Fw: [R-P] Artículo sobre elecciones porteñas (R. Isman )?=
Hugo Santos
hasantos en uolsinectis.com.ar
Vie Jun 29 18:16:29 MDT 2007
Un artículo justo para el paladar del Albertismo-Ibarrismo. Es notorio que
Alberto Fernández, verdadero arquitecto de esta derrota no aparezca
mencionado ni una vez y Filmus una sola. Tampoco Kirchner aparece como
responsable de nada. Y menos Ibarra, presentado como una víctima de
Telerman y la izquierda, que para qué darle vueltas Isman, nosotros le
decimos "cipaya" y listo.
Que un pelado se quiera poner una peluca, no me parece argumento suficiente
para defenestrar a Telerman. Aunque sea de colores.
Me cansé de los sesudos análisis donde las culpas se reparten por doquier y
no se hacen cargo de absolutamente nada. Vuelvo a repetir: para Lenin un
verdadero revolucionario debe saber ensayar la autocrítica, no como
autoflagelación (como me dijo Outa no hace mucho), pero sí para sacar
conclusiones acertadas de una derrota y convertirlo en material para una
próxima victoria. Sobre eso este artículo no dice absolutamente nada. Por
lo tanto tiene el mismo valor que una autopsia.
Y lo peor que podríamos hacer, de cara a octubre, es desbordar de esa mezcla
de entusiasmo y tranquilidad que muestran las conclusiones de Isman. Sobre
todo después de algunos armados que se vienen insinuando en provincias
grandes como Córdoba, por ejemplo.
Hugo A. Santos
----- Original Message -----
From: "Alberto J. Franzoia" <albertofranzoia en yahoo.com.ar>
To: <hasantos en uolsinectis.com.ar>
Cc: "Lucha de masas para recuperar la Argentina"
<reconquista-popular en lists.econ.utah.edu>
Sent: Friday, June 29, 2007 8:19 PM
Subject: [R-P] Artículo sobre elecciones porteñas (R. Isman )?=
CITANDO LA FUENTE,EL MATERIAL DE ESTA LISTA ES DE LIBRE REPRODUCCIÓN
El triunfo de las derechas o
los últimos coletazos de Cromañon
Por Raúl Isman.
No
los une el amor, sino el espanto.
Será por eso que les temo tanto.
Juan Sasturaín. Escritor argentino.
El significativo y contundente triunfo obtenido por el
candidato de (ultra) derecha neoliberal, el ingeniero
Mauricio Macri, en la segunda vuelta a jefe de
gobierno de la ciudad de Buenos Aires tiene diversas
facetas y causas que merecen ser explicadas, pero sin
dudas un origen histórico fácilmente ubicable en el
tiempo: la desgraciada noche del 30 de diciembre de
2004 en la que un incendio destruyó un local de
recitales causando la muerte de casi dos centenares de
personas. En la siguiente nota, intentamos garabatear
algunas ideas e impresiones sobre lo ocurrido que
parece señalar una cierta recomposición de la derecha.
Los fuegos de aquel infausto fin de año- además de las
vidas inmoladas- tuvieron otra consecuencia más bien
política. Se trataba de una fractura que el bloque
progresista de la ciudad hubo de pagar muy caro:
primero con la destitución del jefe de gobierno Aníbal
Ibarra y más recientemente con la presentación de dos
ofertas electorales en la primer vuelta, opciones que
se debilitaron mutuamente para beneficio de Macri.
Ocurrida la tragedia en la disco, la caterva
reaccionaria que es liderada por el
ingeniero-empresario-político comenzó a operar con
suma habilidad para desquitarse hundiendo al
gobernante que había derrotado a dos pesos pesados de
las fuerzas derechistas (en el 2000 Domingo Cavallo y
el ganador de la elección que analizamos en el 2003).
Seguramente no se privaron de tomar revancha también
de la época en que Ibarra desempeñaba funciones
judiciales y en las que descolló en defensa de los
derechos humanos. Por desgracia, contó para tales
fines con la deslucida complicidad de cierta
izquierda- con franco coqueteo con el ridículo- que
suspira por la realización del comunismo en escala
intergaláctica; pero no sabe ni le interesa defender
los mínimos espacios institucionales alcanzados.
