas:
Las que tienen toda su tierra en propiedad alcanzan, en promedio, 719
hectáreas; las que suman propiedad y arrendamiento, 837; el tamaño
promedio de las que combinan propiedad y otros regímenes es de 618
hectáreas y las explotaciones que solo arriendan tienen un tamaño
medio de 494.
¿Qué significa todo esto?
Significa que, debido a la historia agraria del sector agropecuario
argentino, la estructura sectorial de regímenes de tenencia engendra
una fortísima solidaridad entre el arrendatario esquilmado y el
rentista esquilmador: no pocos de los recaudadores de peajes son, al
mismo tiempo, "productores". Todos están interesadísimos en sostener
el Registro de la Propiedad Inmueble con más saña que Torquemada la
verdadera fe. Los arrendatarios puros, con campos más chicos, son
minoritarios y más débiles. El tono rentístico general impuesto por
la oligarquía no es una cuestión cultural ni ideológica: es el
reflejo directo de la forma en que se relaciona el chacarero y el
gran terrateniente (sean personas físicas o jurídicas) con la
superficie involucrada en la producción.
Después del Grito de Alcorta y de la ley de Arrendamientos dictada
por Perón, hay una complicidad social que se traduce, por un lado, en
el "olvido" de los alquileres de campos por parte de los estudiosos
de la Bolsa de Rosario, y por el silencio de los que pagan en
alquileres leoninos una suma del mismo orden de magnitud que los
impuestos contra los cuales siempre están dispuestos a despotricar.
¿Conclusiones?
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Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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