Aunque no se trata de una categoría difundida en
ámbitos académicos, la tipificación que propondremos a
continuación es útil y práctica en razón de su
expresiva capacidad de síntesis: Macrismo-Leninismo.
En efecto, tal es el nombre que un amigo de debates
políticos utilizó para bautizar esta curiosa
orientación consistente en predicar un duro discurso
ultra izquierdista, para servir en los hechos a la
peor derecha. Lo perjudicial de su accionar no fue
enorme en razón de su influencia, minúscula como
excremento de mosca, en el escenario político
argentino. Pero no vacilaron en colocar sus escasos
espacios parlamentarios para sancionar el juicio
político (con el aval del diputado por la ciudad
Marcos Wollman del Partido Comunista) y luego para
destituir al jefe de gobierno (el grotesco legislador
zamorista Gerardo Romagnoli). Sin dudas, no midieron
adecuadamente las consecuencias políticas de su
accionar. Cumplida la faena que hicieron para servir
de hecho a las fuerzas conservadoras, Zamora, su mujer
y el famoso por un rato Romagnoli se encuentran
semiretirados de la política, al menos en su face más
pública. Y el Partido Comunista ni siquiera pudo
presentarse a elecciones; ni con lista propia, ni en
alianza. Al menos para la segunda vuelta sintieron la
necesidad de hacer campaña para evitar el triunfo
derechista.
Muricio Macri- el beneficiario principal de la campaña
cromañonica, hoy está claro- pudo ocultarse en
penumbras, pero operando activamente, porque por
derecha e izquierda tuvo escuderos que sirvieron
fácilmente para lograr sus objetivos. La mascarada
macrista-leninista continuó en los tiempos previos al
ballotage con el encuentro en el que diversos mini
partidos de izquierda- otrora enemistados ferozmente
entre si por la custodia de la putrefacta momia de la
ortodoxia dogmática- se coaligaron para llamar al voto
en blanco en involuntaria e insoslayable complicidad
con los deseos del nuevo jefe de gobierno ya electo,
bajo el conocido argumento que son todos lo mismo. Si
el líder derechista concreta su deseo (ya escasamente)
oculto de pasar las topadoras para desalojar la villa
de Retiro, estos dirigentes deberían hacer su
autocrítica- verbo del cual desconocen el significado
y que sólo saben conjugar en segunda persona- de cara
a los pobladores del barrio, quienes ya supieron
resistir similares intentos en los '90.
Pero no carguemos demasiado las tintas con la
izquierda patética que supimos conseguir, ya que en
esta elección se confirmó plenamente una tendencia
largamente insinuada en los comicios del 3 de junio:
existió una oleada derechista (que analizaremos más
adelante), razón por la cual un desempeño más racional
de la sinistra criolla no hubiera modificado en lo más
mínimo el escenario comicial. De hecho, el voto en
blanco subió tres puntos porcentuales, con lo cual
todas las sectas unidas (todos unidos no triunfaremos)
sacaron menos votos que separadas.
Una campaña
diseñada con inteligencia
A comienzos del corriente 2007- cuando aún Macri
cavilaba acerca de presentarse en la ciudad, en la
provincia o en la nación- estaba instalado en todos
los sectores políticos y en el mundillo de los
encuestadores una (luego demostrada como incorrecta)
percepción consistente en que no podría perforar su
fuerte imagen negativa. Tal situación lo llevaría a
perder la segunda vuelta contra cualquier otro
candidato. El propio Mauricio (que ahora triunfador
asume que es Macri) estaba convencido de la existencia
del límite señalado. En la decisión de disputar la
Capital influyó la necesidad de que su indudable
carisma (que reconstruye en menor dimensión la
capacidad de Carlos Saúl Menem para unir a los
sectores más altos y concentrados del poder con las
franjas más pobres de la escala social) operase para
fortalecer el desempeño de su lista legislativa, de
modo que se incrementara la representación
institucional de la derecha, más que en lo que
aparecía como remota posibilidad de quedarse con el
premio mayor en el ejecutivo de la ciudad capital.
Para revertir el techo que aprisionaba las chances de
Macri se desarrolló un esquema de campaña lavado (sin
mayores definiciones) y pretendidamente
desideologizado, que presentaba al candidato como un
recién llegado desde afuera a la política y completaba
el combo con la imagen de la aspirante a vice-jefe,
verdadera recreación del sufrimiento cristiano, desde
su silla de ruedas, y también hipócrita y falazmente
expuesta como personaje ajeno al mundo político. Lo
cierto es que Gabriela Michetti tiene una trayectoria
en la cual, la actividad política no resulta en
absoluto novedosa. En particular en sus formas más
desprestigiadas: por ejemplo el bastardeo de la
palabra empeñada; ya que apela constantemente al
recuerdo de su maestro, el fallecido Carlos Auyero,
quien debe revolcarse en su tumba- si ello fuese
posible- al ver como su nombre es evocado para
justificar una construcción política tendiente a
legitimar la peor derecha. Además, ha sido funcionaria
de la Organización Mundial del Comercio, un organismo
tan al servicio del imperialismo como el Banco Mundial
o el Fondo Monetario Internacional. Antecedentes que
ponen en relieve que el electorado no mensuró
adecuadamente su curriculum, por no hablar del
prontuario del jefe recientemente electo.
El discurso de campaña interpelaba y conectaba con un
sentido común ampliamente instalado por los grandes
medios de difusión, orgánicamente al servicio del
poder económico. Algunos de sus contenidos y
mecanismos publicitarios son ampliamente conocidos,
pero nunca está demás volver a puntualizarlos:
1) La ideología es algo intrínsecamente perverso; no
sólo indeseable, sino más bien repudiable y casi
perverso.
2) La política es una actividad execrable (eje central
del discurso del nuevo jefe, que colocándose por fuera
de la actividad capitalizó desde la derecha el "que se
vayan todos").
3) El imperativo de asumir actitudes banal y vanamente
positivas, es decir, no críticas frente a la
preeminencia de la derecha. Por cierto que todos los
ciudadanos somos negativos y positivos con relación a
ciertas orientaciones. Pero la exigencia de
presentarse de modo positivo en abstracto conduce a
legitimar el injusto predomino del poder globalizado:
como si fuese una calamidad natural y no algo
deliberadamente construido. Los fundamentos de lo que
afirmamos residen en que es el mencionado poder quien
recibe la positividad, pese a las terribles agresiones
que propina a los pueblos.
4) Apropiarse del concepto de cambio, más allá de todo
debate acerca del contenido concreto de la
transformación.
5) Repetir vaguedades ausentes de sentido y rehuir el
debate hacia la segunda vuelta, cuando en el
correspondiente al comicio del 3 de junio Macri se
escondió detrás del enfrentamiento Filmus-Telerman.
Al apropiarse las fuerzas conservadoras de cuestiones
decisivas (nada menos que la noción de transformación)
construye el conjunto del imaginario colectivo y así
nos viene ganando la disputa cultural. Lo propio
realiza al instalar el miedo colectivo frente al
problema de la delincuencia. Cuando desde tal triunfo
logra edificar además fuerza electoral reúne con gran
facilidad a una coalición silenciosa que despierta los
temores de Sasturaín y que puede poner en peligro las
construcciones más sólidas.
El núcleo de hierro electoral de la derecha puede
incluir aproximadamente un tercio del padrón porteño.
No puede sorprender a nadie que las clases dominantes
ostenten clara conciencia de sus intereses. Pero lo
llamativo es la seducción que el discurso dominante
(extraña dialéctica del amo y el esclavo posmoderna)
ejerce sobre amplia franjas de los sectores
desposeídos, fenómeno que excede largamente a la
Argentina. Por otra parte, vastos sectores de clase
media- hace poco más de un lustro insurreccionados
caceroleros- ha virado cual mutante en autoritaria y
racista (sonoramente silenciosa) multitud demandante
de orden y por barrer del espacio público a las
personas más débiles de la pirámide social. Con los
métodos que fuere. No hay dudas que el pretendido
apoliticismo es un cemento ideológico capaz de
amalgamar la vasta y extraña coalición. Según un
sondeo publicado por un matutino "De los 969
ciudadanos consultados entre el 40 y el 50 por ciento
de los porteños manifestaron tener un interés "bajo o
nulo en política"". (Clarín del 24 de junio de 2007).
En especial, el discurso anti-político es la fuerza
conceptual que unifica a los votantes de Macri. Los
sufragantes de Pro(ceso) no parecen querer advertir
que colocarse pretendidamente por fuera de la
iniciativa política es un modo de hacerla, que
favorece invariablemente a. los políticos de la
derecha. Esperemos que el necesario aprendizaje que
deben atravesar los sectores populares que apoyaron a
Macri se realice con el menor sufrimiento social
posible. Aunque desgraciadamente tal esperanza no
tenga en la realidad sustento objetivo y material
alguno. Las no renovaciones de contrato (eufemismo que
esconde la palabra cesantía) que ya realiza la
agonizante gestión Telerman es apenas un anticipo de
las que desencadenará el macrismo (ya sin leninismo)
en el poder.
¿Era evitable la derrota?
La vasta coalición derechista que hizo su presentación
el 3 de junio resultaba prima facie muy difícil de
horadar. Las únicas posibilidades de revertir la
elección implicaban diversas variables, que no se
verificaron en ningún caso. Ellas eran las siguientes:
a)Quitarle al menos cinco puntos porcentuales a los
votantes por Pro en la primera vuelta.
b)Politizar el comicio de modo de romper la trampa
implícita en la campaña de los ganadores; es decir el
vaciamiento de significado en el discurso de Macri y
sus seguidores. Todos los dirigentes y simpatizantes
de la fuerza ganadora parecían buenos alumnos y fieles
recitadores de un discurso armado previamente.
c) Movilizar a los que se abstuvieron y/o votaron en
blanco, sembrando conciencia del peligro finalmente
verificado: que la derecha neoliberal gobierne la
ciudad.
Ninguna de estas posibilidades se verificó; entre
otras causas por la operación realizada desde los
grandes medios para despolitizar la elección,
instalando la sensación que el electorado ya se había
pronunciado en la primera vuelta. Algunos, ni si
quiera mencionaban el ballotage en la primera plana
durante la semana anterior. En la segunda, la mayor
parte de los votantes por los otros candidatos en
primera vuelta se dividió prácticamente en partes
iguales. Por lo tanto un debate que debe darse es si
Macri se impuso por su propio peso o capitalizó
hábilmente los errores de las fuerzas nacionales,
populares y progresistas. Seguramente hay parte de las
dos circunstancias, pero nos parece que- más allá de
las equivocaciones- resultaba muy complejo lograr el
triunfo en esta elección. Básicamente porqué
admitiendo que gran parte de los sufragantes (el
porcentaje exacto será materia de debate para
encuestadores) por Macri lo hicieron desde la
explícita conciencia de castigar electoralmente a
Kirchner. El patagónico finaliza un mandato sin un
solo muerto en protestas sociales adjudicable a su
gestión; mientras que la demanda de orden es muy
fuerte en sectores medios capitalinos. Un voto masivo
por un candidato- que no ocultó nunca su deseo de
reprimir la protesta-además amigo del gobernador
neuquino responsable de la muere del docente
Fuentealba, Jorge Sosbich, marca el ánimo del
electorado. O, como dice el ensayista José Pablo
Feinman, las clases medias porteñas buscan uno o más
muertos y así lo han expresado con su voto. El orden
demandado por la derecha se parece nada
sospechosamente a la paz de los sepulcros. Por cierto
que el modo de hacer política consistente en tomar
banderas del adversario para acotar su espacio
político, cede frente a una muralla ideológica y
política como presentó la derecha en este comicio. Si
para ganar la elección era preciso parecerse al PRO,
mejor resulta la derrota.
De modo que son muy escasas entonces las posibilidades
de revertir una tendencia tan significativa; además en
un espacio territorial caracterizado por su histórico
y cerril antiperonismo. Más relevante nos parece
polemizar acerca de los verdaderos alcances y
contenidos de la oleada ideológica de contenidos
derechistas, predominante en el electorado porteño. Lo
central, en nuestra opinión, es la imposición por
parte del discurso dominante de contenidos
relacionados con la cerrazón al ámbito privado
favorecidos, por un lado, por tendencias "seculares"
relacionadas con la globalización; y, por el otro, por
una aceptación acrítica de los enunciados propalados
por parte de los intelectuales orgánicos de la
derecha.
Desde sectores nacionales, populares y progresistas se
afirmaba que el único candidato capaz de vencer al
ingeniero (titulado) era el judas de Cromañon, Jorge
Telerman. No se aportaron jamás argumentos
convincentes para fundamentar tan temeraria
afirmación. Resulta difícil creer que un payaso que
bailaba en T.V. ornada su testa desierta de cabellera
con una peluca de colores fuese el dique de contención
a la barbarie neoliberal. Pero además de nuestra
presunción, hay varios hechos objetivos que avalan lo
que afirmamos. La proximidad política e ideológica de
varios de sus funcionarios con el macrismo, la
sospechosamente dócil complacencia de los legisladores
Pro(cesistas) con los desastres presupuestarios
debidos a la administración del traidor que usurpó la
casa de gobierno en la ciudad post-Cromañon, el manejo
de las fechas electorales (alejando la compulsa de las
elecciones nacionales cercanas a las cuales mermaban
las chances del nuevo jefe de gobierno), el hecho de
dejarle a Macri nada menos que la inauguración de las
nuevas líneas de subterráneo nos hacen decir sin temor
a equivocarnos que- lejos de ser alternativa para el
espacio nacional y popular- el calvireluciente
inminente ex jefe de gobierno era otra cara del modelo
neoliberal, tal como lo hemos denunciado en una nota
reciente, que puede verse en
http://www.redaccionpopular.com/articulos/articulo.php?idArt=900.
Por otra parte, el voto en las zonas pobres de la
ciudad no sólo refleja el carisma del ganador. También
demuestra que importantes franjas del peronismo más
derechoso jugaron a dos puntas. Es decir, formalmente
alineados bajo la conducción de Alberto Fernández.
Pero bajo cuerda alentaron el voto por Macri,
recelosos e incómodos con el liderazgo de Néstor
Kirchner al que observan (y critican) como demasiado
recostado hacia sinistra.
Otro discurso erróneo, en nuestra opinión, es
responsabilizar del auge conservador a los límites e
inconsecuencias del progresismo. Más bien el castigo
sufrido por las fuerzas menos impiadosas se debió más
a sus aciertos que a sus errores. Los votantes P.R.O.
no lo hicieron por una ciudad más solidaria, sino
claramente por soluciones autoritarias e
individualistas a los problemas de la ciudad. Tal como
analizamos líneas arriba, el sufragio que se impuso
parecía amplificar lo que machaca a cada instante
Radio 10 "yo quiero una ciudad limpia de chorros,
piqueteros, bolivianos, cartoneros y drogadictos, no
importa a que costo". De haber sido el progresismo más
consecuente en su práctica con las propuestas
históricas, la cosecha electoral tal vez hubiera sido
peor. Sin ir más lejos, la implementación de programas
sociales direccionados a los más humildes será un
recuerdo cuando Macri gobierne, algo que ni siquiera
en campaña se molestó en ocultar.
Los medios de comunicación de la derecha- y para no
perder la costumbre, coincidentemente también la
izquierda grotesca- destacaron que el 24 de junio fue
un día negro para el proyecto nacional liderado por el
presidente; computando en tal dirección también el
resultado de Tierra del Fuego. En realidad lo más
doloroso fue el resultado porteño, habida cuenta que
en la provincia más austral del mundo la candidata del
A.R.I. que se impuso en la segunda vuelta, Fabiana
Ríos, se diferenció todo lo que pudo de la referente
nacional y rabiosa antikirchnerista Elisa Carrió;
marcando una y otra vez el carácter local de su
triunfo. De haber intentado la ex diputada viajar al
sur del territorio nacional para hacer campaña, la
novel gobernadora hubiera debido alquilar una carpa de
elefantiásicas proporciones para ocultar el incomodo
apoyo y una enorme mordaza para evitar que hablase.
Carrió se expresó desde Buenos Aires, una vez
escrutadas las urnas para pronosticar un vendaval
bíblico sobre la construcción de Kirchner; pero la
recepción de su discurso fue equivalente a la atención
que le brindan los visitantes en los hospitales
psiquiátricos al onírico discurso de los pacientes
allí alojados.
El discurso del nuevo Lord Mayor y
la recomposición de la derecha
Durante la campaña Macri se cuidó muy bien de
desarrollar y cumplir a la perfección el papel que le
fue instruido por sus jefes de campaña, en especial el
ecuatoriano Jaime Durán Barba. Discurso "positivo",
buenas ondas, propuestas (vacías de mayor contenido),
inclusión social para todos; tan solo él que había
llamado durante la campaña del 2003 a los cartoneros
(recolectores informales de residuos) personas que
robaban la basura. Hubo un solo momento en que fue
traicionado por su travieso inconsciente y anticipó su
verdadero rostro. El 18 de junio el periodista
pro-imperialista Joaquín Morales Solá le preguntaba
que hacer con la Villa de Retiro (barrio pobre de
casas muy precarias) y, al entonces candidato, el
rostro se le iluminó con la llama de la codicia y
dijo: "hay que erradicarla". En otro programa se
recompuso y se negó a una definición acerca de si
utilizaría las topadoras para ello. El citado barrio
de emergencia es muy posible que se constituya en la
primera prueba de fuerza para el nuevo gobierno. Por
un lado, los intereses de la construcción han puesto
sus ojos hace más de dos décadas en los valiosos
terrenos de la villa. Y la actividad de edificar es
uno de los nudos empresariales de Sociedades Macri
(SOCMA) grupo empresarial perteneciente a papá Franco,
pero en el que el nuevo jefe de gobierno ha aceptado
que conserva el 20 % del paquete accionario. Por otra
parte, desde el punto de vista filosófico y simbólico,
la derecha se relame por imponer sus valores
insolidarios al conjunto de la sociedad. ¿Qué mejor
oportunidad para ello que barrer con un barrio que
resiste desde hace más de tres décadas y en el cual
descolló en su labor misional el sacerdote mártir del
terrorismo de estado Carlos Mujica? Se sacarían de la
vista al conjunto de pobres, feos, sucios y malos
(algunos para peor bolivianos) victimas de la
exclusión social haciendo simultáneamente grandes
negocios, al par que ganarían puntos en la aceptación
lograda en vastos sectores de nuestras clases medias.
En efecto, muchos aceptan la pobreza; en especial,
cuanto más alejada se vea de la mirada ávida de
consumo, mejor.
Por otra parte, el escenario arroja claros vencedores
y beneficiarios, aunque dentro de límites relativos:
en primerísimo lugar lo peor de la (nueva y vieja)
derecha, que ha logrado salir de su atonía y cree
hallarse en las cercanías de lograr la recuperación
del poder político nacional. Un político, Ricardo
Hipólito López Murphi, devaluado y ninguneado por su
propio aliado (Mauricio Macri) no se cansó de
perseguir ninguna cámara televisiva. Entre paréntesis
se puede decir que hasta la coalición PRO se halla de
hecho rota, en razón que el triunfador del comicio
porteño se ha negado a apoyar la candidatura nacional
del patético Lópèz Murphi. Detrás de Macri se abalanza
el carnaval de los defensores de la dictadura militar
y sus valores culturales (los Blumberg, los
Etchecolatz, Bergoglio, Elisa Carrió, Cecilia Pando y
personajes similares), quienes creen que les ha
llegado la hora de tomar venganza. Mauricio Macri-
quien en la euforia del festejo confirmando su
condición de gorila bailó una ridícula danza simiesca-
abandonó el tono lavado y autista de su discurso para
advertir que los votantes que sufragaron por su
candidatura lo hicieron por una línea que signifique
"No más perseguir fantasmas del pasado, no más
resentimiento. ¡Queremos construir para adelante!
Queda claro de este modo que para la derecha; si se
trata de un delito común, que como todos, ocurre en el
pasado, debe caer todo el peso de la ley. Pero si lo
que se juzga son secuestros de niños, tortura a
mujeres embarazadas y arrojar seres vivos al mar, para
que se beneficien un conjunto de empresarios la acción
de la justicia es marcadamente inconveniente. Resulta
indiscutible que los supuestos y pretendidos
defensores de la "calidad institucional" se defecan
nada menos que en el principio constitucional de
igualdad ante la ley, cuando resulta conveniente para
el poder real.
Del nuevo jefe de gobierno tampoco puede decirse
tampoco que ha descollado por el brillo intelectual de
sus pensamientos y discursos. Más bien ha estudiado de
memoria simples enunciados y los ha recitado hasta el
hartazgo, como por ejemplo, el de la pareja de
centenarios que concurriría a sufragar por él. Agotado
el disfraz de campaña, el ingeniero enunció una
curiosa versión de la historia:
"El siglo XX fue de los derechos humanos, el siglo XXI
debe ser de las obligaciones ciudadanas. (Página 12
del 25/6/07) Llamar siglo de los derechos humanos a
la centuria que conoció campos de exterminio como
Auschwitz, la E.S .M.A, el genocidio armenio y la
carnicería de Bosnia (no son los únicos casos, por
cierto) no puede ser denominada en ningún caso como
una mirada rigurosa sobre la disciplina herodotiana.
Tal vez, podría ser caratulada como verdadera licencia
poética, sino constituyese en realidad una cínica
apología de muchos de tales crímenes. En el caso de
las tropelías realizadas por la dictadura comenzada en
1976, las masacres se realizaron en beneficio de la
clase social que, a la vez, integra y representa
Macri: los grandes empresarios. Pero lo más
sustancioso resulta la segunda parte del enunciado.
Implícitamente, afirma que o bien se ha cerrado la
etapa de los derechos humanos o bien ya todos se han
conseguido y se hallan en plena vigencia. Por lo cual
se abre la etapa "de las obligaciones ciudadanas".
Allí reside el núcleo de la cuestión. La gestión
gerencial que el ingeniero promete en el gobierno
porteño reconocerá algún derecho ocasional; pero en
contraposición a un conjunto de deberes que colocará a
los galeotes de la antigüedad, en comparación con los
trabajadores actuales, en la condición de únicos
privilegiados por decirlo de modo peronista. Ya el
sindicato de los trabajadores de la ciudad (el
S.U.T.E.C.B.A.) debió ponerse en alerta y, desde la
representación corporativa que comparte con otras
organizaciones gremiales, está claro que deberán
resistir o asistir pasivamente a una significativa
merma de sus padrones de afiliados.
Las propuestas macristas relacionadas con los medios
de comunicación públicos de la ciudad y la educación
demuestran claramente una simple verdad: afirmar que
los cantos de sirena (proposiciones) del P.R.O.
implican una vuelta a los '90 (el predominio del
neoliberalismo); lejos de ser "campaña sucia", como
decían Macri, Michetti y demás repetidoras
teledirigidas, resulta una tímida pintura de la
realidad. Antes de triunfar el ingenioso ingeniero ya
había amenazado con cerrar el canal de la ciudad, ya
que no tenía rating. De modo que si, por ejemplo,
teatros como el Colón y el San Martín no logran éxitos
de publico; podrían ser cerrados o privatizados en
favor de empresarios bailanteros, duchos ellos si en
las artes de la rentabilidad y el acceso a públicos
masivos. No es muy diferente el trato propinado a los
trabajadores de la educación. La misma noche del
triunfo Macri salió a diferenciar los maestros que
trabajan; de los que están constantemente de licencia.
De manera que los educadores deben tomar nota que no
está permitido enfermarse. Una patología los coloca en
el indeseable sitio de los que quieren gozar de
derechos, sin realizar sus correspondientes deberes.
No podemos pretender que alguien que nunca trabajó
comprenda el sacrificio y desgaste (con consecuencias
en la salud) que implica la profesión docente. Pero al
menos que reconozca la íntima conexión de su discurso
con el que propalaban los ministros de educación de
Carlos Menem, quienes siempre afirmaban que el más
grave problema del sistema educativo eran los docentes
licenciosos (en licencia). Queda claro que toda
pretensión de vincular a Macri con el Menemismo y el
neoliberalismo era motejada como "campaña sucia". En
realidad, las verdaderas víctimas de la "campaña
sucia" resultaron las fracciones más ingenuas de la
sociedad que sufragaron por Macri.
De modo que antes de asumir queda ya configurado el
terreno en disputa y el escenario social de la
confrontación que se producirá sin lugar a dudas: es
decir si tendrán vigencia o no los derechos decisivos.
Desde los más elementales (la propia visibilidad para
los cartoneros); el acceso a la supervivencia para la
vivienda de sectores populares que lo han resuelto de
modo autogestionario (villeros); la salud y la
educación; hasta llegar a algunos más sofisticados
como la posibilidad de producir y degustar de formas
excelsas del arte o un tipo de televisión que no fuera
gran hermano, crímenes morbo-sexuales o bailando por
un caño. Los sectores que hemos definido líneas arriba
como los afectados deberán coaligarse, de modo que la
resistencia que sin dudas habrá resulte lo más eficaz
posible. Y si es necesario aliarse con fracciones de
la burocracia sindical con pasado espúreo, habrá que
hacerlo. Por cierto que no podrán ser descartadas
formas "por arriba" para ir esmerilando la fortaleza
que Macri hoy puede exhibir.
En este último sentido, puede citarse el modo en que
el presidente Néstor Kirchner manejó la presión con
que el nuevo jefe de gobierno presionó en pos de
lograr una fuerza de policía propia. Primero el
patagónico recibió antes a la nueva mandataria
fueguina que al improvisado intendente recién electo,
lo cual puede ser interpretado en términos de ligera
gastada. Producida la reunión (miércoles 27) se le
concedió la posibilidad de una ley para lograr los
objetivos, en sentido muy general. Pero la posibilidad
concreta de implantar una fuerza coercitiva bajo
responsabilidad directa de la ciudad- una atribución
peligrosísima en razón de la corte de represores,
torturadores, veliblancos blumbereanos y gatilladores
fáciles que rodea a Macri- quedó librada al juego
parlamentario y a que el presupuesto de la ciudad
cargue con la nueva fuerza. Sería difícil que el nuevo
jefe de gobierno quisiere debutar con suba de
impuestos y, si lo aceptase, aún falta el visto bueno
del parlamento nacional para lograr la fuerza
represiva de la ciudad.
Macri se (PRO)nunció por construir un armado opositor,
pero esquivó el compromiso de ser el candidato en la
presidencial de octubre. Habida cuenta de la
inexistente organicidad en la derecha a nivel
nacional- que sólo podía ser suplida en parte por su
figura- sería muy difícil que su triunfo del 24
tuviere consecuencias más allá de Buenos Aires, al
menos en lo inmediato. Por lo tanto, en nuestra
opinión no corre demasiado peligro (inminente) el
proyecto presidencial y uno de sus aspectos más
dolorosos para la derecha: la alianza con la Venezuela
Bolivariana. Para peor de las pretensiones
conservadoras, luego de reunirse con Telerman, Macri
tomará vacaciones parisinas, contribuyendo de tan
molicioso modo a diluir el impacto de su éxito
electoral. De todos modos, el ingeniero destaco que la
oposición permitiría "que controlemos mejor la
inflación." En realidad, para controlar la inflación
sería necesario golpear más duramente a las grandes
empresas, las verdaderas causantes de los incrementos
de precios. Es obvio que por formación ideológica y
por su extracción de clase, el afortunado presidente
de Boca Juniors no está llamado a desempeñar ningún
papel en la tarea citada, si no más bien a oponerse a
que ella se realice. También destaco que el armado
derechista permitiría que "tengamos energía".
(Declaraciones realizadas el domingo 24 y recogidas
por el matutino Página 12 del 25 de junio). Como aún
no fue denunciado el acuerdo de Macri con López
Murphi, nunca está demás recordar que el modo
preconizado por el perruno economista para que
"tengamos energía" no es otro que aumentar las
tarifas. De este modo se limitaría el crecimiento
económico, con lo cual sobrarían los fluidos
energéticos. Es justo, preciso y necesario realizar un
ejercicio de memoria y recordar el año 2001, la
recesión resultaba un flagelo para todo el pueblo y el
bull-dog aplicaba un recordado plan que incluía la
rebaja de salarios para las maestras. Dime con quien
andas y te diré quien eres.
Algunas conclusiones
1En el corto plazo la derecha no puede hacer peligrar
el proyecto nacional, ni la alianza con la Venezuela
Chavista.
2)La lucha por frenar los planes neoliberales será
compleja, ardua, prolongada y dificultosa; por lo cual
no podrá ser descartado ningún modo de resistencia, ni
hipotéticos aliados por su carácter
burocrático-sindical, por ejemplo.
3)La defensa de una verdadera ciudadanía social con
derechos verificables y operantes para todos será el
teatro central del enfrentamiento. La elección de
Macri significó también un estigma y una mancha sobre
la memoria de nuestros compañeros desaparecidos. Si
derrotamos el proyecto neoliberal, honraremos su
memoria sagrada.
Alberto J. Franzoia
albertofranzoia en yahoo.com.ar
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